El presente artículo es el sumario de la investigación llevada a cabo por el autor al respecto del caso de “la droga matapobres”. El último grito en Grecia en lo que a sustancias psicoactivas se refiere y la antepenúltima golosina caída del cielo para solaz y disfrute de periodistas avispados y de viejas ávidas de experimentar sensaciones fuertes sin levantar el culo de la mecedora.

Por Eduardo Hidalgo

            Riiiing, riiing, riiiiiing…

  • ¿Si?
  • Eeeeedu, ¿qué tal?
  • ¿Quién eres?
  • Joder, ¿quién coño voy a ser? ¡Raúl!
  • No, no eres Raúl.
  • ¿Cómo que no soy Raúl? ¡Estás flipando! Mira el número. ¿Qué has tomado ahora, Edu?
  • Déjate de coñas, capullo. Raúl nunca me llamaría “Edu”… me llama “maricón”, “cabronaso”, “yonki” y demás apelativos cariñosos. Así que, seas quien seas, sal ahora mismo de su cuerpo o devuélvele el móvil que le habrás robado en las clases de Chi Kung o en cualquier restaurante japonés de cualquier rincón del planeta.
  • Edu, ¿no te habrás adelantado con el experimento con la burundanga?
  • ¿Qué burundanga ni qué pollas? ¡Voy a llamar inmediatamente a la pulisia! Ay, no, que ese no es mi palo… pero, da igual, conozco a uno que tiene muchos bitcoins y que conoce a otros que tienen pipas y son búlgaros y…
  • Eduardo, tío, no me asustes. ¿Vas de burundanga? Dijiste que nos contratarías de baby sitters… ¿Necesitas ayuda? ¿Llamo a Karlos Moratilla?
  • ¿Qué?
  • ¿Que si quieres que llame a Karlos para que te dé hora?
  • ¿A cuánto?
  • Creo que sobre los 30 napos.
  • ¿Incluyendo recetas?
  • No, no, ya sabes que, muy a su pesar, sólo es psicólogo. Pero, además, ¿recetas de qué? ¡Si la penúltima vez que te vi –de la última mejor no hablar-te fuiste con una bolsa entera llena de benzos y otras guarradas suficientes para sedar a un estadio de fútbol!
  • Ah, pues sí, entonces sí que eres Raúl… ¿qué te pasa? ¿Por qué no me insultas? ¿Estás mosqueado conmigo?
  • ¿Mosqueado? No, hijo de puta, llamaba para echarte un cable.
  • Todo aclarado: eres Raúl. No hay duda. OK, date el gusto y échame ese cable al cuello, no te cortes.
  • Pues nada, lo de siempre: que tengo otro caso para ti.
  • ¿Pero no estabas tú encargado ahora de más altos y nobles menesteres que los de tratar con chusma como sho?
  • Ya, Edu, pero sé que si te abandonara a tu propia suerte la cagarías en un tris y desertarías de tus labores de investigación en menos que vuela un pollo de farlopa en las manos de cualquiera de tus/mis colegas. De modo que lo de supervisarte personalmente, atarte en corto y seguir encargándote casos me lo tomo como algo personal. Ya tú sabes, es mi plan de acción de gracias: “Ayuda a un drogadicto”, ja, ja, ja, ja.
  • ¡Qué cachondo! Supongo que querrás que te de las gracias y todo… Pues venga: gracias, Cabildo. Y ahora, dispara: el caso.
  • La droga En Grecia. Échale un vistazo en Google, que ya te adelanto que el horno no está para bollos y no vas a visitar ni la Exarchia, ni Lesbos, ni Olimpia, ni Eleusis ni ná de ná.
  • Jooooder, capo, pues mira, por una vez te lo agradezco. Porque lo de la Exarchia tampoco me hubiese importado, pero vamos que teniendo a tiro de piedra Lavapies y Valdemingómez, como que tampoco se me ha perdido nada ahí. Y en Olimpia o en Lesbos ni te cuento.
  • Pues ya está. A currar…
  • Espera, espera. A una musaka o a un souvlaki si que me invitarás, ¿no? Conozco un…
  • ¡¡¡Que te den!!! Clic.

