El problema de la heroína en el siglo XXI (II)
Señalábamos en la primera parte de este artículo cómo el siniestro retorno de la heroína viene pronosticándose desde hace décadas. Nuestra sociedad está acostumbrada a vivir de forma crónica con una cierta dosis de miedo y amenaza latente, ya sea en forma de explosión nuclear, terrorismo nihilista, abejas asesinas o gripe del pollo. La resurrección de la heroína se presenta, literalmente, como la de Lord Voldemort, Alien o la Bruja de Blair. ¿Exagero? Juzguen ustedes mismos.
Historias sobre el regreso de la heroína
“En un barrio de Madrid que parece anclado en los 80, el dueño del bar Clarisol señala algo oculto bajo el mostrador: ‘Me amenazan a diario y he tenido que traerme la escopeta de caza. Aquí la tengo’. En el corazón del Raval, el viejo barrio chino de Barcelona, Emili cuenta que en su peluquería ‘La semana pasada me robaron mis dos perros. Y otro día entró un joven con un cuchillo clavado en la espalda (…)’.
Martes. Noche de Halloween. Visto a lo lejos da la impresión de que los 180 centímetros que mide Antonio, frágil como uno de esos títeres de juguete cuyos brazos y piernas cuelgan de unos hilos, se van a desparramar de un momento a otro sobre la acera del bulevar (…).”

“El misterioso regreso de la heroína” (El País, 9 de noviembre de 2017)
“Algunas pandillas de jóvenes disfrazados con caretas de calaveras y rostros de látex desfigurados como si fuesen seres de ultratumba, apuran el paso (…) Es Halloween. Y a este otro lado, sin caretas macabras, comienzan a llegar hombres jóvenes y alguna que otra chica, a paso lento, tambaleándose como espectros bajo las farolas, los cuerpos rotos y el deseo de colocarse cuanto antes. Estamos en la noche de los muertos vivientes. Para Antonio, una más en la que terminará zombi sin necesidad de disfraz. «Es mi rutina». Todas las noches son Halloween para él.”
“Vuelven los zombis de la heroína” (El Mundo, 9 de noviembre de 2017)
La perspectiva mediática
Los párrafos extraídos corresponden con las entradas de las noticias de los dos periódicos de mayor tirada nacional. Titular, contenido y fotografías de las noticias comparten una descarada influencia estética con The Walking Dead o 28 días después.
El artículo de El País señala unas líneas más abajo que “no hay datos que lo avalen (refiriéndose al retorno del monstruo), tan sólo indicios” y que “Tampoco parece existir un repunte en el resto de Europa, ni siquiera en aquellos donde, últimamente, se ha puesto el foco mediático por un supuesto crecimiento del consumo, como son Reino Unido o Portugal.” ¿A qué viene entonces tanta alarma? Y, sobre todo, ¿por qué aparece una noticia de características similares y sin argumentos sólidos en dos periódicos distintos el mismo día?
La problemática en Estados Unidos
La clave del asunto la encontramos en los párrafos finales del artículo de El Mundo. Y nos la proporciona ese hombre con un tinte rubio imposible que se jacta de “poder agarrar a las tías del coño por ser famoso”, el que “podría liarse a tiros en la Quinta Avenida y no perdería votos”, el multimillonario que se va de putas (no esperábamos menos de él), pero se va sin pagar.
“Y mientras en España va calando el temor de que el consumo vuelva a desbocarse, en Estados Unidos el problema ha entrado en la mismísima Casa Blanca. Unos 35.000 estadounidenses fallecieron el año pasado por sobredosis de heroína, lo que ha llevado a Donald Trump a declarar de «emergencia nacional» la epidemia de opiáceos en el país. El propio director de la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas, Gil Kerlikowske, reconocía recientemente su «preocupación» por el auge del consumo de esta droga como reemplazo de los analgésicos opiáceos con receta como el OxyContin o Vicodin, que cuesta unos 140 dólares en EE. UU., mientras que una dosis de heroína se puede conseguir en las calles por 10.”

