Una cita que leí hace tiempo decía que teníamos un gran problema porque la agricultura moderna está enfocada en producir dinero en lugar de producir alimentos, supongo que algo de cierto hay en esta afirmación, pero también entiendo que los agricultores deben tener un medio para ganarse la vida dignamente.

Hasta hace poco tiempo siempre he contemplado la agricultura desde una óptica minifundista, pues en mi tierra es difícil encontrar propiedades de gran superficie por la propia orografía y por la cultura de apego a la propiedad. Al final, como en otros muchos aspectos de la vida, el factor de la escala es relativo.

Cada vez es más conocido por el público general que el cáñamo puede y debe convertirse en la materia prima de multitud de industrias: papelera, textil, alimenticia, construcción, automovilística, farmacéutica, etc. Desde que comencé a investigar sobre este cultivo, cada día voy conociendo un poco mejor la situación tanto a nivel nacional como internacional de esta incipiente industria.

Éste es el segundo año consecutivo en el que cultivo una pequeña finca de cáñamo industrial, 2.000m2 (0,2 hectáreas). Es una extensión muy pequeña para la agricultura convencional y más aún para una producción industrial. Por eso entiendo que no tendría sentido tratar de competir en un sistema de agricultura extensiva industrial y con un alto grado de mecanización.

Por este motivo cuando toca plantearse cómo sacar un rendimiento económico de un cultivo de pequeñas dimensiones debemos tener en cuenta que ciertos aprovechamientos necesitan procesos complicados y costosos que solo van a poder rentabilizarse con elevados volúmenes de producción, tanto si hacemos nosotros mismos la inversión en maquinaria y equipamiento o los subcontratamos. Y las opciones que nos brinda esta planta son tantas…

La reacción de cualquier amante del cannabis al acercarse por primera vez a un campo de cáñamo industrial en plena floración será sin duda olisquear los cogollos y toquetearlos para apreciar los aromas y comprobar si hay resina en ellos. Ahí se puede notar un interés casi inmediato por algo que podemos tener en nuestros campos. Los amantes del cannabis somos legión, por lo que si puedes obtener de tu pequeña parcela unos cuantos kilogramos de cogollos de cannabis secos y curados, ésta ya sería una producción a la que se le podría buscar una salida comercial a pequeña escala.

puedes obtener de tu pequeña parcela unos cuantos kilogramos de cogollos de cannabis secos y curados

Lo bueno de esta producción es que la cosecha y el procesado del cultivo es muy simple para pequeños volúmenes, pues sólo tendríamos que tratar el cáñamo como si fuera una variedad recreativa o medicinal, con la salvedad de tener que sacar las semillas de los cogollos. Solo habría que ajustar la superficie del cultivo a la capacidad que tengamos para hacer el secado.

Con este producto podremos hacer sustitutos del tabaco, cremas cosméticas, infusiones, jabones y muchas otras cosas más. Por supuesto, poder venderlo al público requerirá cumplir todas las obligaciones legales y fiscales que conlleva esta actividad. Ya hay precedentes en Europa y España donde ciertas empresas venden cogollos de cáñamo envasados. Pero si vemos este tipo de cultivo desde una óptica del autoconsumo, los mercados artesanales, alternativos u otras redes de intercambio, lo podríamos equiparar al cultivo de cualquier hortaliza o verdura. Obviamente, habrá que lidiar con todas las trabas administrativas que seguro que aparecen en el camino, dar muchas explicaciones y tener toda la documentación en regla, porque se mirará con lupa. No es lo mismo un kilo de orégano que un kilo de cannabis, aunque en el fondo tampoco se diferencien tanto.

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No serán cogollos de los ricos como los que nos gustan a todos, pero tienen aroma y aspecto de cannabis (porque lo son, vaya) y hay que tener en cuenta que estos cogollines contienen una cantidad nada despreciable de CBD en sus pequeños tricomas. En los últimos años el cannabidiol (CBD) está despertando un creciente interés ya no solo dentro del sector cannábico sino en el público general y especialmente entre los pacientes afectados por dolencias para las que el CBD está demostrando ser de gran ayuda en sus tratamientos. Cabe destacar que en el mundo anglosajón la CNN emitió en prime time un programa del Dr. Sajay Gupta, donde se exponía el caso de una pequeña niña que sufría constantes crisis epilépticas hasta el punto de poner en peligro su vida y la situación desesperada de sus padres a causa de la ineficacia de los tratamientos convencionales para la dolencia de su hija. Como último recurso decidieron utilizar un tratamiento con cannabis para paliar la situación de la niña, empleando una variedad que no contenía apenas THC pero sí CBD, y se sucedió una asombrosa evolución en la paciente.

