En esta segunda parte del tema que nos ocupa, los Organismos Modificados Genéticamente (OMGs) o Transgénicos, seguiremos viendo otros usos que tienen en la actualidad o se están investigando por parte de la comunidad científica.

Por Víctor Bataller Gómez (TRABE)

La resistencia de plantas para defenderse contra plagas, enfermedades y/o herbicidas es una de las aplicaciones comerciales más conocidas. Algunas plantas transgénicas incluyen genes que les confieren resistencia a determinados herbicidas como el Glifosato, que actúa de manera sistémica para cualquier planta, sea o no sea una mala hierba (también denominadas plantas adventicias). Los principales ejemplos de resistencia a herbicidas son variedades de maíz o soja que son cultivadas y comercializadas en varios países del mundo y tienen una importante cuota de mercado y producción. Con este tipo de cultivos se evitan los tratamientos dirigidos únicamente hacia las malas hierbas, con lo que se ahorra en tiempo y dinero a la hora de realizar tratamientos con herbicidas. La variedad de  maíz Bt11xMIR604 del laboratorio Syngenta AG, mundialmente conocido, es un cruce entre las variedades transgénicas MIR604 (resistente al glifosato) y la Bt11, que expresa el gen cry1AB de Bacillus thuringiensis, lo que le confiere tolerancia a larvas de lepidópteros. También expresa la enzima Fosfinotricina acetil transferasa, que proviene de la bacteria Streptomyces viridochromogenes y que le aporta tolerancia al herbicida Glufosinato, una sustancia comercializada por los laboratorios Bayer Cropscience, bajo el nombre comercial de Finale.

Como hemos visto en el párrafo anterior, hay cultivos que tienen insertado el gen Btque es el gen que está presente en el Bacillus thuringiensis y que origina en el interior de las larvas de numerosos insectos una toxina venenosa. Gracias a ello, se les confiere a las hojas de estos cultivos la resistencia a numerosas  plagas y nos permite prescindir de numerosos plaguicidas.

Se ha desarrollado una variedad de la oruga Pectinophora gossypiellaque contiene un marcador fluorescente en su ADN. Esto permite a los investigadores hacer un seguimiento de las orugas que son esterilizadas por radiación y liberadas en cultivos con el fin de reducir la plaga causada por estos insectos.

Durante la década de los noventa hubo una enfermedad causada por el Papaya Ringspot Virus (Virus de la mancha anular de la papaya), que asoló los cultivos de papaya de todo el mundo y redujo la producción mundial de esta fruta en más de un 30%. La introducción de una variedad transgénica de papaya resistente a este virus ha permitido su control. El principio de la resistencia contra enfermedades virales es la expresión de proteínas del mismo virus en el interior de las plantas, que puedan competir con las partículas virales infecciosas e interrumpan los procesos de invasión de las células vegetales, que es lo que causa la enfermedad. También se han diseñado plantas transgénicas que expresan proteínas capaces de interferir con los circuitos de regulación genética de los virus, inhibiendo la replicación del genoma viral y la síntesis de proteínas virales imprescindibles.

Otro de los objetivos que se pretenden alcanzar con los OMGs es conseguir alimentos mejorados o más eficientes. El primer alimento obtenido de Organismos Modificados Genéticamente y autorizado para el consumo humano fue el tomate Flav Savr, de la firma Calgene, en el año 1994. Este tomate tardaba más en deteriorarse una vez maduro que los convencionales. Esto permitía a los agricultores recolectarlos cuando estaban maduros y, no como ocurría con las otras variedades tradicionales, que había que recolectarlas antes de alcanzar la madurez para que pudieran llegar en óptimas condiciones al consumidor. Esto permitía que los tomates de esta variedad transgénica tuvieran mejor sabor y mayores propiedades alimenticias. Fueron etiquetados como transgénicos y se vendieron con la marca MacGregor’s, pero al final no tuvieron éxito por varias razones, como las dudas que generaba a los consumidores en cuanto a la salud o que su precio era el doble del precio de los tomates comunes. Fueron retirados del mercado en 1997.

