En este artículo nos ocuparemos de analizar y comparar pormenorizadamente las tasas de mortalidad asociadas a la práctica de los deportes de nieve y al consumo de MDMA con el propósito de determinar si el distinto tratamiento social y legal que se le brinda a una y otra conducta están o no justificados en razón de los riesgos que ambas tienen para la salud.

Poniendo al lector en antecedentes, le haremos saber que, hace años, el investigador británico Newcombe tomó en consideración el número estimado de personas que practican diversas actividades deportivas en el Reino Unido y el número estimado de defunciones anuales asociadas a tales actividades. Además, hizo lo mismo en lo que se refiere al consumo de sustancias psicoactivas legales e ilegales, valiéndose, en ambos casos, de datos y estadísticas obtenidas de organismos oficiales. A continuación ideó un modelo que categorizaba el riesgo de mortalidad en nueve niveles, (de máximo a mínimo), en razón del número de muertes por el número de practicantes de cada actividad en concreto. Por ejemplo: una muerte por cada diez mil practicantes; una por cada cien mil; etc. Posteriormente comparó los resultados y, ¡SORPRESA!, encontró que los deportes de nieve (esquí alpino y snowboard) y el uso de MDMA estaban en la misma categoría, la de “riesgo bastante bajo”, con una probabilidad estadística de defunción de uno entre cien mil, siendo el rango completo de esta categoría de 1 muerte por cada 50.001 practicantes de la actividad a 1 muerte por cada 500.000 practicantes de la actividad1.

A la luz de las estrellitas que nos ha hecho ver este primer zurriagazo, mejor será que vayamos tomando asiento, respiremos hondo, bebamos algo y que nos coloquemos bien los protectores dentales ya que, visto lo visto, el combate se adivina movidito.

En efecto, aquí no queda la cosa. Podemos achuchar aún más. Y lo vamos a hacer. Cúbranse y observen:

Otras formas de calcular los índices de siniestralidad son posibles, y algunas de ellas, parecen, incluso, más rigurosas y ajustadas a la realidad que la que acabamos de exponer. Hay quien opina, por ejemplo, que, en lugar de tomar en consideración, únicamente, el número de aficionados y el número de defunciones, sería más adecuado atender a la cantidad de ocasiones en que los aficionados practican la conducta objeto de estudio, o, lo que es lo mismo, el número de veces en que los susodichos se exponen realmente al riesgo que se trata de analizar. De este modo podría obtenerse una estimación de las veces que hay que exponerse a determinado riesgo para que dicho riesgo se materialice en un daño. Así pues, veámoslo, a continuación, desde esta óptica.

En el caso de los deportes de nieve, el número de exposiciones es extremadamente fácil de calcular, en tanto en cuanto, para acceder a una estación es necesario adquirir el preceptivo pase (forfait). De modo que, bastará con contar el número de forfaits vendidos para saber el número de esquiadores y snowboarders que han visitado las pistas o, lo que es lo mismo, el número de exposiciones. A su vez, el cálculo del número de fallecidos en las pistas tampoco presenta especiales dificultades, puesto que, con tener acceso a los registros de los servicios de emergencia con los que cuentan todas las estaciones de esquí, el 80% del trabajo ya está hecho, y el 20% restante se puede resolver si grandes problemas contratando a un becario que, simplemente, sepa sumar. Después, con los datos en la mano, se multiplica por aquí, se divide por allá y… ¡voilà!, se obtiene como resultado la mencionada estimación del riesgo por el número de exposiciones, que, en el caso que nos ocupa, según un estudio de 32 años de seguimiento realizado en Australia, vendría a ser de 0,87 defunciones por cada millón de visitas a las pistas o de 1 muerte por cada 1,4 millones de visitas (días/esquiador) según otro de los estudios más completos sobre la mortalidad asociada a los deportes de nieve (esquí y snowboard) realizado en los Estados Unidos.

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Por su parte, en lo que respecta a la MDMA, cabe decir que, lamentablemente, resulta imposible conocer estos datos de forma absolutamente fiable, ya que, ni la cofradía de los camellos lleva un recuento riguroso de las pastis que vende ni la sanidad pública está en disposición de detectar y registrar todas y cada una de las muertes que se producen en relación al uso de esta u otras drogas. De modo que, en este punto únicamente podemos remitirnos a las estimaciones que buenamente nos ofrecen aquellas instituciones que, entre las muchas que trabajan en el ámbito profesional de las drogodependencias, consideramos más fiables, rigurosas y objetivas.

Entre ellas, destaca, sin ningún género de dudas, el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (OEDT). Así que veamos, a continuación, si esta entidad tiene algo que decir al respecto del tema que nos traemos entre manos.

Efectivamente, lo tiene. En su Informe 1999 sobre El Estado del Problema de las Drogas en la Comunidad Europea, estima, concretamente, que el índice de mortalidad asociado al consumo de MDMA es de una defunción por cada 6.800.000 pastillas consumidas (6,8 millones de dosis ingeridas).

De todos modos, lo cierto es que, si queremos establecer equivalencias, también tendremos que tomar en consideración la duración media de las exposiciones al éxtasis y al esquí, puesto que pudieran ser muy diferentes y, en consecuencia, difícilmente equiparables de forma directa. Veamos, pues, cuánto dura, normalmente, una jornada de esquí y cuánto una sesión de MDMA.

