El 80% de los recursos hídricos en España son consumidos para las prácticas de agricultura por lo que es fundamental conocer los mecanismos necesarios para racionalizar lo más posible este bien natural tan fundamental. No sólo es importante por cuestiones económicas sino también por todas las consecuencias negativas sobre el medio ambiente que se pueden ocasionar. Si a esto le sumamos la creciente competencia que otros sectores productivos están ejerciendo por hacerse con este valioso recurso, la situación se está tornando insoportable para el cultivador.

Por Víctor Bataller Gómez

En el uso racional del agua de riego están implicadas numerosas organizaciones como las confederaciones hidrográficas, comunidades de regantes, agricultores, autoridades nacionales y regionales… y cada una tiene sus propias competencias y responsabilidades. El cultivador es el usuario final de este recurso y, por ello, es fundamental que utilice los métodos de riego más eficientes para cada parcela de cultivo. En la actualidad se dispone de una amplia y variada información sobre estos aspectos relacionados con el riego. Las comunidades autónomas disponen de sus propios servicios de información y asesoramiento para el usuario y algunos sectores o entidades tanto públicas como privadas han creado también sus servicios específicos que facilitan información obtenida en tiempo real.

Cualquier método o procedimiento que se utilice en la programación del riego debe responder a tres preguntas: ¿cuándo aplicar un nuevo riego? ¿qué cantidad de agua debe suministrarse? y ¿cómo se va a aplicar ese riego? La dosis depende del momento y también del sistema de riego. Existen tres tipos de métodos que nos permiten programar el riego: los que están basados en el estado hídrico del cultivo, en el estado hídrico del suelo y en el balance hídrico en el continuo suelo-cultivo-atmósfera.

Riego por surcos
Riego por surcos

Los que están basados en el estado hídrico del cultivo son los más idóneos dado que el objetivo del riego es satisfacer las necesidades hídricas del cultivo no cubiertas por las precipitaciones, garantizando un estado hídrico satisfactorio para su crecimiento y desarrollo. Sin embargo, se encuentran algunas dificultades para ser aplicados en la práctica cotidiana del riego. El estado hídrico del cultivo depende del estado hídrico del suelo y del estado hídrico la atmósfera. El estado hídrico del suelo puede permanecer relativamente estable pero el estado hídrico de la atmósfera sufre importantes variaciones a lo largo de la jornada con las consiguientes repercusiones sobre el estado hídrico del cultivo. Por ello, en función de la hora de medida y de las condiciones meteorológicas particulares de ese día, podemos obtener resultados muy diferentes en la evaluación del estado hídrico de ese cultivo, con la consiguiente incertidumbre sobre la conveniencia o no de aplicar un riego. Además de esta “incertidumbre” respecto al momento de aplicación del riego otro de los inconvenientes de este tipo de métodos es que no permiten determinar con facilidad la dosis de riego.

Del conjunto de métodos incluidos dentro de este grupo la medida de la temperatura del cultivo es el que presenta, probablemente, unas mayores posibilidades de aplicación en la práctica. La utilización de la temperatura de la cubierta vegetal como método para evaluar el estado hídrico del cultivo se basa en el hecho de que la transpiración enfría la cubierta vegetal respecto al aire que la rodea y, por ello, cuando la transpiración se reduce la temperatura foliar aumenta pudiendo incluso llegar a ser superior a la temperatura del aire. Esa diferencia de temperaturas entre la cubierta vegetal y el aire puede utilizarse como método de evaluación del estado hídrico del cultivo mediante el cálculo de un índice de estrés hídrico del mismo. La medida de la temperatura de la cubierta vegetal se realiza por termometría infrarroja, tomándose las medidas al mediodía solar. La aplicación del riego utilizando este método tiene lugar cuando ese índice de estrés hídrico alcanza un determinado valor umbral.