El discurso de Donald Trump
Obviaremos nuestros prejuicios estéticos hacia el señor Presidente de los Estados Unidos, que al fin y al cabo ha sido elegido democráticamente por el pueblo y el pueblo es sabio. Imaginaremos, sólo por un segundo, que un carácter garrulo, racista y machista no tiene nada que ver con la capacidad de detectar, analizar y proponer soluciones razonables a los problemas de una sociedad.
Donald Trump declaró la “emergencia nacional ante los opioides” en una comparecencia ante el Departamento de Salud el 26 de octubre de 2017. Habló sobre la “horrible, horrible situación que estaba atravesando Estados Unidos, en una crisis sin precedentes”. Hasta ahí el presidente acierta, pues los datos indican que entre 2005 y 2015 las muertes relacionadas con heroína se han multiplicado por ocho, el número de usuarios habituales ha pasado de 200.000 a 600.000 en ese periodo, con un incremento más marcado entre las mujeres que entre los varones.
Confusión con los términos
La cosa empieza a torcerse cuando el presidente confunde conceptos de primero de primaria como “elemento” y “conjunto”. Porque confundir “heroína” y “opiáceos” viene a ser como mezclar “oveja” con “mamífero” o “aragonés” con “europeo”. Repetimos: “tenemos un problema con la heroína” y “tenemos un problema con los opiáceos” son dos cosas distintas. Tan distintas como afirmar que “todas las ovejas hacen beeee” y “todos los mamíferos hacen beeee”. O que “los aragoneses llevan flores a la Virgen del Pilar” y “los europeos llevan flores a la Virgen del Pilar”. Con permiso de los editores de la revista, ilustramos la diferencia entre “elemento” y “conjunto” con un gráfico muy cutre que hemos elaborado artesanalmente pero que será de fácil comprensión tanto para el señor Trump como para sus asesores sanitarios y en tema de drogas. Por favor, si algún lector conoce a Donald, que se lo haga llegar de mi parte. De nada.
La complejidad del problema de opioides
Porque, efectivamente, Estados Unidos está sumido en un “problema de opioides” de elevadísima magnitud. Pero no es que el monstruo de la heroína le haya dado por resucitar y ponerse a causar estragos en las ciudades de Estados Unidos, como si fuera Godzilla. El tema es algo más complejo y tiene mucho que ver con la idea expresada en el párrafo anterior.
Por no liar más las cosas (no estamos minusvalorando la inteligencia de los lectores, recuerden que estábamos con el señor Trump), obviaremos las diferencias entre “opiáceos” y “opioides”. Pero el problema en Estados Unidos tiene más que ver con los fármacos opioides que con la heroína.
Historia de los opioides
Los principios activos del opio figuran entre los fármacos más importantes de la historia de la humanidad. Ya en la Antigua Grecia se convirtió en el símbolo de Démeter, la diosa madre, y la morfina ha sido el fármaco analgésico más utilizado a lo largo de la historia. Aún hoy figura en la lista de medicamentos considerados como “esenciales” por la Organización Mundial de la Salud.
Problemas asociados a la morfina
Es cierto que la morfina tiene efectos secundarios indeseados (produce estreñimiento, picor, náuseas y vómitos, visión borrosa, sequedad de boca…). La “euforia” también suele citarse en la lista de “efectos adversos” aunque es discutible si “sentirse bien” en una situación de sufrimiento y dolor extremo debería considerarse un efecto adverso. El organismo se adapta a estos efectos al cabo de semanas a través de mecanismos de tolerancia farmacológica. La morfina también puede producir dependencia, un síndrome de abstinencia al suprimirla bruscamente y ser mortal en sobredosis por depresión respiratoria. En la práctica clínica habitual, muchos de estos efectos pueden manejarse utilizando distintas formulaciones, incrementando de forma progresiva la dosis y retirándola igualmente poco a poco.

