Este número especial sobre asociaciones cannábicas es una buena ocasión para hacer una pausa en nuestra serie temática sobre usos terapéuticos del cannabis. Dedicaremos el artículo a desarrollar una serie de reflexiones que tienen que ver con los aspectos médicos del cannabis y el movimiento asociativo.

por Fernando Caudevilla

Acostumbrado como estoy a escribir sobre estadísticas, ensayos clínicos o estudios epidemiológicos me resulta complicado de entrada desarrollar un artículo que tiene que ver más con opiniones y experiencias personales. Y eso que algo sé del tema que nos ocupa, ya que desde hace dos años trabajo en contacto directo con varias asociaciones cannábicas en relación con los usos terapéuticos del cannabis

Como médico privado supuestamente experto en drogas, he intentado desarrollar mi trabajo por derroteros distintos al campo de las “adicciones”. Para la medicina ortodoxa (y aclaro, yo soy médico ortodoxo y trabajo según el método científico) “drogas” y “adicciones” vienen a ser sinónimos aunque en realidad tienen tan poco que ver como la cultura del vino con el síndrome de dependencia alcohólica. Innegablemente la dependencia al alcohol es una patología real (y frecuente) pero el alcohol como droga tiene otros muchos aspectos clínicos, usos recreativos y significados de tipo social, económico o simbólico que hay que tener en cuenta y valorar. De la misma forma, la valoración, el abordaje o el asesoramiento del paciente que consume drogas ilegales va mucho más allá de los problemas que se presentan en personas que hacen patrones de consumo abusivos o dependientes.

En este sentido los usos terapéuticos del cannabis han sido uno de los campos en los que vengo desarrollando mi actividad profesional. Se trata de un tema de actualidad social, en el que la información es muy abundante, más aún en esta época de redes sociales y posibilidades de búsqueda ilimitada propiciadas por la revolución informática. Pero en el caso de los usos terapéuticos del cannabis la información está casi siempre manipulada y se presenta de forma parcial y sesgada. Por un lado tenemos el sector antidroga-talibán, constituida por una pandilla de impresentables cuyos postulados morales pretenden estar por encima del sufrimiento de los pacientes.  Su estrategia consiste en negar o minimizar el potencial terapéutico de los cannabinoides para justificar su ideología preestablecida: el cannabis es una droga maléfica sin ningún potencial médico.

Pero por otro lado un cierto sector del mundo procannábico cae en el mismo vicio de falta de objetividad, partidismo y entusiasmo desmedido. El cannabis, según ellos, sirve para curar todas las enfermedades del mundo desde las hemorroides hasta los juanetes e incluso hace que las parejas sean más felices y no haya violencia doméstica. No importa que los datos procedan de investigación en células, animales o rutas bioquímicas. Los mismos que critican (muchas veces con razón) la falta de rigor sobre los estudios contra el cannabis sufren de miopía selectiva cuando las noticias son favorables a sus intereses.

He desarrollado esta idea en otros artículos de esta serie así que no seré pesado. Pero no puedo dejar de comentar una anécdota significativa al respecto. Hace unos meses publiqué en Cannabis Magazine un artículo en el que desmontaba el mito del “aceite de Rick Simpson”, un delirio acientífico que promete la cura del cáncer si se deja la medicación convencional y se ingiere sólo aceite de cannabis. Desde que publiqué una versión extendida on-line en mi web personal (http://goo.gl/UeJdfZ) rara es la semana que no recibo uno o dos mails al respecto. Estos correos (e incluso llamadas de teléfono a horas intempestivas) nunca contienen elementos de discusión o debate, sino amenazas e insultos. En los quince años que llevo trabajando en drogas he recibido múltiples críticas, en general por parte del sector prohibicionista rancio que opina que mis mensajes y mi forma de trabajo banalizan o promueven el uso de drogas ilegales. Así que parece que durante los próximos quince tendré que enfrentarme, además, con algunos integristas procannábicos en su versión hooligan.

Pero volvamos al tema que nos ocupa. Debido a este exceso de información manipulada, muchos pacientes se encuentran confusos cuando se plantean utilizar cannabis con fines terapéuticos. Mi trabajo no consiste en recetar o recomendar cannabis, sino proporcionar información objetiva y basada en evidencias científicas a aquellos pacientes que se plantean recurrir a la marihuana cuando se enfrentan a una determinada enfermedad. Existen indicaciones en las que claramente el cannabis puede suponer un beneficio (náuseas y vómitos de algunos tipos de quimioterapia, síntomas de esclerosis múltiple, dolor neuropático, etc.), otras en las que hay que valorar individualmente el balance beneficio/riesgo o en las que la evidencia es más débil (fibromialgia o algunas enfermedades autoinmunes) y otras en las que el cannabis es ineficaz o claramente contraindicado (ciertos trastornos de salud mental o la mencionada indicación de “curación del cáncer”). En cualquier caso hay que valorar de forma personalizada las otras opciones terapéuticas, posibles efectos secundarios o interacciones con otro tipo de medicación, forma y vía de administración, variedad más adecuada, etc. y ofrecer esta información al paciente de forma clara y comprensible para que pueda ser él quien tome las decisiones que considere más adecuadas para su salud, pero de una forma fundamentada e informada.

