SOBREDOSIS OPIÁCEAS Y NALOXONA

por Eduardo Hidalgo

La naloxona es un antagonista opioide que, al ser administrado en casos de sobredosis, pone fin inmediatamente a la parada respiratoria, literalmente resucitando y salvándole la vida al usuario, quien, inmediatamente también, pasará a sufrir un síndrome de abstinencia (siempre que sea adicto a la heroína). Su utilización a día de hoy es llevada a cabo exclusivamente por parte de personal sanitario en centros y unidades de emergencia y de atención sociosanitaria. Sin embargo, desde hace tiempo existe un acalorado debate al respecto de si este fármaco debiera ser de acceso libre para los consumidores de heroína como estrategia de reducción de riesgos que ayudase a disminuir la mortalidad en este colectivo.

Sobredosis opiáceas foto 1

El reto de definir la sobredosis opiácea

Como viene a señalar el psiquiatra José Cabrera Forneiro, el término «sobredosis» significa dar un medicamento o agente terapéutico en mayor cantidad de la requerida para que ejerza su función beneficiosa en una sola toma, por lo que podría equipararse sobredosis a dosis tóxica. De modo que, teniendo en cuenta que las dosis analgésicas de la heroína rondan los 5-10 mg, por sobredosis heroica, en principio, habría de entenderse toda cantidad superior a los 10 mg. Sin embargo, en la práctica esta definición resultaría incorrecta, ya que, debido al fenómeno de la tolerancia, las dosis terapéuticas pueden aumentar muy por encima de los 10 mg sin llegar a ser dosis tóxicas. Así es que, a efectos prácticos y aun no existiendo una definición clínica clara y absolutamente consensuada de lo que se entiende por sobredosis opiácea, podría decirse que lo que este término viene a designar en el caso del consumo de heroína ilícita es «una reacción adversa aguda secundaria a la administración de opiáceos que cursa con coma más o menos profundo, miosis pupilar y depresión respiratoria que, si es intensa, puede llevar a una parada respiratoria y a la muerte en pocos minutos».

La cuestión es que, más allá de las diatribas terminológicas, las sobredosis constituyen la principal causa de mortalidad entre los consumidores de jako, dándose el caso de que la tasa de defunción anual de los yonkis es de entre el 1 y el 3 %, es decir, entre seis y veinte veces más elevada que la de sus iguales no consumidores (aun cuando, evidentemente, no todas las muertes de los yonkis son debidas a una sobredosis, ya que también intervienen otros factores de peso como el VIH, las hepatitis y la violencia, por ejemplo).

A su vez, diversos estudios han demostrado que la inmensa mayoría de las sobredosis las sufren los usuarios que utilizan la vía intravenosa, aunque también se dan unos pocos casos en esnifadores y, anecdóticamente, en cazadores del dragón y entre aquellos que se administran el burro oralmente. Los desafortunados difuntos suelen tener una edad que ronda la veintena tardía o la primera treintena, y el 80 % son yonkis habituales y dependientes del jako que llevan consumiéndolo entre cinco y diez años, mientras que las muertes de usuarios recreativos (esporádicos y ocasionales) no representan más del 17 % del total. Por otra parte, la gran mayoría de estas reacciones adversas (concretamente entre el 58 y el 79 %) ocurren en compañía de otras personas que, sin embargo, no suelen saber cómo pedir ayuda o no quieren hacerlo por miedo a la posible intervención policial. Esto es particularmente importante debido a que, en la mayor parte de las sobredosis (al menos en más de la mitad), la muerte se produce entre una y tres horas después de la última inyección de heroína, lo cual significa que muchísimas de esas muertes podrían haberse evitado si los acompañantes del individuo en cuestión hubiesen sabido y podido solicitar ayuda sin miedo a sufrir posibles repercusiones negativas de tipo legal. También es cierto, no obstante, que un porcentaje minoritario de las sobredosis cursan con parada respiratoria fulminante que se revierte completamente en caso de administrarse naloxona pero que, de no hacerlo, provocan la muerte en unos pocos minutos.

