Historia

Antiguas civilizaciones como la hindú o la egipcia usaban procedimientos como el que vamos a describir en este artículo, a través del uso de la aplicación selectiva de las radiaciones solares sobre los suelos agrícolas irrigados, con lo que desinfectaban los suelos a la vez que los reactivaban. Los antiguos egipcios practicaban ese procedimiento en el valle del Nilo y lo denominaban ‘sheraqui’. Para ello inundaban las capas superiores con agua del Nilo. Después, los rayos del sol calentaban las capas mojadas hasta alcanzar unas temperaturas de 70º C, e incluso más en algunos casos.

En la antigua Roma, Virgilio dio más detalles sobre el procedimiento de mejora de la fertilidad aplicando métodos de calentamiento.

Ya en nuestro tiempo, desde hace más de cincuenta años se viene investigando el efecto del calor sobre la germinación de semillas, y el efecto esterilizador del vapor que se viene aplicando en autoclaves desde décadas también es bien conocido.

Hoy por hoy, en el mercado hay disponibles innumerables generadores de vapor -tanto para uso domestico como para la explotación y/o gestión agraria- destinados a la erradicación de malas hierbas, y alguno que otro para la esterilización de suelos.

La técnica es simple: se inyecta vapor sobrecalentado en el suelo -por un tiempo determinado, según la superficie y la profundidad- para lograr que el suelo alcance y mantenga una temperatura de entre 75º y 95º C. Es evidente que pocas de las esporas, patógenos o semillas que pudieran afectar a un cultivo, lograrían sobrevivir bajo esas condiciones.

El vapor caliente penetra en todos los resquicios y combate todas las malas hierbas. Elimina todas las partes que puedan germinar, además de las semillas. ¡Elesfuerzo vale la pena! El resultado consiste en la obtención de áreas completamente libres de malas hierbas y plantas silvestres, que sólo habrá que volver a tratar una o dos veces al año, de forma puntual. Y todo ello sin química y sin carga ambiental.

El vapor sobrecalentado y el crecimiento de las plantas

El suelo, gracias a su consistencia, ejerce un efecto elemental sobre la vida que alberga y sobre las plantas que crecen sobre él. Para su sano desarrollo, los brotes dependen de que el suelo les ofrezca las condiciones óptimas para su crecimiento.

Este es precisamente el problema en las superficies sometidas a una explotación intensiva, ya que en estos casos es en los que precisamente suelen aparecer enfermedades, plagas y sobrecargas de productos fitodañinos en grandes proporciones, puesto que se van acumulando.

Para reforzar en cierta medida el cultivo integral respetando el medioambiente, el uso del vapor sobrecalentado es una alternativa a tener en cuenta para todos los cannabicultores.

Las pruebas prácticas con aplicación de vapor sobrecalentado han demostrado que un cuidadoso calentamiento del suelo ejerce un efecto positivo sobre el crecimiento de las plantas. El vapor caliente -debido a su efecto filológico, biológico y químico- disuelve y/o erradica, en cualquier tipo de suelo, la mayoría de los problemas, sin tener que echar mano de productos químicos.

Sin embargo, hoy por hoy siguen sin estar claros todos los efectos del vapor sobrecalentado sobre las diversas especies de plantas. Esto se debe a que sus beneficios dependen de las diversas variedades de plantas del cultivo, así como del suelo tratado y de su consistencia.

La práctica ha demostrado que con este procedimiento se erradican la mayoría de las enfermedades, a la vez que se liberan cuantiosos nutrientes, entre ellos –y sobre todo- nitrógeno, que se hace más disponible para las plantas por la condensación en su condición soluble. Después de la vaporización, las plantas tienen una apariencia más saludable, el cultivo muestra más uniformidad, y en líneas generales podemos sembrarlo antes porque, gracias al calentamiento del suelo, no hay que mantener los tiempos de reposo obligados cuando se desinfecta con productos químicos.