  1. En España, las estaciones de esquí suelen tener un horario completo de 9 de la mañana a 5 de la tarde, a la vez que ofrecen la posibilidad de adquirir forfaits de horario reducido de 12 de la mañana a 4 o 5 de la tarde. De modo que, una jornada completa de esquí equivale a un máximo de 8 horas (siendo lo más probable que en el resto del mundo la duración sea idéntica o muy similar), debiendo tenerse en cuenta que no todas las visitas son de jornada completa y que, incluso en estas últimas, es habitual que tengan lugar tiempos muertos dedicados a descansar, a comer, etc.
  2. En España y en cualquier otra parte del globo terráqueo, el efecto álgido de una dosis de éxtasis dura aproximadamente 4 horas, a las que han de sumarse otras dos horas de post-efectos hasta que se retorna a la línea base. De modo que, la duración completa de una sesión de MDMA es de un mínimo de 6 horas.

Conclusión

Una toma de MDMA equivaldría, al menos, a tres cuartas partes de una jornada completa de esquí. De tal manera que, para hablar de exposiciones al esquí y exposiciones a la MDMA en términos equivalentes nos bastará con contabilizar únicamente las tres cuartas partes de las pastillas que el OEDT estima que se consumen por cada defunción asociada al uso de esta sustancia. Siendo así, las cifras que obtendríamos serían las siguientes:

  • 0,87 defunciones por cada millón de visitas a una estación de esquí (según el estudio australiano).
  • 1 muerte por cada 1,4 millones de visitas (según el estudio norteamericano).
  • 1 fallecido por cada 5.100.000 millones de pastillas consumidas (según el OEDT).

Es decir que el índice de mortalidad asociado al consumo de MDMA sería considerablemente inferior al asociado a la práctica de los deportes de nieve (esquí y snowboard). De modo que, una visión ponderada y desprejuiciada del asunto que tomase en cuenta los distintos índices de mortalidad obtenidos por unos y otros estudios (Newcombe, Schifano, Sherry, Sangran, etc.) nos llevaría a entender que, en razón de la mortandad proporcional asociada a la práctica de ambas conductas, no se sustenta ni se justifica, en modo alguno, el desigual tratamiento social y legal que ambas actividades reciben.

            ¡Ding – Dong! Fin del Asalto.

Anexo

El estudio más reciente, riguroso y exhaustivo de todos los que hay hasta el momento (1) arroja unos índices de mortalidad de 1,75 defunciones por cada 100.000 consumidores de MDMA de 16 a 59 años en razón de las autopsias en las que sólo se menciona la presencia de éxtasis (104 casos de un total de 605 registrados en el Reino Unido durante el período 1997-2007). A su vez, el índice de mortalidad obtenido en razón de las autopsias en las que se menciona la presencia de MDMA más otro tipo de sustancias es de 10,89 defunciones por cada 100.000 consumidores. Al respecto, no obstante, cabe hacer las siguientes puntualizaciones:

  1. Entre las 605 defunciones asociadas al éxtasis únicamente se detecta MDMA en 564 casos, en los restantes se identifican otras sustancias de perfil similar, pero, técnica y estrictamente hablando, distintas a la MDMA (MDA 117 casos; MDEA 4 casos; PMA 1 caso).
  2. En el 44,5% de las defunciones asociadas al consumo de éxtasis se detecta la presencia de opiáceos (heroína 25,3%; metadona 9,3%; otros opioides 9,9%), dándose la circunstancia de que todos los estudios coinciden en revelar que sólo un mínimo porcentaje de los usuarios de MDMA consumen este tipo de drogas. Lo cual vendría a indicar que la presencia de opioides estaría sobredimensionando muy marcadamente las tasas de mortalidad asociadas al consumo de éxtasis, hasta el punto de que se podría pensar que la detección de este tipo de productos vendría a reflejar la mortalidad asociada al uso de opiáceos más que la relacionada con la MDMA.
  3. El 22,3% de los difuntos demostraba haber consumido cocaína además de éxtasis (y el 31,6% alcohol), lo cual, unido al 44,5% que había tomado opiáceos, viene a indicar que buena parte de tales muertes, más que reflejar la mortalidad asociada al uso de MDMA, reflejan la mortalidad asociada al policonsumo de drogas. Si a ello añadimos el hecho de que en la gran mayoría de estos casos –sobre todo en los que se detectan opiáceos– se desconoce el papel real que haya podido jugar el éxtasis en la defunción o, de hecho, se intuye que dicho papel habrá sido mínimo, cabe concluir que la cifra de 10,89 defunciones por cada 100.000 usuarios resulta, a todas luces, desproporcionada, y constituye un reflejo distorsionado de la mortalidad asociada al uso de MDMA.
  4. En razón de todo ello, se entiende que la tasa de 1,75 muertes por cada 100.000 usuarios se ajusta más a la realidad, aunque, probablemente, sea ligeramente superior.
  5. En cualquiera de los casos, si tomamos por buena la cifra de 1,75 muertos por cada 100.000 usuarios, la mortalidad asociada al uso de éxtasis coincidiría plenamente con la mencionada por Newcombe y, en su escala de categorización del riesgo, el uso de MDMA se situaría en el nivel de riesgo “bastante bajo”. A su vez, si damos por buena la cifra de 10,89 defunciones por cada 100.000 usuarios, el riesgo asociado al consumo de éxtasis (recordemos, en combinación con otras drogas) pasaría al nivel “medio”, es decir, al correspondiente a 1 muerte por cada 10.000 practicantes de la conducta.
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Acerca del autor

Eduardo Hidalgo

Yonki politoxicómano. Renunció forzosamente a la ominitoxicomanía a la tierna edad de 18 años, tras sufrir una psicosis cannábica. Psicólogo, Master en Drogodependencias, Coordinador durante 10 años de Energy Control en Madrid. Es autor de varios libros y de otras tantas desgracias que mejor ni contar.