Te puede Interesar
Canadá despenaliza otras drogas ‘duras’ como cocaína, MDMA o heroína
Sobredosis opiáceas foto 2

Debate sobre el uso y distribución de la naloxona

Ello ha dado lugar a intensos debates y acaloradas discusiones entre los profesionales de las drogodependencias y de la reducción de riesgos sobre la conveniencia o no de distribuir viales de naloxona o jeringuillas precargadas con esta sustancia entre los usuarios de heroína, ya que, en vista de que la mayor parte de estas reacciones adversas se producen en presencia de otros consumidores, se entiende que, dándoles libre acceso al antagonista opioide y explicándoles cómo han de usarlo, podrían salvarse miles de vidas al año en todo el mundo. En este punto conviene tener en cuenta que en la UE se producen anualmente entre siete mil y nueve mil sobredosis mortales, y en Estados Unidos alrededor de cuatro mil, así como, por poner un ejemplo más cercano e inmediato, en el extinto Can Tunis (célebre zona de trapicheo y consumo de Barcelona) se producía de media una sobredosis cada dos días. Sin embargo, como ya sucediera en su momento con el tema del reparto e intercambio de jeringuillas, las propuestas para dispensar naloxona a los usuarios de jamaro se han topado una y otra vez con todo tipo de negativas, trabas y cortapisas, basadas y justificadas, como es habitual en estos ámbitos, en las más peregrinas y absurdas de las argumentaciones, que, incluso, llegan a contradecirse unas a otras. Mencionemos algunas a modo de ejemplo:

  • Debido a que la naloxona provoca un desagradable síndrome de abstinencia, los consumidores no la utilizarán o serán reticentes a utilizarla aunque se les dé libre acceso a ella («¡Uy! Fíjate, a Fulanito le ha dado una sobredosis. ¿Le salvamos la vida con un chute de naloxona? —¡No, hombre, no! ¿Tú estás loco o qué? Deja mejor que se muera, que como lo resucites le va entrar el mono y le vas a hacer una gran putada…»).
  • Debido a que la naloxona revierte fácilmente las sobredosis, los usuarios realizarían usos muchos más arriesgados y peligrosos, consumiendo cantidades cada vez más elevadas, ya que, en caso de producirse algún problema, podrían revertirlo fácilmente inyectando el antagonista («¡Ey! ¡Ey! ¡Ey! Que me han dado un vial de naloxona. Venga tío, enchúfate dos gramos del tirón que si la palmas te resucito…»).
  • Parte de la naloxona se derivaría al mercado ilícito y se comerciaría ilícitamente con ella («Que tengo chutaas, plataaa, amoníacooo, naaa-loo-xonaaa…»).
  • Podría haber usuarios que utilizasen las jeringuillas cargadas de naloxona para atracar y amenazar a otros («Venga chaval, dámelo todo o te meto aquí mismo una inyección intramuscular de naloxona y te induzco un mono de aquella manera»).
  • Como el acceso a la naloxona daría lugar a que el consumo de heroína fuese más seguro, podría haber personas que se animasen a consumirla y que de otro modo nunca se habrían atrevido a tomarla («Oye, Maripili, ¿te has enterado de que en los dispositivos de reducción de riesgos dispensan naloxona? —¿Pero qué me dices? ¡Qué ilusión! Pues ahora mismo, en cuanto salgamos de la pelu, vamos a pincharnos. Total, teniendo un antagonista en la mano, ¿qué problema hay en tomar heroína?»).
  • La distribución de naloxona podría contribuir implícitamente a la legalización de la heroína («Si es que a estos yonkis les das la mano y te cogen el brazo…»).

