La Audiencia Nacional contiene la respiración ante la declaración clave del caso Juicy Fields

El interrogatorio de uno de los supuestos cabecillas puede aclarar cómo se evaporaron cientos de millones en una trama con ramificaciones internacionales.

La Audiencia Nacional contiene la respiración ante una comparecencia que puede marcar un punto de <inflexión en una de las mayores estafas investigadas en Europa. El próximo 7 de abril, el magistrado Antonio Piña interrogará a Víctor Bitner, considerado por los investigadores una pieza esencial en la estructura financiera de la llamada trama cripto-cannabis, un fraude que habría captado más de 645 millones de euros bajo la promesa de inversiones millonarias en cultivos de cannabis medicinal que, sencillamente, no existían.

No se trata de un nombre secundario ni de un eslabón menor. Bitner, actualmente en prisión provisional sin fianza, está acusado de estafa agravada, blanqueo de capitales y pertenencia a organización criminal. La justicia lo sitúa en el corazón económico del entramado. Según la investigación, gestionaba una de las cuentas bancarias que recibió una parte sustancial del dinero de las víctimas y administraba además una de las sociedades utilizadas en la red. También habría intervenido en operaciones de blanqueo a través de criptomonedas.

Su declaración estaba prevista días atrás, pero tuvo que aplazarse por la ausencia del juez instructor. El interrogatorio recayó provisionalmente en el magistrado Santiago Pedraz, que optó por posponer una comparecencia considerada clave y mantener al investigado en prisión por el elevado riesgo de fuga y por la posibilidad de destrucción de pruebas. Esa decisión revela hasta qué punto la Audiencia entiende que lo que está en juego no es solo una versión de los hechos, sino una parte crucial del puzle.

Una estafa de dimensiones europeas

Porque la dimensión de este fraude impresiona por su volumen, por su sofisticación y por su descaro. La plataforma Juicy Fields ofrecía a los inversores la posibilidad de financiar supuestos cultivos de cannabis con rentabilidades que oscilaban entre el 70% y el 168,08%. La promesa era tan seductora como inverosímil. A cambio, miles de personas entregaron su dinero confiando en una maquinaria perfectamente engrasada de apariencia legal, lenguaje tecnológico y ambición global.

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La operativa era propia de los nuevos tiempos. Los pagos se realizaban con criptomonedas como Bitcoin, Ether y Tether, aunque también se aceptaban transferencias bancarias a cuentas abiertas en distintos países europeos, entre ellos Chipre, Alemania y Lituania. Pero, según sostiene la investigación judicial, el dinero no se destinaba a ninguna actividad agrícola ni a ninguna inversión real en cannabis medicinal. Servía, en parte, para sostener pagos parciales que mantuvieran viva la ilusión de rentabilidad y para alimentar el propio mecanismo de captación. El resto se perdía en un entramado de sociedades, cuentas y movimientos internacionales diseñado para dificultar el rastro.

En España, la magnitud del golpe ya tiene cifras concretas. Según consta en la causa, habría al menos 1.766 afectados y 284 denunciantes, con un fraude denunciado que supera los 24 millones de euros. Son números que hablan de una herida económica, pero también de una fractura moral. Detrás de cada inversión fallida hay una confianza quebrada, una expectativa frustrada, una promesa de prosperidad convertida en humo digital.

Los nombres clave de la trama

La investigación no se detiene en Bitner. El supuesto líder de la organización sería Sergei Berezin, detenido en República Dominicana en abril de 2024. La Policía lo sitúa como el hombre que daba órdenes al resto de miembros de la red. Su perfil, según las pesquisas, añade un tono todavía más inquietante al caso. No solo por su posición de mando, sino por las sospechas de que parte del dinero captado se habría desviado a una fábrica de drones en San Petersburgo. Una afirmación que, de confirmarse, abriría una derivada geopolítica perturbadora en una trama que ya no se limitaría al fraude financiero.

Más aún. Los investigadores atribuyen a Berezin una orden estremecedora: habría mandado asesinar a Bitner por la desaparición de datos de acceso a distintos bancos. Es una acusación de enorme gravedad que dibuja una estructura criminal en la que la codicia, el control y el miedo habrían convivido como herramientas de funcionamiento interno.

Advertencias ignoradas y una instrucción aún abierta

La plataforma Juicy Fields comenzó a operar el 22 de marzo de 2020 y dejó de hacerlo en julio de 2022. Para entonces, varios organismos reguladores ya habían encendido las alarmas. La CNMV en España advirtió sobre la irregularidad de su actividad y el regulador alemán BaFin prohibió su operativa, además de imponer una sanción de un millón de euros. Las señales estaban ahí, pero la velocidad de expansión del fraude y el atractivo de su discurso hicieron el resto.

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Hoy, la causa suma ya una docena de imputados y, según el último informe de la UDEF fechado en febrero, la instrucción podría prolongarse todavía más de un año. Eso significa que la justicia apenas ha empezado a recorrer el camino de un caso que combina criptomonedas, ingeniería societaria, promesas deslumbrantes y una presunta organización criminal internacional.

La declaración que puede cambiarlo todo

En ese contexto, la declaración de Bitner no es un trámite. Puede ser el momento en que una red diseñada para ocultar empiece, por fin, a mostrar su verdadera arquitectura. Puede revelar quién decidió, quién ejecutó, quién se benefició y hasta dónde llegó un fraude que convirtió la retórica de la innovación en una maquinaria de saqueo.

Porque a veces la modernidad no llega envuelta en progreso, sino en opacidad. Y bajo el brillo de las nuevas inversiones, de las plataformas globales y de las rentabilidades milagrosas, reaparece una vieja historia: la del engaño de siempre, vestido con el lenguaje del futuro.

Acerca del autor

Manu Hunter
Escritor y periodista cannábico

Periodista cannábico con un estilo desenfadado pero siempre riguroso. Cuenta historias que prenden, informan y desmontan mitos, acercando la cultura cannábica al mundo con frescura y credibilidad. ¡Donde hay humo, hay una buena historia!