El jabón (ese objeto que puede despertar tanta sensualidad a través de sus olores, texturas, formas y colores) tiene tras de sí una sabiduría y un arte milenario. Como muchos de los descubrimientos de la humanidad, el del jabón fue por azar. El hallazgo del jabón fue netamente femenino, obviamente, ya que eran las damas quienes realizaban estas tareas, encomendadas por la humanidad.

Por Andrea Cynthia Mindlin (facultad de Farmacia y Bioquímica, Universidad de Buenos Aires)

Corría el año 1000 A.C. y las perspicaces mujeres romanas notaron, mientras lavaban la ropa a orillas del río, que cuando bajaba de las montañas una sustancia grasosa, desechos de los sacrificios de animales, al mezclarse con las cenizas del agua de río, la ropa se limpiaba más fácil. He aquí el principio básico para fabricar jabón. Ya en el siglo VII en España e Italia existía una intensiva industria del jabón. Aprovechando el regalo que la naturaleza les proporcionaba con sus prolíferos olivares, hacían el jabón con aceite de oliva, dando origen al famoso “Jabón de Castilla”.

Un tema resbaladizo

 La función del jabón innegablemente es la de barrer la suciedad, las células muertas de la piel y eliminar el mal olor. En materia de jabones, con la dermis hacen una muy buena pareja por las características en común que hay entre ambos.

El órgano más extenso y expuesto del cuerpo humano tiene una organización  lipídica; dicho en castellano, tiene grasa en su estructura, elemento que lo emparenta con el jabón. Pero veamos en qué consiste este ancestral acompañante del ser humano.

Una operación tan sencilla como poner juntos grasa y sosa cáustica, cuyo nombre químico es hidróxido de sodio, da por resultado un producto limpiador. El jabón va a estar compuesto de una parte afín a la grasa, lipofílica, y una parte cuya comunidad es con el agua, hidrofílica.

Van a ser estas propiedades duales las que le permitirán al jabón que pueda penetrar en la piel para barrer con la suciedad y que este inmundo mejunje permita ser retirado de la piel con el agua.

Partiendo de un concepto básico, podemos jugar para obtener infinidad de tipos, usos, texturas, aromas, formas de jabones. Si comenzamos con una grasa vacuna vamos a obtener un jabón con gran poder limpiador, áspero y que generalmente se utiliza para lavar ropa.

El jabón blanco, que en realidad no es blanco sino amarillento, al cual se le agrega un blanqueador para mejorar su aspecto visual. Si bien el jabón blanco es usado para la piel, no es muy conveniente para aquellas muy secas. Si en cambio utilizamos un aceite de origen animal, que es una grasa pero liquida, vamos a tener como resultado un jabón más suave y apto para el uso dérmico.

con nuestro bien amado aceite de cannabis podemos fabricar un jabón de lujo

También podemos usar aceites de origen vegetal que le van a conferir una textura más blanda. Si hacemos nuestra mezcla con aceite en mayor proporción que soda cáustica vamos a obtener un jabón líquido. Se puede reemplazar la soda cáustica por hidróxido de potasio, en cuyo caso vamos a tener como resultado un producto blando, utilizado generalmente para elaborar jabones anti seborreicos, ya que el hidróxido de potasio le confiere una propiedad secativa que ayuda a eliminar el exceso de grasa del cuero cabelludo, causante de la desagradable descamación blancuzca.

Sacarse las molestias como la seborrea tiene su precio. Y este es el elevado costo del hidróxido de potasio, que va a ser el responsable de que se nos den vuelta los ojos cuando veamos en las góndolas el precio de este tipo de jabones. El tema de la cuestión del precio monetario, si bien está estrechamente ligado a la calidad de las materias primas que se utilicen, no implica que siempre las más caras sean las mejores. Esto en parte es cierto y en parte no lo es. Si ponemos el peso del poder limpiador de un jabón en la espuma que produce estamos obviando parte de la historia. Que un jabón lave mejor no va a depender pura y exclusivamente de la espuma que produzca.

