Descripción de las drogas inteligentes (I)

Después de haber narrado una breve historia de las sustancias utilizadas históricamente como drogas inteligentes, pasamos a hacer una descripción de las actualmente más conocidas y utilizadas.

Clasificación de las sustancias

Establecer una clasificación de un tipo de sustancias tan amplio y heterogéneo basándose en sus efectos es una tarea complicada, sobre todo porque, aunque solemos referirnos a una droga mencionando sus propiedades tranquilizantes o estimulantes, la realidad es que muchas de ellas se caracterizan, no por tranquilizar o estimular, sino por estabilizar el ánimo. Si el consumidor, antes de su administración, se sentía deprimido, la droga le lleva al equilibrio estimulándole; si por el contrario padece de ansiedad o nerviosismo, el mismo producto le equilibrará tranquilizándole.

Ese deseo de querer clasificar algo como estimulante o tranquilizante, como bueno o malo, como blanco o negro, es sólo una muestra más del maniqueísmo de nuestra cultura, y no es aplicable a la materia que nos ocupa, como tampoco a muchas situaciones de la vida cotidiana. La división tranquilizante/estimulante es artificial y responde a un intento de categorizar y atrapar estados neurológicos/psíquicos ―vitales, en suma― mediante términos médicos o lingüísticos. La naturaleza, el mundo y la vida son más grandes que nuestros cerebros, los cuales son parte de aquéllos, y no al revés. La realidad estaba ahí mucho antes de que hubiera seres humanos en la tierra, y el intento de aprehenderla y explicarla es algo comprensible y quizás necesario, pero una ilusión en el fondo, si bien es cierto que permite avanzar a la ciencia y al conocimiento en general.

Desequilibrios y síntomas

Lo que en realidad existen son desequilibrios, que conllevan una serie muy amplia de síntomas, los cuales, aunque sean opuestos, son caras de la misma moneda y efectos que surgen de una misma causa. Lo mismo puede decirse de la sustancia que se toma para solucionar el mal: de lo que se trata es de estabilizar el ánimo, hacer que el paciente produzca la cantidad de neurotransmisores adecuada, regular sus funciones, y esa estabilización puede ser considerada ―en términos médicos y lingüísticos― activación o apaciguamiento, dependiendo de los síntomas que se padecían. Por ejemplo, el hipérico difícilmente podrá catalogarse como tranquilizante o como estimulante: su efecto consiste en reducir la degradación de neurotransmisores. Si la persona que lo toma estaba deprimida, entonces con su uso se sentirá con más ánimo; si quien lo toma se encontraba ansioso, conseguirá tranquilizarse.

Procedencia de las sustancias

Es más fácil establecer una división en lo que respecta a su procedencia o composición. Así, es posible distinguir entre nutrientes inteligentes y drogas inteligentes propiamente dichas. Los primeros serían sustancias naturales, es decir, podemos encontrarlos de alguna forma en la naturaleza. Los segundos serían obtenidos exclusivamente tras algún tipo de síntesis química, no pudiendo existir de otra manera.

Drogas inteligentes detalle 1

Criterios de clasificación

Sin embargo, somos conscientes de que el lector agradecerá una clasificación que tenga en cuenta sus efectos, y de que le será útil. Por ello, aun a sabiendas de que estamos forzando las cosas, la lista de productos, siguiendo un doble criterio, quedará así:

1. Tranquilizantes.

2. Estimulantes.

3. Potenciadores cognitivos.

Y dentro de cada uno de éstos, existirán cuatro subapartados:

a. Plantas y alimentos.

b. Vitaminas y minerales.

c. Aminoácidos.

Drogas inteligentes detalle 2

d. Sustancias de síntesis y más potentes en general.

Dosis adecuadas y presentación

En cuanto a las dosis adecuadas, intentaremos indicar las que pueden servir como guía, y advertimos desde el principio que los excesos nunca son buenos. En el caso de las plantas, las formas de presentación varían mucho (y su potencia terapéutica), desde los tradicionales métodos de echarla en agua hirviendo para preparar una infusión o de ofrecer la planta molida (en polvo), hasta los más modernos de venderla en extracto fluido (en gotas) y extracto seco, pasando por la clásica tintura. Por ello, y porque no suelen existir medidas estandarizadas, lo más recomendable es seguir la posología indicada por la marca fabricante, comenzando por la dosis menor y aumentándola progresivamente si lo necesitamos.

