Siempre hemos escuchado la palabra el “Zar de las drogas” pero muchas veces no sabemos exactamente a qué se está refiriendo.

por Mónica Hinojosa Becerra e Isidro Marín Gutiérrez, @isidromarin

Esta palabra no tiene nada que ver con el rey de Rusia o con un gran narcotraficante sino que se le concede al jefe máximo encargado del control de drogas en los Estados Unidos. En este artículo conoceremos a la primera persona que obtuvo este título de Zar de las drogas, Harry Anslinger.

Harry Jacob Anslinger nació en Altoona, en Pennsylvania, en los Estados Unidos, en 1892. Era de ascendencia suiza y alemana. Su padre trabajaba como barbero. En 1881 sus padres llegaron a Nueva York. Harry era el octavo de nueve hijos que tuvo la familia. Sus primeros años los pasó en la escuela y los veranos trabajaba como ayudante en la seguridad de los ferrocarriles. Afirmaba que él se dio cuenta de los males de las drogas cuando un amigo suyo, un chaval del coro, murió por culpa del opio fumado. Aparecen otras tragedias descritas por él como que a los 16 años tenía que buscar morfina para la mujer de un vecino, los gritos de la mujer en estado de abstinencia se escuchaban por todo el vecindario. Otra experiencia traumática, según su testimonio, fue cuando algún tiempo después un conocido y prometedor cantante fallecía a causa del opio.

A la edad de 17 años estudió en la Universidad de Latona. A los 21 estudió cursos de Dirección de Negocios. El punto de inflexión en su vida lo tuvo cuando se casó con Marta Kind Denniston en 1917 a la edad de 25 años. Marta era sobrina de Andrew W. Mellon, del Ministerio de la Tesorería Americana. En 1917 después que los Estados Unidos entraran en la I Guerra Mundial Anslinger se hizo funcionario de ordenanzas en el Departamento de Guerra. Como no le gustó pasó a la Secretaría de Relaciones Exteriores y le enviaron a Holanda como agregado en la delegación de los Estados Unidos. Después de la guerra permaneció en el servicio extranjero hasta 1926. Sirvió como vicecónsul en Hamburgo (1921-1923), Alemania, Venezuela, Nassau y Bahamas (1924-1928). En 1926, siendo cónsul de los Estados Unidos en las Bahamas, cerró un acuerdo con los británicos para poner coto al contrabando de ron que se llevaba entre Nassau y la costa de los Estados Unidos.

Sus inicios antidrogas

Durante el periodo de la Ley Seca (1919-1933) Anslinger trabajó para el gobierno. Estaba prohibido la venta, fabricación y transporte de licor (el consumo no estaba penado, se castigaba como evasión de impuestos). Anslinger quería que el consumo estuviera penado. Pensaba que era la única manera de que las personas obedecieran la prohibición del alcohol. Quería que los que fueran condenados por primera vez pasaran seis meses en la cárcel y que pagaran una multa de 100 dólares. La reincidencia aumentaba la pena de dos a cinco años y la multa hasta un máximo de 50.000 dólares. Sus sugerencias no se llevaron a cabo ya que pecaban de excesivas y duras. Ayudó al gobierno en tareas de control al narcotráfico y en 1929 se hizo auxiliar de la Unidad Prohibicionista.

En 1930 la carrera de Anslinger dio un empujón mayor como resultado de un escándalo dentro de la Oficina Prohibicionista, concretamente en la División de Narcóticos de la Oficina Prohibicionista en Nueva York. En el que se descubrió el complot entre agentes de estupefacientes y traficantes de drogas. Así fue como se creó un nuevo departamento, el FBN (Oficina Federal de Narcóticos). Gracias a esto Harry fue nombrado jefe del Departamento de la Unidad Prohibicionista de la Oficina Federal Prohibicionista. En 1932 Anslinger fue nombrado comisionado de drogas narcóticas de la Oficina Federal de Narcóticos (FBN).

El primer de las drogas

Harry Anslinger, se convirtió así en el primer Zar de las drogas, fue nombrado gracias a Andrew Mellon, tío de su esposa. Mellon, secretario del Departamento del Tesoro, era también propietario del sexto mayor banco de los Estados Unidos (en 1937). Mellon estaba relacionado con las industrias de Du Pont, y las ventas del cáñamo amenazaban los esfuerzos de esa firma para crear un mercado de fibras sintéticas (Herer, 1999). También Anslinger deseaba unos Estados Unidos libres de todas las drogas. Así es como estaba muy preocupado por prohibir inmediatamente el cultivo de cáñamo para eliminar su industria legal y velar por los intereses de su tío político. La campaña contra el cannabis era una medida proteccionista extra para asegurar el proyecto de su tío. Los intentos de demonización del cannabis estaban encaminados en disminuir el capital de inversión de la industria del cáñamo.

