Por Víctor Bataller (TRABE)

Hasta no hace mucho tiempo en España existían dos plagas importantes de ácaros en nuestros cultivos: la conocida generalmente como “araña roja” (Tetranychus Urticae, según clasificación de Koch) y el también conocido genéricamente como “ácaro rojo” (Panonychus citri, McGregor). Ambas pertenecen a la familia Tetranychidae que es la que ha causado los daños más importantes en todo el mundo en los últimos cincuenta años. Pero en lo que va de siglo XXI dos nuevos ejemplares de estas diminutas máquinas fitopatógenas han decidido quedarse entre nosotros y creemos que va a ser por mucho tiempo.

Una de ellas es el “ácaro rojo oriental” (Eutetranychus orientalis, Klein) y que pertenece también a la familia Tetranychidae por lo que son insectos muy similares a simple vista aunque sean especies distintas.

Araña roja
Araña roja

En el 2001 se detectó por primera vez de forma muy localizada en la comarca del Valle del Guadalhorce en la provincia de Málaga y durante los siguientes años su distribución se ha ido ampliando de forma progresiva al resto de la provincia malagueña, Cádiz, Córdoba y Sevilla hasta convertirse en un huésped indeseado presente en toda la vertiente mediterránea. Este ácaro procede de Oriente Medio y su distribución mundial es muy amplia ya que está presente en todos los continentes, incluso en el americano a donde ha llegado recientemente. Se trata de una plaga que afectaba en un principio a numerosos cultivos como cítricos, algodón, plantas ornamentales, higueras, almendros, olivos, frutales tropicales y una gran cantidad de frutales de pepita y de hueso como manzaneros, peral o melocotoneros. En la actualidad está presente en cualquier planta que se desarrolle en las condiciones medioambientales óptimas para la biología de este ácaro: 25 ºC aproximadamente y del 65 % al 70% de humedad relativa con fotoperiodos largos.

El ciclo de desarrollo de este ácaro consta de varios estadios inmaduros móviles antes de llegar a la forma adulta. Del huevo eclosiona una larva con seis patas, que pasa por tres estadios ninfales denominados protoninfa, deutoninfa y tritoninfa, en los cuales tienen ya las ocho patas que presentan en estado adulto. En el paso de un estado a otro el ácaro permanece inmóvil, produce una nueva cutícula y se desprende de la antigua. Los restos de las diferentes mudas se van acumulando sobre las partes del árbol afectadas. Las características morfológicas de las diferentes fases de Eutetranychus orientalis son las siguientes:

  • huevos: circulares, aplanados, de color inicialmente hialino brillante o lo que es lo mismo, transparente o traslucido muy similar al vidrio, que pasa a un tono apergaminado al madurar.
  • larvas: color marrón-verdoso
  • adultos: las hembras son rechonchas de coloración entre castaño claro y al envejecer se van tornando de color marrón y patas amarillas. Los machos presentan un color rojizo-anaranjado, cuerpo de forma triangular con patas largas. Estas tonalidades pueden variar según las plantas de las que se alimenten.

Eutetranychus orientalis coloniza preferentemente el haz de las hojas, alrededor del nervio central, dejando abundantes restos de coriones y mudas blancas. Tantos los diferentes estados larvarios como los adultos tienen una gran movilidad. Otro síntoma característico de su presencia son las manchas en forma de puntos cloróticos en las hojas y frutos que producen un aspecto plateado. Son más apreciables en las zonas expuestas al sol donde se concentra un mayor número de individuos. Las plantas más afectadas en un cultivo suelen ser las que están en los bordes de la plantación.

Los primeros ataques del “ácaro rojo oriental” tienen lugar a principios del verano y persisten hasta finales del otoño. Muestra una clara preferencia a poblar zonas altas y expuestas al sol. Esto favorece su control con insecticidas de contacto como el OLEATBIO CCK, un oleato potásico con una mezcla especial (también conocido como jabón potásico..) que actúa por contacto sobre la araña roja degradando la cutícula que protege el insecto en todas sus etapas biológicas, desde huevo hasta adulto.

