Crisis

Ésta es la historia de una gran alteración de la consciencia que ocurrió porque, aparentemente, era el momento de que sucediera. Crisis:

Empezó un domingo de noviembre por la tarde a mediados de los ochenta. Shura estaba trabajando en su oficina y yo me encontraba en el dormitorio empezando a poner en orden lo que yo llamaba mi montaña de mierda, una colección de cosas tales como ropa, cinturones, medias, fotografías y revistas viejas, todas ellas esperando a ser colocadas en su lugar. La montaña era un símbolo, un recordatorio para mí de una parte de mí misma que detestaba (dispersa, desorganizada y remolona). No estaba segura de qué era peor, si mirar ese montículo de cosas o luchar contra la pereza que siempre me invadía cuando empezaba a tratar de organizar un desmadre personal de ese tipo.

Entendí la depresión; hacía tiempo que había llegado a comprender los conflictos involucrados en intentar ordenar cualquier acumulación de objetos que representaban alguna parte de mí misma —especialmente si se trataba de una parte no deseada—, pero entenderlo no había resuelto el problema.

Shura me convocó desde su oficina, «Eh, ¿cómo te gustaría ayudar a retirar el prepucio de la ciencia mientras trabajas?», y le respondí gritando que no podía imaginar nada más atrayente, ¿y qué tenía él en mente?

Él cruzó el pasillo y se apoyó en el marco de la puerta: «Tengo esta cosa nueva de la que he tomado hasta treinta miligramos. No he divisado ninguna actividad todavía, y pensé que podrías querer llevarla un paso más allá, ¿quizás cuarenta miligramos? Lo más seguro es que no sientas ningún efecto, pero yo apreciaría adentrarme un nivel más allá en lo desconocido, ¿te apetece ofrecerte como voluntaria?».

«Claro», sonreí, «¿qué es?».

«Es 3,5-dimetoxi-4-metilfenetilamina. DESOXY, para abreviar».

«Vale, me ofrezco como voluntaria», dije, dejando repentinamente de sentirme cansada. Aunque no fuera probable que hubiera actividad con cuarenta miligramos, pensé, ayudaría a mi moral el hecho de saber que estaba probando el siguiente nivel de una nueva droga, tener la autoimagen de Alice la Útil para ayudar a contrarrestar la de Alice la Desordenada.

Shura fue al laboratorio y volvió con un vaso que contenía un poco de polvo blanco y me hizo señas para seguirlo a la cocina. Le pregunté si él iba a tomar algo, y dijo: «No. Tuve un nivel inactivo de otra cosa ayer y necesito mantenerme limpio hoy».

Vertí un poco de limonada rosa sobre el polvo. Shura chocó su taza de café contra mi vaso: «Por la ciencia». Yo respondí: «Beberé por eso», y lo hice. Entonces dije: «¡Puaj!», y vertí más limonada para lavar el sabor.

Le di un abrazo: «¡Gracias, cielo! ¡Me siento útil, virtuosa e importante!».

«Bueno», me advirtió, «como te dije, honestamente no espero que alcancemos ninguna actividad, pero nunca se sabe. Podrías alcanzar el umbral, si tenemos suerte. Pero no contaría con ello».

Al salir de la cocina, pregunté: «¿Qué te hace estar tan seguro de que no obtendré actividad?».

Él explicó que, si no había detectado ningún efecto con treinta miligramos, la mera adición de diez miligramos no podría esperarse que presentara nada sino una experiencia umbral, a lo sumo. «Todas las drogas», dijo, «tienen lo que se llama una curva de dosis-respuesta: con más material, obtienes más efecto. Pero la mayoría de las cosas como estas fenetilaminas muestran una pendiente bastante poco inclinada. Si no obtienes nada en un nivel, raramente habrá algo que encontrar incluso con dos veces ese nivel».

Me detuve en la puerta del dormitorio: «Vale. Pero habitualmente no doblas la dosis de un nuevo compuesto en las primeras etapas de prueba, ¿no?».

