Casi con toda probabilidad, el tipo de sustrato más utilizado en el autocultivo de cannabis sea la turba

por Mari SH

Sin duda, se trata de una excelente opción, ya que las propiedades físicas y químicas que presenta son muy favorables para tal fin. No obstante, a pesar de ser un material de origen biológico, su utilización no es muy ecológica en términos de sostenibilidad. El coco, en cambio, sí se considera un sustrato amigable con el medio ambiente, ya que, además de aprovechar los desechos de la producción de este fruto, también es biodegradable. Asimismo, cuenta con una serie características muy beneficiosas para el cultivo, tanto de marihuana como de muchas otras especies vegetales.

Las turberas y las consecuencias de su explotación

Desde el punto de vista medioambiental, las turberas tienen un gran valor biológico. Éstas representan alrededor del 50% de los humedales del mundo y se estima que albergan aproximadamente un tercio del carbono del suelo y el 10% del agua dulce disponible. Sin embargo, su importancia no sólo radica en la influencia que puedan tener a nivel global sobre el CO2 que retienen de forma natural, o en las funciones hidrológicas que desempeñan, sino que también son un tipo de ecosistema con varios milenios de antigüedad que alberga una vegetación y una fauna únicas, contribuyendo así a la biodiversidad.

La turba era usada como combustible de forma tradicional, pero los cambios que han tenido lugar en la agricultura durante los últimos siglos han alterado de forma fatídica el estado de las turberas. Su drenaje y uso extractivo han provocado el desgaste de gran parte de estos ecosistemas en Europa, donde el porcentaje de pérdida es de una media superior al 90% en la mayoría de los estados miembros de la Unión Europea. Dado que este material se produce naturalmente a partir de la acumulación por varios siglos de restos vegetales en zonas lacustres, su regeneración es más bien costosa y, en algunos casos, hasta imposible. Así es, apreciado lector o lectora, la “tierra” que utilizamos para cultivar, ésa que viene cómodamente empaquetada y ya mezclada con otros sustratos, podría acabarse algún día, ya que se considera un recurso no renovable. Además, su explotación supone la liberación a la atmósfera de grandes cantidades de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso, que son gases de efecto invernadero.

La fibra de coco para uso agrícola como alternativa sostenible

Esta cuestionable disponibilidad de la turba para el futuro, suscitó la búsqueda y el uso de materiales alternativos en los que poder cultivar. Sin embargo, no todos estos presentan las mismas ventajas y, aunque algunos son muy recomendables y utilizados en el ámbito de la agricultura, también han motivado diversas cuestiones de índole medioambiental. Por ejemplo, a mediados de la década pasada, en torno al 2005, se estimaba que los sustratos más ampliamente utilizados en el sudeste español eran la lana de roca y la perlita, con cerca del 70% de superficie cultivada. Dada la magnitud de los cultivos, la cantidad de desechos que se genera es ingente, estimándose un volumen aproximado de 75 m3 por hectárea para la lana de roca y de 128 m3 para la perlita. Estos elementos, a pesar de homogéneos y muy manejables, no son biodegradables, por lo que al final de su vida útil surge la cuestión de qué hacer ellos. Una posible alternativa, en términos de sostenibilidad, es reciclarlos; sin embargo, la mejor opción para evitar el impacto ambiental ocasionado por los sobrantes de su utilización, así como el provocado por la sobreexplotación de las turberas, es el empleo de sustratos orgánicos biodegradables cuya obtención sea respetuosa con el medio ambiente.

Existen diversos materiales que cumplen estas condiciones, como por ejemplo la cascarilla de arroz cruda, la fibra de pino, la cáscara de almendra, la fibra de coco, etc. De entre ellos, la fibra de coco se presenta como una excelente alternativa a la turba de Sphagnum (musgo de cuyos restos se compone principalmente). Además, el aprovechamiento de esta materia también supone una solución a los problemas ambientales derivados de la eliminación de los residuos del cultivo de cocoteros en las zonas dedicadas a ello.

En 1949, E.P. Hume escribió un artículo en Journal Economin Botany, en que por primera vez describía las excelentes propiedades de la fibra de coco como sustrato para diversas especies vegetales. La llamó “cocopeat” (turba de coco) por las similitudes que presentaba con la turba tradicional.

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Durante los años 70 y principios de los 80 del siglo pasado, varias compañías australianas y europeas mostraron su interés por esta materia. De hecho, desde finales de los 80, algunas compañías holandesas emplean este residuo procedente de la industria del coco en la fabricación de sus sustratos. Hasta hace unos años, estos restos del coco generaban un problema ambiental en las áreas en las que se cultivaban cocoteros, donde era frecuente apilar los residuos en el campo y que se convirtieran en foco de plagas de insectos y cría de roedores. Afortunadamente, su tratamiento permite que esta fibra sea utilizada como medio de cultivo, siendo una muy buena solución tanto para este problema como para el de las turberas. En la actualidad, la gran mayoría de empresas que se dedican a la elaboración de sustratos específicos para el cultivo de cannabis incluyen entre su oferta la fibra de coco, ya sea por sí sola o mezclada con otros elementos.

Lo que convierte a este material en un medio de cultivo óptimo son sus propiedades físicas. Para conseguirlas, el sustrato es sometido a un completo proceso de transformación, durante el cual se elimina la salinidad, que es algo elevada en origen, y se seca y criba para separar las diferentes fracciones según su tamaño.

