La última sentencia que absuelve a Ebers confirma la mayoría de fallos judiciales a favor de estas asociaciones

El de la foto no sabe que hay que picar los cogollos para poder liarse un porro.

El cannabis es la droga ilegal que más se consume en Euskadi. Según un estudio de Osakidetza de 2012, aproximadamente un tercio de la población vasca admite haber probado alguna vez en su vida la maría. Además, en nuestro territorio, se han contabilizado medio centenar que clubes de cannabis -asociaciones que se autoabastecen y distribuyen el estupefaciente entre sus propios socios-. De entre ellos, el club Ebers ha sido recientemente absuelto por la Audiencia provincial de Bizkaia de los delitos de atentar contra la salud pública en la modalidad de tráfico de drogas y de integración en un grupo criminal.

“La sentencia viene a confirmar lo que estamos diciendo: que hay un espacio para las asociaciones de cannabis, pero que hay que regularlo de una vez”, asegura Martín Barriuso, un activista procannabis.

De ahí que no lo considere una sorpresa: “Solamente en Euskadi hay más de treinta sentencias y prácticamente en todos los casos nos son favorables”. Asimismo, explica que ellos no defienden el consumo de marihuana, sino su legalidad. “No hace falta defender el consumo de alcohol para no apoyar la Ley Seca”, opina.

Pese a que la tenencia de este estupefaciente en lugares públicos es ilegal, no es así en el ámbito privado. De ahí la existencia, alegal, de los clubes de cannabis. “Pero con eso no basta”. Además de gestionarse en lugares privados, estas asociaciones también tienen que reunir otra serie de condiciones para no incumplir el código penal, entre las que se encuentran que sea un circuito cerrado sin ánimo de lucro, con un número concreto y determinado de asociados y que no tenga trascendencia pública. “En la medida que el consumo no está penalizado en lugares privados, se entiende que tiene que haber alguna manera de poder abastecerse de manera legal”.

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Barriuso también comenta que, aunque no realicen nada ilegal, ello no significa que no tengan problemas con las autoridades. “Esto se debe, principalmente, al carácter alegal de estos clubes”. Por ello, Barriuso aboga por que se acuerden unos mecanismos para que estas asociaciones sean fiscalizadas sin pasar, directamente, por procedimientos judiciales, es decir, pide una regularización para el consumo del cannabis. De esta manera, según explica, estos colectivos dejarían de ser alegales y se podría ejercer un control previo sobre los mismos para evitar y evitar futuros problemas y gastos de la administración. “Pero siempre desde una seguridad jurídica”, recalca.

el caso de Pannagh La sentencia sobre el club de cannabis Ebers no será la última sobre este tema. La asociación a la que pertenece Martín Barriuso, Pannagh, fue clausurada mediante suspensión cautelar en 2011 y él y sus socios se enfrentan ahora, según el fiscal, a 22 años de cárcel y una multa de dos millones y medio de euros por los mismos presuntos delitos de los que Ebers se ha librado.

“No tengo ninguna duda de que la resolución final será a nuestro favor”, asegura Barriuso. Además, comenta que no es poco lo que han conseguido los clubes de cannabis: “Para empezar, existir y poder producir nuestro propio cannabis en un circuito al margen del mercado ilegal”. Pero también que este asunto entre en la agenda política y que las instituciones empiecen a hablar de ello. Un ejemplo sería la regulación del uso terapéutico del cannabis en Catalunya, donde ya han comenzado los trámites. En otros países, como Uruguay, ya se ha legalizado.

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A la espera de que saber algo, aunque solo sea la fecha, sobre el caso de Pannagh, Barriuso se muestra optimista y espera que con la absolución total de todos los cargos que se les han imputado, llegue también esa regulación que el Parlamento Vasco está debatiendo y que llevan “más de 20 años solicitando”.

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