En este año parece que la onda legalizadora a nivel internacional seguirá su marcha y veremos cómo nuevos países implementan medidas hacia la legalización y regulación del cannabis, tanto por su uso medicinal como para la normalización de su consumo de base social o recreativo.

Cualquier proyecto o debate sobre la legalización o regulación del cannabis mínimamente serio debería llevar aparejada una profunda discusión sobre los aspectos científicos que rodean a la planta, sus principios activos, las diversas variedades que existen y cómo la posible regulación afectaría a los usuarios de cannabis que, a día de hoy, realizan su consumo sin un marco legal claro.

Bajo el punto de vista científico, tanto el cáñamo industrial como la “marihuana” pertenecen a la misma especie y la única diferencia entre ambas variantes del cannabis es el quimiotipo que presentan. Básicamente, las variedades de cáñamo industrial han sido desarrolladas buscando aquellas líneas que no generan THC, por lo que estarían desprovistas de efectos psicoactivos. Tanto en la Unión Europea como en Canadá existen una serie de variedades catalogadas y autorizadas para su empleo como fuente de alimento y de fibras naturales, y su cultivo y distribución están bajo las normas generales para agricultura y alimentación.

En muchos otros estados no se contemplaba esta diferencia entre cáñamo industrial y marihuana, por lo que se prohibía su cultivo sin excepciones. Al abrirse la posibilidad de que muchos estados autoricen el cultivo de cannabis de forma legal para usos medicinales e incluso recreativos, se abre también la puerta al cultivo a escala industrial para la obtención de fibras, semillas y CBD. El principal problema en estos casos es que las autoridades agrícolas de los países que están tomando esta vía se encuentran con que no existen estudios previos sobre esta especie ni variedades registradas o certificadas, debido a que la prohibición del cannabis era total. Por este motivo, la opción más lógica es la de realizar la importación de semillas certificadas desde países donde exista la producción regulada de cáñamo industrial. En el caso de algunos países sudamericanos, por ejemplo, empiezan a surgir empresas e iniciativas interesadas en la producción de cáñamo industrial, pero se encuentran con grandes problemas a la hora de conseguir importar las semillas adecuadas y en cantidades suficientes.

En muchos casos, las exigencias burocráticas son exageradas y casi imposibles de cumplir dado que los encargados de realizar estos trámites demuestran un profundo desconocimiento sobre la planta de cannabis. Exigencias como el probar que la semilla destinada a siembra está por debajo del límite de THC admitido cuando la semilla está desprovista de cannabinoides en absoluto; o exigir de antemano el contenido exacto de THC en la planta desarrollada cuando este contenido en THC dependerá en parte de las condiciones del cultivo (altitud, latitud, tipo de suelo, riego, etc.) no hace sino dificultar la implantación del cáñamo como cultivo agrícola.

Pese a que el cáñamo industrial está recogido en el catálogo común europeo de variedades agrícolas, tampoco en España es nada fácil la situación para los agricultores dispuestos a intentar el cultivo de cáñamo, puesto que el enorme prejuicio que pesa sobre la planta hace que, a pesar de cumplir con los requisitos exigidos por la legislación, sean presa fácil para las autoridades policiales, que prefieren destruir las plantaciones, encarcelar a los agricultores y preguntar después. Casos así se han dado en varias ocasiones en nuestro país y, al final, se demuestra que el agricultor no está cometiendo ninguna infracción y queda libre de cargos, pero con su cosecha destruida y la ilusión por introducir un nuevo cultivo en sus rotaciones hecha pedazos.

Hay algunos conceptos básicos concernientes al cultivo de cannabis que conviene recordar y que sería de gran ayuda que los funcionarios de las autoridades agrícolas de los países que deseen iniciar la producción de cáñamo los tuviesen en cuenta para evitar trabas innecesarias:

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– La semilla de cannabis no contiene cannabinoides, por este motivo la semilla no se encuentra incluida como sustancia fiscalizada en la convención única sobre estupefacientes de 1961.

– Dentro de un lote de semillas de la misma variedad siempre habrá cierta variabilidad entre individuos, por muy bien estabilizada y seleccionada que se encuentre el material de origen.

– El contenido en cannabinoides de una variedad no depende únicamente de su componente genético, sino que las condiciones ambientales que se le proporcionen al cultivo influirán también en el resultado final de contenido en cannabinoides.

– En aquellos estados donde se autorice la producción en exterior de cannabis medicinal e industrial, la polinización cruzada es un importante factor a tener cuenta, ya que un cultivo de cannabis sinsemilla puede verse arruinado si es polinizado por un campo cercano de cáñamo industrial.

– Los resultados de producción de fibra, semilla y cannabinoides de una variedad certificada en su país de origen serán diferentes si trasladamos el cultivo de esa misma variedad a un país diferente.

– Cada zona geográfica tiene sus características ecológicas propias, por lo que para cada región productora deberían implementarse programas de adaptación y desarrollo con el fin de conseguir seleccionar las variedades que mejor se adapten a las condiciones ambientales y a las producciones deseadas.

