En el artículo anterior de esta sección adelantábamos que se disponen de los resultados del seguimiento que se realizó a los pacientes que participaron en un estudio en el que se les administró LSD para el tratamiento de la ansiedad como consecuencia de una enfermedad terminal, y que en la siguiente entrega se presentarían los resultados más importantes derivados del mismo. Vamos allá.

Se trata del primer estudio terapéutico con LSD en más de 40 años. Se realizó en Suiza entre los años 2008 y 2012. El estudio fue autorizado por los diferentes comités regulatorios en 2007, por lo que Albert Hofmann, que murió el 29 de abril de 2008, pocos días después del aniversario de su tan alabado descubrimiento,  llegó a vivir lo suficiente como para poder ver cómo su hijo problemático era de nuevo reconocido por la clase médica como un individuo socialmente rehabilitado.  En el estudio participaron 12 pacientes diagnosticados con una enfermedad que pone en riesgo la vida, como cáncer con metástasis y otras enfermedades graves. Todos los pacientes tenían niveles muy altos de ansiedad y muchos de ellos patologías psiquiátricas como depresión mayor, distimia o ansiedad generalizada. Se excluyeron pacientes con trastornos psicóticos o bipolares y otros trastornos mentales graves. El artículo original donde se ha publicado este estudio puede encontrarse aquí: http://goo.gl/MrLhWL.

El proceso psicoterapéutico duró tres meses, durante los cuales se realizaron entre 6 y 8 sesiones de psicoterapia verbal más 2 con LSD o placebo activo. Cada sesión de terapia con LSD (o placebo) duró entre 8 y 10 horas, guiadas por dos terapeutas (hombre y mujer) con música evocativa y breves intercambios verbales. Entre cada terapia con LSD pasaron entre 4 y 6 semanas. Como se ha dicho antes, participaron 12 sujetos a los que se les asignó, aleatoriamente, al grupo LSD o al grupo placebo. Ocho pacientes fueron asignados al grupo LSD y 4 al grupo placebo. La dosis de LSD que se utilizó fue de 200 microgramos y como placebo activo se administraron 20 microgramos de LSD para imitar los efectos somáticos de la LSD pero sin la experiencia psicológica. Pasados dos meses después de la finalización del tratamiento, a los pacientes a los que les tocó el placebo se les dio la oportunidad de participar en dos sesiones con LSD.

El estudio tenía como objetivo principal estudiar si la terapia asistida con LSD reduce la ansiedad en personas que padecen una enfermedad grave y que pone en peligro la vida de los pacientes. También se midieron otros beneficios secundarios, como una posible mejora en la calidad de vida y en síntomas psicopatológicos. Estas mediciones se realizaron antes de iniciar el tratamiento, una semana después de cada sesión con LSD, y a los 2 y 12 meses después de terminado el tratamiento. Asimismo, se realizaron entrevistas en profundidad a los pacientes para tener con detalle una comprensión más holística del proceso terapéutico desde la perspectiva de los pacientes. Las entrevistas fueron grabadas y transcritas y exploraban aspectos como la experiencia subjetiva, los cambios acontecidos en la vida cotidiana, calidad de vida, ansiedad, actitudes y valores como consecuencia del tratamiento con LSD. Estas entrevistas se analizaron de acuerdo a técnicas cualitativas de análisis del discurso.

Suiza es uno de los pocos países, sino el único, que permitió tratamientos con LSD tras su prohibición. De hecho, la prohibición de la LSD, así como la de  cualquier droga incluida en la lista I de sustancias fiscalizadas por la JIFE (Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes), solo afecta a la compraventa, pero no, al menos en teoría y tal y como se reconoce en los propios tratados de Naciones Unidas sobre fiscalización de estupefacientes y psicótropos, a la investigación científica. Sin embargo, esto es solo en teoría. Durante décadas la investigación científica con sustancias de la lista I, sobre todo si esta investigación es de tipo terapéutico, ha estado considerablemente imposibilitada por parte de los diferentes gobiernos. Sin embargo, el gobierno Suizo, a lo largo de las décadas, siempre ha tenido una posición más liberal respecto a la investigación científica con sustancias psiquedélicas. De hecho, investigadores suizos del Hospital Universitario de Zurich llevan décadas investigando los efectos neurobiológicos de sustancias como la psilocibina y recientemente han iniciado estudios clínicos con LSD, como comentamos en el artículo anterior de esta sección. Con respecto a los usos terapéuticos, durante los años 1988-1993, el gobierno suizo permitió a una agrupación de clínicos que constituyeron la Sociedad Médica Suiza para la Terapia Psicolítica trabajar en sus prácticas privadas con LSD y MDMA.