También se han diseñado cultivos transgénicos insertando genes para que sinteticen una mayor cantidad de nutrientes o nutrientes nuevos. Un ejemplo es el denominado “arroz dorado”, una variedad de arroz que sintetiza moléculas precursoras de la vitamina A y que se propone como complemento en lugares donde la dieta es pobre en esta vitamina.

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La inclusión genética de ciertos nutrientes en organismos en los que no estaban presentes es una buena opción para combatir la desnutrición en poblaciones con acceso restringido a muchos alimentos. Los principales campos de acción de esta área son el aumento de ácidos grasos, de proteínas y de micronutrientes.

La empresa AquAdvantage ha desarrollado un salmón transgénico procedente del Atlántico, al que se le ha insertado un gen para producir una hormona del crecimiento. Con estas modificaciones el salmón crece en 16 meses lo que en condiciones normales tardaría un mínimo de tres años.

La tecnología de los transgénicos ha permitido también el control de insectos que transmiten enfermedades al ser humano. En 2010 se crearon en laboratorio mosquitos resistentes a la malaria, una enfermedad que mata aproximadamente a un millón de personas al año en todo el mundo. Otro mosquito modificado genéticamente contiene un gen que ha permitido combatir la diseminación de la enfermedad del dengue, que en zonas tropicales contagia entre 50 a 100 millones de personas cada año y unas 40000 mueren por esta causa. El mosquito Aedes aegypti es el principal portador del virus causante del dengue y su población fue reducida mediante el uso de esta variedad de mosquito transgénico.

Otro factor negativo sobre los cultivos, y que los transgénicos intentan combatir, son las condiciones ambientales adversas que provocan fuertes situaciones de estrés sobre las plantas disminuyendo su productividad o matándolas. Para ello se han aislado genes de organismos resistentes a determinadas condiciones ambientales extremas, como son las elevadas o bajas temperaturas, condiciones de salinidad extremas, etc. Estos genes de resistencia a factores extremos normalmente se han tomado de arqueobacterias, que son los organismos mejor adaptados a estas circunstancias, aunque también se han tomado genes de animales y plantas para ello. Uno de los avances más llamativos en este sentido es la producción de plantas de tabaco y nabo portadoras de un gen humano que les confiere la resistencia a ciertos metales pesados, por medio de una proteína de asimilación de éstos metales, pasándolos a formas menos tóxicas dentro del organismo. La principal ventaja que tiene esta reducción del estrés ambiental, es la inclusión de cultivos en hábitats marginales, esto es, plantas transgénicas que puedan crecer en ambientes que en su forma originaria hubiera sido imposible.

La posibilidad de inserción de genes en plantas es tan amplia que permite, actualmente, generar nuevas plantas que funcionen como bioreactores para descontaminación y reciclaje de productos.

Se han creado plantas transgénicas con amplio espectro de asimilación de Rhizobium sp., una bacteria fijadora de nitrógeno, es decir, capta el nitrógeno atmosférico y lo incorpora al suelo. Estas bacterias normalmente habitan solamente en las raíces de las leguminosas lo que limita su uso, pero las nuevas tendencias en biotecnología vegetal han logrado ampliar el espectro de huésped a otras plantas.

Algunas plantas de importancia ornamental han sido modificadas para mejorar sus características estéticas, en especial el color de las flores y de esta manera hacerlas más atractivas al consumidor. Por medio de la manipulación de pigmentos se han logrado colores de flores inexistentes en la naturaleza.

La expresión de sustancias terapéuticas y de vacunas han sido otro gran logro de las plantas transgénica en el campo de la medicina. Normalmente las vacunas y muchos fármacos son difíciles de producir y los costos al consumidor son tan elevados que se hacen inaccesibles a la mayoría de la gente. Es por ello que la producción de vacunas activas y anticuerpos funcionales en plantas representa una buena alternativa para difundir el uso de vacunas importantes, como la de la Hepatitis B. En 1998, un grupo de científicos logró expresar respuesta inmune efectiva en ratones mediante plantas transgénicas que expresan la proteína VP1 de la fiebre aftosa.