Ese es mi Raúl. Qué susto me ha dado el cabrón chocheando en plan educado. A saber qué entactógeno de ultimísima generación adquirido en Tor Market se habrá tomado el muy pendejo… En fin, al tajo se ha dicho: “la droga matapobres”.           Alguna vez me tenía que tocar: un articulito sobre el Don Simón sólo que en versión helénica, supongo… Google y… ah, pues no, no va de vinachos, kalimotxos ni tetrabriks. Va, una vez más, de periodismo freak y asustaviejas. El pan nuestro de cada día. Y que no falte. Vamos, pues, a por nuestra cotidiana ración. Aquí la tienen:

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28 de mayo de 2013. Alex Millar publica en Vice un reportaje en vídeo sobre la “sisa”. Esta era la presentación: «Una nueva droga llamada sisa está destruyendo a los pobres de Atenas. Los ingredientes son básicamente metanfetamina y otros aditivos como ácido de baterías, aceite de motor, champú y sal para cocinar. Actúa más rápido y los efectos son más duraderos que los de la cocaína, y puede prepararse en casa».

En el video, básicamente, aparecía gente fumando metanfetamina.

Lógicamente, el eco periodístico no se hizo esperar. Aparecieron noticias sobre el fenómeno en todos los medios online, en papel, radiofónicos y televisivos. Todos, en última instancia, venían a decir lo mismo… Lo mismo daba leer el ABC, ver La Sexta, surfear ZoomNews o escuchar a Friker Jiménez. De tal manera que, pasemos a escuchar lo que, el 3 de junio de 2013, decía éste último –que, al menos, tiene más labia y salero-:

«En plena crisis mundial surgen nombres… nombres dramáticos. Nombres que son difíciles de olvidar. De uno de esos nombres y de su realidad nos habla en “la cara oculta” Santiago Camacho. Buenas noches».

«Buenas noches, Iker».

«Nombre: ¿cuál es? ».

«El “matapobres” o la matapobres».

«¿Qué es? ».

«La matapobres es… si ya en Grecia están atravesando una situación dramática, víctimas de lo que podríamos calificar casi como un Apocalipsis económico, la cosa se ha ido a poner peor todavía con la aparición de una droga nueva que está arrasando en los barrios más humildes de Atenas y de otras ciudades griegas. La denominan “la matapobres” ¿Por qué la matapobres? Pues porque es extremadamente barata, está afectando a los núcleos de población que tienen menos recursos y… ehhhhh… directamente te mata en seis meses. Para que te hagas una idea, los expertos estiman que esos seis meses de consumo de esta nueva droga –que es una metanfetamina cristalizada de fabricación casera- pues equivalen a veinte años de adicción a la heroína. Es una estadística terrible. Ya van muchísimas víctimas en Grecia, y lo que ahora alarma a las autoridades europeas es que el consumo se pueda extender y pueda traspasar las fronteras del país».

«Claro, Santi… [bla, bla, bla] Se habla incluso de ácido de batería entre sus componentes».

«Efectivamente, en la composición hay cosas como elementos que se pueden comprar en droguería para limpieza, etcétera, etcétera, hasta se ha detectado ácido de baterías como muy bien decías. Lógicamente, los efectos sobre la salud son absolutamente devastadores… ehhhh… se han detectado casos en los que con un solo consumo [bla, bla, bla] El deterioro de estas personas es rapidísimo. Se produce una descamación de la piel muy desagradable y [bla, bla, bla]».

«Pero incluso, elementos que parecen propios de una película, de un guionista [ja, ja, ja, qué salaos], de una mente enfermiza… pero que parece que es real según los médicos y es que esta matapobres y otras drogas que están surgiendo prácticamente descuelgan la cara y los tejidos de los huesos».

Y en estas que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, de la matapobres pasan al krokodil y terminan el programa hablando del desmantelamiento de un supuesto fumadero de shabu en Madrid, una droga cuyos efectos, según palabras del mismo Santi Camacho, «duran una semana entera, seguida de un sueño prolongado de casi veinticuatro horas y una depresión profunda de varios días e incluso acompañada de brotes psicóticos que [cómo no] a veces son de por vida».