Sin embargo, se han dado casos en que, de forma puntual en algunas variedades de plantas -sobre todo con la lechuga-, hay una reducción en el crecimiento. El porqué de este hecho aún no se ha podido aclarar definitivamente. Se cree que en algunos suelos la aplicación de calor hace que la relación entre los nutrientes quede alterada negativamente para determinadas variedades de plantas. En condiciones normales, los organismos residentes en el suelo compensan dicha carencia rápidamente. Sin embargo, un suelo vaporizado requiere más tiempo.

Por ello, es recomendable -sobre todo en los cultivos más delicados- mantener un período de descanso de dos a cuatro semanas, antes de proceder a la siembra. Por otro lado, si se desea reducir este tiempo de espera, es recomendable aportar al suelo microorganismos activos que permitan restablecer el equilibrio del suelo de manera más rápida. A su vez, las bacterias de efecto beneficioso que hayamos aportado dificultan -sobre todo respecto a las capas inferiores que no han sido vaporizadas- la repoblación de patógenos indeseados.

El efecto del calor sobre suelos y tierras

Cada suelo es una mezcla de diversos componentes. Consta principalmente de sustancias minerales y orgánicas, y sirve de biotopo para una gran variedad de organismos. El efecto penetrante del calor ejerce muchas acciones, afecta a la vida del suelo, y a los procesos químicos, biológicos y fisiológicos.

A continuación exponemos una pequeña relación de los procesos que origina en el suelo el vapor sobrecalentado:

  1. Efectos biológicos y químicos

          Degeneración de estructuras proteínicas (sobre todo las orgánicas)

          Destrucción de los organismos residentes

          Descomposición/transformación de sustancias orgánicas e inorgánicas

          Liberación de componentes fijados

  1. Efectos físicos

          Cambio de la estructura del suelo

          Variaciones de capilaridad

          Variación de la capacidad de absorción de sales y agua

          Aclarado y disolución de componentes

Las investigaciones han demostrado que la variación del suelo depende poco de las distintas composiciones del suelo. Lo único relevante que podemos mencionar a este respecto es una reducción del flujo capilar y un leve aumento del embarrado. Ambas cosas se deben al cambio de estructura coloide. La condición base/alcalina de suelo no se ve afectada por el calor. Sin embargo, el calor y el vapor afectan a los tratamientos de ph, por lo que en algunos casos se precisa una cantidad mucho menor de producto si se llevan a cabo los dos tratamientos conjuntamente.

Los citados efectos biológicos, químicos y fisiológicos actúan directamente sobre la vida en el suelo, y con ello sobre las plantas que crecen en él. Se combaten enfermedades y se eliminan la sobrecarga. Al crecer en suelos vaporizados, muchas plantas de cultivo disponen de mejores condiciones para un desarrollo sano, desde el mismo comienzo.

La regeneración de un suelo descontaminado

Después de la descontaminación del suelo con vapor sobrecalentado, hay un rápido restablecimiento de los microorganismos. Esto inicialmente ocurre tanto con los organismos útiles como con los dañinos. Sin embargo, las bacterias y los hongos benignos encuentran unas condiciones muy favorables. Gracias a ello se potencian en gran medida y los organismos beneficiosos alcanzan rápidamente el predominio sobre los perjudiciales. La rápida recolonización se debe avarias razones. Los resultados más importantes son una escasa competitividad de especies concurrentes, una mejor disponibilidad de nutrientes y la aparición de determinadas combinaciones químicas beneficiosas liberadas por la vaporización.

La primera ola de recolonización se debe a las formas resistentes al calor, como por ejemplo las bacterias esporuladas (bacterias formadoras de esporas). El efecto del choque térmico al final del período de reposo es bien conocido, especialmente en bacterias y hongos. Más aún, los microorganismos se van extendiendo desde las capas inferiores y no tratadas hacia las áreas vaporizadas, y se vuelen a asentar allí.

En la mayoría de los casos, gracias a los procesos descritos se obtiene de modo natural, en un plazo de tiempo relativamente corto, una resistente barrera contra la propagación de patógenos.

En casos puntuales, debido a la aparición de condiciones desfavorables, puede generarse en los suelos vaporizados una masiva propagación de fitopatógenos que puede causar grandes daños. Para prevenir eso, es recomendable inyectar al suelo -inmediatamente después de la vaporización- microorganismos beneficiosos e inocuos para evitar una reproducción de los organismos dañinos.

