El cannabis autofloreciente se ha convertido en todo un filón económico para las casas de semillas -algunas ofertan genéticas exclusivamente autoflorecientes- y ha calado en la mayor parte de los cultivadores, bien sea para utilizarla con unos fines específicos -como el cultivo en terraza o ventana- o para el cultivo en general.

Por Leroy McWolf

Existe una polémica latente que inevitablemente surgió en cuanto comenzaron a comercializarse estas semillas. Aquellos genetistas que dedicaron años de sus vidas para seleccionar, generación tras generación, diferentes híbridos en busca de la estabilidad y la mayor potencia posible fueron los primeros en declararse decepcionados. ¿Cómo era posible que la gente comprara de forma masiva semillas que producían unos cogollos de mucha menor calidad que los híbridos de afganas, índicas y sativas que llevaban comercializándose desde hace años?.

Y no les faltaba razón, especialmente cuando el cannabis autofloreciente estaba dando sus primeros pasos y ofertaba híbridos de una calidad prácticamente inexistente. Sin embargo, las cosas han cambiado muy rápido y en la actualidad ya existen genéticas que comienzan a ofrecer resultados lo suficientemente buenos como para empezar a pensar que la marihuana autofloreciente puede tener un futuro real y argumentado, incluso entre los fumadores más experimentados.

Es posible que nunca podamos compararla con ejemplares no autoflorecientes si se quiere conservar la floración automática -característica que hace a la planta no requerir de un ciclo de luz determinado y que le da su denominativo genérico- pero siguen poseyendo singularidades que pueden beneficiarnos considerablemente y que no podemos encontrar en sus primas carnales.

Pues bien, el comienzo inevitable de esta serie tiene que referirse a qué es exactamente lo que compramos cuando adquirimos una semilla que lleva el denominativo autofloreciente en su embalaje.

Estas genéticas, básicamente, son híbridos de Cannabis sativa subespecie rudelaris por una parte y Cannabis sativa subespecie índica y/o sativa por otra. Lo que se pretende con este cruce, como se mencionaba un poco más arriba, es conservar la característica de floración automática de la subespecie rudelaris y las propiedades psicoactivas y fructíferas de las subespecies índica y sativa.

Por lo tanto, las semillas que compraréis -una vez germinadas y convertidas en planta- florecerán de forma automática cuando lleguen a cierta edad, sin depender del ciclo de luz. La mayoría de ellas debieran mostrar sus primeros estigmas (los dichosos pelos que se tornan marrones) entre la segunda y la tercera semana de vida.

Esto se debe exclusivamente a su parental rudelaris. Hasta hace unos años, la subespecie rudelaris era prácticamente desconocida, al menos lo era para todos aquellos que no se hubieran preocupado por investigar un poco el origen genético y las variedades existentes de cannabis en el planeta. Y los que la conocían la había descartado por completo al haber probado sus frutos y percatarse de su escaso potencial psicoactivo.

La rudelaris contenía más o menos los mismos cannabinoides que otras subespecies, pero los porcentajes de THC y CBD eran tan bajos que perdía su interés para ser consumida y comercializada.

Hay cierta discrepancia con respecto a la zona concreta donde se originó la subespecie. Unos dicen que proviene de las Montañas del Cáucaso, entre el mar Negro y el mar Caspio o, si lo preferís, lindando con Rusia y Azerbaiyán, muy cerca de Turquía. Otros han afirmado que sus primeros ejemplares pudieron darse en el sur de Siberia y el norte de Kazajstán. Si no queremos complicarnos la vida, podríamos decir sin miedo a equivocarnos que esta subespecie proviene del sureste de Rusia.

El nombre rudelaris hace alusión a los increíbles lugares en los que era hallada. Desde colinas rocosas hasta emplazamientos con una escasez de nutrientes y agua extrema. Lo que más sorprendió a los primeros investigadores es que sería impensable ver a un ejemplar de sativa o índica crecer en semejantes sitios.

En la naturaleza podemos encontrar ejemplares de rudelaris que van desde los 30 a los 60 centímetros de alto, con sólo alguna que otra rama destacable al margen de la principal y muy pocas hojas. Además, estas plantas generan una cantidad relativamente pequeña de flor.