La resistencia al cambio en el tratamiento de adicciones

En fin, Serafín… que resulta curioso escuchar a los profesionales hablar de las resistencias al cambio de sus pacientes cuando en el ámbito de las drogodependencias se necesitan décadas para que las cosas cambien sólo un ápice, siendo bloqueadas contumazmente por un estamento profesional que, pasados diez o veinte años, obligado por las circunstancias y por la bendita evidencia científica, cambiará repentinamente de parecer y se abrazará a lo que no quiso ver ni en pintura como si ahora fuese la maravilla suprema, para, eso sí, volver a bloquear durante otros cuatro lustros cualquier otra posibilidad de cambio (y así ad infinitum o ad nauseam, como gusta decir el señor Ott).

Complicaciones y desafíos del uso de la naloxona

En cualquier caso, cabe señalar que la dispensación de naloxona a los usuarios no está libre de problemas y presenta realmente algunas serias complicaciones que, no obstante, poco tienen que ver con las apuntadas habitualmente por los drogabusólogos. Aparte de que en un pequeño porcentaje de los casos tras la inyección del antagonista pueden producirse convulsiones, arritmias y agitación, la problemática más importante reside en el hecho de que la vida media de la naloxona es de entre quince y sesenta minutos, es decir, que sus efectos son notablemente más breves que los de la heroína. Ello da lugar a que, una vez que desparezca la acción del antagonista, pueda producirse de nuevo una sobredosis, bien porque las concentraciones del opiáceo continúen siendo muy elevadas, bien porque el usuario vuelva a consumir y la nueva dosis se acumule con lo que queda de la anterior, hasta el punto de que, otra vez, lleguen a alcanzarse concentraciones plasmáticas demasiado altas. De hecho, durante 1996 y 1997 se produjeron varias muertes en Milán y Sidney asociadas al uso descontrolado de viales de naloxona que habían sido distribuidos entre los usuarios locales de heroína. De todos modos, cabe considerar que estas complicaciones no son insalvables, en el sentido de que puede entenderse que, si los médicos y los enfermeros son capaces de manejar la naloxona con competencia, perfectamente podrían hacerlo también los yonkis. Únicamente habría que explicarles bien las cosas, dedicando el tiempo y el dinero necesarios para instaurar programas informativos, formativos y de sensibilización sobre el correcto uso del antagonista, para, posteriormente, pasar a dispensarlo de forma paulatina y controlada.

Te puede Interesar
Hedonismo Sostenible (VI)
Sobredosis opiáceas foto 3

Referencias de estudio

CABRERA, J.: «¿Muerte por sobredosis?». Proyecto Hombre, n.º 20, 1996, pp. 10-11.

ANORO, M. et al.: «Factores asociados a presentar parada respiratoria en las sobredosis por opiáceos atendidas en un escenario abierto de consumo de drogas en Barcelona». Revista Española de Salud Publica, vol.78, n.º 5, Madrid, septiembre-octubre de 2004. Disponible en: https://goo.gl/2inJ6G.

PEREIRO, C. et al.: «Muerte por sobredosis: de la reacción aguda tras consumo de opiáceos a la muerte asociada al policonsumo». Adicciones. Monografía Opiáceos, vol. 17, supl. 2, 2005, pp. 151-165. Disponible en: https://goo.gl/XQWMB7.

Sobredosis opiáceas foto 4

SPORER, K.: «Strategies for Preventing Heroin Overdose». British Medical Journal, vol. 326, n.º 7386, 2003, pp. 442-444. Traducido al castellano en: https://goo.gl/yu3ARw.

Acerca del autor

Eduardo Hidalgo

Yonki politoxicómano. Renunció forzosamente a la ominitoxicomanía a la tierna edad de 18 años, tras sufrir una psicosis cannábica. Psicólogo, Master en Drogodependencias, Coordinador durante 10 años de Energy Control en Madrid. Es autor de varios libros y de otras tantas desgracias que mejor ni contar.