El primer registro que se tiene del uso terapéutico de una droga, en particular de la marihuana, es del año 2737 a.C., en un documento del emperador chino Shen Nung, quien describió su uso para aliviar dolencias físicas.

Desde entonces, ha habido un uso tradicional y terapéutico de la marihuana, e incluso se descubrieron sus propiedades medicinales como coadyuvante en el tratamiento de algunas enfermedades como glaucoma, artritis, Alzheimer, Parkinson, cáncer, epilepsia, esclerosis múltiple y enfermedad de Crohn, entre otras.

Pero la era del prohibicionismo impidió realizar avances médicos en el uso terapéutico de la marihuana.

Cuando la Segunda Conferencia Internacional del Opio declaró a la cannabis como un narcótico y restringió su uso recreativo en 1925, comenzó una era de prohibicionismo que se recrudeció cuando en 1937 Estados Unidos la prohibió totalmente, y el magnate de los medios Randolph J. Hearst comenzó a hacer propaganda negativa y racista en torno a la yerba.

Despenalización de marihuana avanza, pero inimaginable con otras drogas

Aunque ahora solamente 19 estados de EU criminalizan su uso y en México la Suprema Corte de la Justicia de la Nación ya declaró inconstitucional -desde el pasado 28 de junio– la prohibición al uso lúdico de la marihuana, esto no ocurre con otras sustancias, que ya se utilizan para terapias médicas y psiquiátricas.

“Es insostenible la prohibición, que lamentablemente sigue existiendo en cierto sentido, ya que aunque se publicó la declaratoria general de constitucionalidad con cannabis, sigue sin tocarse el Código Penal Federal. La prohibición patalea y sigue pataleando bastante duro. No la hemos vencido por completo. Pero el panorama sí ha cambiado”, nos contó Aldo Contro, activista por la despenalización de drogas en México.

“Ese ha sido el proceso con cannabis. Con las otras drogas, no. En México no hemos tenido avances políticos, aunque sí los hemos tenido culturalmente hablando. Hay una o dos iniciativas para regular o para despenalizar el peyote, por ejemplo. Hay una petición ciudadana de 2018 para que se presente una iniciativa para legalizar los usos científicos y los usos medicinales de la psilocibina y de los hongos”.

“La realidad política y la cultural no se corresponden”

A pesar de que hay estudios que respaldan el uso de otras drogas para tratamientos y terapias, la prohibición impide su desarrollo.

Ese es el caso del MDMA y la psilocibina, que han demostrado tener resultados en el tratamiento del estrés postraumático, y otras sustancias como la ketamina y el LSD que también se utilizan médicamente, al menos en terapias experimentales.

“En la práctica sabemos que hay gente, terapéutas, algunos con formación académica: psicólogos, psiquiatras, y otros que son más empíricos o más de formación tradicional, es decir, de tradiciones indígenas, que practican terapéutica con el uso de peyote, de hongos, de ayahuasca, que si bien no es de esta región, está muy extendido su uso cada vez más en el mundo y en México de manera particular. En el caso de psicólogos, psiquiatras también están utilizando sustancias como ketamina, LSD, MDMA, es decir, sustancias químicas”, nos comentó.

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“Ocurre algo similar a lo que sucede con el cannabis: la realidad política y la realidad cultural no se corresponden, pero ahí están”.

EU, con varios pasos adelante en el uso médico de psicoactivos

Desde el año 2000, en el campus de Baltimore de la Universidad Johns Hopkins hay un centro de investigación dedicado al uso medicinal y terapéutico de drogas alucinógenas o psicoactivas: el Centro de Investigación de Psicodelia y Consciencia, que explora tratamientos innovadores en este campo.

“Nuestros científicos han demostrado que las sustancias psicodélicas tienen un verdadero potencial como medicamento”, dice la Universidad Johns Hopkins.

Lo mismo ocurre en Berkeley y en la Escuela Icahn de Medicina de Mount Sinai.

Este tipo de estudios no son nada nuevo. De acuerdo con la Universidad Johns Hopkins eran comunes en la década de los cincuenta y los sesenta, pero en los setenta simplemente se detuvieron tras una agresiva campaña en los medios de comunicación, lo que generó percepciones equivocadas de riesgo y regulaciones altamente restrictivas.

En los cincuenta, México fue escenario tangencial de una de estas investigaciones, que involucró a agentes de la CIA encubiertos y experimentos con hongos alucinógenos con el propósito de crear un componente capaz de ayudar en los interrogatorios en plena Guerra Fría.

