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Claves para la regulación del cannabis para uso medicinal que empieza a abordar el Congreso

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Quién podrá acceder a la marihuana terapéutica y cómo, las claves de una subcomisión que parece tener los apoyos para sacar adelante una regulación esta legislatura

Los plazos del Congreso son lentos, pero acaban llegando. Y el próximo miércoles 16 es un día importante para los pacientes que esperan una regulación del cannabis medicinal. Ese día, la subcomisión para analizar experiencias de regulación del cannabis para uso medicinal echa a andar en la Cámara Baja de manera definitiva.

Habrán pasado en total ocho meses desde que se empezó a trabajar en este asunto: cuatro meses desde que se acordó crearla en junio hasta que se constituyó en octubre y otros cuatro meses desde ese día hasta el próximo miércoles. La espera ha sido larga, pero los pacientes creen que la disposición del tablero político permite pensar en una regulación al final del túnel. Con mucha fe –y un poco de información– esperan tener algún resultado antes del verano.

De momento el primer paso será fijar el plan de trabajo y cerrar los comparecientes. Fuentes de la subcomisión explican que como máximo serán 30 personas que pasarán ante los diputados en cinco o seis sesiones. El objeto de la subcomisión, lo dice su nombre, es evaluar otras experiencias para implementar una regulación aquí, por lo que al menos algunos de los comparecientes serán responsables de alguno de estos programas. Las fuentes no detallan si participarán también los lobbies (desde pacientes a la industria farmacéutica, muy atenta a estos movimientos). Pero todo apunta a que el apoyo a la iniciativa está asegurado.

Un apoyo ¿garantizado?

Carola Pérez, presidenta del Observatorio Español del Cannabis Medicinal (OECM) –uno de los grupos que más ha presionado en pro de una regulación–, explicó en rueda de prensa el pasado jueves que todos los partidos excepto Vox les han asegurado que están a favor de la regulación. Incluido el PP, que votó en contra de la creación de la subcomisión, aunque con los populares hay un pero: han pedido la creación de un libro blanco sobre el uso médico del cannabis que realice el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) recogiendo la evidencia científica.

Manuel Guzmán, vicepresidente del Observatorio, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y uno de los principales investigadores del cannabis del mundo, califica de «chocante» y «absurda» esta petición. «Unos 45 países en todo el mundo tienen programas medicinales, en Canadá desde el año 2000, en California (EEUU) desde 1996. No tiene sentido que la evidencia que sirvió allí no sirva aquí», se sorprende. Son naciones tan dispares como Israel, Uruguay, Alemania, Francia, Italia, Sudáfrica o Tailandia.

Además, advierten desde el OECM, si la subcomisión empieza por ahí supondría acabar de facto con la iniciativa porque retrasaría la ley en sí y no daría tiempo a tenerla antes del fin de la legislatura, fecha límite para cualquier actividad parlamentaria, porque todo lo no resuelto antes de los comicios decae y habría que empezar de cero. Desde el PSOE descartan que se vaya a recorrer esa vía: «No estamos en eso», explican fuentes de la subcomisión.

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En cualquier caso la clave, entienden todos los actores implicados, está en los socialistas. Con el apoyo de los partidos pequeños del Congreso prácticamente asegurado –incluyendo a formaciones como el PNV, precursor de la iniciativa, o Ciudadanos, que siempre ha estado a favor de la regulación terapéutica–, un sí del PSOE sacaría adelante el informe que debe preparar la subcomisión y que luego se convertiría en ley. Incluso sin el PP, aunque la idea es buscar el consenso. La buena noticia, valoran desde el OECM, es que los socialistas han ido relajando su postura –hasta hace pocos meses estaban en el «no» ante lo que decían era falta de evidencia científica sobre los efectos medicinales del cannabis– y parecen predispuestos a respaldar la regulación, como demostraron votando a favor de la creación de la subcomisión y ha manifestado su portavoz en la subcomisión, Daniel Viondi.

La peculiaridad española de la ideología

De fondo sobrevuela, reflexiona Guzmán, la peculiaridad española. El vicepresidente del OECM explica que en la mayoría de los países del mundo la regulación del cannabis con fines medicinales no tiene nada que ver con la ideología. Pero en España sí.