Cada día salen a la luz nuevas investigaciones sobre los efectos del CBD en el tratamiento de diferentes dolencias como epilepsia, ansiedad, insomnio, estrés postraumático… y, de hecho, una empresa farmacéutica está ultimando la salida al mercado de un extracto rico en CBD pensado para tratar la epilepsia infantil.

Esta especie de burbuja del CBD en la que estamos inmersos puede favorecer que pequeños cultivos a nivel artesanal puedan llegar a ser viables económicamente, pues si añadimos a la producción de cogollos la producción de semillas (cañamones) y la fibra, podemos compensar los gastos de compra de semilla certificada y de las labores del terreno. Lo que dure este súbito interés en el cannabidiol o lo que tarde el lobby farmacéutico en promover leyes que conviertan en ilegal (también) este aprovechamiento.

De ahí a poder ganarse la vida exclusivamente con el cáñamo hay un trecho, pues los que hayan intentado alguna vez crear una empresa o negocio saben de las inmensas dificultades que la administración de este país impone en forma de permisos, licencias de actividad y demás, sin contar que la cuota de autónomos no perdona, hay que pagar un pastón todos los meses, factures lo que factures. Pero cuando ves que a tu alrededor algunos jóvenes empiezan a iniciar pequeños proyectos de agricultura ecológica o simplemente vuelven a cultivar los terrenos de los abuelos entonces no veo por qué el cáñamo no puede volver a ser cultivado de forma tradicional en pequeñas parcelas, junto con las patatas, cereales y hortalizas.

Respecto a la cita inicial, aunque en este artículo me haya centrado casi exclusivamente en el CBD y la producción de cogollos, en mi opinión la producción de productos alimenticios a base de semilla de cáñamo puede llegar a ser una gran industria. Si tomamos el ejemplo de Canadá la demanda de este tipo de alimentos (que son de lo más saludables desde el punto de vista nutricional) también van acompañados de una demanda por parte del consumidor de la producción ecológica y sostenible, apostando por los mercados de cercanía y de apoyo al pequeño productor. Por eso trato de trabajar en poder facilitar a este tipo de agricultores el acceso a toda la información necesaria para poder incluir el cáñamo industrial dentro de su rotación de cultivos.

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En los últimos tiempos he podido visitar varias plantaciones de cáñamo de gran extensión, donde el planteamiento anteriormente expuesto ya no es válido, puesto que esos proyectos solo pueden partir de un volumen de inversión considerable desde las labores del terreno a la cosecha, pasando por el procesado de la misma y donde la mecanización es indispensable. Se trata de un sistema de agricultura industrial donde el capital, los contratos cerrados y los compradores son conocidos de antemano, por lo que no entra dentro del concepto de la agricultura tradicional. Es un sistema bastante desconocido para mí, pero donde puedo apreciar que se apuestan unas cantidades de dinero importantes y que por lo tanto el riesgo es mucho mayor en el caso de adversidades climáticas o errores de bulto en la cosecha o procesado.

la producción de productos alimenticios a base de semilla de cáñamo puede llegar a ser una gran industria

En este modelo de agricultura no existe la figura del pequeño agricultor que decide sobre qué y cómo cultivar, sino que son grupos industriales o los inversores los que manejan las decisiones y subcontratan las labores a los agricultores. Mucho me temo que tengo una visión un tanto idílica y alejada de la realidad cuando salgo fuera de mis minifundios, donde realmente la agricultura se dedica a producir alimentos (para las personas o para los animales) y poco a poco me doy cuenta de que cuando se alcanzan ciertos volúmenes de inversión, la gente con la capacidad para realizarlas se pueden plantear sembrar cáñamo, construir un hotel o comprar acciones de un banco. Quiero decir que se valora la inversión por la capacidad para obtener beneficios, sin ningún idealismo de por medio, solo meros números y cuanto mayores, mejor.

Sea como fuere, parece que el cáñamo vuelve a asomar sus cogollos por algunos campos de Europa y del mundo, aportando su intenso aroma y la esperanza de una economía verde y sostenible que pueda detener esta espiral de destrucción generada por el ser humano en nuestro maltrecho planeta.

Es solo mi opinión, pero creo que volver a implantar el cáñamo en el medio rural ayudará a normalizar el cannabis en general, aunque por el camino algunos cultivadores de exterior sufran las consecuencias de la inseminación involuntaria de sus plantas comerciales. Lo siento chicos, espero que solo sean pequeños inconvenientes en el camino hacia una recuperación de la normalidad que se perdió con la prohibición.

Acerca del autor

Muchos años luchando en la sombra para que el cannabis florezca al sol.