El cultivo urbano está de moda, pero en muchos casos el hecho de ser precisamente eso, urbano, conlleva la falta de espacio, haciendo que al final la cosecha acabe siendo algo simbólico debido  a que es imposible hacer milagros y sacar kilos y kilos de tomates de dos matas, porque no disponemos de más sitio. Con el cannabis para autocultivo sucede exactamente lo mismo, con el agravante de que su cultivo se encuentra penado por la ley al ser considerado como “droga” y para colmo su olor es delator, por lo que cada metro cuadrado es precioso. Como siempre, cundo se trata de apurar al máximo, la creatividad del ser humano hace acto de presencia.

Por Luis Hidalgo

Da igual lo que cultivemos, mientras sea en interior dependemos del espacio y de la luz. Esto es algo que en principio no suele ser determinante cuando pensamos en un cultivo urbano de carácter general, es decir, de cualquier tipo de vegetal que se encuentre en un “status” legal, esto es, que su cultivo se encuentre reconocido por las leyes como apto para ser realizado con total libertad sin estar sujeto tampoco a ningún tipo de gravamen o impuesto por parte de ayuntamientos u organismos oficiales.

Por otro lado, el incremento del coste de la energía eléctrica para el ciudadano “de a pié”, unido a la escasa utilización de fuentes de energía limpias, renovables y, sobre todo, autónomas, como la fotovoltaica, hace que lo que hoy en día se considera “cultivo urbano” sea algo poco más que anecdótico, al menos en nuestro país, quedando sólo a disposición de gente con un nivel económico medio – alto, sobre todo si lo que estamos cultivando es exclusivamente para autoconsumo y no se va a comercializar, no ya por su legalidad o no, sino porque los costes de producción son tan altos que resulta casi imposible colocar en el mercado los productos obtenidos a un precio mínimamente razonable.

Sin embargo, sí que existen algunas pocas especies vegetales que podrían justificar la inversión en uno de estos sistemas de cultivo vertical, por ejemplo el azafrán, algunos tipos de orquídeas o el cannabis. En  este último caso, sólo necesitamos echar cuentas del ahorro que cualquier consumidor tendrá al poder prescindir de comprar el producto en el mercado negro o cualquier otro circuito de comercialización de cannabis (dispensarios, clubs, etc.)

Cultivo Vertical = Pensamiento Cúbico

 En el número anterior explicamos las bases históricas y el funcionamiento del que posiblemente fue el primer sistema hidropónico de cultivo vertical, los “jardines colgantes” de Babilonia, en el que, de alguna manera, se basan los actuales, si bien no tanto en la estructura vertical en la que se ubican las plantas como en el aprovechamiento de la fuerza de la gravedad para realizar un riego automático de todo el sistema a partir del concepto de impulsar el agua hasta la parte superior por algún medio y una vez allí, dejarla caer por su propio peso a través de canalizaciones que van humedeciendo de arriba abajo las zonas donde se encuentran las raíces de las plantas.

En realidad, como veremos en capítulos posteriores, este es el principal factor diferenciador en los distintos sistemas integrados de cultivo vertical que se comercializan actualmente. Lo cierto es que, en teoría, a nivel técnico todos ellos son eficientes en este sentido, pero en la práctica unos son más sencillos de manejar que otros en función del sustrato inerte  que vayamos a utilizar como soporte para las plantas, o si pensamos utilizarlo como aeropónico puro (sin sustrato) en caso de que el sistema lo permita. En cualquier caso, una vez que nos hemos “hecho” al sistema según la teoría de “las tres cosechas” (ver números anteriores), cualquiera de los sistemas disponibles rendirá a las mil maravillas sin mayores contratiempos.

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A partir de este momento deberíamos dejar de pensar “en plano” para pasar a lo que podríamos denominar “pensamiento cúbico”. Por ejemplo, en general, cuando estimamos distintos parámetros del cultivo como el número de plantas, rendimiento total de la cosecha, potencia de luz o relación gramo / vatio, lo hacemos siempre a partir de la superficie (plana) de la que disponemos, es decir en metros cuadrados: Metemos N plantas por metro cuadrado, cosechamos “tanto” por metro cuadrado, etc. Sin embargo, como comentábamos en la presentación de este capítulo (ver números anteriores), la principal característica del cultivo vertical y lo que lo hace útil, es el uso de la tercera dimensión (altura) como espacio de cultivo a aprovechar.

Esta es otra de las diferencias entre sistemas, la cantidad de plantas que se pueden introducir en ellos, que en este caso se cuentan por metro cúbico. Vamos a ver una comparación básica entre el Coliseum y algunos de los otros sistemas de cultivo vertical más utilizados como pueden ser el Grow Cube, Cannabis Cage o el ya analizado Omega Garden.

