Cómo médicos, psiquiatras y políticos interpretaron el cannabis en la década de 1940
por Mónica Hinojosa Becerra e Isidro Marín Gutiérrez, @isidromarin
En septiembre de 1942, el American Journal of Psychiatry publicó un trabajo titulado “Los aspectos psiquiátricos de la intoxicación de marihuana” en donde se afirmaba que la adicción no era tan fuerte como la adicción al tabaco o al alcohol. En una investigación que realizó Samuel Allentuck y Kari M. Bowman sobre sujetos internados en hospitales psiquiátricos, descubrió nueve casos de psicosis en 67 fumadores de marihuana.
En este estudio podemos leer:
“No existe psicosis característica de la marihuana. La marihuana no producirá una psicosis ex novo en una persona estable y bien integrada… Pero sí precipita una psicosis en una persona inestable. Esta psicosis puede durar sólo unas pocas horas o continuar durante algunas semanas. La psicosis puede ser controlada mediante la retirada de la droga y la administración de barbitúricos. La habituación psíquica a la marihuana no es tan fuerte como la que se produce en los casos del alcohol o el tabaco… No existen pruebas de que el uso continuado de la marihuana sea un escalón para el uso de opiáceos. El uso prolongado de la droga no conduce a ninguna degeneración mental, física o moral, y tampoco hemos observado ningún efecto deletéreo permanente producido por uso continuado” (Allentuck, 1942: 248).
Meses más tarde, en diciembre, una editorial de la Journal of the American Medical Association calificaba el artículo de Samuel Allentuck y Bowman de “cuidadoso estudio” y mencionaba los usos terapéuticos potenciales del cannabis en el tratamiento de la depresión, la pérdida de apetito y la adicción a los opiáceos. Pero en los años siguientes las editoriales de esta publicación cambiarán sus puntos de vista con respecto al cannabis por presiones del gobierno de los Estados Unidos. Recibieron y publicaron cartas denunciando el informe LaGuardia, del director de la Oficina de Narcóticos (FBN), Harry Anslinger, en enero de 1943, y de R. J. Bouquet, un experto que trabajaba para la Comisión de Narcóticos de la Sociedad de Naciones en abril de 1944 (Grinspoon y Bakalar, 2001:36).
El cannabis en las revistas médicas
En 1944 se publicó parte del Informe LaGuardia. El informe LaGuardia no fue el único estudio sobre el cannabis en los años 40. El Servicio de Salud Público también dirigió experimentos con cannabis. Al contrario que en el informe de LaGuardia ofreció a los estudiados tantos cigarrillos de cannabis como quisieron durante 39 días. El cannabis lo proporcionaba el mismísimo FBN (Federal Bureau of Narcotics) y todos los voluntarios eran prisioneros, que habían utilizado anteriormente cannabis, e irónicamente todos estaban en la cárcel por violar la Marijuana Tax Stamp Act. Los investigadores notaron que se desinhibían pero que en la mayoría de los casos no veían agresión o beligerancia. Existía una tolerancia a la marihuana pero en ningún caso se observaba dependencia física.
Hubo más estudios en los años 40. Eran principalmente de registros oficiales de pleitos y problemas psiquiátricos relacionados con el uso de cannabis. La mayor parte de los pacientes eran casi todos negros. Un estudio involucró a 34 negros y un soldado blanco (Newsweek, 15 enero de 1945). En el fuerte Mcclean, Alabama, donde la proporción de reclutas era de siete blancos por un negro, 55 negros y 5 blancos fueron enviados al servicio psiquiátrico relacionado con el consumo de cannabis. Comentando sobre el tema racial había gran número de soldados negros que recibían tratamiento. Charem y Perelman, los autores de uno de estos estudios declararon que la preponderancia de los negros era debida a que la marihuana era “necesaria para ellos”. Así que “(…) La psicopatía y la ansiedad de los negros es el resultado de las relaciones familiares en la infancia. También parece un sentimiento de resentimiento hacia la sumisión que se requiere por los estereotipos blancos de conducta de los negros. La marihuana es la forma con la que se quitan la ansiedad y la sumisión. La marihuana le permite al adicto negro que sienta un sentimiento de dominio negado por su color. El psicópata blanco con problemas de personalidad dual y con frustración encuentra en el alcohol su satisfacción más aceptable” (Charen y Perelman, 1942:68).