Conclusión y punto final del propio Iker: «¡Madre mía! Este mundo manejado por no sé qué hilos, desde luego no muy positivos, nos pone siempre la carne de gallina».

Ja, ja, ja, pá mear y no echar gota. Lo dicho: lo mismo daba leer The Guardian que ver Cuarto Milenio. En todas partes se repetía la misma letanía: droga barata y cristalina como un bloque de hielo; cortada con polvo de pila, productos farmacéuticos y champú; consumida por yonkis veteranos y por jóvenes que se inician en el uso de drogas. En seis meses de uso habitual te mata.

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De modo, amigos, que a día de hoy (16 de diciembre de 2013), habiendo pasado más de seis meses desde que se publicó la noticia cabría concluir que en Atenas ya no quedarán drogatas de la vieja escuela. Todos habrán sucumbido a los estragos de la sisa. Y lo mismo podrá decirse de las nuevas generaciones del drogoteo helénico: fulminadas en poco más de un veranito.

Pero va a ser que no. Lo sabemos bien: antes caeremos nosotros, aquejados de ictus, diabetes, accidentes en bicicleta y cirrosis hepáticas. Mientras, los griegos –novatos y veteranos- seguirán poniéndose hasta las trancas de metanfetamina barata y de calidad. Como muy pronto lo harán nuestros conciudadanos, y nuestros vecinos italianos, franceses, ingleses (que ya lo hacen, de hecho), alemanes, turcos, marroquíes, argentinos, colombianos y nigerianos –por mencionar algunos, que la lista es interminable-. Y es que, como ya vaticinamos (no hacía falta ser ningún lumbreras) en esta misma revista en el artículo El advenimiento del dragón blanco, la metanfetamina está destinada a protagonizar la próxima epidemia psicoactiva a escala global. Como ya dijimos en su momento, actualmente es ya la droga ilegal más consumida en el mundo después del cannabis. Hace tiempo que arrasa en Estados Unidos y en el Sudeste asiático, habiendo desbancado de lejos a la cocaína y al opio y la heroína. Es barata, potente, placentera y fácil de fabricar (sin necesidad de cultivos en países lejanos ni buques que trasladen toneladas de un continente a otro). Es, pues, de cajón que, más pronto que tarde, el resto del mundo siga –como ha seguido hasta ahora en temas drogófilos y en tantos otros- la batuta marcada por Norteamérica. De hecho: ya tarda. Ya tardamos. Grecia no ha sido más que la avanzadilla de lo que se avecina. De lo que a las autoridades antidroga se les viene encima. De lo que a los usuarios de drogas nos ofrecerá muy pronto el mercado.

Larga vida a la meth y a sus usuarios. No es un eslogan, es el futuro, es lo que habrá, lo que veremos, lo que viviremos y lo que –los que queramos- nos meteremos.

Estén preparados… ya saben: hagan lo que deban y háganlo con alegría.

PD: en cuanto al ácido, polvo y líquido de pilas, les remitimos igualmente al artículo que ya publicamos en esta revista sobre el tema. En cualquier caso, ya les digo: visualmente el aspecto de la metanfetamina –descrito por los propios medios informativos- como cristalinos bloques de hielo, entra en contradicción directa con el aspecto del contenido interno de las baterías (negro o gris metálico). Es decir, como que afearía mucho el producto. Demasiado como para que cualquier usuario avispado no desestimase la compra y suficiente como para que cualquier traficante competente desistiese de emplearlo como adulterante. En cuanto al champú y los productos farmacéuticos que la harían tan peligrosa y nociva para la salud: tampoco le den más vueltas, a buen seguro que lo que circula en Grecia es metanfetamina de calidad (eso es, de hecho, lo que vienen a indicar los escasos datos de análisis a muestras provenientes de incautaciones policiales y no de rumores difundidos en revistas y periodicuchos de tres al cuarto). De ahí su éxito. La meth se basta y se sobra por sí misma para hacer lo que hace para bien y para mal sin necesidad de añadidos que, de haberlos, no dejarían de ser la típica y tradicional cosmética del trapicheo ilegal: productos de farmacia y mierdas varias generalmente bastante menos nocivos que la droga en sí y con menos o nulo poder psicoactivo.