Explora cómo los psiquedélicos pueden influir en la personalidad a través de ritos de paso y experiencias liminares, transformando identidades en diversas culturas.

El debate sobre si el uso de psiquedélicos puede producir cambios duraderos (para bien o para mal) en la personalidad de los usuarios es un debate que viene de antiguo. Todas las culturas en cuyos ecosistemas se encuentran, o se han encontrado, plantas, hongos o animales (las exudaciones de algunos sapos, por ejemplo) con propiedades psiquedélicas las han utilizado como herramientas extatogénicas en sus ritos de paso, cuyo fin es, en definitiva, transformar la identidad del individuo.

El concepto de rito de paso

Un rito de paso es una experiencia que muchos antropólogos califican de liminar. De acuerdo con el diccionario de la RAE, la palabra liminar quiere decir: “perteneciente o relativo al umbral o a la entrada”. Fue el etnógrafo francés, Arnold Van Gennep, en su libro Los ritos de paso (1909), quien utilizó por primera vez el término para referirse a las transformaciones que se pretende inducir a los iniciados en los ritos de paso que se desarrollan en casi cada cultura humana del planeta. Según Gennep, “los ritos de paso, de transición o de passage se definen como aquellos rituales complejos relacionados con cambios en el estado del individuo como el nacimiento, la pubertad, el matrimonio y la muerte; y siguen una secuencia de tres fases: separación (ritos de separación o preliminares), margen o limen (ritos de margen o liminares) y agregación (ritos de agregación o postliminares). La primera supone una conducta simbólica que significa la separación del grupo o el individuo de la situación que ocupa anteriormente dentro de la estructura social o de un conjunto de condiciones culturales. Durante el periodo liminar, el estado del sujeto del rito llega a ser esencialmente ambiguo, indeterminado, contaminante y situado fuera de todas las clasificaciones de tipo estructural y cultural. Es la paradoja personificada, una confusión de todas las categorías habituales: deja de ser, pero todavía no es. En la fase de agregación, el paso se consuma. El sujeto alcanza un estado nuevo, y por este motivo adquiere una serie de derechos y obligaciones de tipo ‘estructural’”[1]. Fue el antropólogo Victor Turner quien, décadas después, rescató de nuevo el término liminar en su libro El proceso ritual. Estructura y antiestructura (1988) para referirse a él en la misma acepción que previamente había definido Gennep, pero añadiéndole, digamos, un estatus un poco mayor de dignidad al sujeto iniciado: “Turner nos habla al mismo tiempo de los procesos de elevación de estatus en la comunitas normativa. Es decir, del tránsito que simboliza la misma pobreza sagrada liminar, desde el estatus inferior adquirido en el momento de la incorporación o agregación ritual al estatus superior como miembro formalmente iniciado en la comunidad, con todos los privilegios y deberes que le son inherentes”[2].

Estados liminares y experiencias psiquedélicas

En definitiva: los estados liminares hacen referencia etimológicamente a la permanencia en un umbral, en una frontera, en una membrana en la que, trasladado a una experiencia humana, sería estar situado precisa y literalmente inserto en ese umbral, frontera o membrana, no estando en ninguno de los lados que el umbral separa, ni tampoco en los dos a la vez, sino en aquel espacio indescriptible, inclasificable e indefinible que los separa/une. Burroughs se refirió a este espacio como interzona. En estos estados liminares el sujeto debe instalarse por un tiempo si quiere pasar de un lado de la puerta (separación en palabras Gennep) a la otra (agregación). Pero la transición no es simplemente esperar a que una célula fotoeléctrica detecte la presencia de uno, la puerta automática se abra y entonces el sujeto lo único que tiene que hacer es transitarla, así, sin más, en unas décimas de segundo durante las que no ocurre nada y en donde tampoco ha ocurrido nada una vez atravesado el umbral. Esto no es un rito de paso. Esto es lo que ocurre cada día, más bien, lo que a cada mortal le pasa cada vez que entra por la mañana a la oficina y cada vez que cada tarde sale: absolutamente nada. No sólo la transición es pacífica, sino que, precisamente, donde menos cosas ocurren es en el tránsito por el umbral.