En 1944 hubo un estudio por parte de dos psiquiatras del ejército de los Estados Unidos en donde se apuntaba los mismos datos de un estudio de dos grupos de soldados inadaptados que trataron obtener su licenciamiento aficionándose al cannabis, demostraron que podía producirse una intensa dependencia psicológica incluso con una sustancia como el cannabis que no daba lugar a toxicomanía somática:
“Las personas que dependen de la marihuana no están afectadas por la condena, por las recompensas, por los castigos de la sociedad o cualquiera de los incentivos o privaciones que afectan el comportamiento de los pacientes normales o neuróticos… Un cálculo que puede producir la marihuana sólo se puede obtener considerando su uso como parte de un tipo vital total. Los problemas de la habituación a la marihuana no se pueden entender partiendo del estudio de sus efectos en los no habituados o en personas que no llegan a habituarse. Esto es, en personas para las cuales los problemas de la personalidad que lleva consigo la habituación resultan extraños o ajenos. Es necesario recalcar que el problema no es la droga, sino los usuarios de la droga: su persona y su relación consigo mismo y con la sociedad. En cuanto grupo, su medio social estaba cargado de factores diversos de tipo familiar, económico y cultural. Sus vidas se caracterizaban por la delincuencia, la conducta criminal y el fracaso en lo referente al desarrollo de pautas vitales persistentes de trabajo productivo. De hecho se han sentido, y han actuado en consecuencia, como extraños y como enemigos de la sociedad. El espectro de la personalidad de los miembros del grupo muestra un modelo típico de respuesta a situaciones repetidas de frustración o privación. Por un lado, existe una inmediata y constante gratificación del deseo de placer sensorial y de omnipotencia, así como la necesidad de vencer su intolerable ansiedad. Por otro lado, se manifiesta una hostilidad y agresividad hacia los demás, especialmente hacia aquellos que tienen autoridad, mediante la creación neurótica de situaciones que conducen a ulteriores sufrimientos. La habituación a la marihuana sirve para satisfacer simultáneamente todos los estímulos. Pero esto es sólo un aspecto del complejo cuadro que ofrece la mala adaptación” (Marcovitz y Meyer, 1944:382).
El Informe LaGuardia junto con estos estudios psiquiátricos y otros estudios médicos de México pasaron inadvertidos por la escena internacional.
A partir de 1945 se vuelve a prohibir, después de la II Guerra Mundial, el cultivo de cáñamo en los Estados Unidos. Newsweek informaba que más de 100.000 americanos consumían cannabis (Herer, 1999:182). Pero la prohibición aún no es total. Todavía el consumo de hachís en la India continua siendo legal y después de la guerra (1945-1955) el uso de hachís en Grecia florecía de nuevo. Así como la ley de 1948 de Puerto Rico, que en su artículo 30, permitía la siembra de cáñamo con fines industriales pero no se llevó a cabo por presiones de la prensa y de las instituciones. Finalmente se logró derogarla el 19 de abril de 1960 (Marín Gutiérrez, 2016).
La American Medical Association (AMA) expresó su acuerdo con la Oficina Federal de Narcóticos en la editorial siguiente publicada en abril de 1945:
“Por muchos años los científicos médicos han considerado el cannabis como una droga peligrosa. Sin embargo, un libro titulado Marihuana Problems de la Comisión de la Ciudad de Nueva York para el Estudio de la Marihuana ofrece el análisis de diecisiete doctores realizado sobre 77 presos y, sobre estas bases, pobres y completamente acientíficas, plantea unas conclusiones dogmáticas e inadecuadas que minimizan el carácter dañino de la marihuana. Ya el libro ha hecho daño… El libro afirma de forma injustificada que el uso de este narcótico no conduce a degeneración física, mental o moral y que no se observaron efectos permanentes derivados de su uso continuado por los 77 presos. La afirmación había hecho ya un daño importante a la causa de la aplicación de la ley. Los miembros de la Administración harán bien en no prestar atención a este estudio acientífico y acrítico y continuar considerando la marihuana como una amenaza dondequiera que sea suministrada” (Grinspoon y Bakalar, 2001:36).
En 1946 se realizaron estudios entre reclusos en los Estados Unidos sobre las cualidades somáticamente habituadoras y toxicómanas del cannabis. Así se permitió que un grupo de reclusos durante un mes tomaran lo que quisieran de una versión sintética del cannabis (pyrahexyl, un sintético del cannabis que se ha visto beneficioso para la adicción al alcohol y opiáceos). Al principio se manifestaron los efectos normales, pero al cabo de unos días la euforia dejo paso al cansancio. Los sujetos se hicieron perezosos, su ritmo cardiaco y su temperatura decayeron y aumentaron de peso. Tenían problemas de compresión en general, para el pensamiento analítico y para los test de destreza manual. Al retirarles la sustancia no mostraron síntomas de abstinencia ni tampoco pidieron más (Williams y otros, 1946: 1059).
Más estudios sobre cannabis
En 1946 se reunió la Comisión de Naciones Unidas con respecto a las Drogas (o Comisión de Estupefacientes). Se decidió no crear ningún subcomité para tratar al cannabis. El Informe LaGuardia y estudios mejicanos habían apuntado que el cannabis no ofrecía peligro real (salvo una pequeña influencia en el comportamiento delictivo). Los médicos mejicanos eran de la opinión que su uso no tenía efectos perjudiciales sobre la salud del consumidor. El gobierno mejicano se preguntó si las restricciones al cannabis no producirían su reemplazo por el alcohol lo que podría tener peores resultados. Estados Unidos no compartió este punto de vista y citó ejemplos de la fuerte relación entre cannabis y crímenes (Bruan, Pan y Rexed, 1975: 195).