Coliseum: 22 m3 – 3,3 Kg (1600w) – 300 Plantas
Grow Cube: 25 m3 –  3,7 Kg (2000w) – 440 Plantas
Cannabis Cage: 10 m3 – 1,5 Kg (1000w) 72 Plantas
Omega Garden: 8 m3 – 1,1 Kg (1200w) 66 Plantas
Cultivo Plano: 4 m3 – 0,6 (1000w) 24 Plantas

Como podemos suponer, la cantidad en el número de plantas que podemos introducir en cada sistema depende, aparte de los espacios preestablecidos que proporcionan para ellas, del tamaño que éstas pueden llegar a alcanzar.

Comienza el espectáculo
El montaje del sistema es realmente muy sencillo, sólo queremos hacer notar un par de detalles. Lo primero es que a pesar de que dispone de un sistema estabilizador en su base, solo permite ajustar una ligera inclinación, por lo que no recomendamos su uso con más de un 5% de caída. El problema no es ya que se pueda venir abajo todo “el invento” una vez lleno de plantas y sustrato, como si de una torre de Pisa se tratara, sino que con este desnivel o más se desequilibrará el sistema interno de riego y distribución del agua dejando de ser homogéneo y produciéndonos mil quebraderos de cabeza una vez iniciado el cultivo.

Por lo demás, hay que estar atentos a la hora de distribuir los manguitos de riego que se introducen en cada nivel del Coliseum y no cruzar los empalmes de tubo que unen las conducciones de las distintas zonas que componen el cilindro vertical. También es muy importante fijar  firmemente tanto las partes de la estructura general (cilindro) así como toda la “fontanería” interna, manguitos, tubos, goteros, pipetas… Estas últimas, que unen internamente las secciones verticales, son de suma importancia pues se encargan de pasar la solución nutriente entre ellas, de arriba abajo. Al final no debería quedar ningún elemento móvil a excepción de la bomba de agua que se encargará de impulsar el agua con nutrientes hasta la parte superior del Coliseum, que por cierto, hay que comprar aparte. Se recomienda una de 7.500 litros/hora si se va a utilizar sustrato o de 1.500 litros/hora si funcionará como aeropónico. En ambos casos también es más que recomendable una bomba de aire de 30PSI de presión para oxigenar la solución nutriente.

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Una vez ensamblado todo el sistema, cosa que no nos debería llevar más de una hora de trabajo, el aspecto es ciertamente impresionante, sobre todo al ver como pueden meterse dentro un par de personas de tamaño medio sin ninguna dificultad.

Las plantas se colocan en el interior en unos círculos huecos habilitados para ello, por cuyo interior fluye la solución nutriente a partir de un gotero por espacio disponible. Para cultivar en este sistema podemos hacerlo sin sustrato, al estilo aeropónico, colocando en cada espacio un disco de neopreno que dirige el flujo de agua hacia la zona de desarrollo radicular, y una pequeña cubeta para proporcionar algo de soporte a la planta. También estos elementos se venden por separado.

Tanto en “aero” como en “hidro” se recomienda encarecidamente que los esquejes tengan un amplio sistema radicular de al menos 15 cm de largo ya que en otro caso nos veremos obligados a realizar a mano los primeros riegos hasta que las raíces alcancen las conducciones generales. El tamaño medio final de las plantas puede rondar entre los 40 y los 50 centímetros, lo que nos permite hacernos una idea del tamaño necesario de crecimiento vegetativo teniendo en cuenta que en floración duplicarán o triplicarán su tamaño dependiendo de si son más índicas o más sativas. Algunos cannabicultores usuarios de este sistema prefieren crecer las plantas en otro sistema de cultivo “aero”, normalmente del tipo DWC, y pasarlas al Coliseum ya con 15 ó 20 centímetros y una larga cola de raíces directamente a floración.

Hacemos notar que al estar las plantas muy cerca unas de otras será necesario, con toda seguridad, aplicar técnicas de poda casi de manera diaria al objeto de ir eliminando las hojas más grandes y viejas para mantener una canopia estable y homogénea alrededor de las bombillas y evitar las zonas de sombra. El hecho de que las plantas se encuentren en un ángulo de alrededor de los 45º hace que no se solapen de nivel en nivel, por lo que el tamaño útil se mantiene en alrededor de los 40 cm. Si la planta estira más es bueno podar las partes bajas, tal y como se hace en los cultivos planos.

En el caso de que usemos la opción “hidro”, el sustrato a utilizar con el Coliseum es la perlita. Aparte de sus propiedades para retener el agua y secarse con rapidez, es completamente reutilizable si hemos mantenido el cultivo libre de patógenos y es facilísimo tanto eliminarla del interior de las canalizaciones como utilizarla para el replantado pues las raíces de las plantas cosechadas se extraen sin mayor problema  dejando mínimos restos, sencillos de eliminar con un complejo enzimático en un par de riegos en vacío, antes de meter la siguiente tanda de plantas.

En la próxima entrega entraremos en los distintos regímenes de riego que tendremos que utilizar dependiendo del tipo de cultivo que hayamos decidido realizar, así como en la cuestión de la iluminación y la ventilación del sistema, algo a tener muy en cuenta al trabajar con hasta 3.000 vatios en un espacio cerrado, si queremos mantener unos niveles de temperatura y humedad dentro de lo que se considera en general óptimo. Hasta entonces, un saludo.