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Que su potencia no pueda compararse a la de sus primas carnales no impidió que se usara dentro de la tradición chamánica del Cáucaso, hace más de 2.400 años, y que se use en Rusia y Mongolia para tratar trastornos depresivos en nuestros días.

Una investigación impulsada por la “Mongolian Academy of Science” demostró que la tradición y cultura de la zona estaba íntimamente ligada a las subespecies sativa y rudelaris. La sativa se usaba fundamentalmente para obtener aceite, mientras que la rudelaris, curiosamente, se usaba por sus características psicoactivas. Una de las hipótesis plausibles es que los chamanes de tribus que habitaban esta zona usaran rudelaris, entre otras plantas, para alcanzar el “trance chamánico”.

Es prácticamente imposible que adquiráis una verdadera semilla rudelaris puesto que no existe un interés por comercializarla. Una de las pocas variedades en el mercado que conservan el nombre es la Rudelaris Índica de Sensi Seeds, y sigue siendo un cruce de variedades índicas no identificadas por el banco y ejemplares de rudelaris.

En cambio, como hemos fundamentado en este apartado, lo que normalmente compraréis es aquello que hemos bautizado con el nombre de “plantas autoflorecientes”, una mezcla de rudelaris con índica y/o sativa.

LA PERSPECTIVA COMERCIAL

La primera semilla marihuana autofloreciente que se comercializó fue Lowryder #1. Allá por el 2005, la mayoría de la comunidad cannábica española se declaraba escéptica y aquellos que la probaban solían sacar conclusiones de todos los colores.

Lo que pasaba, básicamente, es que Lowryder #1 era uno de los primeros cruces entre la subespecie rudelaris, un ejemplar eminentemente sativo (William’s Wonder) y otro eminentemente índico (Northern Lights #2). Su juventud implicaba unos resultados que iban desde lo aceptable -debido a sus positivas características autoflorecientes y su mediocridad en lo que se refiere a colocón- hasta lo infumable.

El primer banco en comercializarla fue The Joint Doctor y la presencia de rudelaris en su producto final era demasiado evidente, incluso en aquellos ejemplares que resultaban ser moderadamente psicoactivos. La conclusión a la que llegaron la mayoría de cultivadores experimentados fue que resultaba sorprendente el tema de la floración automática pero seguía sin merecer la pena dedicarle tiempo y dinero para obtener aquellos cogollos.

Aún así, ya se había captado la atención de parte de los cultivadores y la comunidad cannábica estaba expectante, deseosa por ver los resultados de los futuros cruces que prometía The Joint Doctor. No tuvimos que esperar mucho para disfrutar de Lowryder #2, un cruce de Lowryder #1 con Santa María, una sativa de origen brasileño.

Con esta variedad sí podemos decir que las genéticas autoflorecientes entraron de lleno en el mercado del cannabis. El porcentaje de THC había ascendido de forma drástica -comparándolo con el de Lowryder #1- y la producción cada vez era más similar a la de sus primas carnales.

Fue tal el éxito que el banco de semillas The Joint Doctor pasó a llamarse Lowryder –aunque conserva el The Joint Doctor por alguna parte- en honor al cruce que le trajo fama y fortuna. Esta variedad fue tan popular que a día de hoy sigue comercializándose Lowryder #2, a pesar de que existen cruces con periodos de floración y exigencias nutricionales similares y mejores resultados.

Según el banco:
“Este es el esperadísimo sucesor de la variedad Lowryder #1 de Joint Doctor. Lowryder #2 es un producto revolucionario en el mundo de las genéticas autoflorecientes. Mediante la selección exhaustiva de ejemplares se pretendió la búsqueda del vigor, el rendimiento y el sabor de la Santa María original, manteniendo las características que hicieron popular a Lowryder #1.