El dolor en los ritos de paso

Sin embargo, en los ritos de paso, tal y como los describe la etnografía, y más específicamente en el sentido en el que los definieron Gennep y Turner, es precisamente la transición por esa fase de liminaridad la que marca la importancia y el desenlace final del rito. Esa fase no suele ser placentera. Requiere generalmente una mudanza de identidad, una muerte-renacimiento, como se suele decir. Una muerte simbólica pero que fenomenológicamente no se diferencia absolutamente en nada de una muerte real. Para muchas culturas del planeta, una vez terminada la iniciación, el individuo de antes literalmente no existe. Ha muerto. Primero se le llora y después se da la bienvenida al nuevo ser. Una película que refleja muy bien este tipo de ritos de paso, que muchas veces van acarreados de dolor físico, puede verse dramatizado en la inolvidable película La selva esperalda (John Boorman, 1985). Y esa fase de liminaridad es la que sitúan las drogas psiquedélicas al iniciado en aquellos pueblos del planeta en los que la utilización más o menos ritualizada de este tipo de plantas está incorporada. Las drogas psiquedélicas instalan precisamente al individuo en la más radical liminaridad: un espacio inefable, ajeno, extraño, transdimensional, donde cualquier cosa puede pasar sin que nadie, absolutamente nadie, sea capaz de predecir el resultado final. Sólo los que lo han atravesado antes saben lo que puede devenirle al iniciado. Por eso la comunidad entera, con su mayor especialista en las tecnologías de lo liminar (chamán o chamana) al frente, prepara y cuida el espacio físico, maneja las influencias psicológicas, recrea los mitos creacionales y, en definitiva, construye el espacio simbólico para que el iniciado esté lo más protegido posible en un sitio en el que, por definición, el alma queda a la intemperie espiritual.

El uso social de los psiquedélicos

En estas culturas, el uso de psiquedélicos para inducir experiencias liminares está sancionado socialmente. Se trata de drogas incorporadas en la comunidad y de rituales en los que no sólo participa el iniciado y el chamán, sino que son rituales comunitarios, toda la comunidad participa activamente en y de la iniciación y, aunque la iniciación es individual en el sentido de que es el iniciado el que tiene que atravesar el trance, antes es despedido por su comunidad, durante (en la fase liminar), toda la comunidad le está apoyando y acompañando y está compartiendo sus vivencias con él, y después toda la comunidad le recibe, le da la bienvenida como un nuevo miembro activo, responsable y de plenos derechos y deberes para y con la comunidad. Y se festeja.

Transformaciones personales y comunitarias

Llegados aquí, un rito de paso queda claro que supone una experiencia transformadora. La ciencia contemporánea, en su obsesión por despreciar lo inmaterial (y lo inmaterial no es necesariamente lo invisible: lo inmaterial es simplemente lo intangible, es decir, los aspectos de la realidad, no que tienen que ver con las cosas, sino que tienen que ver con las relaciones entre las cosas), tiende a reducir todo este complejo fenómeno cultural que se produce en un rito de paso, al vehículo que hace de instrumento técnico para facilitar dicho rito de paso: el uso de una droga psiquedélica, las mortificaciones del cuerpo a las que los iniciados en otras culturas, como por ejemplo algunas nativas americanas, son sometidos, los ayunos prolongados o los ejercicios extenuantes. Pero reducir todo un complejo entramado cultural basado en las relaciones no sólo personales sino simbólicas entre los individuos de la comunidad y sus cosmologías a los meros instrumentos que vehiculizan la transformación, es como querer entender lo que ocurre en una misa cristiana atendiendo sólo al mero acto de comulgar. Precisamente, todo el proceso de adoctrinamiento cultural al que son sometidos los pobres púberes que se preparan para recibir la primera comunión va dirigido a que la transformación no se deba al acto en sí de comulgar, sino que el acto en sí de comulgar sea la culminación de todo un proceso de adoctrinamiento que, en el mejor de los casos, da lugar a un nuevo converso ya de pleno derecho. El hecho de que la primera comunión haya terminado convirtiéndose en un acto meramente formal en el que lo que menos importa, tanto a la familia como al iniciado, sea la iniciación espiritual para primar la conformidad social es lo que hace que el adoctrinamiento termine siendo un ejercicio inútil de conversión final.

Investigaciones sobre psiquedélicos y personalidad

En este contexto, en el que los científicos no investigan la transformación como un fenómeno dependiente del entorno comunitario sino de una experiencia intrapsíquica, es en el que está instalada la nueva investigación psicológica que pretende entender si el uso de psiquedélicos (la herramienta vehicular del rito de paso) puede, por sí mismo, ser capaz de producir transformaciones duraderas en la personalidad de los iniciados. En un artículo que acaba de ser aceptado para su publicación en la revista Neuroscience & Biobehavioral Reviews, y que está disponible en línea desde el 13 de febrero, los doctores Rafael G. Dos Santos y Jaime E. C. Hallak de la Universidad de São Paulo en Ribeirão Preto, el Dr. Miguel Ángel Alcázar, de la Universidad Autónoma de Madrid, y quien esto escribe (de la Fundación ICEERS), hemos revisado todas las investigaciones que hay publicadas en la literatura científica desde 1985 hasta diciembre de 2016 (fecha en que escribimos el artículo) sobre las relaciones entre uso de psiquedélicos y personalidad.[3]

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Tipos de estudios revisados

Encontramos tres tipos de estudios: 1) estudios de tipo retrospectivo en los que a usuarios de psiquedélicos se les administraban pruebas de personalidad para estudiar si dicho uso había influido en su forma de ser; 2) estudios, también retrospectivos, pero esta vez pasando pruebas de personalidad a usuarios de psiquedélicos (generalmente miembros de iglesias ayahuasqueras que toman ayahuasca con regularidad, grupos que son muy interesantes de estudiar porque no suelen tomar otras drogas y se reduce la posibilidad de aparición de variables extrañas, o que pueden confundir la interpretación de los resultados); y 3) estudios en los que se ha administrado un psiquedélico en un contexto controlado de laboratorio en estudios a doble ciego y controlados con placebo y se ha evaluado el impacto del psiquedélico en términos de cambio de la personalidad.