Shura movió la cabeza: «No cuando podría estar entrando en el área de actividad, pero sí, podría hacerlo en las primeras etapas. De todas formas, con esta DESOXY, no estás doblando, sólo subiendo de nuevo un tercio. Normalmente, yo vuelvo a sumarle la mitad, así que éste es un incremento bastante modesto».

Habían transcurrido unos cuarenta minutos antes de que se me pasara por la cabeza que algo había cambiado. No podría definirlo en absoluto, sólo sabía que estaba fuera de la línea de base. Fui a la oficina y le dije a Shura que sucedían cosas, aunque no podría decir exactamente qué, y él dijo: «¡Eso es genial! Realmente no esperaba que sintieras nada. ¿Crees que es lo suficientemente perceptible para considerarla definitivamente una dosis umbral?».

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«Se parece más a un nivel más uno, en realidad», dije, «pero esperemos a ver».

«Bien, mantenme informado».

«¡Más te vale creerlo!».

Me encorvé y me levanté y refunfuñé, lancé ropas arrugadas a la cesta de planchar, examiné fotografías y las amontoné cuidadosamente en una caja de zapatos sobre la mesa, sintiéndome cada vez más extraña y no del todo cómoda. No había aparente carga corporal; sólo se trataba de un desasosiego general, y realmente no podía localizarlo.

Cuando ya había pasado más de una hora desde la ingestión de la droga, yo había llegado a la conclusión de que se trataba de algo más que un +1, y que me importaba un comino seguir organizando cosas. Quería tumbarme, así que empujé algunas cajas para hacerme espacio en la cama. Todavía no podía definir la incomodidad.

No había actividad visual aparente del tipo de las que buscamos cuando hay más que un efecto +1; nada se movía en las paredes o el techo; no había ondulación de bordes de cortina. Pero cuando miraba a través de la ventana al monte Diablo y sus estribaciones, habían tomado un aspecto perturbador.

Me di cuenta de que no sentía emociones en absoluto, sólo un ligero desagrado.

Cuando Shura vino y me preguntó cómo iban las cosas, dije: «Es realmente extraño. No creo que me guste mucho».

Él se sentó en la cama y me preguntó qué nivel de actividad pensaba que era, y yo dije: «Cerca de +2, creo».

Sus cejas se dispararon, luego frunció el ceño. «Tal vez seas muy sensible a ella; no puedo entender cómo podrías estar alcanzando un +2 con sólo diez miligramos más de lo que yo tomé».

Dije que yo tampoco podía entenderlo, pero ése definitivamente no iba a ser uno de mis materiales favoritos en ningún nivel, de eso estaba segura. Al menos no desde lo que había visto de él hasta el momento.

Me preguntó sobre alguna carga en el cuerpo o el sistema nervioso y dije: «Todo parece estar bien, es sólo una incomodidad mental». Acarició mi rodilla atentamente, luego hizo una sugerencia: «¿Por qué no sales fuera y compruebas si eso mejora las cosas?».

Yo dije: «Vale, probaré», no sintiendo ningún entusiasmo por la idea. Me levanté y caminé por el pasillo hacia la puerta de atrás. Shura clamó tras de mí: «¿Quieres compañía?».

«No, gracias, déjame intentarlo por mí misma, al menos para empezar».

Bajé lentamente por el camino, pasé el laboratorio y subí la pequeña escalera de ladrillos. Mis brazos estaban doblados contra el frío, y me sentí ligeramente irritable. Deambulé hasta el límite de la plataforma de hierba. Con frecuencia nos sentamos allí cuando hace buen tiempo, en sillas de tela para jardín que se bambolean en el suelo irregular y observamos el valle.

Aparte de la ligera irritabilidad, no sentí nada. No había excitación, ni depresión, ni miedo, ninguna emoción real en absoluto. El valle y la montaña estaban muy presentes, pero no pude ver ni belleza ni fealdad en ningún lugar, y no sentí ninguna conexión personal con ninguno de ellos.

Todo lo que veía parecía existir muy intensamente, pero no en relación conmigo.