Medición TDR
Medición TDR

Los métodos basados en el estado hídrico del suelo proporcionan información sobre el contenido de humedad del suelo o sobre el estado energético del agua en el suelo, es decir, sobre la cantidad de energía que necesita para retener el agua y, por tanto, sobre el esfuerzo fisiológico que deben hacer los cultivos para extraer el agua del suelo, por lo que resultan mejores indicadores de la disponibilidad hídrica en él. Entre los métodos que miden el contenido de humedad del suelo uno de los más utilizados actualmente es la sonda TDR (Time Domain Reflectometry) cuyo fundamento es la medida de la constante dieléctrica del suelo. También están los métodos que miden el estado energético del agua en el suelo como es el caso del uso de los tensiómetros que se basan en la medida del potencial matricial dentro de un determinado rango de valores y es muy útil por su sencillez de manejo y bajo coste.

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Cuando se utilizan estos métodos el riego se aplica en el momento en el que el contenido de humedad del suelo o la tensión matricial del agua en el suelo alcanzan un determinado valor umbral previamente establecido en ensayos de campo. Se aplica la dosis de riego necesaria para elevar el contenido de humedad del suelo desde ese valor umbral o mínimo hasta capacidad de campo. Estos métodos son más aplicables en la práctica del riego que los anteriores y además sirven de base o complementan a los métodos basados en el balance hídrico.

Los métodos basados en el balance hídrico suelo-cultivo-atmósfera son los más utilizados. Generalmente se utilizan balances simplificados, que incluyen en los aportes el riego y las precipitaciones y en el apartado de las pérdidas el consumo de agua del cultivo. En los sistemas de riego de frecuencia media o baja el riego se aplica cada vez que se agota la reserva hídrica del suelo fácilmente utilizable para el cultivo, definida como “el contenido de humedad del suelo que se encuentra por encima del correspondiente a un valor conocido como humedad mínima para el riego” y por debajo del cual se produce un descenso del rendimiento del cultivo. En este planteamiento se mantiene la dosis unitaria fija (humedad a capacidad de campo-humedad mínima para el riego) y el parámetro variable es la frecuencia o intervalo entre riegos, en función de las condiciones de demanda. En los sistemas de riego de alta frecuencia, ésta suele ser fija y la dosis unitaria va siendo variable en función del agua consumida por el cultivo que no ha sido satisfecha por las precipitaciones en ese intervalo de tiempo. Generalmente esa dosis repone el 100% de esas necesidades hídricas, si bien en algunos casos y debido, generalmente, a restricciones en la disponibilidad de agua para el riego, se aplica una dosis inferior, lo que obliga al cultivo a utilizar la posible reserva hídrica del suelo para completar dichas necesidades. Por ello, esta estrategia, resulta más conveniente en aquellas condiciones en las que existe una importante reserva hídrica en el suelo al inicio del periodo de riego.

Riego con pivots
Riego con pivots

Una vez expuestos los diferentes métodos de programación del riego pasamos a comentar los sistemas de riego.

Riego por gravedad: en el riego por superficie el agua fluye por gravedad y el propio suelo actúa como sistema de distribución del agua. Esta circunstancia determina una serie de características que debe reunir ese suelo respecto a la pendiente, textura, estructura, longitud de la parcela, etc…, de modo que no todas las parcelas son aptas para utilizar este sistema. En este sentido, el riego por gravedad no debería utilizarse en suelos con velocidades de infiltración muy bajas (menos de 5 mm/h), por problemas de escorrentía y erosión hídrica, o muy altas (más de 60 mm/h) por problemas de excesiva percolación profunda.

Las dos modalidades más importantes son el riego por surcos (el agua fluye por surcos paralelos infiltrándose por el fondo y costados de los mismos) y el riego por inundación (el agua moja toda la superficie del suelo).

La principal ventaja de este sistema de riego es su bajo coste, si bien debe existir una buena nivelación del terreno y proceder a su revisión periódica. Entre sus inconvenientes más importantes podemos citar el que no se adapte a todas las condiciones edáficas, su eficiencia es generalmente baja (en muchas ocasiones no supera el 50%), necesidades apreciables de mano de obra y dificultad de aplicar dosis unitarias bajas o moderadas, además de compactar o apelmazar bastante el suelo.

