Del retrocruce a la conservación genética: una mirada profunda a la innovación y colaboración en el cultivo de cannabis

Hoy en día hay mucha gente que guarda plantas madre de buenos ejemplares, así como otras tantas personas que hacen sus propias semillas. El mundo de la crianza cannábica es, sin duda alguna, apasionante y muy interesante, y por ello está ganando un gran número de adeptos. Además, es costumbre entre cultivadores pasarse genéticas en forma de esquejes o de semillas (en el caso de ser criadores). Ésta es una muy buena práctica, ya que ayuda a la conservación genética.

Los intercambios entre cultivadores nos ayudan a conocer a otras personas que comparten nuestra afición por el cultivo de cannabis, lo cual puede ser una experiencia muy positiva. Al menos en mi caso ha sido así, ya que he tenido muy buenas experiencias a través del intercambio de genéticas.

Normalmente, los aficionados a la cannabicultura seleccionan las mejores hembras para su cultivo, dejando de lado los ejemplares masculinos. La mayoría opta por hacerse un armario de madres de las que obtener esquejes, siendo muy pocos los que conservan ejemplares macho o hembra destinados a hacer clones a los que revertirle el sexo. De esta forma, nos encontramos con que cuando un ejemplar nos enamora y queremos reproducirlo para obtener una descendencia semejante, nos veremos obligado a buscar otro parental.

A veces podemos toparnos con alguna dificultad, como la mala costumbre de algunos criadores y revendedores de genéticas de no decir el nombre real de la variedad, ni dignarse siquiera a dar un nombre de algo parecido. ¿Cuántas veces te han pasado una variedad Kush que de Kush no tenía nada y parecía una Haze? Seguramente muchas. Esto es algo que a nivel de crianza nos plantea el primer problema a la hora de querer reproducir una determinada variedad. Como desconocemos su origen real (los cultivadores más avanzados sí pueden intuir la ascendencia, pero se requiere mucha práctica), no podremos recurrir a una selección de semillas regulares para obtener un ejemplar masculino que nos pueda dar una descendencia similar a la que buscábamos en principio. Así que nos habremos topado con un ejemplar digno de ser criado, pero no tendremos a nuestro alcance los medios para poder perpetuar directamente una descendencia que se le asemeje. Por tanto, deberemos recurrir a técnicas de retrocruce para lograr obtener una generación de semillas que muestre los mismos caracteres que esta hembra. Así que vamos a ver un poco más en profundidad qué es un retrocruce y algunas aplicaciones que se pueden dar a esta técnica de cría (no solamente sirven para recuperar una genética, sino que tiene otras utilidades).

¿Recuerdas a Gregor Mendel, el monje agustino que descubrió las que se llamadas leyes de Mendel? ¿Y recuerdas su segunda ley? Vamos a repasarla brevemente para refrescar un poco la memoria antes de hablar del retrocruce en sí.

La segunda ley de Mendel es el llamado principio de segregación. Según éste, algunos individuos pueden transmitir un carácter, aunque en ellos no se manifieste. Teniendo en cuenta esta segunda ley, podemos utilizar el retrocruce para revelar si un individuo es heterocigoto u homocigoto para un determinado rasgo. Obviamente, estamos hablando de genética cualitativa, ya que en los caracteres poligénicos (aquellos cuya expresión depende de varios genes y de ciertos factores ambientales) el asunto es mucho más complicado. El retrocruce también se conoce con el nombre de cruzamiento prueba y es válido tanto para genética vegetal como para genética animal.

Este cruzamiento prueba consiste básicamente en el cruce de un híbrido de filial 1 (F1), con uno de los padres o con un genotipo idéntico a uno de sus padres. Esta prueba sirve para determinar si un individuo es homocigoto o heterocigoto, como ya hemos mencionado antes. De esta forma podemos saber cuál es el genotipo que corresponde a la variedad dominante.

Supongamos que tenemos una variedad que representamos Aa y que es el F1 proveniente del cruce de dos líneas puras, por ejemplo, AA x aa. Cuando crucemos este híbrido de primera generación con su parental recesivo, si nuestro individuo F1 es heterocigoto, vamos a obtener una descendencia BX1 (backcross 1) que muestre un 50% de los individuos como nuestro F1 Aa (fenotipo dominante) y un cincuenta por ciento de los individuos con el fenotipo de su parental recesivo (aa). En cambio, si nuestro híbrido de primera generación es homocigoto AA al obtener la generación BX1 obtendremos un cien por cien de la población Aa. Siempre es importante hacer este retrocruce con el parental recesivo, ya que si lo hacemos con el dominante obtendremos un 100% de la descendencia con los caracteres dominantes porque los recesivos quedarán eclipsados.

