El científico de la ULPGC Luis A. Henríquez firma un artículo que determina que no existe «dosis letal» en el uso terapéutico de la LSD, peyote u hongos mágicos

Resulta sorprendente descubrir que sustancias tan añejas y conocidas como las psicodélicas no han sido estudiadas con rigor por la ciencia. «Arrastran una mala fama que se acompaña del término ‘acid panic’ (pánico ácido), que surgió cuando se popularizaron entre los hippies y fueron prohibidas», explica el profesor de la Unidad de Toxicología del Departamento de Ciencias Clínicas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Luis Alberto Henríquez-Hernández, coautor junto a tres investigadores de la Asociación Científica Psicodélica de Canarias, de un artículo publicado en la revista ‘Toxics‘ que contiene una revisión sistemática de los efectos y riesgos de las principales ergotaminas, triptaminas simples y feniletilaminas.

La investigación concluye que se trata de sustancias que no tienen capacidad de adicción ni «efectos adversos medibles para la salud».

«De una manera teórica desafían la toxicología y la frase de Paracelso de que ‘la dosis hace al veneno’», señala Henríquez respecto a estas sustancias psicodélicas que carecen de dosis letal media (DL₅₀), la dosis de una sustancia necesaria para matar a la mitad de los individuos expuestos a ella.

«Hay datos clínicos de personas sometidas a dosis 500 veces superior a la normal. El único efecto fue que sufrió ‘un viaje’ de 24 horas, pero ni provocó un infarto, ni hipertensión, ni demencia, ni vómitos. Si eso se hace con una aspirina, encontraríamos problemas de coagulación», relata científico que insiste en que las sustancias psicodélicas clásicas -LSD, mescalina y psilocibes- desafían los principios básicos de la toxicología.

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«Son tóxicos transformadores y relativamente no dañinos, desde luego, no mortales. Distinto es consumir la droga y realizar alguna actividad que conlleve un riesgo, como conducir o meterse en el mar», afirma.

Hernández, además, señala que este tipo de sustancias invitan a la exploración interior y son útiles en el tratamiento de la depresión, la ansiedad o el estrés postraumático, siempre y cuando se administre en las dosis adecuadas y con asistencia antes, durante y después de su administración.

«Estas sustancias ya se usan con fines terapéuticos en Suiza, en República Checa y en algunos estados de Estados Unidos. Aquí se lo siguen pensando», explica Henríquez sobre unas sustancias que en dosis muy bajas tienen un efecto muy potente para aliviar «los problemas del alma».

«La experiencia psicodélica es tan poderosa que puede hacer ver a un paciente lo maravillosa que es la vida como concepto. No son drogas milagro. Es una alternativa segura a problemas serios que no tienen solución», dice el experto que afirma que la psilocibina se usa ante problemas de ansiedad y depresión y el LSD para tratar adicciones y retrasar el Parkinson y el Alzheimer.

En España, de momento, se permite el uso de ketamina en personas con depresión mayor.

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Muchos años luchando en la sombra para que el cannabis florezca al sol.