La metadona es un agonista opioide empleado como medicamento principalmente en la terapia sustitutiva del consumo de heroína y de otros opiáceos.
Su inclusión en los programas de tratamiento ofertados por centros y dispositivos de atención a drogodependientes marcó un antes y un después en términos de eficacia en el control y en la disminución de toda la problemática asociada al consumo de heroína en nuestro país.
Historia de la metadona
La metadona fue sintetizada por primera vez en el año 1937 por parte de científicos alemanes, patentada en 1941 y comercializada en 1943. Durante la Segunda Guerra Mundial fue de uso común en Alemania, al mismo tiempo que desconocida en el resto del mundo. Al finalizar la guerra, los documentos científicos relativos a esta sustancia fueron confiscados por los Estados Unidos que, posteriormente, vía la compañía Eli Lilly, la introdujeron en el mercado como analgésico en el año 1947 bajo el nombre “dolofina” –que viene a significar “fin al dolor” y que nada tiene que ver, como reza la leyenda, con Adolf Hitler–.
Su empleo como fármaco sustitutivo de la heroína fue llevado a cabo de forma pionera en Canadá por parte de Halliday a finales de los años 50 y por Dole y colaboradores a principios de los 60 en los Estados Unidos. Los resultados, desde un primer momento, fueron espectaculares en comparación con los tratamientos al uso (libres de drogas):
“El estudio retrospectivo realizado en Nueva York por Dole, Des Jarlais & Joseph (1981) sobre admisiones a tratamiento de mantenimiento con metadona y detenciones debidas a la adicción, demostró que unos 20.000 heroinómanos fueron admitidos en tratamiento con metadona entre el 1 de enero de 1971 y el 31 de diciembre de 1973. En este mismo periodo, el número de detenciones a consecuencia de las drogas disminuyó en 24.000 y los casos de hepatitis registrados en 1.500. El mantenimiento con metadona ha demostrado de manera continua unos resultados impresionantes, consiguiendo reducir en más del 80 % de los pacientes tratados el consumo de heroína y las actividades delictivas. Estos datos han sido confirmados a lo largo de la historia del tratamiento con metadona, empezando por los resultados del estudio a largo plazo escrito por Dole & Joseph en 1978:

«En el momento de la evaluación, tras un tiempo medio en tratamiento de 72 meses, la incidencia de un consumo importante de opiáceos ilícitos había pasado del 100 % antes del tratamiento, al 1 %. La tasa de detención (por cualquier tipo de delito) había pasado de 90 por 100 individuos/año en el período previo al tratamiento, a 5 por 100 individuos/año durante el período evaluado.» (M. W. Porrino).”
A pesar de ello, el cambio de paradigma desde un modelo terapéutico enfocado a la abstinencia absoluta como único fin y modo de proceder a uno que contemplase también las perspectivas de reducción de riesgos se hizo esperar… en algunos países más que en otros.
En Suecia, Reino Unido, Dinamarca y en los Países Bajos los primeros programas de mantenimiento con metadona se instauraron a finales de los años 60. En Finlandia, Portugal, Italia y Luxemburgo a finales de los 70. En Austria y en España a finales de los 80. En Irlanda, Alemania, Grecia y Francia en los 90. Y todavía en este nuevo milenio continúa siendo visto como algo novedoso y desconocido en algunas partes del mundo. En cualquier caso, en occidente, a raíz de la propagación del VIH, este tipo de programas fueron instaurándose más pronto que tarde de forma generalizada.
Planteamiento y resultados
Dole y sus colaboradores dieron el paso de emplear la metadona para el tratamiento de la adicción a la heroína partiendo de la premisa de que un abordaje farmacológico de la misma tenía que cumplir con las siguientes condiciones:
“Debe eliminar la atracción por la euforia de la heroína y los síntomas de abstinencia que conducen a los adictos a recaer en el consumo de drogas; debe estar suficientemente exenta de efectos tóxicos disfóricos para que los pacientes continúen el tratamiento; debe ser eficaz por vía oral, tener una larga duración, ser de uso médico seguro y compatible con un funcionamiento normal en el trabajo y/o los estudios y con un comportamiento social responsable (M. W. Porrino).”
Y en este sentido, la metadona cumple todos y cada uno de los criterios.

