Cómo la MDMA influye en el reconocimiento de emociones y la generosidad

En la última entrega de esta sección se hizo un repaso a la investigación actual sobre los eventuales efectos empatógenos de la MDMA. Vimos cómo la MDMA produce algunos efectos peculiares sobre la percepción de expresiones emocionales ante la presentación de fotos. Concretamente, y esto es algo que se ha encontrado en diferentes experimentos, bajo los efectos de la MDMA los sujetos reconocen más fácilmente las expresiones emocionales de contenido positivo (alegría, cordialidad…) y tienen mayores dificultades para interpretar las expresiones emocionales de contenido negativo (tristeza, ira…).

Como se explicó en aquel artículo, también existen evidencias neurológicas acerca de las estructuras cerebrales que pueden estar implicadas en dicho proceso. En este artículo nos centraremos en la investigación existente acerca de algunos efectos prosociales de la MDMA.

La importancia del contexto social

El ser humano es un animal social. El individuo aislado es una entelequia en sí misma. Antes de que existieran las cárceles, la forma de castigo más radical que un grupo infringía a un individuo que había cometido una acción execrable era el destierro. No había peor castigo que condenar a un ser humano a vivir en aislamiento social. Por mucho que sea capaz de sobrevivir (como logró hacer Robinson Crusoe en su isla), las probabilidades de hacerlo tienden a cero. Si Robinson Crusoe logró sobrevivir a la soledad fue porque tenía la esperanza de que tarde o temprano algún barco encontraría su isla, como así realmente ocurrió después de 28 años. Pero un destierro que conlleva la condena a que ningún grupo humano le acoja a uno, es una sentencia de muerte casi definitiva. La aceptación de uno por parte del grupo y el papel social que se desarrolla dentro de éste es lo que le confiere la cualidad de identidad al individuo. De hecho, los cerebros altamente desarrollados sólo se dan entre especies sociales y cuanto más social es una especie (como es el caso de los primates, las ballenas o los delfines), más grandes en relación al peso y complejos son. O, más bien, la complejidad social a lo largo de la evolución es posible que haya sido el motor del desarrollo cerebral. Las complejas interacciones sociales, el equilibrio entre el estatus social en el que un individuo se encuentra en relación con el estatus de los otros y su capacidad diplomática para moverse entre esos diferentes niveles, el reconocimiento de señales que fomenten la cooperación y reduzcan las posibilidades de lucha, etc., ha ido configurando, a lo largo de la historia evolutiva, los cerebros de los mamíferos sociales hasta el punto de que con cada avance social se ha necesitado de un avance neurológico que lo sustente, y viceversa.

En los humanos, es hasta tal punto importante el grupo, que cuando en experimentos en los que se presentan a los sujetos fotografías de depredadores naturales en actitud amenazadora y fotografías de otros seres humanos también en actitud amenazadora, se reacciona de manera más intensa a las segundas imágenes que a las primeras. Por ejemplo, las áreas cerebrales encargadas de procesar ese tipo de información se activan más, así como hay mayor intensidad en respuestas fisiológicas como la conductancia de la piel o el ritmo cardiaco. De ahí también que todos los rituales de todos los grupos humanos sean rituales grupales en los que el fin último no es otro que fomentar la cohesión social, algo que arrastramos filogenéticamente como especie y que nos ha servido para aumentar nuestras posibilidades de supervivencia. Los reflejos evolutivos de este comportamiento como especie se pueden encontrar cada fin de semana en cualquier ciudad del planeta donde, una vez finalizadas las obligaciones, la ciudadanía en su conjunto se echa en manos de la ebriedad en compañía de otros congéneres. Si el fin último de las drogas fuera obtener placeres individuales las discotecas y los bares estarían cerrados por falta de afluencia de público y cada ser humano estaría en su casa encerrado drogándose en soledad estimulando una y otra vez sus centros cerebrales del placer y la recompensa sin importarle en absoluto qué pueda estar pasando o quiénes pueden estar afuera en la calle.

