Para entender porqué el cannabis fue prohibido en 1937 en los Estados Unidos debemos entender porqué corrieron esa misma suerte sustancias tales como el opio. El opio es una sustancia que se obtiene por el secado del jugo de las adormideras verdes, es de un color parduzco y se utiliza como calmante del dolor desde hace milenios. El opio se obtiene por medio de cortes realizados en las cápsulas verdes de la adormidera blanca.

© Isidro Marín Gutiérrez

Diversos ilustres clásicos escribieron sobre el consumo de opio como Teofrasto, Estribonio Largo, Dioscórides, Plinio o Celso. Médicos árabes como Avicena apoyaron la utilización terapéutica del opio, especialmente para combatir la diarrea. Pero el estudio químico del jugo de la adormidera no empezó hasta 1803, fecha que señala una nueva era en la investigación química de las drogas.

Durante los siglos previos al XVIII los comerciantes europeos ansiaban el mercado chino para la venta de sus productos. En 1699 la Compañía de las Indias Orientales había comenzado sus negocios con los chinos pero era un mercado cerrado. Los chinos se dedican a vender sus productos (telas, porcelana, té, algodón, seda, sal, cobre o papel) mientras que no compraban ningún producto europeo. Este tráfico reportaba suculentos beneficios al tesoro público chino ya que hacía pagar las exportaciones en “carolus” (unas monedas de plata españolas que se acuñaban en Méjico). El único puerto abierto para el comercio exterior era Catón, donde entraba la plata a China. Gracias a esto el Estado chino podía mantener una considerable estabilidad monetaria durante largo tiempo. Las compras de los chinos a los europeos eran muy pobres. China tenía unos altos aranceles y estaba prohibida la exportación de plata.

Fumadero de opio
Fumadero de opio

Aunque hubo un producto que sí interesó a los chinos, este producto fue el opio. El cultivo de la adormidera se producía principalmente en la zona de la India en las factorías de la Compañía de Indias (1600-1858) que había adquirido el monopolio de este producto en 1773. La Compañía respetaba simbólicamente las prohibiciones chinas y le compraba té, sedas y especias y dejaba que las exportaciones de opio fueran realizadas por comerciantes privados, les otorgaba licencias para trasladar el opio de la India a China. El opio era comprado por comerciantes ingleses que se encontraban en Cantón. Luego sus socios chinos lo distribuían por todo el país a través de varios puertos.

La prohibición del opio en China

El opio era conocido por los chinos desde muy antiguo por sus valores medicinales. Pero los efectos sobre los millones de fumadores no fueron previstos por las autoridades chinas que se vieron enfrentadas de forma brusca a un problema que afectaba al orden moral y económico de China. En 1729 el emperador Yung-Cheng decretó la primera prohibición del opio, su finalidad era acabar, por el método de estrangulamiento a los contrabandistas y a los dueños de los fumaderos. Esta medida lo que provocó fue la creación de un mercado negro, la corrupción de los funcionarios locales y la resistencia pasiva en el pueblo. En 1796, durante el mandato del emperador Chiach`ing, los gobiernos chinos dictaron sucesivos decretos que prohibieron el tráfico y consumo de opio. Se prohibía el cultivo de opio en China y se ordenó la pena de muerte para los consumidores de opio. Las leyes se endurecieron cada vez más, incluso se promulgó una ley, en 1850, que condenaba a muerte a los fumadores de opio, condenaba a sus familias a la esclavitud y a sus descendientes a la prohibición de ocupar cargos públicos. Se pretendía erradicar su consumo pero los resultados fueron todo lo contrario. Aumentó de forma explosiva su consumo y, gracias a la prohibición, los precios del opio eran tan altos que los traficantes estaban dispuestos a arriesgar sus vidas por lucrarse de forma rápida. En la primera mitad del siglo XIX la entrada de opio se multiplicó por ocho, favoreciendo la corrupción de los funcionarios administrativos y policiales chinos. Los aduaneros y los funcionarios provinciales chinos eran sobornados por los traficantes de opio o se integraban ellos mismos en las redes de contrabando.

