Continuamos con nuestra historia de las drogas clásicas que se han utilizado a modo de drogas inteligentes; en esta ocasión el opio y el café.

El opio en la historia

A finales del siglo XIX, con la popularización de los derivados opiáceos ―morfina y heroína― y de otras sustancias psicoactivas como la cocaína, el uso del opio empieza a decaer, lo cual desagrada a algunos por significar el olvido de la droga natural, el inicio de la era de los sintéticos, de los sucedáneos.

Volviendo a los autores críticos a esta sustancia, Snyder reconoce que los opiáceos han figurado entre los medicamentos más importantes de la historia, utilizados para múltiples dolencias e insuperables como analgésicos. Sin embargo ―añade― el problema comienza cuando se emplea con fines hedonísticos, moda iniciada con los escritos de los románticos ingleses.

Fernand Moreau dice que, a dosis convenientes, el opio calma el dolor y causa el sueño, pero que ha dado lugar a usos extramedicinales de carácter pernicioso.

El impacto del opio en Europa

La pipa expide opio al fumador en dosis que lo convierte en un tóxico peligroso. Es un veneno euforizante. Causa una embriaguez que recuerda la del alcohol. Una fase de excitación en el curso de la cual se observa una aceleración de los latidos del corazón, una hiperactividad cerebral y una gran locuacidad, conduce al sujeto a un estado de euforia que es precisamente lo que busca (…) La repetición de estos trastornos conduce al opiómano a la decrepitud física, a la decadencia intelectual y a la muerte (…) La opiomanía y la morfinomanía son, como el opio, plagas sociales; resultan perjudiciales para el individuo al que causan su degeneración; son nefastas para la familia, a la que hunden en la miseria; imponen a la sociedad el peso de las taras que ocasionan. Sabemos cómo eliminarlas y lo serán cuando queramos.

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Dejando aparte opiniones a favor o en contra de su uso, el opio fue durante siglos la droga euforizante de Europa. Y ello no porque proporcionase estimulación tal como la entendemos en nuestro tiempo, sino porque duerme la parte instintiva del hombre y deja libre al intelecto, que puede idear a su gusto sin trabas, además de la analgesia y tranquilidad que proporciona al organismo. Así, podemos afirmar que es la sustancia psicoactiva clásica más profusamente utilizada como droga inteligente en los tiempos en que no existía investigación farmacológica.

Famosos consumidores de opio

Entre los personajes más famosos que utilizaron opio para espolear su creatividad se cuentan Savonarola, Samuel Taylor Coleridge y Edgar Allan Poe, opiómanos reconocidos. Sin embargo, en ninguno tuvo la droga tanta relevancia como en Thomas De Quincey.

Thomas De Quincey y el opio

De Quincey nació en Manchester, Inglaterra, en una familia de clase media. Fue brillante en sus estudios, y se decía que podía hablar en griego perfectamente, como el mejor orador de la época clásica. Escribió en algunos de los mejores periódicos de su tiempo y conoció a los más brillantes intelectuales, en los que influyó a raíz de sus Confesiones de un inglés comedor de opio, especialmente sobre Coleridge, Baudelaire y Poe. Estudió a los filósofos alemanes Kant y Lessing y escribió muchos libros, pero publicó poco y sufrió constantes problemas económicos.

De Quincey comenzó a tomar opio por puro placer, lo cual no le causó ningún problema. Fueron unos fuertes dolores de estómago, debido al hambre que pasó de joven, los que le indujeron a consumirlo de manera habitual. Precisamente es en los peores momentos de su vida ―por ejemplo, tras la muerte de su mujer― cuando ingiere cantidades excesivas. Cuando llega a no distinguir el sueño de la vigilia y a pasar los días sumergido en una especie de niebla, se siente obligado a comenzar la dramática desintoxicación que narra en su obra. A pesar de ello, siempre reconoció que sus mejores días de consumo de esta droga ―cuando constituía una afición placentera― fueron maravillosos anímica e intelectualmente.

La obra del opiófago inglés debió de ser motivo de escándalo en su día, porque no hay «nada en verdad más repugnante a los sentimientos ingleses que el espectáculo de un ser humano que impone a nuestra atención sus úlceras o llagas morales», y más si es un intelectual respetado quien las cuenta. Por eso mismo cree útil la publicación de la obra:

El impacto de las confesiones de De Quincey

En vista del servicio que puedo prestar a toda clase de comedores de opio (…) que forman una clase en verdad muy numerosa (…) tres respetables boticarios (…) me aseguraron que el número de comedores de opio aficionados es ahora inmenso.