Investigación en la industria farmacéutica
La industria farmacéutica lleva décadas diseñando moléculas que multipliquen el efecto analgésico de la morfina, que admitan otras vías de administración y que eviten los efectos adversos y el potencial de dependencia. El hecho de que la morfina sea un fármaco extraordinariamente barato (la ampolla cuesta 0,67 euros) es también un factor importante a la hora de considerar el interés de la industria.
Y todas estas investigaciones han conseguido casi todos los objetivos propuestos. Disponemos de fármacos más potentes que la morfina (como la oxicodona o la hidromorfona), que se pueden administrar por vía sublingual, intranasal o a través de la piel (como el fentanilo o la buprenorfina) y que son mucho más caros que la morfina (la oxicodona es diez veces más cara que la morfina y el fentanilo entre setenta y cien).
Dependencia de los nuevos opioides
En el único aspecto en el que no se ha avanzado mucho es en el potencial de dependencia. Aunque la industria se ha encargado de maquillar este aspecto, fármacos como la oxicodona o la hidromorfona enganchan y tienen un efecto de “euforia” similar al de la heroína, sobre todo si se utilizan por vías de administración rápida como la intranasal (como el fentanilo). Los fabricantes de oxicodona tuvieron que cambiar la formulación del producto ante la fea costumbre de algunos pacientes (y médicos) que descubrieron lo que pasaba si machacabas un comprimido de este medicamento y te lo metías por la nariz.
Uso indebido y sus consecuencias
Al igual que sucede con las drogas, hay que huir de los discursos simplistas. Estos fármacos no son necesariamente “malos” y suponen avances y ventajas significativas en determinadas situaciones médicas. El problema es que, principalmente en Estados Unidos, su prescripción se ha incrementado exponencialmente de forma injustificada. Distintos artículos científicos en las más prestigiosas revistas llevan alertando sobre este fenómeno desde hace años (referencias).
El papel de los profesionales sanitarios
Y… ¿qué es lo que sucede cuando, en lugar de analgésicos convencionales, los dentistas de Minessota se ponen a recetar oxicodona como si fueran caramelos, a los traumatólogos de Orlando les da por el fentanilo y a los reumatólogos de California por el tapentadol? ¿Y si, además, resulta que la producción ilícita de opio se ha incrementado en los últimos dos años a nivel mundial? Añádanle a todo esto que estamos en el siglo XXI, donde los criptomercados permiten acceder a cualquier sustancia ilegal a golpe de un clic y donde derivados de drogas fiscalizadas, técnicamente alegales pero sólo probados en cerebro de ratón, pueden comprarse con una VISA.
Expectativas futuras
Los lectores tendrán que esperar al próximo y último número de esta serie para conocer la respuesta a estos enigmas, pero ya se pueden imaginar la tormenta perfecta que se está organizando. También les contaremos las medidas propuestas por Mr. Trump para atajar el problema. Y créanme, lo del muro con México para atajar la inmigración se queda pequeño.
Referencias
Cicero, Theodore J. (2005) Trends in Abuse of OxyContin® and Other Opioid Analgesics in the United States: 2002-2004. The Journal of Pain, 6, 10, 662–672.

Brady, K. T., McCauley, J. L., & Back, S. E. (2016). Prescription Opioid Misuse, Abuse, and Treatment in the United States: An Update. The American Journal of Psychiatry, 173(1), 18–26.
Dart RC, Surratt HL, Cicero TJ, Parrino MW, Severtson SG, Bucher-Bartelson B, et al. (2015) Trends in opioid analgesic abuse and mortality in the United States. N Engl J Med. ;372(3):241–8.
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Preguntas Frecuentes
P: ¿Qué significa el «Regreso de la heroína»?
R: Se refiere al resurgimiento del uso y abuso de la heroína en varios lugares, con un retorno temido y documentado en reportajes recientes, aunque sin datos concluyentes en algunas regiones.
P: ¿Por qué se considera preocupante el regreso de la heroína?
R: La preocupación radica en la creciente dependencia a los opioides, que ha llevado a un aumento significativo en las muertes por sobredosis, especialmente en lugares como Estados Unidos.
P: ¿Es real el aumento del consumo de heroína en Europa?
R: Según el artículo, no hay evidencia sólida que respalde un aumento significativo del consumo en Europa, aunque existen indicios y un foco mediático en ciertos países como el Reino Unido y Portugal.
Acerca del autor

Fernando Caudevilla (DoctorX)
Médico de Familia y experto universitario en drogodependencias. Compagina su actividad asistencial como Médico de Familia en el Servicio Público de Salud con distintas actividades de investigación, divulgación, formación y atención directa a pacientes en campos como el chemsex, nuevas drogas, criptomercados y cannabis terapéutico, entre otros.



