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Pura espuma

La acción limpiadora es un sistema físico compuesto por la grasa del jabón, la suciedad a barrer y el elemento fundamental, el tipo de agua.

Las aguas que contengan sales de calcio se denominan aguas duras. Aquí el jabón no va a poder ejercer su acción porque no se va a formar ese sistema tripartito, pues las sales contenidas en este tipo de aguas no se lo va a permitir.

Si estamos frente a aguas denominadas blandas, que no contienen sales de calcio, el jabón va a ejercer su acción limpiadora pero no va a ser más efectivo porque genere más espuma.

Los jabones líquidos están fabricado de forma tal que generen mucha espuma, pero solo a efectos del marketing no porque tenga mejores propiedades limpiadores que un jabón cosmético en pan.

Dentro de la inmensa gama de jabones los podemos clasificar según la acción pretendida:

Los jabones comunes: sólidos y espumosos, hechos por lo general con sebo grasoso y sodio o potasio. Se indican para todo tipo de pieles  y en algunos casos pueden usarse para lavar el cabello.

Los jabones humectantes: suelen tener aceites vegetales, otros poseen cremas humectantes en su composición o grasas enriquecidas con aceite de oliva, avellana y otros. Los hay también de glicerina. Son útiles para las pieles secas o dañadas por el uso de detergentes.

Los jabones suaves: tienen en su composición aguas termales y son recomendados para las pieles sensibles.

Los jabones líquidos: que se presentan como una loción de limpieza. Su poder efectivo varía y no todos tienen la misma eficacia.

Los jabones dermatológicos: contienen agentes de limpieza sintéticos muy suaves, a los que se añaden vegetales que contribuyen a cerrar los poros, aliviando las irritaciones y frenando la aparición de acné o puntos negros. Con estos jabones la piel no se descama. Son recomendados para pieles que arrastran inconvenientes, ya sea de modo permanente o estacional, o ante apariciones puntuales de irritaciones.

Los jabones de glicerina: son neutros, no suelen humectar la piel,  y se recomiendan para las pieles grasas.

Los jabones terapéuticos: son recetados por los médicos. Algunos se recomiendan para psoriasis, para micosis cutáneas y otros para limpieza profunda de cutis. En su composición contienen drogas medicinales, cuya intención es la de ejercer un efecto terapéutico en la piel.

Una limpieza de luxe

 Obviamente que con nuestro bien amado aceite de Cannabis Sativa L. podemos fabricar un jabón de lujo, muy suave, muy hidratante y que le va a aportar a la piel vitamina A, E y C, así como poderosos antioxidantes. En conjunto, un buen regenerador celular. Vamos obtener un jabón verde aromático y con una espuma de una textura muy sedosa.

La precaución que hay que tomar es que como el aceite de cannabis contiene muchos ácidos grasos, el jabón va a tener una vida útil de no más de seis meses, por lo que conviene agregarle una óleo resina de romero para ayudar a evitar que se oxide el aceite y el jabón se ponga rancio. Si no se le quiere agregar nada, se puede conservar guardándolo en el refrigerador.

Aquí va nuestra receta del jabón de aceite de cannabis, es muy sencilla:

Solo que hay que tomar algunas precauciones como el uso de guantes y gafas de seguridad, la zona de trabajo debe estar limpia y seca, y los utensilios que se utilicen deben estar hechos de cerámica, acero o plástico de buena calidad resistente al calor.

Todos los químicos peligrosos deben estar correctamente etiquetados y almacenados en un lugar seguro cuando no se usen. La mayoría de los materiales los podremos encontrar en casa o en una ferretería.