Estudio del potencial prosocial de las drogas

De hecho, nos estamos encontrando con un fenómeno cuanto menos curioso en ciencia: los neurocientíficos están empezando a estudiar el potencial prosocial de drogas tanto legales (como el alcohol), como ilegales (como el cannabis, las anfetaminas o la MDMA). Ha tenido que llegar el siglo XXI para que el modelo animal que basa el potencial de abuso de una sustancia en lo que esa sustancia le hace a un animal aislado en una jaula poco a poco vaya desapareciendo. Los científicos se han dado cuenta del reduccionismo que ello implica y que difícilmente es extrapolable al ser humano. Pero no sabemos si ese cambio de paradigma es una buena noticia o no: muchos científicos empiezan a considerar ahora que el potencial de abuso de una sustancia depende de su efecto prosocial; cuanto más prosocial sea una droga, cuanto mejor le haga a un individuo desenvolverse en su medio social y, no sólo eso, cuanto mejor se lo pase haciéndolo, mayor potencial de abuso tendrá. No nos engañemos, ésta es la principal razón por la que hay hoy en día decenas de estudios científicos en los que se trata de entender el efecto prosocial de las drogas, y no precisamente lo contrario: que como hay un efecto prosocial del que puede beneficiarse el individuo, si conocemos mejor cómo funcionan en el plano social estas sustancias, mejores aplicaciones podremos encontrarles.

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Bueno, aunque en esta visión pesimista es en la que se encuadrarían muchas de las investigaciones que se están realizando hoy día, debe ser justo también decir que hay investigadores que están interesados en los efectos prosociales de las drogas por su capacidad para ser útiles en la clínica. Es el caso de algunos estudios sobre efectos prosociales de la MDMA donde el fin es investigar cómo puede ser utilizado este efecto prosocial para mejorar las psicoterapias para algunos problemas psicológicos como la depresión o el trastorno de estrés postraumático. Porque, en definitiva, si el medio social es el que nos permite estar en el mundo, la otra cara de la moneda es que muchas enfermedades de las llamadas mentales tienen en el contexto social precisamente su origen también.

Reconocimiento de expresiones emocionales bajo los efectos de la MDMA

Volvamos a los estudios en los que se ha encontrado que la MDMA facilita el reconocimiento de expresiones emocionales positivas y dificulta el reconocimiento de expresiones emocionales negativas. Aunque este es un fenómeno bastante replicado en diferentes estudios, después de todo, una mejora o una dificultad en el reconocimiento de expresiones emocionales sólo (que no es poco) está reflejando un proceso cognitivo, pero no nos dice nada acerca del proceso emocional subyacente; es decir, si hay una reacción emocional o no cuando se está viendo la imagen. Porque es la reacción emocional lo que hace que el proceso cognitivo tenga significado vivencial más allá de un simple déficit o mejora en un proceso meramente informativo. La evolución no ha creado las emociones sólo para que los congéneres sepan cómo se sienten entre ellos. Si así fuera, una mera información de un estado emocional en el otro nos dejaría indiferentes. El hecho de que el conocimiento de un estado emocional ajeno nos mueva a sentir empatía, compasión, repudio o generosidad, es que la información del estado emocional se acompaña siempre de una experiencia emocional reactiva en quien la observa. Algo que hasta ahora no se había estudiado en el caso de la MDMA. Del mismo modo que no es lo mismo reaccionar ante una fotografía de un único individuo que la reacción que se puede tener cuando se observa una escena de contenido social en la que hay diferentes individuos interaccionando.

Estudio reciente sobre los efectos de la MDMA en contextos sociales

En un reciente artículo se abordan específicamente estas cuestiones. A un grupo de 102 sujetos (58 hombres y 43 mujeres), de edades de entre 18 y 35 años se les administraron dosis de 0,75 mg/kg, 1,5 mg/kg y un placebo en sesiones aleatorizadas (el orden en el que se administraba cada condición de fármaco era aleatorio) y se les presentaron fotografías en las que había escenas sociales y escenas no sociales representando emociones negativas y positivas. Concretamente, había seis tipos de fotografías: social/negativa, no social/negativa, social/neutra, no social/neutra, social/positiva y no social/positiva. En las escenas sociales había fotografías en las que, por ejemplo, se veían dos personas caminando (emocional positiva), a una personas apuntando a otra con un arma (social negativa), un pedazo de pizza (no social neutra), o un accidente de coche sin cuerpos visibles (no social negativa). En cada condición experimental las fotografías eran diferentes cumpliendo siempre esas condiciones (existe una base de datos de fotografías de contenido emocional ampliamente utilizada en investigación llamada IAPS –International Affective Picture System–, donde cada fotografía tiene una puntuación concreta en cuanto a capacidad de producir reacciones emocionales de aspecto negativo y positivo).