El parental Santa María del que proviene Lowryder #2 estaba caracterizado por su abundante producción de resina, su exótico sabor y un colocón inspirador. Santa María es un híbrido de sativa originario de Brasil. Se necesitaron tres generaciones para elegir al parental adecuado.
Lowryder #2 es una planta pequeña y autofloreciente que produce fuertes efectos psicoactivos mientras te hace enloquecer con su embriagador sabor. A todo esto debemos añadir la abundante producción de resina, el rendimiento y al estabilidad claramente mejorada. Los cogollos son más grandes, compactos y aromáticos que los de la Lowryder original.

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Al igual que pasaba con Lowryder #1, no hace falta un habitáculo aislado o un ciclo de luz para que Lowryder # 2 florezca. Al aire libre o tras una de tus ventanas, Lowryder #2 estará lista para la cosecha mucho antes que cualquier variedad no autofloreciente.”

Como información adicional, la casa indica que:
Fabricante: The Joint Doctor.
Genética: Santa Maria x Lowryder.
Variedad: Ruderalis (autofloración).
Sexo: Feminizada.
Nivel de THC: 15.5%.
Nivel de CBD: 0.1%.
Lugar de cultivo: exterior, interior e invernadero.
Floración: 6 semanas.
Momento de la cosecha: 9 semanas desde la germinación.

Muchos cultivadores se enamoraron de las características de esta variedad, incluso los más experimentados, pues permitía que se llevaran a cabo dos o tres cultivos entre primavera y otoño, dependiendo de la calidez del lugar geográfico. Además, se podía realizar el cultivo en terrazas, pequeños balcones, exteriores carentes de nutrientes o incluso cerca de una ventana, en el interior de nuestras casas, obteniendo resultados aceptables y sin apenas requerir de nuestros cuidados.

La práctica totalidad de semillas autoflorecientes que compraréis hoy en día provienen de Lowryder #1 y #2 aunque han seguido siendo cruzadas con variedades índicas y sativas y aumentando su potencia, generación tras generación, mediante la selección de los mejores ejemplares.

Por otra parte, la mayoría de ejemplares que adquiriréis tienen más influencia índica que sativa. Esto se debe a que las índicas tienen un periodo de floración más corto que las sativas -de la misma forma que los ejemplares de rudelaris- y una de las características que más valoran los cultivadores es que entorno a los dos meses desde su germinación podemos cortar la planta para secarla.

Además, resulta mucho más sencillo estabilizar los ejemplares del cruce rudelaris-índica que los del cruce rudelaris-sativa. Algunos genetistas han concluido que las subespecies rudelaris e índica tienen un mayor parecido entre sí y son más compatibles para crear híbridos estables y para llevar a cabo programas de crianza.

Aún así, las casas son perfectamente consciente de que existen cultivadores y fumadores para todos los gustos y han puesto a la venta variedades autoflorecientes con mayor influencia sativa e, inevitablemente, con un periodo de floración más largo, como la Haze Automatic de Dinafem, que puede ronda los 80 días desde la germinación hasta la cosecha.

Debemos advertiros de que sigue existiendo cierto riesgo de encontrar ejemplares no autoflorecientes en nuestros lotes y que a nosotros nunca ha dejado de salirnos alguna planta “rana” desde que comenzamos nuestra aventura con genotipos de floración automática. En otros casos también puede ralentizarse la floración más de lo que indica el banco.

Sea como sea, la mejor forma de evitar problemas es observar el tiempo que tardan en florecer. Si este supera los 30 días, muy probablemente estaréis ante un ejemplar con algún problema en su autofloración. Simplemente descartarlo en el caso de que no podáis albergar una planta más grande, aumentar el tiempo de cultivo o darle periodos diferenciados de luz y apropiados para las diferentes fases de las plantas no autoflorecientes.

En las últimos cultivos hemos estimado un error de 25 a 1, arrojando un 4% de plantas defectuosas al margen del banco que cultivábamos. Esto no quiere decir que no haya bancos con genéticas más estables y logradas que otros, pero nunca hemos hecho una muestra lo suficientemente grande de un solo banco para hacer tal afirmación.

Nos despedimos por este mes y avecinamos que en próximos números de Cannabis Magazine nos adentraremos en las ventajas y desventajas de las semillas autoflorecientes, en sus peculiaridades nutricionales, en la forma de obtener nuestras propias semillas de floración automática y mucho más.