El retrocruzamientro o backcross se puede utilizar también para fijar en la descendencia uno o más genes de un individuo concreto. Es muy útil recurrir a él cuando tenemos un híbrido que cumple con casi todas nuestras expectativas, pero solamente necesita un último retoque. Un ejemplo puede ser una variedad híbrida, ya trabajada hace tiempo, que da una muy buena producción y unos porcentajes de THC muy elevados, pero que es poco resistente a los hongos. A través del retrocruce y con la ayuda de alguna variedad que tenga esta característica en sus genes (resistencia a los hongos), se puede conservar la línea genética principal y solamente aportar este rasgo que necesitamos. En este caso, para obtener los resultados deseados debemos cruzar nuestro híbrido (receptor) con la línea genética que va a aportar el rasgo deseado (donante). Seleccionaremos aquellos ejemplares que muestren la característica deseada y los volveremos a cruzar con el receptor, obteniendo así un BX1. Repetiremos este proceso en cada generación subsiguiente, es decir, escogeremos aquellos individuos de la descendencia BX1 que muestren el rasgo deseado y los cruzaremos otra vez por el híbrido receptor principal, para ir consiguiendo así varias generaciones BX2, BX3, etc. hasta lograr una línea genética que sea muy semejante a nuestro híbrido receptor, pero que al mismo tiempo conserve el rasgo del individuo donante. Para poder fijarlo correctamente, suelen necesitarse unas seis o siete generaciones de retrocruce.

Además, esta técnica también puede servir para obtener descendencia de aquellas variedades de las que solamente conservemos un parental (normalmente clones). A través de los retrocruces y seleccionando un padre del mismo genotipo que alguno de sus parentales, o bien con un donante, podemos obtener una generación igual a ese esqueje que queremos reproducir. Además, podemos aprovechar para añadir algún rasgo que creamos pueda mejorar ese clon que tanto nos gusta.

Por supuesto, si queremos conservar la genética también podemos recurrir a las autopolinizaciones. No obstante, este es un tema que hablaremos más a fondo en otro artículo, ya que con anterioridad solamente hemos hecho alguna referencia.

En resumen, podemos utilizar el retrocruzamiento para conservar alguna genética de la que solamente dispongamos de un parental; además, podemos aprovechar para mejorarla (si es el caso) y a través de las generaciones ir fijando este rasgo que queremos aportar a la genética a conservar. Además, la técnica de retrocruce o cruzamiento prueba puede ayudarnos a determinar si un individuo es homocigoto o heterocigoto para un rasgo concreto, lo cual facilitará nuestra labor de crianza cannábica casera. Dado que no disponemos de costosas máquinas que nos permitan definir los genes de cada individuo de una forma mecánica, tenemos que utilizar esta prueba mendeliana.

Yo mismo estoy llevando a cabo una pequeña labor de crianza cannábica casera para recuperar una genética muy interesante y antigua de la que solamente conservamos un parental. Y como soy un poco especial estoy haciendo un trabajo doble; por un lado estoy utilizando la técnica de retrocruce para recuperar la genética de la forma más parecida a lo que era en su día y, al mismo tiempo, estoy desarrollando una línea mejorada de esta variedad, prestando atención a algunos detalles de salud de la genética que en su día se dejaron de lado, como la resistencia a los hongos (de ahí el ejemplo de este artículo). Además, el parental “prestado” tiene un muy buen sistema radicular, así que estoy intentando mantener esto como rasgo importante. Claro está que al tener un espacio limitado (el hogar), no puedo hacer grandes selecciones, ni puedo hacer cultivos solapados semanales, pero con paciencia todo se puede hacer. Por supuesto, cuando tenga resultados sobre este trabajo voy a publicarlos en mi página web para que todos podáis verlo y comentar. De momento, el proyecto está verde y todavía me quedan unos cuantos trimestres de trabajo, pero ya sabes lo que dicen: que todo lo bueno se hace esperar.

Acerca del autor

Fabini de Caprius

Ante todo deja que me presente si no me conoces todavía. Soy Fabini De Caprius, fumatín, internauta y activista cannábico. Hace más de 12 años que estoy metido en todo este tema de la Marihuana, y aunque siempre he estado en las sombras, he decidido que ahora era el mejor momento para hacerme ver.