“Si la sociedad sigue a este paso creo que veremos místicos otra vez, como los hubo en todas las épocas oscuras. (…) Y la humanidad, como la tribu judía en el desierto, se pondrá a adorar a toda suerte de ídolos.”

Gustave Flaubert

Hace meses que llevo dándole vueltas al terrible problema que suponen los nuevos ídolos musicales que abanderan la escena cannábica más mediática y actual . Aunque también soy de los que piensa que es mejor que se hable, sea de la forma que sea, sobre el uso desprejuiciado de la marihuana, me preocupan las inevitables consecuencias de que Justin Bieber, Snoop Dogg o Miley Cyrus sean los nuevos ídolos de nuestros jóvenes fumones.

Por Lorenzo Buendía

 La primera e inevitable pregunta que surge de esta preocupación es ¿en qué se diferencian de los ídolos de antaño? Pues, básicamente y sin intención de escribir un artículo en torno a esta idea, el ídolo musical (en este caso apoderado de masas y relacionado directamente con el uso de cannabis) nació en la psicodelia, junto a un ideario muy concreto y reivindicativo, en el que la paz, el amor, el respeto y la igualdad eran máximas siempre presentes en las letras de sus canciones, amén del libertinaje y la experimentación sensorial.

Jimi Hendrix
Jimi Hendrix

Hendrix, Lennon, Dylan, Morrison, Janis Joplin, Page, los hermanos Fogerty, Jagger y otros muchos configuraban la contracultura de los 60, un movimiento extremadamente diferenciado y, a la vez, conexo y armónico. Todos creían en la posibilidad de que las costumbres más arraigadas y perjudiciales podían ser modificadas a través de la apertura de nuestras maleables conciencias. El cannabis y la LSD fueron las sustancias que más se popularizaron, convirtiéndose en una herramienta hacia el conocimiento personal y la exploración de diferentes percepciones de la realidad.

Mientras tanto, un rastafari jamaicano tomaba fuerza en el panorama musical yanki y popularizaba el reggae, el ska y el rocksteady en todo el mundo. Bob Marley es, probablemente, el ídolo musical y cannábico más importante de la historia. Aunque con el tiempo hemos sabido que sus creencias y procederes entran en conflicto con preceptos morales tomados por muchos de nosotros como universales (véase el trato hacia la mujer, las tendencias homófobas y otros muchos parecidos entre el catolicismo o el sionismo y el movimiento rastafari) lo cierto es que sus canciones, sus letras, aquello que realmente caló en el imaginario colectivo y se convirtió en la imagen generalizada de este (aparentemente) buen hombre de pelo extremadamente largo y “enrastizado”, también se fundamentaban en el amor, la paz, el respeto y la comprensión.

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Bailando en Woodstock
Bailando en Woodstock

Pues bien, después de este inciso (puesto que se trata de un tema manido y bien conocido por todos) detengámonos en lo que aquí nos ocupa, los nuevos ídolos cannábicos.

Por un lado tenemos a Snoop Dogg, un rapero californiano con cara de pocos amigos que se ha ganado la empatía de jóvenes a los que ni siquiera le gusta el rap por su declarada condición de fumeta. Especialmente durante los últimos años de su carrera, Snoop se ha involucrado directamente con Jamaica, el movimiento rastafari y el cannabis, haciendo trabajos que le distancian de sus raíces y le acercan a la música isleña.

Bob Marley
Bob Marley

Para qué engañarnos, su descarado discurso y la forma en la que muestra su consumo en vídeos musicales y actos públicos me provoca cierta simpatía, pero no puedo borrar de mi recuerdo otros muchos vídeos y canciones sexistas, su limitada oratoria (a pesar de las supuestas rimas elocuentes) y su aspecto de gánster. Pasamos del discurso pacífico al “Be careful my friend. He estado en la cárcel, me han disparado y soy un chico malo. No quieres tener problemas conmigo. Respect”; del escape de lo material a la opulencia, al mostrarse cubierto de joyas y pasearse en coches bañados en oro que botan sobre suspensiones que cuestan miles de euros; del respeto de la mujer, la lucha por la igualdad, a la muestra de mujeres objeto que hacen botar sus gigantescos culos (justo debajo de sus minúsculas cinturas) al ritmo de las suspensiones anteriormente mencionadas. Repulsivo vamos, con todas las letras.

El cantante Snoop Dogg en una foto de archivo.
Snoop Dogg

Y de él viajamos a ídolos de adolescentes que se han convertido en jóvenes (tanto ellos, los ídolos, como sus seguidores), Miley Cyrus y Justin Bieber. Ambos caben en el mismo saco argumental aunque la primera esté empeñada en convertirse en la imagen del explícito consumo cannábico por excelencia. El segundo, sin embargo, se limita a acaparar portadas en las que se afirma que ha tenido problemas con la policía bajo los efectos de la marihuana.

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justin-bieber
Justin Bieber

Como podéis intuir, el poso es el mismo. ¿En qué beneficia a la comunidad cannábica que el niñato-que-no-alcanza-la-veintena más conocido del mundo mezcle alcohol con cannabis y se ponga al volante? ¿Sirve realmente de algo que una exestrella de Disney con apariencia anoréxica y canciones vacías (Es nuestra fiesta, podemos hacer lo que queramos; Es nuestra fiesta, podemos decir lo que queramos; Es nuestra fiesta, podemos amar a quien queramos; Podemos besar a quien queramos; Podemos follar a quien queramos), carentes de cualquier valor existencial, se fume un porro en los MTV Awards?

Miley Cyrus
Miley Cyrus

Pues no, queridos fumones, no nos beneficia ni sirve absolutamente para nada. Al contrario, ellos son los principales motivos de que aún exista una visión sesgada sobre la marihuana. Hoy, que internet nos permite saber que hace más de un lustro se descubrieron propiedades anticancerígenas en el cannabis, ¿por qué no se ha investigado al respecto? Al margen del principal motivo (las farmacéuticas y los potenciales beneficios derivados de una posible investigación) existe un prejuicio arraigado en las generaciones adultas del occidente europeo, uno que no nos permite tomar la fuerza necesaria para priorizar y normalizar una planta que, largo tiempo atrás, ha demostrado conllevar infinidad de usos positivos y de repercusiones negativas controlables e insignificantes en comparación a otras sustancias reguladas.

Como habitualmente advierto, aunque se trate de la cantinela de siempre, sólo se cansan de luchar por sus derechos aquellos que olvidaron la importancia de los mismos. De nada sirve resignarse y pensar que ni si quiera somos conscientes de quién corta el bacalao. Lo primero es prestigiar el entorno cannábico y concienciarnos de hasta qué punto nos vemos condicionados por los medios de comunicación y las grandes empresas.