Fumadero de opio
Fumadero de opio

La adicción al opio en China se dio en todas las capas sociales. Al principio sólo afectaba a los terratenientes, comerciantes y altos funcionarios; terminó involucrando a todas las capas de la población. Una estadística de 1835 afirmaba que existían ya dos millones de chinos adictos al opio. Pero su pico llegó a los 180 millones de opiómanos en 1880 (Brau, 1974). Y los efectos en la destrucción de la economía china fueron más visibles, en 1838 por primera vez la balanza comercial china tenía un saldo negativo para China. Y en tan sólo en un año, en 1839, China perdió 38.000 kilos de plata (más del doble de la renta del Estado). Ese año el opio representaba el 57% de las importaciones chinas. La economía tan depauperada china hizo que las cargas fiscales sobre los artesanos y los campesinos chinos subieran creando así una situación aún más conflictiva. El opio arruinó la vida de muchos chinos y redujo los salarios que además eran insuficientes para mantener el consumo adictivo del opio. El problema siguió agravándose hasta que las autoridades chinas expulsaron de Cantón a los traficantes de opio en 1821.

Los gobernantes se dividieron entre los que defendían la legalización del opio y los que estaban en contra de ella. Así en 1836 el ministro Xu Naiji le envió una memoria al emperador pidiéndole la legalización del opio con su libre importación. Pero se prohibiría pagar este opio con plata y se cobrarían derechos arancelarios. El consumo de opio sólo se tendría que prohibir en el ejército. Pero ganaron las tesis prohibicionistas. Li Zexu poseía una visión clara de la situación, escribió: “Si las cosas se dejan como están, me temo que, dentro de algunas décadas, los soldados serán incapaces de defender China de sus enemigos, y tampoco tendremos suficientes reservas de plata para financiar al ejército”.

Las relaciones entre chinos y europeos estaban ya bastante agriadas. La importación de opio de forma clandestina estaba llegando a límites insoportables. En una carta del comisionado Lin Zexu a la reina Victoria (1838) se lee. “¿Con qué derecho, pues, utilizan la droga venenosa para perjudicar al pueblo chino? … Nos preguntamos ¿Dónde está vuestra conciencia? Tengo entendido que en vuestro país está muy estrictamente prohibido el uso de opio; ello se debe a que comprendéis claramente el daño que causa. Si no permitís que el opio cause males en vuestro propio país, ¡menos aún debéis exportarlo en detrimento de otros países, en detrimento de China! Entre todos los productos que China exporta al extranjero, no existe uno solo que no sea beneficioso para la gente.” La reina envió la carta a la Cámara de los Comunes y se tomó por unanimidad el acuerdo de “no abandonar una fuente de ingresos tan importante como el monopolio de la East India Company en materia de opio” (Escohotado, 1999: 530).

Fumadero de opio
Fumadero de opio

Las guerras del opio

En 1839 las autoridades chinas pidieron a las colonias europeas que entregaran todo el opio de sus almacenes en la isla de Litin. Los ingleses se negaron pero al estar en desventaja cedieron, con los que se destruyeron 20.000 cajas de opio (unas 1.400 toneladas valoradas en cinco millones de libras). Pero la tensión siguió en aumento. Cuando los chinos intentaron cerrar Cantón (1840) para que no entrara más opio comenzó la guerra con los ingleses. Inglaterra vio en esta guerra un “intolerable atentado contra la libertad de comercio”.

La guerra fue un desastre para China. Después de combates intermitentes la guerra acabó con el tratado de Nanking (1842). China perdía el territorio de Hong Kong y Amoy; pagaron una indemnización de 21 millones de dólares; el gobierno chino abrió una serie de puertos al comercio exterior; se rebajaron las tarifas aduaneras a niveles ínfimos (lo que produjo una entrada masiva de las manufacturas inglesas). En 1856 hubo una segunda guerra con los ingleses por unos incidentes acaecidos en el barco que transportaba opio Arrow y el asesinato de un misionero; en realidad la guerra fue provocada por la prohibición del opio que los ingleses no cumplían. Perdieron, como no, los chinos. En el tratado de Pekín se obligaba a los chinos a aceptar la libertad de comercio de opio y a establecer misiones cristianas. Así China se convertía prácticamente en una colonia de los occidentales sin apenas soberanía.

Hubo políticos ingleses que estuvieron en contra del comercio de opio, fue el caso de William Gladstone que hizo su denuncia ante el parlamento británico en 1840: “¿Acaso sabe (Macaulay, ministro de la Guerra) que todo el opio que se introduce de contrabando en China procede exclusivamente de los puertos británicos?… Lo único que tenemos que hacer es detener el tráfico de los veleros contrabandistas… Si colocamos un estigma moral en esa droga, conseguiremos mermar sensiblemente el contrabando y tal vez acabar con él para siempre… En mi opinión, la justicia está de su parte; y mientras ellos, los paganos, los bárbaros semicivilizados, tienen la justicia de su parte, nosotros, los cristianos cultos, ilustrados y civilizados, perseguimos objetivos que están francamente en pugna tanto con la justicia como la religión…No conozco otra guerra, nunca he leído siquiera de ninguna guerra tan injusta en sus orígenes, una guerra calculada en su progresión para cubrir a este país con un manto de oprobio permanente.”