El proyecto MKULTRA experimentaba también con LSD para alterar los estados de consciencia y comisionó al agente James Moore infiltrarse en grupos de la Costa Este de EU que utilizaban hongos alucinógenos para localizar dónde crecía el hongo teonanácatl, mejor conocido como “carne de los dioses” en México.

Un artículo de la revista científica Nature da cuenta de que entre las décadas de los cincuenta y sesenta se publicaron más de mil artículos sobre el uso de psicodélicos como tratamiento psiquiátrico. Señala que las sustancias psicoactivas se probaron en unas 40 mil personas.

“La psicoterapia con sustancias psicodélicas podría significar opciones para desórdenes mentales, incluyendo el estrés postraumático, depresión crónica, alcoholismo, anorexia y varios más que matan a miles de personas cada año en EU”, indica el artículo.

El más reciente de los estudios científicos publicado en esa misma revista en mayo de 2021, encontró que una terapia con MDMA resultó efectiva con los pacientes que padecían estrés postraumático, reduciendo los síntomas.

“La terapia con MDMA es altamente eficaz en personas con estrés postraumático severo y el tratamiento es seguro y tolerado, incluso en aquellos con comorbilidades. Concluimos que la terapia con MDMA representa un descubrimiento potencial que merece evaluación clínica”, señala el documento publicado en Nature.

En México, una terapia en la clandestinidad

Karen fue abusada sexualmente por su padre cuando era niña. Sin embargo, la mujer no tenía ningún recuerdo de esa experiencia. Pero en una cabaña cercana a Tepoztlán, la mujer ingirió una dosis de una sustancia psicoactiva que le proporcionó una facilitadora y recordó ese momento de su infancia.

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No era ninguna ocurrencia, sino una terapia alternativa con psicoactivos para tratar su depresión y ansiedad.

“Justamente una de las manifestaciones del estrés postraumático son los recuerdos reprimidos”, nos explica la maestra en Psicología Karina Malpica, quien da terapias de integración para experiencias difíciles con relación a psicoactivos.

Este tipo de terapias que aparentemente tienen un “boom” en México y el mundo son el resultado de cambios en la regulación de las drogas, explicó a la Gaceta de la UNAM la doctora Claudia Rafful, investigadora de la Facultad de Psicología.

“Hay un movimiento que se basa en la evidencia: ¿qué tan reguladas están las sustancias? Hay muchos alucinógenos que están tan regulados como los opioides, que serían las sustancias que generan más adicción, y los psicodélicos no generan esta adicción”, dijo.

En busca de un tratamiento alternativo

Un cuestionario con 13 preguntas llega por correo electrónico.  El objetivo es conocer los antecedentes médicos del paciente y su información personal para determinar si la terapia que ofrece el centro de apoyo es la más indicada.

En otro caso, una terapéuta aplica un cuestionario y entrevista a quienes le solicitan una experiencia sensorial o la aplicación médica del Bufo Alvarius, un sapo del desierto de Sonora del cual se extrae la “molécula de Dios”, cuyo uso se ha popularizado y es auxiliar en el tratamiento de adicciones.

“Mis clientes son personas de 25 a 35 años que están en una búsqueda personal, un interés de crecimiento, de entendimiento de la vida desde otra perspectiva, hasta personas que tienen adicciones a diferentes drogas o personas que llevan 15 años con ansiolíticos, con antidepresivos, con antipsicóticos. Y entonces se desintoxican por tres meses para poder tener esta terapia”, nos cuenta Y, quien lleva casi una década ofreciendo y estudiando este tipo de tratamientos.

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De acuerdo con el tipo de terapia y sitio que se elija el costo ronda de los 3 mil a los 5 mil pesos para acceder a una tratamiento con plantas de poder, LSD, ayahuasca, psilocibina o incluso el sapo sonorense.

Pero con la proliferación de este tipo de terapias, también ha aumentado el número de charlatanes, nos advierten. Para una de las terapéutas entrevistadas, además de las referencias que un paciente pueda obtener, también debe estar la investigación sobre quién y cómo le ofrecen el servicio.

De acuerdo con la psicóloga Karina Malpica, este tipo de tratamientos y las evidencias científicas que arrojan son un parteaguas en la psicoterapia que debe tomarse en serio.

“Son un antes y un después de lo que está ocurriendo en psicoterapia porque muchas veces los psicólogos estamos acostumbrados a trabajar con la palabra, y la palabra en algunos casos no es suficiente”, nos compartió.

“Toda esta realidad, que si bien no es legal, sucede y sabemos que la ley debería adecuarse a la cultura. Debería adecuarse a la sociedad, no al revés”, concluyó Aldo Contro.

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