Revolución alimenticia: el cambio que no todos conocen

No cabe la menor duda de que estamos viviendo una revolución alimenticia, el problema es que la mayoría de las personas –especialmente aquí, en nuestro castizo país– todavía no lo saben.

Hasta hace muy poco, nadie cuestionaba esas infografías que consisten en un círculo dividido en diferentes porciones coloreadas y dibujos de alimentos. En ellas nos recomiendan comer proteínas que, supuestamente, deben conseguirse ingiriendo carnes de todo tipo, clara de huevo, pescado, queso y productos lácteos; grasas, como el aceite de oliva, el aguacate y los frutos secos; e hidratos de carbono, obtenidos a través de cereales, almidones, frutas, verduras, arroz y legumbres.

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Cuestionamiento de la dieta tradicional y el auge del vegetarianismo

Sin embargo, desde hace algunos años, cada vez son más los médicos y profesionales de la salud y la nutrición que están alertando sobre ese absurdo empeño en introducir dentro de estas dogmáticas “dietas equilibradas” una gran cantidad de comida de origen animal. Sí, ya sé lo que estaréis pensando: “ya estamos con el rollo vegetariano”, “otro que viene a enseñarle a mi abuela cómo comer”.

Yo me he criado entre cerdos, gallinas, perros de caza y pescadores, por lo que sé perfectamente lo que conlleva hacerse consciente de la incuestionable realidad que subyace de los cientos de estudios realizados al respecto. Mis abuelos tienen 87 años y su dieta ha estado basada, fundamentalmente, en leche, pescado, cerdo, ternera y algo de verdura. Mi abuelo tiene una innumerable cantidad de dolencias desde hace veinte o veinticinco años, y mi abuela está como un toro. Es, más bien, una cuestión de probabilidad y, por supuesto, de predisposición genética. La clave está en que la probabilidad se dispara cuando nuestra dieta se fundamenta especialmente en alimentos de origen animal.

Beneficios y desafíos de reducir la ingesta de carne

Sin embargo, no es mi intención convertir estas 1.000 palabras en una enumeración exhaustiva de estudios que respalden la idea de que comer muchos alimentos de origen animal –especialmente aquellos que están procesados– aumenta la posibilidad de desarrollar diferentes enfermedades y morir de forma prematura. Hace unas semanas coincidí con un médico especializado en nutrición en una boda y mantuvimos una conversación fascinante que comenzó con un “si quieres alimentarte equilibradamente, reduce tanto como puedas la comida de origen animal”.

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Hace mucho tiempo que me había planteado esta posibilidad, no tanto por una cuestión de salud, sino por una cuestión de conciencia, por la forma en la que tratan a los animales en las industrias cárnica y láctea. Sin embargo, llegué a la conclusión de que las carencias de ácidos grasos omega-3, hierro, calcio, proteínas, vitamina D y vitamina B12 harían de mi alimentación algo extremadamente complicado, y hacer la compra y cocinar consumirían todo mi tiempo libre. Por eso, limité mi ingesta de carne e intenté recurrir a animales de orígenes conocidos.

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Alternativas vegetales ricas en nutrientes clave

Cuando le trasladé esta idea al doctor Castro, rio brevemente y me dijo: “mira, Xosé, el hierro puedes obtenerlo de la espinaca, la acelga, la lechuga, la col rizada, el brócoli, las judías verdes, los espárragos y las hojas de nabo, entre otros; el calcio está en la mayor parte de vegetales de hoja verde, en frutos secos como la almendra y en semillas como el sésamo, además del tofu y las frutas deshidratadas; la vitamina D está en la leche de soja, la margarina, los cereales, la levadura y los hongos; y los ácidos grasos esenciales o EFAs, tú que trabajas en el mundo del cannabis sabrás que están muy presentes en el aceite de semillas de cáñamo”.

Así es, el ácido inoleico u omega-6 (18:2n-6, LA) alcanza hasta un 55 % en estos aceites y el omega-3 alfa linolénico (18:3n-3, ALA) ronda el 20 %. Además, también se han encontrado cantidades a tener en cuenta de ácido gamma linolénico (18:3n-6, GLA), entre el 1 y el 4 %, y el ácido estearidónico (18:4n-3, SDA), entre el 0,5 y el 2 %. Curiosamente, el aceite de cáñamo es el único aceite vegetal del mundo que alcanza estas concentraciones de varios EFAs simultáneamente. Para más información sobre el consumo de cannabinoides, puedes leer Vaporizando CBG.

La importancia de la vitamina B12 en una dieta vegetal

“¿Y qué pasa con la vitamina B12?” le dije al doctor Castro. “Es lo único que no encontrarás en el reino vegetal. Sin embargo, debes tener en cuenta que la B12 no está hecha por plantas ni por animales, sino por unos pequeños microbios que cubren la tierra. Dado que vivimos en un mundo aséptico y desinfectado, salvo que comas alimentos contaminados por bacterias, necesitas obtener esta fuente de B12 de otro sitio. La forma más saludable, barata y segura es tomar vitamina B12 a través de alimentos enriquecidos o suplementos, pero en ningún caso de la carne o de los productos lácteos”.

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Documentales y recursos para una dieta consciente

Por último, el doctor Castro me dio un consejo que me gustaría compartir con vosotros, queridos lectores: “Si no estás del todo convencido, te recomiendo que veas el documental What the Health, de Kip Andersen y Keegan Kuhn. Párate a mirar quiénes son los doctores y los profesionales de la nutrición que hablan, pausa el vídeo y busca los estudios que mencionan, analiza concienzudamente la realidad que subyace de ellos y después visítame para que te enseñe algunas recetas vegetarianas”.

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Pues eso he hecho, y yo también os recomiendo que lo veáis, que indaguéis y que contrastéis la información que difunde. Hay partes muy ciertas, especialmente en lo relativo al trato que estamos dando a los animales. Sin embargo, hay otras cuestiones que no comparto –creo que hay un buen número de afirmaciones que están tratadas desde un sensacionalismo extremo y, además, están poco contrastadas por diferentes estudios de relevancia objetiva– y tampoco creo que me vaya a convertir en vegano a partir de ahora –que, curiosamente, parece el principal objetivo del documental–, pero estoy seguro de que voy a eliminar por completo de mi dieta la comida procesada y, atendiendo más a esa intención de dejar de dañar a los animales, me voy a asegurar de que todo lo que como proviene de un trato justo. Si todos aportáramos nuestro granito de arena al respecto no sólo mejoraríamos nuestra salud, sino que ayudaríamos a conseguir un mundo sostenible.

Acerca del autor

Xosé F. Barge se licenció en Periodismo, se graduó en Humanidades y cursó un máster en Educación. Defendió su tesis doctoral en 2021, dentro del programa de Lingüística de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cádiz (UCA). Su proyecto se fundamentó en el análisis crítico del discurso político en medios de comunicación.
Ejerció como profesor de secundaria, escribe contenido por encargo desde 2009 y, desde 2013, coordina la redacción de dos medios escritos y su actividad se fundamenta en la corrección y elaboración de textos, además de la organización de conferencias.