La situación para la población china era asfixiante ya que la poca plata existente en China se gastaba en opio o en pagar las indemnizaciones de los ingleses; los recaudadores de impuestos establecían sobretasas y ocultaban parte de lo recaudado. China fue obligada a firmar tratados desiguales con Japón y Rusia, a otorgar más territorios en arriendo, a admitir un reparto virtual de su Imperio en zonas de influencia de las grandes potencias. La plata siguió saliendo de China, así como los trabajadores chinos a los que su arruinada economía no les podía mantener.

En 1880 el gobierno chino puso en funcionamiento campañas de información pública e instalaciones hospitalarias para hacer frente a los casos agudos de opiomanía. También se volvió a cultivar opio en zonas del país. El plan agrícola-sanitario fue un completo éxito. Ya en 1890 el país producía el 85% de su demanda interna. El importador de opio se convirtió poco después en exportador de opio y el Parlamento inglés tomó cartas en el asunto y consideró el tráfico de opio en una empresa moralmente injustificable. La erradicación del opio en China no llegó hasta la toma del poder del partido comunista ya en el siglo XX.

Fumadero de opio
Fumadero de opio

Un nuevo poder emergente

Comenzaba a surgir una nueva nación poderosa. Eran los Estados Unidos de América. Su propósito era integrar la zona del Pacífico en su área de influencia. Así pues el sistema colonial de las potencias europeas estaba estancando su desarrollo como potencia. Hasta que comenzaron sus actividades hostiles con el rival más débil, España, que mantenía ciertas islas en el Pacífico y las Filipinas (más Cuba y Puerto Rico en el Caribe). Una vez mantenida su posición en Asia, Estados Unidos movilizó a la opinión pública para hacer ver lo inmoral del comercio de opio de los ingleses.

Estados Unidos apoyaría a China, por razones de tipo comercial, para que no acabase siendo una colonia más de las potencias europeas o las emergentes asiáticas (como Japón). Apoyó la iniciativa de limitar el comercio de opio por motivos económicos y morales, ya que estaba teniendo problemas con el opio y sus derivados en sus territorios; en Filipinas con la comunidad china y los soldados de su ejército y en América con los inmigrantes chinos y antiguos soldados de la guerra de Secesión.

En la década de los setenta del siglo XIX en los EE.UU los chinos comenzaron a trabajar en la construcción de las vías férreas, en las minas de oro de California, en las plantaciones azucareras del Caribe. Eran una mano de obra barata y muy productiva. Los blancos los culparon de destruir los sueldos y de quitarles los puestos de trabajo. Algunos chinos pese a los sueldos míseros que tenían prosperaron y se hicieron hombres de negocios. Unos prosperaron con burdeles y otros con fumaderos de opio donde se reunían los chinos a descansar y relajarse. Esto se volvió como un símbolo visible de la presencia china en los EE.UU. Así comenzó a aparecer un sentimiento racista anti-chino. En 1875, San Francisco fue la primera ciudad contra los fumaderos de opio; luego Virginia y Nevada promulgaron leyes similares. En 1882 una ley prohíbe la inmigración de trabajadores chinos, admitidos en 1868, por un periodo de diez años. En 1890 el Congreso federal aprueba una ley que limita la elaboración de opio para fumar. La razón de estas leyes era que el hábito de fumar opio había pasado a jóvenes blancos. El consumo de opio finalmente se extendió a la población blanca. Los EE.UU. sentían miedo ante las nuevas drogas; además del opio y la morfina, también estaban el éter y el cloroformo y la cocaína que la tomaban los “asesinos negros del sur” (Abel, 1980).

La prosperidad económica de la población china emigrada a menudo fue atribuida con envidia a su consumo de opio. Los rumores era que existía cierto libertinaje en los fumaderos de opio y alimentaron las creencias de la población, por lo demás artos inverosímiles, de que el opio otorgaba a los hombres chinos una ventaja sexual ilegal para relacionarse con mujeres blancas. Como siempre la rumorología, los chismes y los prejuicios prevalecieron sobre la razón. Así que el camino de la prohibición le llegó al opio, luego continuaría con la cocaína, el alcohol y el cannabis.

Bibliografía

  • Abel, E.L. (1980). Marihuana: The first 12,000 years. Plenum Press: Nueva York.
  • Brau, J.L. (1974). Historia de la Droga, Ed. Bruguera: Barcelona.
  • Escohotado, A. (1999). Historia general de las drogas, Espasa Forum: Madrid.