La primera preocupación era la violación de la Harrison Act. Pero le llevaron a la conclusión que esta ley era básicamente contributiva (imponía multas) pero no prohibía el consumo. Pero Anslinger lo veía como un consumo despreciable al igual que sus consumidores. Anslinger preparó su acción contra el cannabis para prohibirla totalmente en seis años. Muchos investigadores piensan que si Anslinger no hubiera existido el problema de la marihuana se hubiese visto de otra forma. Yo pienso que existían tantos factores en contra del cannabis que si le quitamos el factor decisivo de Anslinger igualmente se hubiera prohibido. También existen interrogantes respecto a si el FBN actuaba de tal forma por exigencias burocráticas y una necesidad de expansión y de cruzada moral o que el FBN creía firmemente su propia propaganda anticannabis (Bonnie y Whitebread, 1974:94).

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La ayuda de la prensa sensacionalista

Anslinger necesitaba de la prensa para sus intenciones, atrajo el interés de la gente para así obtener ayudas públicas para luchar contra el cannabis. Anslinger y su FBN compiló una serie de noticias durante el periodo de 1930 a 1934 en el que se conectaba el cannabis con el crimen, la conducta violenta y la locura (Herer, 1999). A partir de 1935 se observó como el FBN inundó los Estados Unidos con propaganda contra el uso de cannabis (Abel, 1980:237-247).  Utilizando datos estadísticos erróneos que informaban a la opinión pública del peligro inminente del cannabis. Anslinger comenzó a utilizar a la prensa para poner a la población de su lado antes de preparar una ley anti-cannabis común para todo el estado (Bonnie y Whitebread, 1974:65-66). Anslinger recomendaba que se prohibiera el cultivo de cáñamo en los Estados Unidos. La diseminación de aterradoras historias sobre el cannabis era una manera de darle al cáñamo un mal nombre. Con la llegada de la legalización del alcohol y la crisis económica Anslinger vio peligrar su puesto de trabajo. Se preocupó por su departamento y empezó a buscar un enemigo que amenazara al país. Así el FBN creó el problema de “la marijuana” que estaba basadas en conjeturas y rumores en donde la verdad objetiva y el método científico brillaban por su ausencia. Tenía primero que demostrar la peligrosidad del cannabis para mantener su oficina ante el Congreso de los Estados Unidos. Creía que antes tenía que tener a la opinión pública de su mano y empezó a hacer campañas en los medios de comunicación. Anslinger comenzó a publicar a partir de 1931 a través de dos artículos (Bonnie y Whitebread, 1974:77-76) en la revista Christian Science Monitor en donde se hablaba de problemas de violencia y crímenes.

Entrega documentación a los periódicos del polémico William Randolph Hearst. Publicaba que los hispanos violaban, robaban y mataban bajo la influencia de la marihuana. Culpaba al cannabis de volver a los consumidores en adictos, destruían su familia, sus cuerpos y sus mentes. Desde la Oficina Federal de Narcóticos se preparaban los artículos para que luego se difundieran en periódicos, revistas y radios. Gracias a esta buena campaña en los medios de comunicación se consiguió engañar a toda la población de los Estados Unidos. Entre 1920-1930 aparecieron pocos artículos comentando el problema del cannabis pero después de 1930 la prensa se llenó de artículos en contra de la marihuana; como “La juventud loca” (en el Christian Century), “Un peligro más para la juventud” o “La amenaza de la marijuana” (Popular Science Monthly); “Revelando los males de la marihuana en las bandas del swing” en Radio Stars); la mayoría de ellos pertenecían a los archivos del FBN. Muchos periódicos se adhirieron a favor de la prohibición del cannabis como el Birmingham Age Herald (de Alabama), el Washington Post, el Cleveland Plain Dealer, St. Lois Star Times (Bonnie & Whitebread, 1974: 101). Ahora os presento algunos casos extraídos del extenso archivo del FBN:

“Houston, Texas: 30 años; violó a una niña de diez años. Confesó que estaba enloquecido por los efectos de la marihuana”.

“Winoma, Minnesotta: golpeó con una piedra hasta darle muerte a T. Bernhardt, muchacho de 14 años que estaba apacentando el ganado. Al ser detenido, varias horas después, empezó a dar alaridos y destrozar el mobiliario de la prisión. En aquel entonces fumaba marihuana”.

“Fresno, California: 26 años. Sacó del coche al bebé de J. Yáñez, de 17 meses de edad; le azotó porque lloraba y le hundió la cara en el fango provocando su asfixia. No tenía conciencia de lo que sucedía. Achacó la culpa al haber fumado marihuana. Su abogado defensor manifestó: “El verdadero criminal en este proceso es la marihuana”.

“Tampa, Florida: 20 años. Fumó los dos primeros cigarrillos de marihuana. Saltó de la ventana de un hotel al techo de un garaje adyacente e irrumpió en la habitación del Sr. Kooper, diciendo ante los ojos aterrados de sus familiares: ¡Dios me ha ordenado que mate a este hombre!, y lo mató a puñetazos”.

“Cleveland, Ohio: siete hombres. Todos ellos menores de 20 años, sembraron el terror, cometiendo robos y crímenes en la zona central de Ohio. Perpetraron 38 atracos en el término de 12 meses, siempre bajo los efectos de la marihuana”.