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Existe una serie de medidas culturales que pueden contribuir al control de Eutetranychus orientalis. La primera de estas medidas es la eliminación de malas hierbas próximas al cultivo ya que al tratarse de una plaga muy polífaga utiliza las especies arvenses como hospedador secundario y de ahí puede pasar al cultivo. La retirada de las ramas más bajas cercanas al suelo también dificultaría la expansión de la plaga. Cuando el ataque de ácaros sufrido por un cultivo es muy severo y las plantas no tienen el riego suficiente se pueden producir desfoliaciones importantes porque se produce un incremento de la transpiración. Este problema se soluciona con un programa de riego adecuado.

El tratamiento con productos fitosanitarios ecológicos es el más recomendado para su control. El uso indiscriminado de plaguicidas químicos ha sido el mayor desencadenante en la proliferación de los ácaros en general debido a que eliminan gran parte de los enemigos naturales. Los tratamientos de acaricidas ecológicos como el formulado de jabón potásico, el extracto de neem (Azadirachta indica) o el extracto de la flor del “piretro” ricos en piretrinas naturales como EXPELEX no solo son una garantía frente a la conservación de depredadores naturales sino que han demostrado una eficacia de hasta el 80% de media durante los días posteriores a los tratamientos.

Pero el control de los ácaros fitopatógenos incluido el Eutetranychus orientalis debe ser planteado desde el punto de vista del control integrado ya que es imposible afrontar este problema sólo con tratamientos fitosanitarios dada la gran facilidad que tienen para aumentar de forma exponencial sus poblaciones: cada hembra puede producir una media de 8 huevos diarios de los cuales el 80% son hembras a temperaturas comprendidas entre 20 y 30ºC siendo la temperatura óptima de desarrollo entre 21 y 27ºC. El ciclo de vida del adulto llega hasta los 21 días.

Todos los medios de control empleados han de ir encaminados a potenciar la fauna auxiliar oriunda de la zona. Los ácaros como cualquier plaga cuentan con un complejo entramado de depredadores que inciden sobre sus niveles poblacionales. Cuando una plaga coloniza un área nueva los parásitos y depredadores nativos de la zona empiezan a atacarlos y después de un tiempo de adaptación pueden llegar a realizar un control eficaz sobre la misma. Así, para estimar si la fauna útil autóctona podría llegar a controlar la nueva plaga en primer lugar hay que determinar cuáles son los posibles depredadores y parasitoides naturales presentes en la zona.

Durante todos estos años los insectos que mejor se han comportado para el control de ácaros fitopatógenos son los de la especie Fitoseidos que son también ácaros. Son depredadores de otros ácaros en su estado adulto y parasitadores en su etapa larvaria. Los adultos son de muy pequeño tamaño (menos de medio milímetro), transparentes y de color blanquecino brillante que puede variar según el tipo de alimentación. Caminan con tres de sus cuatro pares de patas ya que el primer par, que son algo más largas que el resto, lo utilizan para palpar. Son muy móviles y van buscando alimentos sobre las hojas constantemente. Las larvas son muy semejantes a los adultos pero de tamaño más pequeño y con sólo seis patas. Aunque mayormente se alimentan de otros ácaros tetraníquidos también son capaces de alimentarse de otros pequeños insectos (pulgones, moscas blancas, cochinillas, trips, etc…), hongos y polen. Las especies de fitoseidos más conocidos son Amblyseius sp., Anthoseius sp., Euseius sp., Neoseiulus sp., Typhlodromus sp. y Phytoseiulus horridus.