El Dr. Peter Gasser, que es el Investigador Principal del estudio que estamos comentando, ya realizó un estudio de seguimiento de los pacientes que habían sido tratados con MDMA y LSD durante esos años en los que estas sustancias estuvieron permitidas con fines médicos en Suiza. Un resumen de este estudio puede encontrarse aquí: http://goo.gl/Bk6EUV. En 2006, durante las fechas en las que se celebró en Suiza un simposium en homenaje a Albert Hofmann por su 100 cumpleaños y que reunió a cientos de participantes, entre ellos algunos de los científicos de más renombre internacional, Rick Doblin, presidente de MAPS (www.maos.org) y Peter Gasser, mientras caminaban por las montañas nevadas de Suiza, hablaron de tratar de reiniciar la investigación terapéutica con LSD, que había sido interrumpida en 1972 y entonces decidieron iniciar todo el proceso burocrático necesario para ello (http://goo.gl/C8JX3l).

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Respecto a los resultados basados en escalas cuantitativas que evalúan cambio terapéutico, se encontraron disminuciones significativas en las puntuaciones de ansiedad para los pacientes tratados con LSD en comparación con los pacientes que recibieron placebo. También hubo una disminución en las puntuaciones de ansiedad en los tres pacientes que, habiendo recibido placebo en un inicio, a los dos meses se les ofreció la posibilidad de realizar dos sesiones con LSD. Las reducciones encontradas en las escalas que miden ansiedad se mantuvieron estables en la evaluación de seguimiento realizada a los 12 meses tras la finalización del tratamiento. 

De los 12 pacientes que participaron en el estudio, solo a 9 se les pudo realizar la entrevista semiestructurada que aportaba información de tipo cualitativo. Todos ellos refirieron haber obtenido beneficios derivados del tratamiento. Las entrevistas confirmaron los resultados encontrados en las escalas cuantitativas: de los 9 pacientes, el 77,8% refirió haber experimentado reducciones mantenidas en ansiedad; 7 (77,9%) refirieron menos miedo a la muerte y el 66,7% una mejora en la calidad de vida. Los beneficios subjetivos más referidos por los pacientes fueron cambios en la personalidad tales como mayor apertura y una conciencia más profunda. En general, los pacientes afirmaron sentirse más relajados y tolerantes con ellos mismos y con los demás. Tres participantes murieron después del año de seguimiento como consecuencia de su enfermedad.

Ningún paciente refirió haber experimentado efectos negativos derivados de la sesión con LSD.  Más allá de las dificultades transitorias en lidiar con los efectos iniciales de la LSD (por ejemplo, emociones intensas y alteraciones en la sensación de autocontrol), no refirieron efectos adversos.

Las categorías que se obtuvieron de los análisis cualitativos de las narrativas de los pacientes fueron las siguientes:

Facilitación del acceso a las emociones y la catarsis:

“Tuve la fuerte impresión de que las cosas se pueden ver, que generalmente descansan bajo la superficie… un montón de emociones que generalmente no se notan en absoluto estaban escondidas durante mucho tiempo y llegaron a estar muy muy presentes en ese estado en el que se tiene una experiencia de ruptura a través de algo” (paciente 12).

De-esquematización y visualización de experiencias desde otra perspectiva:

“Morir es tan usual o inusual como la vida misma. No se puede separar. Simplemente tengo que familiarizarme con la idea y el proceso. Y para ello una sesión de LSD es de incalculable valor” (paciente 10).

Cambios de las emociones básicas durante la experiencia con LSD:

“Durante la sesión, los pensamientos eran … ‘¿Estoy viajando por el camino correcto?’ Esa era mi pregunta. No era lidiar con la muerte durante la sesión, sino  si estoy en el camino correcto. La LSD me dio intensamente el sentimiento de que estoy en el camino correcto. Eso estuvo bien. Estuve flotando durante seis horas, pero sentí una total seguridad en mi interior. Que todo lo que hago es realmente bueno. Me dio seguridad. Estaba contenta. Tuve que reír mucho y sonreír y sabía que este era el camino correcto. Todo estará bien” (paciente 8).