Todo parece frío, transparente, distante, y no hay respuesta dentro de mí. Ninguna preocupación de ningún tipo. Por nada. Lo cual significa que esta maldita droga no irá más lejos que Shura y yo. ¡Vaya, quién lo hubiera dicho! «Maldita droga» implica algún sentimiento, después de todo. ¡Alguna parte de mí está enfadada! Eso es interesante.

Mientras permanecía allí de pie observando la capa de niebla al final del valle, empezó a tomar un nuevo aspecto, parecía viva: una fría y blanca entidad alienígena. Pensé seriamente que era como una forma externalizada de mi propio estado mental.

¿Me siento de esta manera porque veo la naturaleza como realmente es, sin el revestimiento emocional con que la cubrimos los humanos? La gente siempre piensa: «Me preocupo por este árbol, por ese río; me encanta la montaña, amo las colinas. Por lo tanto, ellos se preocupan por mí, ellos también me aman». Sin ser conscientes de ello, proyectamos sobre el mundo natural sentimientos completamente humanos que éste no comparte y sobre los que no tiene ningún interés. ¿Es así? No siento ninguna emoción porque estoy sintonizando con lo que me rodea y viendo el modo en que es realmente: un paisaje físico en el que las emociones no existen en absoluto. Sólo los animales y los humanos tienen emociones. El resto de la naturaleza no tiene ninguna.

Mi barriga todavía no estaba segura de sí misma, así que volví a la casa y me paré en la puerta de la oficina de Shura para decirle que quizás intentaría poner un poco de comida en el cuerpo.

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Él preguntó: «¿Qué tal fue el mundo exterior?».

«No pude apreciarlo, me temo. Todo es muy extraño y distante y no particularmente amistoso, así que pensé en volver y calentar algo de sopa. ¿Quieres un poco?».

«Claro, suena bien. ¿Necesitas ayuda para prepararla?».

«Por el amor de Dios, no, gracias. Estoy bien».

En la mesa, Shura tomó mi mano y la sostuvo un momento. La sopa de tomate caliente y el pan de masa fermentada me hacían sentir un poco mejor.

Cuando habíamos terminado de comer, se sentó en su silla y me miró, sonriendo levemente, y dijo: «¡Bueno, imagino que tenemos que llamarlo un experimento sorprendente, cuando menos!».

«Sí, yo diría que sí. No uno completamente placentero, en cualquier caso. Aplana bastante mis emociones, lo cual es algo que simplemente no… me… gusta. Es realmente extraño; soy consciente de que alguna parte de mí misma está enfadada con todo esto, pero no puedo conectar con el enfado. Sé que podré experimentarlo mañana, cuando vuelva a la normalidad, pero ahora no parezco poder sentirlo, sólo sé que está ahí».

Él asintió con la cabeza. «¿Dónde estás ahora, en el nivel de efecto?».

«Oh, creo que se está suavizando. Estoy bajando la cuesta, gracias a Dios. Algo así como +1, supongo».

Él vino hasta mí y sostuvo mi cabeza contra su estómago. Acarició mi pelo, luego se agachó y besó mi frente. Lo abracé y me levanté a limpiar la mesa.

A eso de las 9:00 pm, yo estaba prácticamente en la línea base. Todavía había una sensación de planicie emocional y los remanentes de desconexión de mi entorno, pero me mantuve ocupada con la televisión, hasta que un ataque de bostezos señaló la hora de acostarse.

Acurrucada espalda contra espalda con Shura, descubrí que mi sistema nervioso no estaba, después de todo, completamente en paz. Una vez, salté —lo que Shura llamaba «movimiento súbito»—, sobresaltándome y sacándome de una inquieta caída hacia el sueño, y pocos minutos después mi oreja derecha fue atacada por un zumbido brutalmente agresivo que se adentró directa en ella. Sabía que sólo era una avispa fantasma, pues lo había experimentado antes, pero un sentimiento de vulnerabilidad permaneció durante algún tiempo. Hice una nota mental para decir a Shura que el cableado del cuerpo era un poco sensible a esta sustancia.

Referencias

http://www.shulgin.es

http://www.facebook.com/librosdeshulgin

 

 

Acerca del autor

Muchos años luchando en la sombra para que el cannabis florezca al sol.