Se ha estudiado la distribución de los Fitoseidos en diversos cultivos afectados por Eutetranychus orientalis y se ha observado que es bastante homogénea pues no se han observado diferencias significativas con respecto a la altitud, la profundidad o la orientación. Se ha constatado que existe una relación negativa entre el porcentaje de hojas con Fitoseidos y el porcentaje de hojas con “Ácaro Rojo Oriental”, es decir, que los cultivos con mayor presencia de Fitoseidos presentan también niveles de ataque más bajos de Eutetranychus orientalis. Esta relación negativa también se da con respecto al número de ácaros por hoja y al número de Fitoseidos por hoja.

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Otro de los ácaros que ha aparecido en nuestros cultivos en los últimos años es el “Ácaro de Texas” (Eutetranychus banksi, según McGregor). Este ácaro procede de todo el continente americano donde era muy frecuente encontrarlo en los cultivos de cítrico desde el norte hasta el sur. En 1999 ya se detectó su presencia en Portugal y en 2001 apareció en España, más concretamente, su primera localización en territorio español fue en forma de pequeños focos en municipios como el de Ayamonte o Isla Cristina (provincia de Huelva), todos ellos fronterizos con Portugal. Su localización se ha extendido a todo el arco del Mediterráneo localizándose en muchos tipos de plantas pero sobre todo en malas hierbas.

Los daños provocados por el “Ácaro de Texas” son similares a los provocados por el “Ácaro rojo oriental”: punteaduras cloróticas en los órganos afectados, sobre todo hojas y frutos. Los daños son más apreciables en el haz de las hojas alrededor del nervio central donde se acumulan los restos de las mudas. En cuanto a su distribución por la planta es más abundante en la orientación sur-sureste.

Ataques severos del “Ácaro de Texas” pueden ocasionar una desfoliación importante. Este efecto es mínimo cuando las parcelas están bien irrigadas y las plantas no sufren estrés hídrico. En general los ataques son más importantes a finales de verano y principios de invierno y abunda también durante los periodos de sequía.

Su ciclo de vida es como el de otros tetraníquidos. Pasa por ocho estadios desde huevo a la etapa adulta:

  • los huevos son aplanados de bordes redondeados, de color transparente o blanco cuando están recién puestos y de color marrón-rojizo al eclosionar
  • larvas de color pálido con tres pares de patas blancas
  • hembras robustas, anchas y aplanadas dorsoventralmente de color marrón verdoso y patas claras con segmentos apicales anaranjados
  • machos de tamaño menor que las hembras, con forma triangular de color marrón-anaranjado y patas más largas que el cuerpo.

No obstante todas estas coloraciones pueden variar según las plantas de las que se alimentan.

A simple vista es prácticamente imposible diferenciar Eutetranychus banksi y el Eutetranychus orientalis por lo que hay que recurrir a microscopios o lupas de gran aumento para poder distinguirlas. En cambio si se pueden diferenciar a simple vista del Ácaro rojo (Panonychus citri) o de la Araña roja (Tetranychus urticae).

Debido a su localización sobre el haz de las hojas el control de este ácaro con acaricidas ecológicos de acción por contacto como el formulado de jabón potásico, el extracto de neem (Azadirachta indica) o el extracto de la flor del “piretro” ricos en piretrinas naturales han demostrado una eficacia muy elevada ya que su uso disminuye la proporción de individuos reproductores y respeta gran parte de la fauna auxiliar.

Entre los depredadores del “Ácaro de Texas” se han descrito algunos insectos de la familia Phytosidae o “fitoseidos” como los Amblyseius y los Tyhlodromus.

En líneas generales ambos ácaros pueden ocasionar plagas que aunque no maten a las plantas de las que se alimenten si pueden suponer una merma muy grave para su desarrollo. De todas maneras siempre que actuemos de una manera previsora con tratamientos acaricidas preventivos no suelen causar problemas muy destacados en nuestros cultivos. En cambio si permitimos que se establezca estamos ante una plaga que puede convertirse en endémica del lugar que destinamos para cultivar y su erradicación puede convertirse en una causa imposible de lograr.