– El cannabis no es una especie invasora, es una especie herbácea anual que muere una vez que ha completado su ciclo.

La prohibición a nivel internacional del cannabis trajo consigo la desaparición de la mayor parte de las variedades tradicionales para producción de fibra o semilla que se cultivaban en muchas zonas del planeta. En Europa, Francia fue el país donde conservaron la cultura del cultivo de cáñamo y se desarrolló una industria de la producción y procesado de fibra basado en variedades con muy bajas concentraciones de cannabinoides en sus cogollos. A día de hoy, en Francia sólo se pueden encontrar disponibles variedades monoicas (hermafroditas), que son ideales para la producción de fibra debido a que se han eliminado las diferencias morfológicas entre ejemplares masculinos y femeninos.

En otros países como Italia, Holanda, Alemania o Hungría también se ha llevado a cabo el trabajo de recuperación y selección de variedades con bajo contenido en THC y con buenas producciones de fibra y semilla, pero, por desgracia, esto no ha sucedido en nuestro país. Pese a que en la zona de Levante el cáñamo era uno de los cultivos más importantes hace pocas décadas, las variedades tradicionales no han sido conservadas y hoy en día toda la semilla de certificada de siembra ha de ser importada de terceros países.

La pérdida de las variedades tradicionales es un gran contratiempo para el desarrollo de una industria completa del cáñamo, ya que la selección y adaptación de nuevas variedades es una labor que conlleva un gran esfuerzo, tanto en tiempo como en trabajo. En este sentido cabe señalar que en el catálogo europeo existen dos variedades registradas en España, se trata de las variedades “Delta-Llosa” y “Delta-45”, pero hace ya mucho tiempo que han dejado de producirse a nivel comercial y los agricultores no pueden acceder a ellas, por lo que deben adquirir la semilla de siembra en otros países, quedando a expensas de que los productores extranjeros tengan a bien venderles semilla certificada cada año.

Para que un programa de selección y desarrollo de variedades para uso industrial tenga éxito deberá partir de una base genética lo más amplia posible, para posteriormente realizar las labores de selección, cruce y multiplicación de aquellas variantes que resulten interesantes por su producción y adaptación a las condiciones locales.

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Evidentemente, el período de prohibición del cannabis ha afectado a la riqueza genética de esta especie, creándose dos vías principales: por un lado la selección de variedades que no producen THC y que han dado lugar al cáñamo industrial actual; y, por otro lado, se han creado variedades con altísimos contenidos en THC para su uso medicinal y recreativo, fruto del trabajo underground de miles de aficionados al cannabis, que durante años han trabajado en diferentes líneas genéticas en condiciones precarias debido a la prohibición.

Entre estas dos vías principales (nulo THC y muy alto THC) hemos perdido una valiosa cantidad de variedades con características intermedias que posiblemente presentarían otras características interesantes para su empleo a nivel industrial, tales como la resistencia a determinadas plagas, menores necesidades hídricas o mayor capacidad nutricional de las semillas. Hoy en día, con el auge de las variedades ricas en CBD, los bancos de semillas comerciales han abierto la puerta a la selección de líneas donde la producción de THC no es el único criterio a seguir, y, seguramente, en años venideros se buscarán otros cannabinoides o perfiles de terpenos determinados. Por el contrario, en el sector del cáñamo industrial, pocas son las novedades en cuanto al desarrollo de nuevas variedades debido al inmovilismo de las autoridades competentes.

Siendo el cáñamo industrial un cultivo legal y regulado, sería de esperar que centros de investigación agraria, universidades y otros organismos estuviesen trabajando  para obtener variedades certificadas y corregir la necesidad de depender de las importaciones. Tal vez esté equivocado y haya multitud de programas de selección y desarrollo en marcha con una gran discreción, pero en mi experiencia personal, tanto en las universidades que he visitado como en las delegaciones de agricultura, el personal no tiene apenas conocimiento alguno sobre el cáñamo y sí una gran carga de prejuicios.

A nivel internacional parece que nuestro país sigue condenado a figurar en las últimas posiciones de la zona euro en cuanto a superficie cultivada de cáñamo, pese a las excelentes condiciones climáticas y a la larga tradición de cultivo parece que la recuperación de una industria del cáñamo va para largo. Sería fundamental la creación de centros de procesado y transformación de fibra que sean capaces de absorber la producción de las comarcas donde se ubiquen a precios competitivos y, por lo tanto, supongan un estímulo para que los agricultores introduzcan el cáñamo industrial en sus rotaciones.

 

 

 

 

 

Acerca del autor

Ramón Servia
Ingeniero Técnico Agrícola

Ingeniero técnico agrícola de profesión, desde el año 2012 ha llevado a cabo diferentes experiencias relacionadas con el cáñamo industrial, buscando ahondar en el conocimiento de los diferentes aspectos del cultivo y las variedades certificadas disponibles. Ha actuado como perito judicial en varios casos relacionados con el cannabis y es colaborador habitual en publicaciones especializadas en el sector.