Propiedades de la fibra de coco y su uso en el cultivo de cannabis

La fibra de coco es un sustrato ligero y esponjoso que presenta una porosidad total próxima al 95%. Esta propiedad le confiere diversas ventajas frente al cultivo en turba, como una magnífica relación entre su capacidad de retención de agua y su capacidad de aireación, que se traduce en un menor riesgo de aparición de enfermedades fúngicas en el cepellón por exceso de humedad. También permite una mejor progresión del sistema radicular, al encontrarse éste en un medio poco compacto y muy bien oxigenado en el que puede ahondar sin dificultades. Cabe recordar que un desarrollo óptimo de las raíces derivará, salvo problemas en la parte aérea, en plantas sanas y vigorosas con una gran capacidad de crecimiento y producción. Por este motivo, las plantas sembradas en fibra de coco tienen un mayor desarrollo y es habitual emplear macetas más pequeñas que con la turba para esta modalidad de cultivo, ya que necesitan un menor volumen de sustrato para rendir lo mismo.

La cantidad de agua de riego empleada deberá ser la misma que para la turba o disminuirse sólo muy ligeramente, ya que, si saturamos el sustrato, no aprovecharemos su capacidad de aireación, que es la porción de aire que retiene un sustrato después de haber sido saturado y dejado drenar. En consecuencia, los contenedores deberán contar con un buen sistema de drenaje que impida la acumulación de agua, por lo que también es aconsejable la colocación de arlita en el fondo de las macetas. En relación a la frecuencia de riego, es bastante fácil determinar cuándo hay que hacerlo, dado que, en el caso del coco, se puede apreciar a simple vista cuándo éste está seco. Además, al ser un material muy ligero, sólo levantado la maceta, podremos saber si ésta tiene mucha o poca agua. En lo referente a los lavados de raíces, deberemos proceder del mismo modo que con la turba, practicándolos cuando se observen síntomas de sobrefertilización, o bien, cuando la EC del agua residual que drene del riego supere los 2,5 mS, siendo muy aconsejable la adición de algún producto que ayude a disolver las posibles sales minerales acumuladas. En cuanto al pH de la solución nutriente, los valores óptimos para regar se sitúan entre 5,6 y 6 para el crecimiento y entre 6 y 6,3 para la floración.

Otra de sus características beneficiosas es que posee una elevada capacidad de intercambio catiónico en comparación a otros sustratos empleados en hidroponía, es decir, puede retener nutrientes y liberarlos de forma progresiva, lo que evita su pérdida por lixiviación o riegos con cantidades excesivas de agua sola. Este factor le confiere cierta capacidad tampón, o sea que su pH tiende a mantenerse estable. Por consiguiente, no sólo constituye una ventaja en caso de equivocación con la solución nutriente, sino que también hace que la demanda de ciertos elementos se dé en cantidades algo distintas de las del cultivo en turba u otros tipos de hidropónico. Éste sería el motivo por el que los fabricantes de abonos ofrecen fertilizantes específicos para la fibra de coco, ya que estos se ajustan mejor a las necesidades que tienen las plantas cuando se cultivan en ella.

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En cuanto a las cuestiones de índole fitosanitaria, lo más habitual es que la fibra de coco sea sometida a un proceso de desinfección que la deje libre de plagas y posibles patógenos, aunque permite la inoculación con hongos y microorganismos beneficiosos. De hecho, muchas de las marcas de sustratos específicos para el cultivo de cannabis la ofrecen con trichoderma. Cabe recordar que, dada la importancia de este proceso de saneamiento, lo mejor es no escatimar el precio del sustrato, ya que uno de los riesgos que esto conlleva es el del contagio de plagas y enfermedades.

Como contrapunto a toda esta serie de virtudes, hay cultivadores que afirman que el cultivo en coco supone una ligera pérdida de sabor. Sin embargo, a raíz de mi experiencia en el cultivo en coco y en mezclas con turba al 40% aproximadamente, creo que ni siquiera el cultivador más experimentado llegaría a diferenciar entre dos cogollos cuál proviene del cultivo en turba y cuál del cultivo en coco. Si bien el tipo de fertilizante que se emplea, que suele ser de rápida absorción, sí que puede suponer una muy ligera variación de sabor, ésta pasa desapercibida para la enorme mayoría de los paladares. De todas formas, reitero que esto ya son apreciaciones personales y por tanto bastante subjetivas.

En conclusión, aunque la sobreexplotación de las turberas se debe principalmente a la demanda de sustrato del sector agrícola, en la actualidad está muy extendido el cultivo en otros medios alternativos, por lo que también nos corresponde a los pequeños cultivadores, ya sea de marihuana o de otras plantas, tomar conciencia de la procedencia de la turba, así como del daño ambiental que provoca su extracción y utilizarla de forma responsable. Además de ser amigable con el medio ambiente, el cultivo de cannabis en fibra de coco presenta toda una serie de ventajas que hacen de ella una de las mejores opciones para este fin. Entre los beneficios que ofrece se encuentran un mayor desarrollo del sistema radicular, que se traduce en una mejor progresión de la parte aérea tanto en crecimiento como en floración; más vigor en los ejemplares cultivados, que conlleva un incremento de la producción respecto al cultivo en turba; una reducción del volumen de sustrato empleado, que permite economizar el cultivo, y un control más preciso de los nutrientes y agua suministrados, que facilita la tarea del cultivador. Además, se puede utilizar solo o mezclado con otros sustratos.

¡Buenos humos!

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Acerca del autor

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Mari SH
Aventajada maestra en el arte del cultivo, tiene una larga trayectoria como cannabicultura y redactora de contenidos cannábicos