Tomates, pepinos, unas acelgas, algo de menta, hierbabuena y entre medias otras hierbas aún “más buenas”. Todo ello en el patio o en la terraza de tu casa. ¿Es esto posible?

Por Luis Hidalgo

Por supuesto que sí, aplicando las técnicas de “huerto” o “cultivo” urbano combinadas con el cultivo en vertical podremos disponer de un amplio “menú” vegetal de autocultivo y además, cómo no, de unos cuantos gramos de flores secas de esas otras plantas que nos solemos fumar, cultivadas con total discreción en nuestro jardín particular.

Cuando una persona lleva mucho tiempo cultivando marihuana y aprendiendo en la teoría y la práctica cómo “funciona” la planta a nivel biológico, cómo se nutre y de qué manera lo hace, los temas referentes a la fotosíntesis y la importancia de la calidad de la luz que recibe, entre otra infinidad de factores endógenos y exógenos, al final, en la mayoría de los casos acaba interesándose por otras especies vegetales, ya sea por curiosidad o por necesidad, pues el cultivo de algunos vegetales comestibles puede, por ejemplo, reportar beneficios económicos o al menos reducir el gasto al autoconsumir el producto de las cosechas.

Es verdad que muchas especies vegetales son “incompatibles” con el cultivo de cannabis en exterior porque, por ejemplo, florecen con un fotoperiodo diferente o incluso entran en estado vegetativo cuando el cannabis comienza a florecer. También pueden competir con “nuestras plantas” por los nutrientes disponibles o se desarrollan mejor con un pH distinto al óptimo para la marihuana. Pero también es cierto que dentro del fascinante mundo vegetal existen otras muchas especies que se pueden cultivar de modo “casero” junto a nuestras marías, aportándoles un mejor entorno, ocultándolas de ojos indiscretos y alegrando los nuestros, además de nuestros paladares y olfatos si escogemos vegetales comestibles o aromáticas.

Si a todo lo anterior le sumamos el uso de sistemas verticales de cultivo, al objeto de aprovechar el espacio al máximo, estamos ante una cuestión que merece unos cuantos capítulos de los Cursos de Cannabis Magazine, pues además del cultivo de cannabis trataremos una de las cuestiones de máxima actualidad: el cultivo urbano.

1 + 1 = 3

Dentro del mundo vegetal, el cannabis es una de las especies más evolucionadas en cuanto a capacidades adaptativas y de supervivencia, enfocando todo su ciclo vital a su propia reproducción y propagación. Esto conlleva una serie de “comportamientos” algo agresivos, sobre todo en lo que a consumo de nutrientes y luz se refiere. Esto se traduce en que si queremos plantar otras especies vegetales “conviviendo” con la marihuana, sea o no en el mismo suelo, deben ser de alguna manera compatibles, sobre todo en dos factores: no deben consumir demasiado espacio para las raíces (en caso de compartir suelo o maceta) y tampoco han de ser frondosas en exceso, con una necesidad de luz relativamente limitada.

Si conseguimos la combinación adecuada, obtendremos múltiples ventajas aparte del tema de lo que estemos cultivando sea o no consumible. Nuestras plantas de cannabis se encontrarán protegidas contra algunos tipos de plagas, o al menos contaran con cierta ayuda en su prevención. También se encontrarán en un ambiente menos agresivo, con un control de clima “natural”, ya que dependiendo de lo que lo que plantemos podemos conseguir distintos efectos como sombreado, ambiente más húmedo o más seco, incluso una especie de riego automático y completamente natural, ya que existen plantas que “resudan” agua por sus hojas y tallos y que si se utilizan en cultivo vertical, acabarán cediendo esa humedad en forma de pequeñas gotas a las plantas que se encuentren bajo ellas, reduciendo su necesidad de riego.

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Por otro lado, si realizamos estos cultivos en tierra (también es aplicable la hidroponía) es relativamente sencillo el reciclaje del sustrato de manera bidireccional, algo realmente ecológico y que de alguna forma puede “redimir” el desperdicio de tierra “especializada” en cannabis que en muchas ocasiones simplemente se tira a la basura. Con los usos y técnicas que explicaremos en próximos capítulos veremos que es perfectamente posible ir pasando la tierra que hemos usado para la marihuana a las plantas “normales” que hayamos escogido, que pueden enriquecer de nuevo el sustrato (al menos en parte) y a continuación tratarla orgánicamente para acabar de completar su composición nutricional y posteriormente volver a utilizarla con el cannabis. Si hacemos todo correctamente podemos reutilizar la tierra casi de manera indefinida.

