En el epicentro de la innovación y la tecnología, Silicon Valley, las sustancias psiquedélicas como la ketamina, la psilocibina y la LSD están experimentando un incremento significativo en su uso entre la élite millonaria. Estos influyentes tecnócratas están buscando combatir el estrés y estimular un pensamiento más innovador y vanguardista.

Históricamente, el estrés y el consumo de sustancias han sido compañeros frecuentes en ambientes de alta presión. La nueva tendencia en Silicon Valley es que las figuras más destacadas de las startups emergentes y las grandes empresas de tecnología están recurriendo a psiquedélicos como la LSD, la ketamina y los hongos que contienen psilocibina, con la finalidad de desatar su creatividad y proyectar sus negocios a un nivel superior.

Según un informe de The Wall Street Journal, líderes influyentes y visionarios como Elon Musk y Sergey Brin han adoptado el uso de ketamina o de psilocibina, esta última, una sustancia presente en los hongos psiquedélicos (también llamados “hongos mágicos”). Esto lo hacen con el fin de enfrentar sus desafiantes responsabilidades en un ambiente empresarial sumamente competitivo.

Spencer Shulem, CEO de la innovadora startup BuildBetter.ai, ha admitido ante el The Wall Street Journal que consume LSD de forma esporádica para potenciar su concentración y estimular su capacidad de pensamiento creativo.

Aunque el uso de psiquedélicos está muy estudiado, y ha demostrado que en rarísimas ocasiones implica comportamientos adictivos o efectos secundarios preocupantes, lo cierto es que no se debe menospreciar el poder de estas sustancias.

Por otra parte, aunque diversos ensayos clínicos han demostrado los beneficios de las microdosis de psilocibina o ketamina para el tratamiento de trastornos depresivos, mentales o de adicción, en Silicon Valley estas sustancias no siempre se utilizan bajo supervisión médica profesional.

La práctica más comúnmente adoptada es la de “microdosing” (microdosificación). Este término se refiere al acto de consumir estas sustancias en dosis minúsculas para estimular el cerebro sin experimentar signos obvios de intoxicación. Steve Jobs, el visionario fundador de Apple, confesó en varias ocasiones haber consumido LSD y marihuana para superar sus propios bloqueos mentales y creativos.

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Sin la supervisión y el consejo de un médico o un experto, cabe la posibilidad de caer en un consumo problemático o, simplemente, no ceñido a pautas terapéuticas, que puede provocar, entre otras cosas, un mal viaje cuando hablamos de dosis elevadas o un consumo ineficiente.

Aunque no somos muy partidarios de destacar situaciones escabrosas que generalmente no tienen que ver con las sustancias consumidas por sus protagonistas, cabe señalar lo ocurrido con Tony Hsieh, ex CEO de la exitosa startup Zappos, quien murió trágicamente en un incendio en su casa en 2020 y, según muchos de sus allegados, estaba llevando a cabo un consumo desaforado de todo tipo de sustancias, entre las que se incluían los psiquedélicos y el alcohol.

En el ámbito de Silicon Valley, el uso de psiquedélicos se ha popularizado hasta tal punto que ha llegado a ser el foco de atención en exclusivas fiestas privadas y retiros espirituales, todos organizados de manera discreta para evadir la atención de las autoridades.

A pesar del creciente interés en las “terapias psiquedélicas” entre los líderes prominentes de Silicon Valley, muchas empresas siguen manteniendo una política estricta contra el uso de drogas entre sus empleados.

Después del incidente en el que Elon Musk fumó marihuana durante el podcast “The Joe Rogan Experience”, lo que provocó una drástica caída en las acciones de Tesla y la dimisión de algunos de sus ejecutivos, la empresa reforzó los controles para detectar el uso de sustancias prohibidas entre sus empleados, incluyendo al propio CEO.

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El uso terapéutico de sustancias psiquedélicas y otras drogas ilegales está ganando cada vez más atención a nivel global. Sin embargo, a pesar de los avances legislativos en algunas áreas, como el uso del cannabis con fines médicos, aún queda mucho por recorrer. Paralelamente, la industria farmacéutica y los inversores están viendo el potencial terapéutico de los psiquedélicos para tratar la depresión y otros trastornos mentales. Como resultado, están invirtiendo grandes cantidades de dinero en la investigación y desarrollo de este prometedor campo.

Todavía queda mucho por hacer, pero, sin duda, estamos ante un prometedor futuro de estas sustancias.

Acerca del autor

Amante del cannabis y especializado en el mundo de las sustancias psicoactivas. Escritor y psiconauta.