Ingredientes

473 ml de aceite de cannabis
177 ml de agua destilada
62 ml de lejía de sosa (hidróxido de sodio)
Gotas de un aceite esencial a elección
Guantes
Gafas protectoras
2 ollas grandes
Termómetro

Procedimiento

  • Preparar el ambiente de trabajo, asegurarse que todos los ingredientes están medidos y tener el lugar ventilado.
  • Póngase los guantes y las gafas de seguridad.
  • Coloque el agua destilada en la olla y vierta la lejía de manera cuidada y lenta. Evite inhalar los vapores que se desprenden. Esta mezcla produce mucho calor.
  • Coloque el termómetro dentro de la olla que contiene la lejía y deje enfriarla hasta los 40°C.
  • Vierta el aceite de Cáñamo en la otra olla y caliente también hasta los 40°C.
  • Cuando ambas mezclas estén a la misma temperatura (40°C) agregue la lejía al aceite de cannabis.
  • Revolver de forma moderada y constante.
  • Una vez que comienzan a aparecer como cintas de jabón solidificadas, que se evidencian por ser más opacas que el resto de la mezcla, la aparición de estas trazas puede llevar una hora de agitación.
  • Agregue la fragancia elegida y mezcle unos segundos más para lograr uniformidad.
  • Vierta la mezcla en los moldes, asegúrese de tenerlos cerca de donde esta mezclando. Guarde los moldes en un lugar oscuro y fresco.
  • A los moldes, antes de verter el jabón a solidificar, se los puede forrar por la parte interna con una bolsa de plástico para que sea después más fácil desmoldar.
  • Luego de tres días de dejar que se terminé de realizar la solidificación, el jabón puede ser desmoldado.
  • Comenzar a usar el jabón seis semanas después de haber sido desmoldado, para dejar que el jabón se cure, se le evapore cualquier resto de lejía que pueda haber quedado en su superficie.
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Naturalmente se puede usar además de aceite de cannabis otros aceites. El aceite de castor utilizado de un cuatro a un seis por ciento, le otorga la propiedad al jabón de hacer una espuma aún más cremosa.

Si queremos obtener un jabón con propiedades calmantes podemos preparar un té de manzanilla, hirviendo en agua destilada, que luego vamos a añadirle a la lejía. También se puede hacer un jabón exfoliante agregándole a la mezcla semillas de cannabis trituradas o para obtener un exfoliante más potente, agregar carozos de duraznos triturados.

Nada se pierde, todo se transforma

 Cuando quedan esos trocitos de jabón, en la tina, que lo único que provocan es que se nos complique la limpieza de la misma, aquí le hemos encontrado una utilidad, a no tirarlos y juntarlos, hasta completar aproximadamente una taza, aquí va la receta.

Ingredientes

  • 1 litro de agua destilada.
  • Sobrantes de jabón de tocador rallado.
  • 1 cucharada de glicerina. Para obtener un jabón estrictamente vegano, podremos utilizar glicerina vegetal, o glicerina de una pureza 100%.
  • Fragancia y colorante, unas gotas a elección.

Preparación

  • Verter el agua en un recipiente apropiado, en lo posible de acero inoxidable o enlozado.
  • Añadir el jabón rallado y llevar a baño maría revolviendo constantemente con cuchara de madera para que se diluya.
  • Una vez disuelto, retirar del fuego y agregar la glicerinay el colorante.
  • Retirar del baño maríay añadir la fragancia.
  • Mezclary dejar enfriar antes de embotellar.
  • Conservar en lugar fresco.

Para un jabón completísimamente natural, podemos reemplazar los colorantes, que se compran en casas que venden productos químicos, que por lo general, son óxidos de algún metal, por productos naturales, por ejemplo, el jugo de zanahoria, que dará al jabón, un color anaranjado; polvo de curry, que se debe disolver en agua, antes de agregar; o jugo de remolacha.

Si bien estas técnicas no son complicadas, llevan su tiempo de elaboración.

Hay otras formas de hacer jabones, no tan artesanales ni naturales, pero sirven igual si uno desea tener un jabón hecho a su medida sin tanto despliegue. El jabón también se vende ya hecho, en escamas, lo único que hay que hacerle es fundirlo y agregarle el aceite que queramos, la fragancia y el color elegido.

Obviamente, los moldes tienen que ser de metal o de un material que pueda soportar altas temperaturas. Con la elección de los moldes también podemos poner en juego nuestra imaginación, desde algún diseño decorativo hasta otro que despierte pensamientos que ni con jabón se laven.