 Quién es quién

 Como podemos suponer, podríamos pasar líneas y líneas hablando de especies vegetales y sus características, pero bajo nuestra humilde experiencia lo más fácil es limitarnos a tres tipos básicos de plantas que cumplirán nuestras expectativas por diferentes motivos que veremos más adelante: las plantas aromáticas, las de flor (con o sin olor) y las que son comestibles o producen frutos que los son. Si nos fijamos, aparte de alegrarnos la vista y demás, los tipos de vegetales que proponemos ayudan a solucionar algunos de los problemas que se suelen dar cuando cultivamos en exterior en un centro urbano: el olor de las plantas de marihuana en floración, su típica forma y aspecto sin flores de colores y algo de protección contra la falta de humedad en verano e incluso algo de sombra, además de ayudar a reciclar la tierra.

Estos tres tipos de plantas comprenden a su vez subtipos con diferentes especificaciones de cultivo, así que las condiciones para elegir son: que florezcan o produzcan fruto en los meses de julio a octubre, que no sean frondosas en exceso y que no compitan por la luz. En el caso de las aromáticas es bueno optar por aquellas cuyo olor no recuerde al del cannabis en floración, teniendo en cuenta que la cantidad de aromas que éste produce es considerable y que algunas variedades concretas tienen olores muy marcados y característicos, como la orina de gato o ciertos matices a “podrido”.

Las plantas que dan productos comestibles en ocasiones también echan flores, lo que unido al colorido de sus frutos, como las guindillas rojas o los pimientos amarillos, nos da como resultado un camuflaje ideal, pudiendo tener nuestras matas encima y debajo de “las otras” sin que nadie se de cuenta, incluso estando al lado de ellas.

Así pues, vamos a ver qué plantas hay disponibles que cumplan los requisitos que hemos comentado, y hacemos notar otro factor que también buscaremos y que es relativamente importante, ya que nuestra maría ya nos llevarán bastante tiempo de mantenimiento: las especies que escojamos han de ser fáciles de cultivar, con los mínimos requisitos posibles. Lo que buscamos es producir cannabis para nuestro autoconsumo como objetivo principal y será en éste donde centraremos la mayoría de nuestros esfuerzos y recursos. Sin embargo, una vez hemos empezado a cultivar otras variedades vegetales, enseguida nos invade una cierta “responsabilidad” hacia ellas que nos impedirá dejarlas desatendidas, lo que además será perjudicial para el resto del jardín. Por eso, cuanto más sencillo sea su cultivo, menos tiempo nos quitará y podremos aprovecharlo para otras tareas.

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Las piezas del puzzle

 Como hemos visto, lo más importante es que las variedades de plantas que vayamos a poner florezcan o inicien su ciclo reproductivo entre el mes de julio y finales de septiembre, o bien plantas perennes pero que no vegeten en ese plazo de tiempo. Esto es por varios motivos, el primero de ellos es que coincidan más o menos los tiempos de desarrollo de cada ciclo pero sobre todo que cuando nuestras plantas psicoactivas comiencen su floración, el resto estén “a punto” o ya lo hayan hecho.

Una de las plantas aromáticas de flor más agradecidas y sencillas de cultivar es el tomillo (Thynus Vulgaris), que además de proporcionar al ambiente un aroma penetrante, muy característico y fácilmente identificable, también podremos utilizarlo a nivel culinario, aromático o medicinal una vez cosechado. Se planta en abril o en mayo y se cosecha entre julio y septiembre, momento en que se puede volver a plantar. Tiene una necesidad madia-alta de agua y mucho sol, como marca su origen mediterráneo, lo que la hace ideal para el cultivo combinado con cannabis.

Es una planta de tipo arbusto que raramente alcanza más del medio metro de altura, de color verde y marrón, con un tallo erguido, ramificado y muy lignificado y un sistema radicular muy semejante al del cannabis, con raíces finas y densas, Ya sus hojas son aromáticas, con un aspecto ligeramente rizado, cierta vellosidad en el envés, y un color verde pálido. En su forma “silvestre” sus flores son de corola blanca o púrpura, aunque existen tres variedades principales, la Argenteus con hojas plateadas, la Argenteus Variegatus con un porte más compacto y hojas estrechas bordeadas en tonos plateados y por último la Minus, de porte pequeñísimo, casi una miniatura y quizá la más idónea para nuestros fines. Se puede plantar en todo el país ya que resiste las heladas sin ningún problema siempre que dispongan de un sustrato ligero y bien drenado, con un pH alrededor de 7. Podemos reproducirla por semillas o esquejes y es conveniente podarla ligeramente tras comenzar la floración.

Con el ejemplo anterior hemos podido comprobar como podemos elegir plantas combinables con el cannabis en cultivo urbano y vertical. En el próximo número detallaremos una tabla con los tres tipos de vegetales que comentábamos al principio de este capítulo (aromáticas, de flor y comestibles) con sus fechas aproximadas de siembra y recolección, y comenzaremos con el diseño de un sistema de cultivo vertical “casero” y muy económico que después usaremos para implementar nuestro jardín. Hasta entonces, un saludo.