‘The Sunday Times’ descubre rastros de la droga ilegal en 11 de los doce servicios por los que pasó un paño reactivo

La inspección de doce baños en los edificios que alojan a las dos cámaras del Parlamento británico, a sus comités, oficinas de diputados y lores, áreas de trabajo para periodistas, bares y restaurantes,… ha revelado rastros de cocaína en todos salvo en uno, según desveló este domingo el The Sunday Times. Coincide la publicación con un cambio en la política del Gobierno sobre el consumo de drogas ilegales.

El periódico no explica quién ordenó la inspección, que parece ser el producto de una colaboración suya con el presidente de la Cámara de los Comunes, Lindsay Hoyle. Los doce baños incluyen los reservados para hombres y para mujeres en el pasillo que comienza tras el asiento del presidente. En ese corredor está el despacho del primer ministro en el Parlamento.

La lista de doce, en la que no se señala al único que no dio color azul cuando se pasaron unas toallitas humedecidas con un reactivo a la cocaína, incluye servicios para ambos sexos y para personas con discapacidades, baños contiguos a las oficinas de diputados laboristas o de una ministra conservadora y los unisex de la galería de la prensa y de un bar de los lores; repartidos en los tres edificios que los alojan.

Te puede Interesar
Hallan una tonelada de marihuana proveniente de México camuflada en zanahorias

La Policía habría intervenido en el último año en 17 delitos relacionados con las drogas «en el Parlamento o sus alrededores», según el ‘Times’, que también informa de que, hace un mes, había un aroma de cánnabis en la calle, entre Portcullis House, que alberga oficinas y salas de reunión, y el número 1 de la Plaza del Parlamento, que es un acceso al Palacio de Westminster.

El actual primer ministro, Boris Johnson, ha reconocido que probó cocaína cuando estaba en la universidad, aunque no la esnifó bien y tampoco tuvo en él ningún efecto. También fumó cánnabis de manera habitual cuando era más joven. Otros políticos de su generación se han negado a hablar de su posible consumo de drogas ilegales.

Cambio

Según las últimas cifras oficiales, el 9.4% de los adultos en Inglaterra y Gales entre 16 y 59 años(3.2 millones de personas) tomaron entre marzo de 2019 y de 2020 una droga de Clase A- cocaína, éxtasis, LSD, setas alucinógenas, metadona y cristal- y de ellos 1.3 millones tenían entre 16 y 24 años. El cánnabis fue ascendido por Theresa May, cuando era ministra de Interior, de clase C a B, junto a la anfetamina.

Cerca de 20.000 personas tienen pases para entrar, mediante contacto con una tarjeta electrónica, en los edificios del Parlamento. El secretario de Estado para la Policía, Kit Malthouse, ha dicho en la radio LBC que le «sorprendería» que en un espacio ocupado diariamente por tal número de personas «no hubiese alguien tomando drogas en algún momento».

Te puede Interesar
Los médicos de Gran Bretaña ya pueden recetar medicamentos derivados del cannabis

El presidente de los Comunes, Hoyle, ha dicho que el hallazgo es «profundamente preocupante» y el del comité de Administración, Charles Walker, que supervisa la gestión de los edificios parlamentarios, ha adelantado que, de la misma manera que se utilizan perros entrenados para la detección de explosivos, es posible que introduzcan ahora otros especializados en drogas.

La noticia creaba contexto para el anuncio por el Gobierno, este lunes, de un cambio sustancial en el enfoque de la persecución de las drogas. Parte de la evidencia de que la mitad de los robos y de los homicidios están relacionados con las drogas. Su nueva prioridad es curar de la adicción a los 300.000 adictos a la heroína y al crack. Quiere además castigar a los que consumen para entretenerse.

Aunque el consumo es estable, el número de muertes por envenenamiento ha subido en los últimos años en Inglaterra y en Gales. En Escocia, las estadísticas dan los resultados más altos del país. La cocaína se cobraría muchas muertes, pero la mitad se deberían a opiáceos. El Gobierno quiere enfrentarse ahora al problema con un enfoque híbrido de persuasión y represión.

Fuente