Post-efectos a largo plazo: cambios en las perspectivas, actitudes y valores:

“Creo que tras los viajes… ocurrieron ciertos cambios. Las mismas cosas no eran ya igualmente importantes. Un cambio en los valores. Para tener tiempo para escuchar música, escuchar música conscientemente. Tal vez que los valores materiales no eran ya tan importantes. Que otros valores tienen prioridad. La salud

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y la familia, ese tipo de cosas… Cuando tienes un trabajo y el trabajo tiene prioridad, la familia ocupa el último lugar. Ni siquiera te das cuenta. Para ser consciente tienes que pararte, ‘¿que es realmente importante?’ Que la familia está bien, que los niños lo están haciendo bien” (paciente 3).

Mejoras en la calidad de vida:

“La calidad de vida ha cambiado extremadamente y me he vuelto más tranquila,

me tomo las cosas con más calma. Hay una diferencia respecto a si miro a la muerte con estrés o con ecuanimidad. Creo que es una enorme diferencia en la calidad de vida. Ya no tengo que llorar todas las noches como en los primeros meses. En su lugar me río y la enfermedad y el dolor, cuando me levanto a caminar como una vieja abuela tengo que reír y pensar ‘¿Qué es esto?’. Bueno, creo que mi calidad de vida ha cambiado” (paciente 8).

Diferencias entre la psicoterapia con LSD y la psicoterapia verbal:

“La psicoterapia habitual trata principalmente acerca de hablar, acerca de las palabras. La psicoterapia con asistida con LSD-asistida es principalmente acerca de procesos interiores, cambios interiores, experiencias interiores, es más enriquecedora por eso” (paciente 1).

Activación cerebral bajo los efectos del LSD

Posibles aspectos negativos del tratamiento:

 “Era más la sensación de algo desagradable, que de todos modos está siempre allí, de la que normalmente eres capaz de hacerte cargo. Estar atrapado en una condición que tienes que soportar durante horas. Esto no es realmente un problema, pero sí extenuante y no es fácil volver a una situación de relajación. Al final en las dos veces estuve bastante relajado” (paciente 12).

Hubo un último efecto curioso que se encontró en este estudio. Dos de los pacientes tenías migrañas cíclicas muy graves durante los años previos al tratamiento. En la entrevista de seguimiento, un año después de finalizado el tratamiento, uno de esos pacientes refirió que tanto el ciclo de migrañas como el dolor asociado se habían reducido significativamente y el otro paciente refirió no haber experimentado ningún nuevo episodio durante dichos 12 meses. Estas observaciones incidentales apoyan lo encontrado recientemente respecto al posible efecto antimigrañoso de la LSD para determinados tipos de migraña, sobre todo la migraña en racimo (ver: http://goo.gl/iIuLBI).

En conclusión, disponemos del primer estudio clínico que demuestra que la LSD puede ser de utilidad para el tratamiento de la ansiedad de personas que se enfrentan a condiciones médicas que ponen en peligro la vida. Los resultados encontrados en este estudio están en consonancia con los encontrados con otro grupo de investigación en el que se administró psilocibina con el mismo fin (http://goo.gl/c9oTBG), y que ya hemos comentado en entregas anteriores en esta misma sección. De hecho, los resultados encontrados en este estudio con LSD son más espectaculares que los encontrados con psilocibina, ya que en este estudio las disminuciones en ansiedad se encontraron al finalizar el tratamiento y se mantuvieron 12 meses después del mismo, mientras que en el estudio con psilocibina las reducciones en ansiedad solo se vieron en momentos puntuales del seguimiento. En cualquier caso, para ambos estudios, los resultados hay que aceptarlos con limitaciones. Se trata de estudios compuestos por muestras pequeñas (12 pacientes) por lo que los análisis estadísticos para comprobar cambio terapéutico tienen una interpretación muy limitada. En el caso del estudio con psilocibina, además, la dosis administrada fue más baja (en equivalencia) que la dada en el estudio con LSD. Pero sin duda estos resultados animan a seguir esta línea de trabajo prometedora. De hecho, ya hay otros estudios en marcha donde se administra a pacientes con enfermedades graves dosis más altas de psilocibina. Seguiremos informando.

Acerca del autor

Jose Carlos Bouso

José Carlos Bouso es psicólogo clínico y doctor en Farmacología. Es director científico de ICEERS, donde coordina estudios sobre los beneficios potenciales de las plantas psicoactivas, principalmente el cannabis, la ayahuasca y la ibogaína.