En la obra narra su niñez y habla de su excelencia intelectual y de cómo pronto superó a sus profesores. Enseguida se echó al mundo y en cierto momento padeció durante dieciséis semanas grandes penurias, comiendo sólo los pedazos de pan de la mesa de otra persona. Después se hizo amigo de una joven prostituta. Un día que estaban juntos se desmayó a causa de la debilidad, y la chica le dio a beber un vaso de vino con especias que le permitió recobrarse, detalle que recordará toda su vida, lleno de agradecimiento hacia su entonces compañera de fatigas.

Al poco, sufrió dolores reumáticos en la cabeza por lavarse con agua fría, no secarse y echarse a dormir. Entonces compró opio por recomendación de un amigo. Al tomarlo, sintió que desaparecían sus males a la vez que creía percibir un placer divino, al cual consideraba el placer de los filósofos, «la panacea de todos los males humanos», la felicidad que podía comprarse por un penique y llevarse en el bolsillo del chaleco.

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Sobre la acción del opio, De Quincey afirma que «ninguna cantidad de opio embriagó ni puede embriagar nunca a nadie», que el placer del opio, cuando llega, se mantiene ocho o diez horas. Comparándolo con el vino, mientras éste desordena las facultades mentales, el opio, por el contrario, introduce en ellas el orden, legislación y armonía más exquisitos.

La experiencia con el opio

El vino roba al hombre el dominio de sí mismo; el opio, en gran medida, lo fortalece (…) imparte serenidad y armonía a todas las facultades (…) el vino suele llevar al borde del desvarío y la extravagancia (…) mientras que el opio parece siempre sosegar lo que estaba agitado y concentrar lo discorde (…) el comedor de opio es demasiado feliz para notar el paso del tiempo.

En cuanto a la resaca, dice: “durante los diez años que tomé opio espaciadamente, disfruté siempre de un bienestar excepcional al día siguiente de permitirme este placer».

Tras cierto tiempo consumiéndolo, se encontraba bien, en contra de la opinión común de los médicos. El problema comienza después, cuando tiene que tomarlo todos los días por los dolores de estómago mencionados. De Quincey se confiesa demasiado eudemonista e incapaz de soportar el dolor. Y llega un momento en que se siente impotente para todo, desea hacer cosas, pero no puede con ninguna, sólo vive la vida como un sueño, y el sentido del espacio y del tiempo se ven gravemente afectados.

Por eso comienzan sus intentos de librarse de la adicción, con terribles crisis de abstinencia. Poco a poco, y siguiendo un plan riguroso, consigue dejar de ser adicto, feliz conclusión que prueba que después de usar opio durante diecisiete años y abusar ocho, todavía es posible renunciar a él.

El papel del opio hoy

¿Droga? ¿Medicina? ¿Veneno? Aunque no es una sustancia de moda, el opio forma parte de nuestra historia y sería absurdo olvidarlo. Hay que recordar que contribuyó a las geniales ideas de muchos pensadores y artistas, quienes, influidos por él, inventaron otras realidades y otras formas de ver el mundo que hoy admiramos.

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Las plantas estimulantes

Al hablar de las sustancias utilizadas a lo largo de la historia para conseguir lucidez, no podían faltar las plantas estimulantes, los productos vegetales que la naturaleza nos proporciona, los cuales consumimos para que el organismo pueda rendir más, y que nos permiten sobrepasar nuestros límites. Como antes de finales del siglo XIX no existía investigación farmacológica, eran los únicos excitantes disponibles.

Digno de resaltar, aunque parezca una paradoja histórica, es que el viejo continente no conoció ninguna de estas sustancias antes de que los viajeros europeos del Renacimiento comenzaran sus periplos alrededor del mundo. Decimos que se trata de una situación chocante porque a la actitud siempre agresiva de la cultura europea, organizando continuamente guerras por motivos ideológicos y religiosos, conquistando y sometiendo a otros pueblos, le hubiera venido muy bien contar con algún euforizante para exaltar a sus soldados.

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La difusión de estimulantes en Europa

Así, comenta Pío Font Quer, refiriéndose a las sustancias vegetales estimulantes, que «en Europa no tenemos plantas con semejantes virtudes, y no pudo descubrirse nada parecido» y que «los cinco famosos fármacos excitantes eran conocidos y usados en Asia, en África y en América, antes de los grandes viajes del Renacimiento». Seguramente es por esta razón por lo que café, té y tabaco tuvieron tan buena aceptación y tan rápida difusión. Una vez que los europeos conocieron sus virtudes, pronto se aficionaron a ellas, y siguen gozando de gran popularidad incluso en esta era de los potentes productos de síntesis.

Impacto de los estimulantes

Dice Snyder, un autor poco propenso a cantar las excelencias de las drogas, que «los estimulantes son drogas de efectos alertadores, que avivan el tono general y agilizan el entendimiento, motivos por los que pueden ser buenos medios de aumentar el rendimiento mental y, presumiblemente, de aliviar la depresión». Sigue explicando:

La capacidad, aparentemente milagrosa, de los estimulantes para agudizar el estado de alerta, levantar el ánimo y, por lo menos subjetivamente, aumentar la fuerza muscular, ha sido descubierta y redescubierta en diferentes épocas y lugares. En el pasado se ensalzó estos productos como la clave para la salud, la felicidad y la productividad para todos.