Al ser un opioide de vida media larga, con una única toma al día vía oral se eliminan todos los síntomas abstinenciales. Su efecto carece de los tintes eufóricos y placenteros de la heroína, por lo que no conduce al abuso. Y al mismo tiempo permite que el usuario pueda realizar sus labores cotidianas con absoluta normalidad.
Un amigo que está actualmente en tratamiento nos lo explica de manera ejemplar:
“Lo intenté tantas veces… vía granjas, vía sanatorios, vía curas de sueño, desintoxicaciones ultrarápidas, vía todo… y nada me dio resultado. Con la metadona gané una calidad de vida que antes no tenía. Podía estar en mi entorno, en mi medioambiente, con mi propia gente, haciendo una vida normal sin tener que estar poniéndome todo el rato… porque ser yonqui es un trabajo a tiempo completo. La metadona te soluciona esa papeleta. Si tienes un trabajo lo puedes sacar adelante; si estás estudiando, lo mismo… No te rompe la vida. Puedes llevar una vida familiar, incluso sentimental, una pareja… Es verdad que es un coñazo de tratamiento, porque es muy largo, pero es efectivo, oiga.”
Efectividad del tratamiento
Efectividad, esa es la cuestión. Más allá de las diatribas morales, políticas e ideológicas, ante la alarmante problemática social y sanitaria surgida en torno al consumo de heroína llegó un momento en el que lo que se requería eran resultados, no ideales fantasiosos e inalcanzables. La metadona impuso pragmatismo; y los resultados no se hicieron esperar. El caso de España es ejemplar. De una parte se tardó en incluirla en los programas bastante más que en otros países, lo que provocó que, comparativamente, hubiera unas tasas de infección de VIH en el colectivo de los consumidores de heroína realmente descomunales. Sin embargo, una vez vencidas las reticencias iniciales, la implantación del modelo de mantenimiento con metadona fue ejemplar, tanto que hace unos años (en 2013), la Organización Mundial de la Salud mencionó a España como un ejemplo a seguir a la hora de controlar las infecciones de VIH. La OMS viene a señalar que “las infecciones de VIH entre la población heroinómana española pasaron de las 6.200 al año a principios de los 90 a 690 nuevos contagios en 2010”, destacando que “la causa principal de esta reducción es la gran implantación de los programas de metadona entre los adictos a la heroína”.
Marta Torrens, jefa del Programa de Adicciones del Instituto de Neuropsiquiatría del Hospital del Mar de Barcelona, no explica la clave de tal logro: “España logró este éxito al quitar restricciones innecesarias sobre cuándo y cómo los heroinómanos podían recibir metadona, al no limitar la dosis o la duración del tratamiento y al permitir a determinados pacientes que se lleven las dosis a casa […] Algunos programas de tratamiento con drogas echan a gente de los programas al primer signo de comportamiento difícil, pero el programa de metadona español hace todos los esfuerzos necesarios para mantener a los pacientes en tratamiento lo más que se pueda”.
De nuevo, nuestro amigo viene a ser el ejemplo personificado de lo que reflejan las frías estadísticas:

“De una parte tienes los programas en los que se combina el trabajo del psicólogo, el médico y el trabajador social, unido a las analíticas. Y claro… las analíticas… muchas veces tienes consumos… ellos lo ven… y te castigan con la dispensación de los botes, teniendo que ir a diario y tal… vamos, que te pasas todo el puto día en el CAD. Así que yo estoy en otro recurso, en el que me dan los botes una vez a la semana y cuento con la opción de recibir atención de los profesionales cuando la requiera, pero no por imposición categórica. Y donde se me hacen periódicamente analíticas sobre mi estado de salud, no sobre mis consumos en plan marcaje corto para pillarme. Y oye, me va muy bien… estoy en 4 mg, en unos meses espero dejarla. Consumo heroína fumada esporádicamente en cantidades incomparablemente inferiores a las que consumía en su día y mi intención es terminar por abandonarla también, que ya estoy mayor y ya no es lo mismo.”
Reto de dejar la metadona
La metadona es, a día de hoy, el fármaco mejor estudiado y más eficaz en el tratamiento de la dependencia a la heroína. Los resultados están sobre la mesa y no dejan lugar a dudas si se compara con el panorama existente antes de su implantación generalizada.
Ahora bien, tampoco es una panacea y, en última instancia, es evidente que el tratamiento de mantenimiento se sustenta en la dependencia a otra droga, lo cual, lógicamente, conlleva sus incuestionables problemáticas, incomodidades, efectos secundarios… de los que los pacientes, llegado un momento, también querrán liberarse.
Se da el caso, no obstante, de que el abandono de la metadona no es tarea sencilla para todos. Lo habitual es que la sustancia se vaya retirando de modo gradual hasta llegar a cero, pero algunos pacientes se quedan atascados al final del proceso, siendo incapaces de abandonar el consumo de unos pocos miligramos porque ante la más mínima reducción de dosis se ven aquejados por notables e insoportables síntomas de abstinencia. De tal manera que el tratamiento se prolonga durante más tiempo (puede que años y años) del que quisieran y se sienten algo así como encerrados en una cárcel química.
La solución, lamentablemente, no es sencilla, y cada vez resulta más patente la necesidad de ofrecer métodos eficaces para el abandono de la metadona a los pacientes que llevan lustros e incluso décadas consumiéndola.
Al respecto, y como mero apunte a la hora de poner fin a este artículo, cabe decir que, de un tiempo a esta parte, cada vez están más en boga los métodos de deshabituación a base de ibogaína. Quien desee informarse sobre ellos puede hacerlo en la asociación holandesa ICEERS, que cuenta con una sede en Barcelona.

Referencias
Porrino, M, W. Manual de tratamiento con metadona. Grup IGIA. https://goo.gl/5zTDH5.
ABC. España ejemplo mundial de cómo controlar el VIH gracias a la metadona. https://goo.gl/3VA7b4.
ICEERS. https://goo.gl/6Pamzb.
Preguntas Frecuentes
P: ¿Qué es la metadona y para qué se utiliza principalmente?
R: La metadona es un agonista opioide utilizado principalmente como medicamento en la terapia sustitutiva para el consumo de heroína y otros opiáceos.
P: ¿Cuáles fueron los efectos del tratamiento con metadona según estudios históricos?
R: Según estudios realizados, el tratamiento con metadona ha reducido el consumo de heroína y actividades delictivas en más del 80 % de los pacientes tratados.
P: ¿Qué condiciones debe cumplir la metadona para tratar la adicción a la heroína?
R: La metadona debe eliminar la atracción por la euforia de la heroína, los síntomas de abstinencia y permitir al usuario continuar sus actividades cotidianas con normalidad.
Acerca del autor

Eduardo Hidalgo
Yonki politoxicómano. Renunció forzosamente a la ominitoxicomanía a la tierna edad de 18 años, tras sufrir una psicosis cannábica. Psicólogo, Master en Drogodependencias, Coordinador durante 10 años de Energy Control en Madrid. Es autor de varios libros y de otras tantas desgracias que mejor ni contar.



