En 1947 Douthwaite usó hachís para reducir la ansiedad y la tensión en pacientes con úlcera duodenal y también para la anorexia nerviosa (Grinspoon, 1971:21).
El cannabis ahora en vez de violencia produce paz
En 1948, Harry Anslinger cambió sus teorías con respeto al cannabis. Antes era una sustancia que convertía a personas normales en asesinos y ahora declara ante el Congreso que el uso del cannabis hace que los consumidores lleguen a ser tranquilos y pacifistas. Declara que los comunistas a través del cannabis lograban que los americanos perdieran el deseo de luchar (Herer, 1999:81). Años más tarde, entre 1952 y 1954 el senador Joseph McCarthy realizó una auténtica caza de brujas a la búsqueda de comunistas infiltrados en la Administración y en el mundo del arte. McCarthy era adicto a la morfina, su “camello” era el mismo Anslinger. Éste lo hacía para que los “comunistas” no pudieran chantajear a este “gran senador americano” (Anslinger, 1961). McCarthy acabó alcohólico perdido y murió de cirrosis en 1957.
Anslinger intentó persuadir a los miembros de Naciones Unidas de que el cannabis era un peligro mundial. Se había prohibido porque era una droga que causaba violencia y ahora se prohíbe porque produce tranquilidad. Los países comunistas no podían hacer otra cosa más que reírse cada vez que podían en la prensa y en las Naciones Unidas (Herer, 1999:81). Aunque en la década siguiente llegaron a creérselo gracias a la prensa sensacionalista a nivel mundial. Los países comunistas declararon ilegal la marihuana por miedo a que Estados Unidos la vendiera o se la proporcionara a los soldados rusos y chinos y estos se volvieran pacifistas (Herer, 1999:82).
En 1948, la Comisión de Naciones Unidas con Respecto a Drogas se preparaba la eliminación del cannabis para usos medicinales (Cebrian, 1997). La OMS llegó a la conclusión de que el uso de cannabis era peligroso desde cualquier punto de vista ya fuera físico, mental o social. De 1949 a 1952 se pidió a la Secretaría de Naciones Unidas estudios para encontrar alternativas a las cosechas de fibras del cáñamo sin THC.
Pero a pesar de que las autoridades buscaban la manera de prohibirla a nivel planetario, seguían existiendo evidencias de las bondades terapéuticas del cannabis. Así que en 1949 Davis y Ramsey (1949:284-285) informaron de su estudio sobre los efectos del THC en los niños epilépticos demostrando las propiedades anticonvulsivas del THC. Aunque también ese año desapareció el cannabis del Códice Farmacéutico Británico.
BIBLIOGRAFÍA
- Allentuck, S. and Bowman, K. M. (1942). “The Psychiatric Aspects of Marihuana Intoxication,” American Journal of Psychiatry, 99(2).
- Anslinger H. J. y Oursler W. (1961). The Murderers. The story of the narcotics gangs. Farrar Straus, New York.
- Bruan K., Pan L. y Rexed I. (1975). The gentlemen´s Club. University of Chicago Press. Chicago.
- Cebrián J. (1997). Marihuana: Los orígenes de la prohibición. Cáñamo, 1: 16-18.
- Charen S. y Perelman L. (1942). Personality studies of marihuana addicts. American Journal of Psychiatry, 102.
- Davis, J. P. y Ramsey, H.H. (1949). Antiepileptic action of marihuana-active substance. Federation Proceedings, 8.
- Grinspoon, L. (1971). Marihuana reconsidered, Harvard University Press, Cambridge.
- Grinspoon, L. y Bakalar, J.B. (2001). Marihuana. La medicina prohibida. Paidós, Barcelona.
- Herer, J. (1999). El emperador está desnudo, Castellarte S.L., Castellar de la Fra.
- Laurie, P. (1994). Las drogas. Alianza-ed. Del Prado, Madrid.
- Marcovitz, E. y Meyers, H. J. (1944). The marijuana Addict in the Army. War Medicine, 6.
- Marín Gutiérrez, I. (2016). Historia General del Cannabis. Amargord: Madrid.
- Williams, E. G. y otros (1946). Public Health Reports, 61.
Acerca del autor
Isidro Marín Gutiérrez nació en la ciudad de Huelva en 1975. Es Doctor en Antropología Social y Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Ha publicado 29 artículos en revistas científicas, 18 libros y 15 capítulos de libros. Entre sus múltiples publicaciones e investigaciones





















