Un estudio pionero revela que el cannabis dispensado bajo supervisión farmacéutica disminuyó el uso de opioides en un 22 por ciento en pacientes con dolor persistente, abriendo nuevas vías frente a la crisis de adicciones
Un pequeño cambio con un gran impacto
El modesto descenso de unos miligramos al día podría parecer insignificante, pero sus implicaciones son enormes. En una sociedad asfixiada por la crisis de los opioides, el hallazgo de una alternativa eficaz y menos dañina podría marcar un antes y un después.
Nueva York, año 2025. Mientras los titulares siguen contando muertos por sobredosis, una luz tenue pero firme se enciende en los laboratorios y consultas del estado. El programa estatal de cannabis medicinal ha revelado un dato contundente: los pacientes con dolor crónico que recibieron cannabis medicinal bajo supervisión farmacéutica redujeron su consumo de opioides en un 22 por ciento a lo largo de 18 meses. No es ciencia ficción. Es ciencia. Y es política sanitaria.
El estudio, publicado en la revista JAMA Internal Medicine, fue realizado por investigadores del Albert Einstein College of Medicine y el sistema de salud Montefiore, ambos en el Bronx. La doctora Deepika Slawek, especialista en medicina interna y adicciones, lo dijo con claridad: “El cannabis medicinal, cuando se administra de forma controlada, puede aliviar el dolor sin arrastrar al paciente por la pendiente de la adicción”.
Y es que los datos hablan por sí solos. En total, 204 adultos con dolor crónico, ya en tratamiento con opioides, se incorporaron al programa entre septiembre de 2018 y julio de 2023. Sus niveles de dolor eran elevados, y su consumo promedio equivalía a 73,3 miligramos diarios de morfina. Al cabo de un año y medio, esa cifra descendió a 57 mg. Y los pacientes que accedieron a un suministro mensual de cannabis redujeron en promedio 3,5 mg adicionales de morfina al día respecto a los que no lo recibieron ese mes.
“Podrá parecer poco”, matizó Slawek, “pero en medicina del dolor, las reducciones graduales son más seguras y sostenibles que las interrupciones bruscas. Esto es una vía viable”.
La investigación, más allá de los números, apunta a un modelo más riguroso y profesionalizado de uso terapéutico del cannabis. Como lo expresó la doctora Julia Arnsten, coautora del estudio: “Este trabajo refuerza la idea de un modelo médico del cannabis, en el que los farmacéuticos desempeñan un papel clave en su dispensación, equiparándolo al resto de medicamentos controlados”.
El contexto no podría ser más oportuno. Estados Unidos se encuentra aún en el ojo del huracán de una epidemia de opioides que ha cobrado cientos de miles de vidas en dos décadas. Y aunque el dolor crónico sigue siendo uno de los motivos más frecuentes de prescripción, el riesgo de dependencia y sobredosis ha forzado a los sistemas de salud a buscar alternativas urgentes.
Crisis de liderazgo en el órgano regulador del cannabis en Nueva York
Mientras tanto, y como si la buena noticia viniera empañada por la confusión institucional, otro frente se abría en el propio entramado del cannabis en Nueva York. Felicia A.B. Reid, directora interina de la Oficina de Gestión del Cannabis (OCM por sus siglas en inglés), fue forzada a dimitir tras un controvertido caso de licencias irregulares y productos no autorizados en circulación.
El caso Omnium, como ya se le conoce, desató una tormenta política y regulatoria. La empresa está acusada de haber alquilado su licencia a negocios no autorizados, introducir productos no rastreados en el mercado legal y ocultar acuerdos a los reguladores. Todo un cúmulo de irregularidades que la gobernadora Kathy Hochul no dudó en calificar de “obstáculo para el desarrollo del mercado del cannabis” en el estado.
El puesto de Reid será ocupado de manera provisional por Susan Filburn, actual jefa administrativa del organismo, mientras también se confirmó la salida de James Rogers, director de la Oficina de Prácticas Comerciales y subdirector jurídico.
“La industria del cannabis representa una oportunidad única de empleo, justicia económica y desarrollo local. Pero para que ese potencial se materialice, necesitamos una gestión firme, transparente y competente”, sentenció Hochul.
Un mercado que madura en medio de tensiones
El panorama del cannabis en Nueva York es, hoy por hoy, una mezcla de esperanza y turbulencias. Por un lado, el avance científico muestra que hay caminos para salir de la espiral de adicción con nuevas herramientas médicas. Por otro, el caos regulatorio amenaza con desacreditar un mercado que aún está en su infancia.
Pero si algo ha quedado claro con este estudio es que el cannabis, lejos de ser solo una mercancía, puede convertirse en una herramienta terapéutica de valor. Solo falta que la política esté a la altura de la ciencia.
Acerca del autor
Escritor especializado en cannabis y residente en Miami, combina su pasión por la planta con la vibrante energía de la ciudad, ofreciendo perspectivas únicas y actualizadas en sus artículos.





