El café en la historia

Es difícil precisar cuándo comenzó el hombre a consumir esta planta tan popular, razón por la cual tenemos que conformarnos con acudir a leyendas para referirnos a su descubrimiento. Una de ellas, quizás la más famosa, y que recoge Font Quer, cuenta cómo un pastor vio a sus cabras saltar sin cesar, estimuladas por haber comido frutos de la planta del café. Por su carácter pedagógico e ilustrativo, nos parece pertinente citar el pasaje completo:

En torno al café se han forjado numerosos cuentos y leyendas. El poeta árabe Scheha-Beddin, que vivió en el siglo XV, cita al muftí de Aden como el primer gustador de café. Este muftí vivió en el siglo IX, y sin duda fue él quien plantó los primeros cafetales en Arabia. Otros autores citan a Mullah Schadelih como el promotor de la costumbre de beber café.

Al parecer, Mullah Schadelih se dormía muchas veces durante la lectura del Corán, y no había modo de combatir su propensión al sueño. Y el hombre tenía serio remordimiento de conciencia, pues, a causa de ello, no podía leer debidamente el Corán ni rezar las oraciones prescritas con el recogimiento y devoción necesarios. Cierto día se encontró con un pastor que apacentaba en un campo lleno de arbustos. Los animales se comportaban de una manera tan revoltosa, que llamaron su atención; saltaban violentamente de acá para allá y hacían toda suerte de cabriolas, a pesar de que el día era tan bochornoso, como para sentirse abatido.

―¿Por qué están tan excitadas estas cabras? ―preguntó Mullah―. Parecen incansables.

―¡Oh, gran Mullah! ―repuso el pastor― mis cabras han vuelto a comer de aquel raro arbusto; cada vez que pasan y muerden sus frutos y sus hojas, se comportan de esta forma tan extraña. Durante horas y horas saltan y brincan de un lado para otro, no piensan en dormir ni se dan reposo alguno.

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―Muéstrame el arbusto ―dijo Mullah.

El pastor le enseñó un arbusto que no sólo tenía flores, sino también unos frutos verdes y rojos. Mullah cogió algunos, maduros, y se los comió. Sin embargo, dejaron de producir el efecto que esperaba. Se dijo que quizás había que tostar el fruto, y tomó un puñado de granos, las cerezas del arbusto del café, las puso en una sartén de cobre y se dispuso a tostarlas sobre un pequeño fuego hecho con excrementos de camello.

Entretanto llegó la hora de la oración, y el hombre se olvidó de los frutos que tenía en la sartén. Cuando, al cabo de una hora, volvió, al fin, junto a su fogoncito, aquellos frutos rojos ya estaban completamente quemados, y un olorcillo muy agradable llenaba la estancia. Acababan de ser tostados los primeros granos de café. Mullah vertió agua encima y dejó que los granos tostados flotaran durante cierto tiempo. El resultado fue una bebida oscura, aromática, de magnífico sabor. Mullah se la bebió y comprobó que desaparecía todo su cansancio; tanto, que no pudo dormir en toda la noche. Permaneció, pues, en vela y se puso al corriente en sus oraciones. Acababa de ser descubierta la bebida del café.


Preguntas Frecuentes

P: ¿Cuál fue el papel del opio en la historia de las drogas inteligentes?
R: El opio se utilizó durante siglos en Europa como una droga euforizante que proporcionaba analgesia y tranquilidad. Era apreciada por liberar la mente del instinto y permitir el libre flujo de ideas, haciendo de ella una droga inteligente antes de los avances en la investigación farmacológica moderna.

P: ¿Qué efectos negativos se asocian con el consumo de opio?
R: El consumo excesivo de opio puede llevar a la decrepitud física, la decadencia intelectual y, en casos extremos, la muerte. Además, se considera una plaga social que afectaba tanto al individuo como a su entorno familiar y social.

P: ¿Quiénes fueron algunos de los personajes históricos más conocidos por consumir opio?
R: Entre los más famosos se encuentran Samuel Taylor Coleridge, Edgar Allan Poe y Thomas De Quincey, siendo este último conocido por sus ‘Confesiones de un inglés comedor de opio’.

Acerca del autor

J-C-Ruiz-Franco

J. C. Ruiz Franco es licenciado en Filosofía y DEA del doctorado de la misma carrera, cuenta con un posgrado en Sociología y otro en Nutrición Deportiva. Se considera principalmente filósofo, y es desde esa posición de pensador como contempla el mundo y la vida. Se interesa principalmente por las sustancias menos conocidas, y sobre ellas publica mensualmente en la revista Cannabis Magazine.

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