Cómo la espiritualidad, la música, las mujeres sabias y la botánica ritual de los antiguos pobladores del archipiélago siguen latiendo bajo el folclore y la ciencia moderna

En la mítica Fuertedélica, esa conferencia tan psicodélica que hasta las cabras toman notas, una charla dejó al público con la misma cara que cuando sopla el alisio por sorpresa: «El uso de plantas psicoactivas en las culturas indígenas canarias». Allí, el investigador Fernando Hernández y el periodista José Gregorio González abrieron una puerta no al mar, sino a un universo de memoria antigua que late bajo la piedra volcánica.

La cosa empezó fina: José Gregorio pidió cerrar los ojos y puso un audio de folclore canario. En cuestión de segundos, todo el auditorio estaba navegando entre tambores, voces y ritmos repetitivos. Un minuto bastó para que la peña entrara en un estado ampliado de conciencia más eficaz que un café doble. Folclore, sí… pero también tecnología emocional ancestral. El ritmo como medicina, el sonido como guía, la cadencia como un portal a lo profundo.

De la Canarias de postal al corazón espiritual de los antiguos

Hernández llevó a la audiencia más allá del turismo de papas arrugadas y arena fina. Entró en la cosmovisión indígena, un mundo espiritual que durante años la academia trató como “temas complicados” —ya sabes, de esos que se etiquetan para no tocarlos—. Pero la arqueología, la tradición oral y los paralelos culturales cuentan otra historia: la de un pueblo con rituales complejos, símbolos cargados de sentido y concepciones de la vida y la muerte dignas de cualquier sabio de manual.

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El investigador Fernando Hernández, junto con el periodista José Gregorio González, abrieron una puerta que no da al mar, sino a la memoria profunda de las islas.
El investigador Fernando Hernández, junto con el periodista José Gregorio González, abrieron una puerta que no da al mar, sino a la memoria profunda de las islas.

Arte rupestre y estados visionarios: tanta casualidad ya es sospechosa

Si hay un lugar donde la cosa se pone sabrosa es en el arte rupestre. En La Palma, los paneles llenos de espirales, laberintos y geometrías recuerdan a visiones chamánicas de culturas de medio planeta. Hernández señala que hay patrones universales: cuando alguien entra en estados visionarios —por trance, plantas o ritmos— las formas que ve tienden a repetirse. Entonces, ¿por qué aceptarlo para cientos de culturas y en Canarias ponernos tímidos? Las coincidencias cantan más que un timple en manos de un fiestero.

Y ojo: muchos petroglifos están en zonas apartadas, ideales para ceremonias o prácticas introspectivas. Además, los restos óseos muestran cirugías sorprendentes para la época, lo que sugiere conocimiento de plantas anestésicas o relajantes. Vamos, que aquí había ciencia… aunque nadie la llamara así.

Mujeres guardianas del saber vegetal… y perseguidas por ello

Este capítulo merece banda sonora épica. Las mujeres fueron las grandes transmisoras del conocimiento de plantas, rituales y sanaciones desde tiempos indígenas hasta bien entrado el siglo XX. Pero llegó la Inquisición con su GPS del pecado y etiquetó todo aquel saber como brujería. En realidad, lo que estaban atacando era el corazón de la memoria cultural.

Aun así sobrevivieron las santiguadoras, curanderas y custodias de ritos y oraciones. Gracias a ellas hoy podemos reconstruir parte de esa tradición que estuvo a un pelito de esfumarse.

La farmacopea indígena: del sedante al superfood canario

Hernández habló de plantas sin convertir la charla en un tutorial para flipar en colores. Muchas especies eran compartidas con el mundo bereber del norte de África, lo cual encaja con el origen de los antiguos pobladores. Había plantas para anestesiar, para sanar, para rituales… algunas hasta peligrositas si te pasabas de dosis.

Y luego está la estrella: el maná palmero, una resina dulce que, al fermentar, se vuelve psicoactiva. Se recolectaba como si fuera oro blanco y hasta se exportaba. Canarias inventando superfoods cuando Instagram aún era un lagarto despistado.

Especialistas rituales: las maguadas y compañía

Los antiguos canarios no iban por ahí experimentando a lo loco. El uso de plantas estaba en manos de especialistas espirituales: maguadas, consejeros, figuras rituales capaces de entrar en estados ampliados para guiar decisiones, conectar con ancestros o interpretar señales. Música, danza y, a veces, plantas formaban parte del kit profesional. Nada de ocio: era trabajo serio, profundo y comunitario.

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Una historia que por fin sale a la luz

¿Por qué este tema se ocultó tanto tiempo? Entre prejuicios, moral religiosa y miedo a lo desconocido, la historia quedó arrinconada. Pero hoy, gracias a la arqueología, los archivos inquisitoriales y las comparaciones culturales, la imagen se aclara.

Lo que aparece es espectacular: una cultura con un saber botánico, ritual y espiritual de alto nivel, profundamente conectada con la naturaleza y con el mundo interior.

Mientras la ciencia moderna vuelve a interesarse por las plantas psicoactivas para terapia y bienestar, Canarias recuerda algo importante: esto lleva aquí siglos, esperando que lo escuchemos.

El vídeo completo de la ponencia —visible en el canal de Fuertedélica— amplía este viaje. Y deja la pregunta flotando como un tambor que resuena en un barranco:

¿Qué otras historias siguen susurrando las plantas, los riscos y los nombres antiguos de las islas afortunadas?

 

Acerca del autor

The Swami

Amante del cannabis y especializado en el mundo de las sustancias psicoactivas. Escritor y psiconauta.