El vapor de alta y baja presión

 

Tanto en la jardinería como en la agricultura se hace a menudo la pregunta de si es más indicado el vapor de presión baja o el vapor de presión alta para el tratamiento de los suelos, y si es rentable la inversión suplementaria para la adquisición de una caldera de vapor de alta presión.  

Si se contempla el aspecto del contenido energético, entre los dos métodos sólo existe una pequeña diferencia. El vapor de alta presión a 10 atmósferas proporciona sólo 30 kcal/kg (<5%) más que el de baja presión a 0,5 atmósferas.

El vapor sobrecalentado producido en una caldera de alta presión, en comparación con el vapor de baja presión, permite un mejor transporte a través de las tuberías. Esa ventaja es evidente, en relación con los procesos de expansión. El vapor sobrecalentado de alta presión, a lo largo del camino de la caldera hasta el suelo, prácticamente se expande a presión atmosférica. El vapor pierde en densidad y gana en volumen. Esto significa que, a esa temperatura, y a pesar de la expansión, puede mantenerse -si el camino de transporte no muy largo- una temperatura de 150ºC. De esa manera se origina un vapor sobrecalentado que a lo largo del proceso de expansión no puede absorber más agua, con lo que permite una más fácil penetración en el suelo sin conllevar a un embarrado

La expansión en el camino de la caldera hacia el suelo también afecta al vapor de baja presión saturado a un máximo de 100º C. Sin embargo, como por su baja presión no puede recalentarse en la atmósfera saturada de vapor y empieza a condensar a partir de su salida de la caldera, se produce un vapor húmedo poco adecuado para la vaporización de suelo.

Las calderas modernas de baja presión están equipadas con un sobrecalentador que contrarresta por completo el problema descrito. De esa forma, se recalienta el vapor a 200º C antes de salir de la caldera. De esa manera llega al suelo un vapor seco. Cuanto más caliente sea el vapor, más tiempo puede ser transportado sin presentar condensación.

Vapor de alta presión en el suelo

Los agricultores y jardineros interesados en la vaporización opinan que con la alta presión es más fácil vaporizar el suelo, ya que puede entrar más rápido y con mayor fuerza. Sin embargo, la realidad es precisamente la contraria. Debido a la alta presión, los poros del suelo quedan sellados, lo que dificulta la entrada del vapor e incluso llega a impedirlo. El resultado es un rápido ralentizamiento y la consiguiente paralización del proceso de vaporización. Además, la presión llegaría a levantar la cubierta (lona o campana). Vaporizar requiere tiempo, y por ello la baja presión es la vía óptima para alcanzar buenos resultados y disponer de un suelo sin malas hierbas ni enfermedades.

La vaporización y otros procesos térmicos

Aparte del vapor sobrecalentado, existen otros tipos de procedimientos térmicos para la lucha contra los rastrojos silvestres; entre otros: radiadores infrarrojos, quemadores, sistemas de agua caliente. Muchas veces, el grado de efectividad de esos métodos no es suficiente y el consumo energético en el trabajo en la erradicación de malas hierbas no es rentable. Los radiadores de calor son poco agresivos con las superficies, pero requieren un tiempo prolongado de exposición hasta lograr que el calor origine suficiente daño en la mala hierba, sobre todo en aquellas en que el punto vegetativo se encuentra por debajo de la superficie. Lo mismo sucede con los quemadores, a los que también falta el efecto de profundidad.

Los sistemas de agua caliente son un sistema un poco más avanzado. Con esos tratamientos específicos se llega a las partes más profundas de las malas hierbas, se las destruye con temperaturas superiores a los 65º C, y se logra un éxito a largo plazo en su erradicación. No obstante, los procedimientos a base de agua caliente vienen de la mano de un elevado consumo de agua y de grandes pérdidas energéticas. Todos esos inconvenientes pueden evitarse en gran medida con el uso de vapor sobrecalentado, que es lo que aquí defendemos.