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Para evitar sesgos en las respuestas, a los sujetos no se les dijo que se les iba a dar MDMA, se les dijo que la droga que iban a recibir podría estar dentro de las siguientes categorías: psicoestimulantes (como anfetaminas o éxtasis), sedativos (como el valium), un alucinógenos (como LSD), un cannabinoide (marihuana) o un placebo. A los sujetos se les pidió que calificaran cada fotografía y se midieron sus respuestas cardiovasculares para tener una medida de reacción emocional fisiológica. Se encontró que la MDMA aumentaba las respuestas positivas a las imágenes agradables con contenido social, mientras que había una disminución de respuestas positivas hacia las imágenes agradables y sin contenido social. Estos resultados sugieren un efecto “socialmente selectivo” según el cual la MDMA aumenta las recompensas sociales, mientras que disminuye las no sociales. No se encontraron diferencias de género en las respuestas de los sujetos. Las dosis de MDMA utilizadas también produjeron cambios típicos en tanto en las medidas de efectos subjetivos como en las de efectos cardiovasculares, incluyendo aumentos de sentimientos positivos y prosociales, así como un aumento de la presión arterial, indicando que las dosis fueron efectivas en la producción de los efectos subjetivos típicamente referidos por los usuarios de MDMA. Por último, la mayoría de los participantes identificaron correctamente, especialmente con las dosis altas, el fármaco administrado como una droga estimulante .

Generosidad y altruismo bajo los efectos de la MDMA

Pero las conductas prosociales no sólo consisten en reconocer emociones o estados emocionales en los demás ni en reaccionar ante ellos. Dentro del espectro social hay conductas como la generosidad o el altruismo y sentimientos profundos de solidaridad como es la compasión. En este sentido, se ha publicado también un estudio interesante. Se utilizó una prueba llamada Welfare Trade-Off Task (WTT), que evalúa un concepto conocido como “Orientación del Valor Social” (OVS), que es la preferencia de una persona acerca de cómo asignar los recursos (por ejemplo, dinero) entre él mismo y otra persona. La OVS es la forma en la que las personas gestionan el bienestar propio con relación al de los demás y es por ello una forma de gestión del equilibrio social, en este caso basado en la generosidad. En el caso de la prueba WTT, esta gestión se hace con dinero hipotético, poniéndole a la persona en una serie de tesituras en las que tiene que tomar decisiones acerca de determinadas cantidades de dinero que puede recibir él o si prefiere asignárselas a otros. La generosidad está en función de la distancia social que hay entre individuos. En este estudio en concreto, tanto los sujetos evaluados en condiciones normales como bajo los efectos de la MDMA eran más generosos con un amigo cercano que con un conocido o un desconocido. Pero más específicamente, bajo los efectos de la MDMA se produjo un aumento en la generosidad hacia un amigo, pero no a un extraño con una dosis de 1 mg/kg, y con la dosis de 0,5 mg/kg la generosidad hacia un extraño aumentó ligeramente, especialmente entre las mujeres participantes . En su conjunto estos datos vienen a decir que, efectivamente, la MDMA parece ser una droga de efecto prosocial, pero que este efecto prosocial depende de la cercanía emocional que exista entre las personas más que de un efecto prosocial en abstracto. Dedicaremos un artículo más a los efectos prosociales de la MDMA, algunos de ellos más complejos como son la compasión o su efecto sobre el establecimiento de juicios morales.

[1] Wardle MC, Kirkpatrick MG, de Wit H. ‘Ecstasy’ as a social drug: MDMA preferentially affects responses to emotional stimuli with social content. Soc Cogn Affect Neurosci. 2014;9(8):1076-81.

[2] Kirkpatrick MG, Delton AW, Robertson TE, de Wit H. Prosocial effects of MDMA: A measure of generosity. J Psychopharmacol. 2015;29(6):661-8.

Acerca del autor

Jose Carlos Bouso

José Carlos Bouso es psicólogo clínico y doctor en Farmacología. Es director científico de ICEERS, donde coordina estudios sobre los beneficios potenciales de las plantas psicoactivas, principalmente el cannabis, la ayahuasca y la ibogaína.