Aunque a nivel mundial sigue siendo el sistema de riego más utilizado son muchas las zonas de regadío tradicional en las que se ha producido o se está produciendo un cambio de este sistema de riego hacia los sistemas de riego por aspersión o riego localizado.

Riego por aspersión
Riego por aspersión

Riego por aspersión: es una técnica de riego en la que el agua se aplica en forma de lluvia mediante unos aparatos alimentados a presión. Los dos grandes grupos o modalidades del riego por aspersión se establecen en función de que los equipos permanezcan en la misma posición o se desplacen durante la aplicación del agua. En este sentido, se distinguen los sistemas fijos o estacionarios (aquellos que permanecen en la misma posición durante el riego), cuyo ejemplo más representativo actualmente son los aspersores y los sistemas móviles o mecanizados (móviles durante el riego) representados básicamente por los “pivots”. Estos últimos suelen presentar unos niveles de eficiencia y uniformidad ligeramente superiores a los aspersores pero requieren parcelas de mayor tamaño. En ambos casos, debe ajustarse la pluviometría del sistema de riego a la infiltrabilidad del suelo, evitando escorrentías y también debe ajustarse la dosis de riego a la capacidad de retención de humedad del suelo para evitar excesivas pérdidas de agua por percolación profunda. Entre las ventajas del riego por aspersión frente al riego por gravedad cabe citar el ahorro de mano de obra, adaptabilidad a una gran variedad de condiciones edáficas, no se precisa nivelación, mayor eficiencia y uniformidad en la aplicación del agua, mayor mecanización del riego y la posibilidad de ser utilizado como sistema de defensa frente a las heladas, e incluso, para la aplicación de algunos tratamientos fitosanitarios. Entre los inconvenientes destacan el mayor coste de instalación y funcionamiento, las limitaciones en condiciones de fuerte viento y las mayores precauciones cuando se utilizan aguas de baja calidad.

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Riego por surcos
Riego por surcos

Riego localizado: consiste en la aplicación del agua a una zona restringida del volumen de suelo que ocupan habitualmente las raíces. Las dos modalidades más importantes son el riego por goteo (caudal de los emisores igual o inferior a 16 L/h) y microaspersión (para caudales comprendidos entre 16 y 200 L/h). Con este sistema de riego no se moja la totalidad del suelo, sino un volumen más o menos restringido, se utilizan pequeños caudales a baja presión y se trata de sistemas de alta frecuencia de la aplicación del agua de riego.

Estas características tienen una serie de repercusiones en las relaciones hídricas suelo-cultivo:

– Menores pérdidas de agua por evaporación lo que puede suponer un importante ahorro de agua cuando se utilizan marcos de siembra o plantación amplios y también durante las primeras etapas del ciclo, pero puede haber un mayor consumo de agua por transpiración debido al aporte extra de calor por advección desde las zonas secas. El balance global depende de cada caso concreto, pero incluso aunque el consumo total (evapotranspiración) fuera el mismo, el hecho de que haya menor evaporación y mayor transpiración supone una mayor eficiencia en el uso del agua.

– Distribución del sistema radicular desarrollándose mucho más rápidamente en la zona húmeda, por lo que la concentración de las raíces es muy superior en esa zona, llegando a ser tres o cuatro veces superior a la correspondiente a sistemas de riego no localizado.

riego por inundación
riego por inundación

– La alta frecuencia de aplicación del agua permite mantener en todo momento un contenido hídrico próximo a capacidad de campo, lo que implica una elevada disponibilidad hídrica para el cultivo.

– Buena aireación del suelo al utilizar dosis pequeñas y al humedecer sólo una parte del volumen del suelo, aspecto importante en cultivos especialmente sensibles a problemas de asfixia radicular por exceso de humedad del suelo.

Acerca del autor

Muchos años luchando en la sombra para que el cannabis florezca al sol.