Sustancias tranquilizantes

Nuestro dulce sueño es interrumpido por el despertador. Nos levantamos y rápidamente nos aseamos y vestimos. Comemos alguna pequeña cosa de pasada por la cocina y nos bebemos con prisa un vaso de café con leche. Salimos, luego, corriendo hacia el coche, porque esos minutos que hemos perdido en la ducha pueden ser después valiosos. En la carretera, comienzan los roces con los que nos rodean: unos tocan el claxon porque creen que vamos demasiado despacio; otros nos avisan con las luces porque piensan que hemos realizado una maniobra incorrecta. Entramos en la ciudad, el tráfico es denso y tememos llegar, otro día más, tarde a la oficina. Empezamos a ponernos nerviosos, rompemos a sudar y nos impacientamos. Después, en el trabajo, el compañero quiere ponernos en evidencia ante el jefe. Éste nos advierte de que no estamos rindiendo de forma óptima. Tomamos un café, y luego otro, y otro más. A media mañana, nuestro estado no es de nerviosismo, sino ya de ansiedad, y estamos deseando que acabe la jornada y volver a casa. Pero antes habrá que sufrir una nueva dosis de tráfico. En casa, a veces la situación tampoco es la mejor, en fin… Todos notamos que, día a día, nuestros nervios sufren, y que estas situaciones nos desgastan poco a poco, incapacitándonos, mermándonos, apocándonos. Cuando el problema llega a ser patológico acudimos al médico en busca de ayuda. Éste nos recomienda que nos relajemos, que nos angustiemos menos, que descansemos. A veces nos receta tranquilizantes, avisándonos, eso sí, de que sólo los tomemos en días contados, cuando nos veamos peor. Si nos ausculta, nos toma el pulso y la tensión, puede que nos diga que tenemos que trabajar menos o tomarnos la vida con más calma si no queremos sufrir un infarto.

Lo que hemos descrito en estas líneas es algo habitual en la sociedad en la que vivimos. Afortunadamente, contamos con remedios para hacer frente a todos los agentes estresantes.

Plantas y nutrientes tranquilizantes

Alimentos: carbohidratos para relajarse. El enfoque nutricional

Comer alimentos ricos en glúcidos tiene un efecto calmante, demostrado por el hecho empírico de que innumerables personas reducen su ansiedad intuitivamente comiendo dulces, fenómeno desencadenante de algunos tipos de obesidad debida al exceso de azúcares de alto índice glucémico.

La ingesta de alimentos con alto contenido en hidratos de carbono produce una subida de los niveles de glucosa sanguínea, que tranquiliza cuando la causa del nerviosismo es el bajo nivel de azúcar en sangre, que ocasiona intranquilidad, falta de energía y temblores.

Además, la elevación de los niveles de insulina en sangre subsiguiente a la ingestión de carbohidratos ayuda a metabolizar los aminoácidos. El triptófano, con un peso molecular más elevado que el resto de sus compañeros, queda en el torrente sanguíneo y puede así acceder más fácilmente al cerebro que en condiciones normales, produciendo una mayor concentración de serotonina, un neurotransmisor equilibrante. Ese es el motivo por el que muchos sienten la necesidad de ingerir algo dulce cuando se notan ansiosos, porque ya han asociado el hecho de comer hidratos de carbono con ese apaciguamiento que sobreviene.

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Drogas inteligentes detalle 3

Se pueden reconocer los signos de una serotonina baja por los siguientes síntomas: ansiedad, fatiga, depresión, problemas para concentrarse, baja autoestima, pérdida de interés y de placer en actividades normales, problemas del sueño y del apetito, desorden obsesivo-compulsivo, etc. Es muy recomendable utilizar alguna alternativa no agresiva para mejorar estos problemas, y no acudir a los psicofármacos.

Estrategias nutricionales

Hay algunas estrategias nutricionales efectivas para mejorar los niveles de los mensajeros químicos, y un ejemplo es el que acabamos de explicar: ingerir glúcidos. Puesto que tenemos que evitar los problemas asociados a la obesidad, los alimentos ricos en carbohidratos que consumamos deben ser de bajo índice glucémico.