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Aunque tantos beneficios hacen suponer que su uso está más que justificado, en Europa se está produciendo un retroceso en la producción de transgénicos. Sólo España sigue la tendencia contraria, ya que desde hace varios años es líder europeo en este tipo de cultivos, con 130.000 hectáreas en 2013, lo que supone un aumento del 18% con respecto al 2012 y de un 83% desde que, en 1998, comenzara su cultivo.

Hasta la fecha, la Unión Europea sólo autoriza el cultivo transgénico de la variedad de patata Amflora (que ya no se cultiva por falta de demanda) y del maíz MON810, modificado genéticamente para resistir a la plaga del taladro y destinado a la fabricación de piensos para ganado. Este maíz ya representa el 32% respecto a la producción total de maíz en España. Según sus defensores, esta variedad transgénica permite incrementar la producción del cultivo de forma sostenible reduciendo el consumo de insumos (insecticidas, abonos, etc.), lo que la hace más rentable y competitiva.

A mediados de julio, la multinacional norteamericana Monsanto anunció la retirada de todas sus solicitudes que había realizado a la Unión Europea para este tipo de cultivos, ante el rechazo continuado que las autoridades comunitarias habían mostrado, poniendo numerosas trabas legales y mostrando una falta de apoyo político. Ocho países de la UE han prohibido los cultivos de transgénicos en su territorio (Bélgica, Gran Bretaña, Bulgaria, Francia, Alemania, Irlanda, Polonia y Eslovaquia).

Las razones de por qué hay tanta diferencia entre los países miembros es que, en España, el “taladro del maíz” es una plaga importante por el clima, lo que hace que sea un mercado más fácil para introducir este producto. Otro motivo es que hay una posición claramente en favor de la industria biotecnológica, ya que la legislación no es tan dura al respecto como en otros países. Por último, la dejadez con que se está tratando en España este tema. Un ejemplo de ello es que, la autorización para cultivar el maíz MON810 en nuestro país expiró en 2008, pero desde entonces ha aumentado casi un 73%. El movimiento Greenpeace denunció esta irregularidad ante la Comisión Europea, pero aún no hay ninguna respuesta.

Organizaciones como Amigos de la Tierra y Ecologistas en Acción denuncian la falta de transparencia en el tema de los transgénicos en España. Según estos colectivos, las estimaciones del Ministerio de Agricultura y de la Unión Europea sobre los cultivos transgénicos se basan en datos de venta de semillas proporcionados por la propia industria propietaria de la variedad y no coinciden para nada con los datos de las comunidades autónomas, los cuales, son menores.

La normativa europea obliga a crear un registro de los campos en los que se cultiva el maíz modificado genéticamente, algo que tampoco se cumple en España. No obstante, sí que existe un registro de los campos experimentales, ya que una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea obliga a publicar esta información.

Otro problema, según las organizaciones ecologistas, con los productos transgénicos es el incumplimiento en el etiquetado. La normativa europea obliga a indicar si un alimento contiene transgénicos, cuando estos superan el 1% de la composición. No obstante, como la variedad de maíz, ya mencionada MON810, se destina para alimento de ganado estrictamente, no forma parte de la composición de los productos que consumimos, aunque sí llegan a los supermercados la carne, los lácteos o los huevos de animales alimentados con este maíz. El pienso sí se etiqueta como transgénico, pero los animales que lo han comido, no.

Todo estos condicionantes, por parte de algunos sectores sociales y gobiernos, nos hacen suponer que hay numerosos aspectos negativos que hacen a este tipo de cultivos poco fiables. En la tercera y última parte de este artículo trataremos todos estos aspectos negativos que defienden los detractores de los Organismos Modificados Genéticamente o Transgénicos.