El más conocido de ellos, “Marihuana, asesina de nuestra juventud“, de ella extraigo los siguientes párrafos:

“El cuerpo destrozado de una joven yacía tendido en la acera el otro día, después de que saltara desde el quinto piso de un bloque de apartamentos de Chicago. Todo el mundo lo definió como suicidio, pero en realidad se trataba de un asesinato. El asesino fue un narcótico conocido en América como marihuana, y que ha pasado a la historia como hachís. Es un narcótico que se consume en forma de cigarrillos, es relativamente nuevo en nuestro país, y tan peligroso como una serpiente de cascabel enroscada. Sólo puede conjeturarse cuántos asesinatos, robos, asaltos criminales, secuestros, atracos y ataques de locura maníaca causa cada año, especialmente entre los jóvenes. […] El año pasado, un joven adicto a la marihuana fue colgado en Baltimore por el asesinato de una niña de diez años. En Chicago, dos chicos fumadores de marihuana mataron a un policía. En Florida, la policía encontró un joven tambaleándose en medio de una matanza. Con un hacha había matado a su padre, su madre, dos hermanos y una hermana. No recordaba haber cometido ese crimen múltiple. El joven estaba sumido en el estupor: “He tenido una pesadilla espantosa” dijo. “¡Me querían cortar los brazos!” “¿Quién?”, preguntó la policía. “No lo sé. Quizás uno de ellos fuera mi tío… ¡Me atacaron con cuchillos, y vi sangre goteando de un hacha!”. Los oficiales conocían a aquel joven, de ordinario un joven tranquilo y sano, ahora estaba tristemente fuera de si. Buscaron el motivo. El joven confesó que tenía el hábito de fumar algo que sus amigos llamaban muggles: un apelativo infantil de la marihuana. En al menos dos docenas de casos recientes de asesinato o degenerados ataques sexuales, se ha probado que la marihuana fue una causa que contribuyó. […] Es la destrucción inútil de la juventud lo que nos rompe el corazón a cuantos trabajamos en el campo de la supresión de los narcóticos”.

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Pero también comienza a ir en contra de aquellos que apoyan de una manera velada el consumo de cannabis como son los músicos de jazz. Anslinger obtiene permisos especiales estatales que le garantizaban su poder sobre la industria musical y sobre los medios de comunicación. Así todos los títulos musicales que nombraban las drogas (cocaína, heroína, opio, morfina o marihuana) fueron prohibidos. 

En 1937 consigue la promulgación de la Ley de Impuestos sobre la Marihuana gracias a declaraciones como este extracto de la declaración de Harry J. Aslinger, el 27 de abril de 1937:

Mr. Maccormack: ¿Cuáles son sus primeros efectos, una sensación de grandeza y jactancia, o algo por el estilo?

Mr. Anslinger: Afecta de manera distinta a cada individuo. Algunos pierden por completo el sentido del tiempo o los valores. Pierden su sentido de referencia espacial. Experimentan una creciente sensación de fortaleza física. Hay quien se sume en un episodio delirante de ira, y dado que es irresponsable temporalmente, puede cometer crímenes violentos. Otras personas ríen descontroladamente. Es imposible afirmar cuál será el efecto sobre un individuo concreto.

Mr. Maccormack: ¿Su uso está difundido entre criminales?

Mr. Anslinger: Sí, así es. Es peligroso para mente y cuerpo, y sobre todo en el caso del tipo de individuo criminal, porque libera todas las inhibiciones.

En 1962 se cuestionaron las posiciones con respecto al cannabis y Anslinger fue despedido del FBN por el presidente Kennedy. Anslinger fue obligado a dimitir ya que intentó censurar las publicaciones del catedrático Alfred Lindsmith (The Addict and the Law), así como a sus editores. El libro era muy crítico con la Guerra contra las Drogas y condenaba el papel de Anslinger. Además se dedicó a chantajear y hostigar con interrogatorios a la Universidad de Indiana, lugar de trabajo de Lindsmith. Él, que había servido a cinco presidentes (de Roosevelt a Johnson) era finalmente despedido. Aunque en 1962 Anslinger tenía ya 70 años, la edad obligatoria para la jubilación en su posición.

En 1973 Anslinger tenía los achaques de su edad y padecía de la próstata y de anginas. Parece irónico pensar que tomaba morfina para aliviar sus dolores. Harry Anslinger murió el 14 de noviembre de 1975 a los ochenta y tres años en Hollidaysburg, de un ataque al corazón.

 BIBLIOGRAFÍA

 Abel, E.L. (1980). Marihuana: The first 12,000 years. Plenum Press, Nueva York.

  • Bonnie, R. J. y Whitebread, C. H. (1974). The marihuana conviction: A history of Marijuana Prohibition in the United States. University Press of Virginia. Charlottesville.
  • Herer, J. (1999). El emperador está desnudo, Castellarte S.L., Castellar de la Fra.

Acerca del autor

Isidro Marín Gutiérrez nació en la ciudad de Huelva en 1975. Es Doctor en Antropología Social y Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Ha publicado 29 artículos en revistas científicas, 18 libros y 15 capítulos de libros. Entre sus múltiples publicaciones e investigaciones