Resultados y conclusiones preliminares

Lo interesante de este tipo de estudios, aun siendo reduccionistas, es lo que pueden aportar al clásico debate en psicología sobre la estabilidad a lo largo del tiempo de la personalidad, debate que es excesivamente técnico y en el que no vamos a entrar aquí. Lo que sí parece claro es que experiencias inusualmente traumáticas pueden modificar la forma de ser de las personas. Así que muchos expertos en psiquedelia se preguntan entonces si experiencias inusualmente positivas y espirituales pueden hacer lo mismo, pero al revés: producir un cambio duradero, pero a mejor. Lo que encontramos en nuestra revisión fue que: 1) del primer grupo de estudios es difícil establecer relaciones de causalidad por la naturaleza misma de los estudios: las puntuaciones en los test pueden ser consecuencia del uso de psiquedélicos o al revés, que un determinado perfil de personalidad quizás predispone a un determinado patrón de uso de psiquedélicos; 2) del segundo grupo de estudios se han encontrado diferencias en algunas medidas de personalidad entre usuarios y no usuarios, pero seguimos sin poder asegurar nada acerca de las relaciones de causalidad. Aunque uno de los estudios revisados, realizado por el grupo de quien esto escribe, encontró correlaciones entre las modificaciones del grosor de la corteza cerebral y la variable de “personalidad autotrascendencia”, aparte de encontrar diferencias en grosor cortical en diferentes áreas cerebrales entre usuarios de largo plazo de ayahuasca y no usuarios. Luego, es posible que el uso continuado de ayahuasca produzca cambios físicos corticales y además que algunos de esos cambios sean la base fisiológica de algunas modificaciones en la personalidad; y 3), por último, del último tipo de evidencias, provenientes de ensayos clínicos, se ha visto que una variable que se llama “apertura a la experiencia” (que tiene que ver con facetas de la vida como la imaginación activa o fantasía, la sensibilidad estética, la atención a los propios sentimientos, la preferencia por la variedad y la curiosidad intelectual) aumenta en el largo plazo tras una sola administración de psilocibina en un entorno controlado.

Reflexiones finales sobre psiquedélicos y personalidad

El cambio psicológico en clínica puede tener que ver con un cambio en la personalidad. Si los psiquedélicos, efectivamente, inducen dicho cambio positivo y duradero, es una razón más para considerar su inclusión en la práctica clínica contemporánea. Muchos de los resultados encontrados en nuestra revisión deben explorarse más a fondo en futuros estudios. Pero si queremos comprender el potencial de los psiquedélicos en su más profundo papel transformador, deberemos ir ampliando cada vez un poquito más el foco para que la lente vaya saliéndose de lo intrapsíquico e individual y empiece a captar más el fenómeno en toda su complejidad más amplia relacional y comunitaria. Buscar la transformación del individuo sin que se produzca una transformación de la sociedad es sólo una variante más de alienación. En el caso de los psiquedélicos, es seguramente una variante exótica, cool, moderna y glamourosa, así han cambiado los tiempos, afortunadamente, desde los viejos tiempos de la estigmatización. Pero alienación igual, al fin y al cabo.

Referencias

  1. y ii Vallverdú, J. (2003). “El agente humano. La dimensión socioinstitucional de la religión”. En: Ardèvol E y Munilla G (Coords.) (2003): Antropología de la religión. Una aproximación a las religiones antiguas y contemporáneas. Barcelona: UOC, p. 410.
  2. El lector interesado en este artículo puede encontrar el texto completo aquí: https://goo.gl/Z7zLn6.

Preguntas Frecuentes

P: ¿Puede cambiar permanentemente nuestra personalidad el uso de psiquedélicos?
R: Sí, el uso de psiquedélicos puede inducir cambios duraderos en la personalidad de los usuarios, tal como se observa en las experiencias extatogénicas de los ritos de paso en diversas culturas.

P: ¿Qué es un estado liminar en el contexto de los ritos de paso?
R: Un estado liminar se refiere a una fase de transición durante un rito de paso, donde el individuo cruza el umbral entre dos estados de identidad, experimentando un periodo de ambigüedad y transformación.

P: ¿Cómo describió Arnold Van Gennep los ritos de paso?
R: Arnold Van Gennep definió los ritos de paso como rituales complejos consistentes en tres fases: separación, margen o liminalidad, y agregación, representando la transición de una identidad a otra.

Acerca del autor

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Jose Carlos Bouso

José Carlos Bouso es psicólogo clínico y doctor en Farmacología. Es director científico de ICEERS, donde coordina estudios sobre los beneficios potenciales de las plantas psicoactivas, principalmente el cannabis, la ayahuasca y la ibogaína.

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