Cultivando por las flores o por las semillas

Parece realmente milagroso que el origen de una de las especies vegetales más interesantes, psicoactivas y medicinales, comience con algo tan pequeño y delicado como es una semilla. Cada breeder tiene su sistema. En este artículo mostramos un caso concreto que ha dado lugar a unas semillas de gran calidad.

Efectivamente, a mí no deja de asombrarme el hecho de que plantas de más de tres metros de altura, capaces de producir alrededor de un kilo de flores secas en la cosecha, comiencen su singladura mediante una semilla tan pequeña como es la del cannabis.

En este artículo no vamos a exponer las técnicas de creación de semillas feminizadas. Sin embargo, vamos a exponer cómo fue el proceso de selección de las semillas que posteriormente se envasaron y vendieron con gran aceptación.

El talón de Aquiles del cannabis

A estas alturas creo que no hay cultivador con algo de experiencia que no sepa que el punto más débil de la planta del cannabis es su sistema radicular. Por este motivo, las tierras que nos ofrecen en los grows son siempre muy esponjosas y de fácil colonización por parte de las raíces.

Semillas antes de ser probadas en tierra mala
semilla perfecta – fotografia 1

En cierta ocasión, puse doscientas semillas de uno de los bancos más conocidos del mundo, en una tierra considerada de alta productividad y que estaba en barbecho. Yo la había arado y removido para cultivo de todas mis hortalizas.

De las doscientas semillas no prosperó ninguna. ¿La razón? No era una tierra esponjosa sino más bien una tierra arcillosa. Muy buena para tomates, pepinos, pimientos y lo que se te pueda pasar por la cabeza. Pero no para la fina y mimada señorita cannabis.

Sin embargo, en otra ocasión se me cayó, por accidente, una semilla en un terreno de pésima calidad. Contra todo pronóstico, aquella semilla se convirtió en una de las mejores plantas que he tenido; y eso que no recibió ni una gota de agua durante las tres primeras semanas. En seguida veréis por qué saco a colación esta historia.

Años después, en un viaje a la India, concretamente a la región de Andra Pradesh, probé y me gustó mucho la marihuana que fumaban en sus rituales los sacerdotes hindúes. Como esa zona no tiene interés turístico alguno, supuse que ningún breeder habría posado sus ojos en aquellas plantas. Así que me traje unas semillas para un amigo que estaba comenzando a crear un banco de semillas. Al menos tendría la seguridad de ser el único con aquella genética.

Nuestro primer paso fue poner las semillas, en exterior, en una tierra que, aunque no era mala para hortalizas, era totalmente inadecuada para cannabis ya que, como hemos dicho, el sistema radicular del cannabis es muy poco eficiente. Antes de proseguir quisiera aclarar algo al respecto.

Las semillas en la naturaleza

El cannabis no dispone de un buen sistema radicular, salvo excepciones. En un mal terreno, supongamos que germina y prospera una semilla de cada cien. Una planta de exterior grande puede producir alrededor de 20.000 semillas. Por supuesto, depende de la genética, factores ambientales, salud de la planta, cuidados que ha recibido, etc. Nunca las he contado. Pero me baso en la cantidad de semillas que saca por planta y en interior un conocido breeder que obtiene, de media, en interior, con las plantas bien cuidadas y de aproximadamente un metro de altura, unas 9.000 semillas.

Tal y como era de esperar, fueron muy pocas las semillas que planté en tierra de mala calidad, arcillosa y compacta, que germinaron y prosperaron; y mucho menos todavía las que se veían fuertes y con potencial. El primer filtro fue quitar todas las que no mostraran un buen desarrollo. Tras hacer esto, casi no quedaban plántulas.

Las plantas dieron cogollos bastante aceptables
semilla perfecta – fotografia 2

A continuación, sacamos con cuidado las mejores y las pusimos en macetas con tierra de calidad e iniciamos un protocolo de abonado correcto. Esto supuso otro punto de inflexión importante. Algunas reaccionaron bien y otras reaccionaron excepcionalmente bien. De nuevo nos concentramos en las segundas y retiramos las primeras.

Desde ese momento todo se hizo “como dios manda”. Las plantas iban de maravilla. No puedo decir que fuera por méritos propios, ya que habíamos cometido una verdadera criba de plantas. ¡Menudo genocidio! Pero valía la pena. No queríamos cantidad, sino sólo genéticas de gran vigor y resistencia. Ya llegaría el momento de hacer todo el proceso de una forma más convencional. De momento, y creo que fue una buena idea, habíamos llevado a cabo una selección natural en la que tan sólo las fuertes sobrevivían.

Tan pronto los machos mostraron su sexo, los retiramos y dejamos solo las mejores hembras. Las clonamos todas (en realidad habíamos clonado todas las plantas que habían superado la criba) y aquellos esquejes se pasaron a un interior con aire acondicionado en el que se mantuvieron a 18/6 de luz. Cuando llegó la cosecha de las plantas de exterior y pudimos probar la calidad, fortaleza y demás factores que determinan la calidad de una planta, nos centramos solo en los esquejes de las ganadoras y las demás las regalamos.