Plantas relajantes

Amapola

La amapola, que crece en nuestros campos de forma espontánea, es una planta de la familia del opio (papaveráceas) con el que comparte algunas propiedades. Facilita el sueño, es calmante y sedante y, lo mismo que el opio, combate la tos. Su parentesco con la adormidera nos sirve para hacer una aclaración: cualquier planta o vitamina, por inocua que parezca, puede resultar perjudicial. Es evidente que hay sustancias más potentes que otras, y por ello con mayor poder curativo a la vez que potencial tóxico. Además, debe tenerse en cuenta que hay personas con especial sensibilidad hacia productos inofensivos para la mayoría. No olvidemos tampoco que en muchos casos los efectos son acumulativos respecto de sustancias más potentes, de manera que una mayor cantidad de una sustancia suave será equivalente a una dosis activa de una droga más fuerte. Se ha hablado de personas que, tras tomar infusiones de pétalos de amapola, han sufrido problemas de salud o incluso han llegado a morir. El motivo: un posible exceso en la cantidad, guiados por el pensamiento erróneo de que las plantas son inocuas y de que más es mejor cuando se busca una solución rápida.

Amapola californiana

Con propiedades similares a la amapola que puebla nuestros campos, es más ansiolítica y sedante que ella. Está recomendada contra el estrés en tratamientos prolongados.

Avena sativa (extracto)

Ha sido considerada habitualmente como una sustancia tranquilizante, y como tal se comercializa su extracto en herbolarios y tiendas de dietética. Sin embargo, otros autores ―por ejemplo, Thierry Souccar― afirman que su alcaloide, la avenina, es estimulante del sistema nervioso central y que aumenta la liberación de la hormona testosterona, por lo que resulta de utilidad para combatir el bajo deseo sexual y la impotencia.

Drogas inteligentes detalle 4

Mi experiencia personal con la avena sativa no me fue de utilidad, y no noté, tras un mes de toma continuada, ningún efecto de los citados.

Espino albar (blanco)

Es conocida como la planta del corazón, porque regula su ritmo, calma las palpitaciones y dilata las coronarias. También es antiestrés y tranquilizante, y facilita el sueño. Se trata de un remedio muy adecuado para personas con ligeros trastornos nerviosos y que desean algo suave para relajarse.

Gotu-kola

Conocida también como centella asiática, es utilizada en Oriente como medicina para los problemas de la piel. Mejora la función cerebral, reduciendo el estrés y ansiedad. Tiene un efecto tranquilizante suave y es útil para mejorar la concentración. Hay pocos estudios científicos sobre esta planta, así que es de esperar que nuevos ensayos empíricos nos aporten más datos.

Kawa kawa

Posee efecto calmante, sedante y relajante muscular. Dice Souccar que ejerce su acción sobre el sistema límbico del cerebro, el centro de las emociones; por eso es un agente anti-ansiedad, que algunas personas utilizan para facilitar las interacciones sociales, cuando este tipo de situaciones les crean angustia. En algunos casos se usa como ansiolítico, para reemplazar a las benzodiazepinas.


Preguntas Frecuentes

P: ¿Qué son las drogas inteligentes?
R: Las drogas inteligentes son sustancias que pueden ayudar a estabilizar el ánimo, mejorando el equilibrio entre neurotransmisores. Estas sustancias incluyen tanto productos naturales como sintéticos.

P: ¿Son las drogas inteligentes siempre estimulantes o tranquilizantes?
R: No, las drogas inteligentes no siempre se clasifican de manera simple como estimulantes o tranquilizantes. Su efecto principal es estabilizar el ánimo, mejorando diferentes síntomas según el estado inicial de la persona.

P: ¿Existen clasificaciones específicas para las drogas inteligentes?
R: Sí, las drogas inteligentes pueden clasificarse según sus efectos como tranquilizantes, estimulantes y potenciadores cognitivos, o bien según su origen y composición como plantas, vitaminas, aminoácidos, o sustancias sintéticas.

Acerca del autor

J-C-Ruiz-Franco

J. C. Ruiz Franco es licenciado en Filosofía y DEA del doctorado de la misma carrera, cuenta con un posgrado en Sociología y otro en Nutrición Deportiva. Se considera principalmente filósofo, y es desde esa posición de pensador como contempla el mundo y la vida. Se interesa principalmente por las sustancias menos conocidas, y sobre ellas publica mensualmente en la revista Cannabis Magazine.

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