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Como decía antes, en un principio comencé a ofrecer este tipo de servicios a pacientes en mi consultorio privado, con una respuesta más que aceptable. En abril de 2012 recibí una solicitud de una Asociación Cannábica situada en Valencia (Asociación de Investigación Cannábica La Flora) para ofrecer de forma estable y continuada un servicio de atención y asesoramiento médico sobre cannabis medicinal a socios terapéuticos. Por un lado se pretendía definir los criterios que debía cumplir un paciente para ser considerado como “terapéutico” y por otro lado ofrecer el asesoramiento personalizado que detallaba en el párrafo anterior. Elaboramos una serie de protocolos de acogida, asesoramiento y actuación que hemos ido desarrollando y mejorando a lo largo de este tiempo. En la actualidad son más de 60 los pacientes que se han beneficiado del servicio que proporciona esta asociación que, en mi opinión, constituye un modelo sobre lo que debería ser una asociación cannábica que quiera denominarse “terapéutica”.

Animado por esta experiencia positiva, en enero de 2013 envié un mailing a más de 200 asociaciones cannábicas ofreciendo mis servicios profesionales. Sólo recibí respuesta de siete. Comprendo que no todas las asociaciones cannábicas están interesadas en el tema del cannabis terapéutico. Entiendo también que existen otros colegas que trabajan o han trabajado con distintas asociaciones siguiendo unos objetivos y metodología similares a los que he explicado. Pero me consta también que muchas de las grandes asociaciones, esas que tienen locales de diseño, cientos o  miles de socios, PlayStation, equipo de música de última generación y decoración fashion se hacen llamar “terapéuticas” sin contar con el trabajo y el asesoramiento de un médico. En la última reunión de Fiscales Antidroga, en junio de 2013, Málaga, Sus Señorías señalaban que “muchas de las asociaciones argumentan un uso terapéutico que exige la intervención de médico o farmacéutico”. Me da un poco de rabia compartir opiniones con estos señores, pero en esta ocasión les diré que tienen más razón que un santo.

En contactos posteriores con asociaciones cannábicas, me he encontrado de todo. Algunas asociaciones buscan un médico que “haga certificados para justificar que todos los miembros del club son terapéuticos”. Otras veces me he encontrado con colectivos que no pueden permitirse pagar un médico y con las que he colaborado puntualmente (aunque al igual que los cultivadores, abogados, gestores o personal contratado por asociaciones, los médicos necesitamos dinero para comer y buscamos vivir de nuestro trabajo). En el momento actual trabajo de forma continuada, además de con La Flora, en tres asociaciones más de Madrid (Charas, IKAP y Private Cannabis Club).

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Es evidente que no todas las asociaciones cannábicas necesitan contar con un médico, pero parece razonable que aquellas que pretendan denominarse “terapéuticas” sí lo hagan. El problema es que la legislación detalla perfectamente qué requisitos tiene que cumplir un producto para llamarse “yogur” o la normativa aplicable a un “estudio de arquitectura”, pero no está establecido cuales serían las funciones, ámbitos y límites de una “Asociación Cannábica Terapéutica” y, hasta donde yo sé, ninguna de las múltiples propuestas sobre regulación de las asociaciones cannábicas ha desarrollado este aspecto en profundidad.

En mi opinión, una Asociación Cannábica Terapéutica debería de cumplir una serie de requisitos adicionales a los de cualquier asociación. Los productos y preparados que manejan deberían estar sometidos a unos estándares de calidad que incluyan su determinación analítica y la concentración de los principales cannabinoides. Las fichas de los pacientes/socios deben cumplir estrictamente lo dispuesto en la Ley de Protección de Datos, haciendo hincapié en que, en ningún caso, la Asociación debe manejar datos especialmente protegidos como informes clínicos o diagnósticos de pacientes. Los aspectos de consejo médico (sobre diagnósticos, tratamientos, interacciones, contraindicaciones…) deberían ser únicamente ofrecidos por un profesional de la medicina, colegiado y con experiencia en el campo que nos ocupa.

El movimiento cannábico ha hecho de los usos terapéuticos del cannabis una de sus banderas. En mi opinión esto es un error, ya que el uso recreativo se justifica por sí sólo. Si el cannabis perdiera su estatus de droga recreativa y pasara a ser considerado como una medicina, se convertiría en un producto controlado por la Agencia Española del Medicamento, sometido a su legislación y se dispensaría únicamente con receta médica. En realidad, esta doble naturaleza en la que se juntan lo recreativo y lo terapéutico, permite que las asociaciones puedan ser un ámbito idóneo desde el cual poder ayudar a personas que lo necesitan. Señalaba antes que algunas asociaciones se atribuyen el adjetivo “terapéutico” como una mera estrategia de marketing, pero no es menos cierto que, en otros muchos casos existe una verdadera voluntad de ayudar de forma generosa y altruista a pacientes atrapados entre su enfermedad y unas absurdas restricciones legislativas basadas únicamente en principios morales. Sería muy conveniente la existencia de un marco legal que las protegiera y promoviera.

Acerca del autor

Dr. Fernando Caudevilla

Médico de Familia y experto universitario en drogodependencias. Compagina su actividad asistencial como Médico de Familia en el Servicio Público de Salud con distintas actividades de investigación, divulgación, formación y atención directa a pacientes en campos como el chemsex, nuevas drogas, criptomercados y cannabis terapéutico, entre otros.