La verdad es que dos plantas dieron una marihuana extraordinaria. Con los esquejes de esas dos hicimos madres y comenzamos a clonar en interior. A partir de ese momento iniciamos todo el proceso de reversión del sexo para la obtención de semillas feminizadas y cuando, varias cosechas después, las plantas estaban estabilizadas, mi amigo comenzó a comercializarlas en su pequeño grow. Nunca fueron plantas de gran prestigio, pero ello era porque es un pequeño comerciante que solo vende a sus clientes de siempre. Eso sí, las plantas eran de gran calidad.

En esta fase también hicimos algunos cambios. Le sugerí un cambio en su forma habitual de producir semillas: la maceta. Esto, más el protocolo de abonado, dio como resultado una mejora sustancial en las semillas feminizadas.

Abonando para flores o para semillas

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Todos sabemos que cuando quedan un par de semanas, más o menos, para la cosecha, dejamos de abonar y regamos exclusivamente con agua. Lo hacemos para eliminar el exceso de sales metálicas de los fertilizantes y, de esta manera, evitar ese desagradable sabor y olor de los nutrientes acumulados.

Pero, cuando cultivamos para producir semillas y no para fumar, este procedimiento no tiene sentido alguno. Más bien todo lo contrario. Efectivamente, ya conociendo bien las semillas y las plantas, mi amigo abonaba hasta el máximo que la planta aceptaba y hasta el mismo día de la cosecha. Todos esos nutrientes se depositaban en las semillas, haciéndolas más fuertes, sanas y resistentes. Antes de realizar este experimento, mi amigo cultivaba sus plantas en macetas de plástico. Le convencí para sustituirlas por macetas de material geotextil; y no cualquiera, las mejores.

Preparando tierra de mala calidad para la prueba
semilla perfecta – fotografia 3

La clave para obtener la mejor planta, sea de la especie que sea, radica en conseguir el perfecto equilibrio entre todo el abono que la planta puede asimilar sin “indigestarse”. Es decir: sin que la cantidad de fertilizante acabe por producir un exceso de acumulación de sales metálicas en las raíces. Esto lo sabemos todos los que cultivamos cannabis. Es una regla universal.

Por lo tanto, si encontramos la manera de dar a la planta mucha comida sin “indigestarla”, todo en ella será más. Más grande, más calidad, más fuerza, más de todo; y, por supuesto, más semillas. Pero, cuando abonamos mucho, tenemos que recurrir a la lixiviación (lavado) de las raíces, si no queremos intoxicar a la planta. Cuando empleamos material geotextil, al ser tan poroso y permitir tanta circulación de oxígeno, el sustrato se seca mucho antes. En consecuencia, tenemos que regar con mayor frecuencia. Pero incluso aunque el riego siga siendo con abono incluido, sigue teniendo efecto de lavado. Por supuesto, esto no significa que podamos emplear siempre la mayor EC que la variedad permita. De vez en cuando tenemos que regar con agua limpia, pero en menos ocasiones que con cualquier otra maceta, e incluso en tierra madre.

Resumiendo: abonando al máximo posible hasta el mismo día de la cosecha, la planta nos dará más semillas y lo que es más importante, con mayor cantidad de nutrientes concentrados en ellas.

Ya se sabe que una buena planta implica buenas y numerosas raíces. Si prestáis atención a las instrucciones que algunos bancos de semillas dan, veréis que aconsejan germinar y empezar a cultivar tus pequeñas plántulas en un sustrato light, con pocos nutrientes. Es de suma importancia entender bien el porqué de esta práctica.

Si hemos hecho todo bien, la semilla es un continente repleto de los nutrientes necesarios para sus primeras semanas de vida. Si ponemos nuestra semilla en un sustrato repleto de nutrientes, la semilla, desde el primer minuto, no se esforzará en profundizar en busca de nutrientes. ¿Para qué trabajar tanto si le pones toda la comida delante?

Sin embargo, con una muy buena semilla, repleta de nutrientes para semanas, y un sustrato con poca “comida”, la semilla empleará esas energías para ahondar y expandirse en busca de toda la nutrición posible. En definitiva, será un cepellón mucho más grande que si se lo ponemos todo a mano. Cuando finalmente cambiemos de maceta y pongamos la planta en un sustrato repleto de buenos nutrientes, su sistema radicular será tan grande y eficaz que podrá alimentarse mucho más. Por esto es tan importante criar plantas con semillas repletas de nutrientes y ponerlas en sustratos light al principio.

Etolización

Un último consejo para ayudar a las semillas a despegar con más fuerza y antes. Cualquier aficionado a los bonsáis lo conoce. Deja tus semillas en un tupper de plástico, con arena de río, en la nevera (en el cajón de las verduras), durante cuatro días antes de la germinación. Acelerarás el proceso y le darás un empujón importante a las raíces. Hace algunos meses ya comentamos en Cannabis Magazine esta técnica. Sin embargo, es una buena ocasión para recordarlo.

Semilla de calidad
semilla perfecta – fotografia 4

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La clave para obtener la mejor planta, sea de la especie que sea, radica en conseguir el perfecto equilibrio entre todo el abono que la planta puede asimilar sin “indigestarse”

abonando al máximo posible hasta el mismo día de la cosecha, la planta nos dará más semillas y lo que es más importante, con mayor cantidad de nutrientes concentrados en ellas

Acerca del autor

Justin Vivero

Escritor especializado en cannabis  y residente en Miami, combina su pasión por la planta con la vibrante energía de la ciudad, ofreciendo perspectivas únicas y actualizadas en sus artículos.