«Es un tema de la salud de los pacientes y debería estar al margen de la ideología», opina Guzmán. «En Alemania [el programa de cannabis terapéutico] lo puso en marcha Angela Merkel [conservadora], en Canadá fue Jean Chrétien [liberal] y en Israel, Ariel Sharon, que es ultraortodoxo, hace ya 15 años. Se consideró que se iba a beneficiar a los pacientes y se hizo», ilustra.

Pero en España, no. Al menos entre los grandes partidos, la derecha se ha negado tradicionalmente a cualquier tipo de regulación y la izquierda la ha apoyado. Sí ha habido formaciones más transversales como el PNV o Ciudadanos que se han salido de esta lógica. En el caso del grupo vasco, son de hecho los impulsores de la subcomisión y tienen un cierto historial de actividad legislativa en Euskadi, aunque a menudo han chocado con la Justicia, que ha alegado falta de competencias autonómicas para validar sus propuestas.

Las claves de la comisión: quién y cómo

Guzmán explica que los puntos claves que tiene que abordar la comisión (en el escenario en el que todo sale adelante) son «el quién y el cómo». Quién podrá acceder al cannabis medicinal y en qué condiciones se dispensará. El investigador relata la lista de colectivos que podrían ser usuarios de cannabis medicinal, según el conocimiento científico acumulado hasta ahora.

«A los pacientes de cáncer (reduce las náuseas, incrementa el apetito –lo que les permite no perder tanto peso–, reduce los dolores, alivia el estrés y el insomnio), a los pacientes con enfermedades neurológicas, incluido el dolor, que suelen ser el 70% de los pacientes de los programas… Para el dolor neuropático, inflamatorio, el asociado al cáncer… También alivia la rigidez muscular, los trastornos motores, la fibromialgia, el estrés…», enumera.

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Pero esto también es una decisión política. Los diferentes modelos por el mundo difieren en cuanto a qué permiten estos programas. Esta es la pelea. En España existen ya un puñado de medicamentos permitidos por la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios: Dronabinol, Nabilona, Sativex y Epidiolex. Lo que piden los pacientes es que además la regulación se abra a los preparados, por ejemplo mediante fórmulas magistrales elaboradas por farmacéuticos específicamente para cada paciente, porque los medicamentos autorizados son muy específicos y no sirven a muchos enfermos.

Por el mundo hay modelos para todos los gustos. Hay países, como España, que solo permiten unos pocos medicamentos. Otros, por ejemplo Uruguay, aceptan los preparados, aceites o incluso directamente algunas variedades determinadas de la flor del cannabis (el cogollo), como Italia. Hay países, como Austria, que limitan su uso a determinados pacientes. En el caso del país centroeuropeo son los que tienen esclerosis múltiple, VIH, cáncer o enfermedades del sistema nervioso. En Bélgica es para aquejados de glaucoma y pacientes con dolor crónico o para tratar la epasticidad que provoca la esclerosis múltiple. Otros países, como Brasil o Alemania, dan libertad a los médicos para decidir las dolencias a tratar.

En el OECM son conscientes de que este aspecto es necesario tratarlo con cuidado para que los programas terapéuticos no se conviertan en ríos de personas afirmando tener dolor de cabeza para acceder a un cannabis de calidad y barato. Porque, esta es la segunda pata básica para los pacientes, una de las claves es que el programa sea accesible, o no funcionará. Se ha visto en otras experiencias del mundo. «En Reino Unido es un vericueto legal y tanto los pacientes como los médicos se borran; en Portugal el cannabis es demasiado caro y la gente acaba en el mercado negro», ilustra.

Este del cómo es, quizás, la clave de todo este proceso, como lo será de la legalización integral si es que algún día llega ese debate. Los diferentes países tienen distintos modelos de acceso al cannabis, que van desde los más sociales (que permiten por ejemplo el autocultivo) hasta los más restringidos (a través de la farmacia hospitalaria) pasando por los más capitalistas (en los que el cannabis se dispensa en tiendas, aunque sea con receta). De nuevo, distintas aproximaciones: Australia emite licencias a productores, Canadá permite el autocultivo si es con fines medicinales y con permiso y en Dinamarca lo dispensa el farmacéutico.

El OECM aboga por «una solución de compromiso» a medio camino, con las farmacias y la fórmula magistral (los preparados que realizan los propios farmacéuticos) como ejes para asegurar, también, la disponibilidad por el territorio.