Terapias de Asistencia con Heroína
Introducción a los programas de mantenimiento con heroína
PROGRAMAS DE MANTENIMIENTO CON HEROÍNA
Heroína para tratar la dependencia a la heroína… Suena absurdo, ¿verdad? ¿O acaso a alguien se le ocurriría usar chicles de nicotina, parches de nicotina, espray nasales, inhaladores o grageas de nicotina para tratar la dependencia a la nicotina? “Oh wait…” que ahora que lo digo la Terapia de Reemplazo con Nicotina (TRN) está tan institucionalizada que hasta la Organización Mundial de la Salud (OMS) hace figurar a tales productos en la lista de los medicamentos más importantes que debe tener un sistema de salud. A fin de cuentas, hay estudios que apuntan a que aumenta las probabilidades de dejar de fumar entre un 50 y un 70 % y, aún en los casos en los que la dependencia a la sustancia se mantiene de por vida, los efectos perjudiciales sobre la salud son infinitamente menores (un claro ejemplo es el uso de snuss –una presentación tabáquica comercial, no medicamentosa, para consumo vía oral– empleada habitualmente en Suecia con consecuencias demostradamente menos lesivas que los cigarrillos. De tal manera que, tal vez, las “Terapias de Asistencia con Heroína” no sean tan ilógicas como pudiera parecer. Evidentemente, hay muchas distancias que salvar con respecto a las aplicadas con el tabaco, pero su razón de ser la tienen. Veámoslo.
Historia de la heroína como tratamiento
La heroína en sí misma fue en su día un medicamento, empleado ampliamente como antitusígeno y como analgésico. Bien pronto, sin embargo, en razón de los sucesivos encuentros, esfuerzos y tratados internacionales para controlar el uso ilícito de drogas, la diacetilmorfina terminó siendo objeto de una regulación tan estricta que, en la práctica, quedó relegada al ostracismo y desapareció de las farmacias de todo el mundo, viniendo a ser prácticamente ilegalizada por completo –a excepción de para usos científicos– en la Convención Única sobre Estupefacientes de 1971.
Notable excepción a la regla es el caso del Reino Unido, que ya desde la década de los años 20 del siglo pasado, en su particular aplicación de los primeros convenios internacionales, estipuló que la heroína podría ser dispensada legalmente a adictos a opiáceos en un tratamiento de reducción gradual de la dosis así como, de forma indefinida, a dependientes que sufran síndromes de abstinencia difícilmente tratables por otros medios y a aquellos que pueden llevar una vida normalizada siempre que puedan administrarse una pequeña cantidad de heroína al día. Es lo que se conoce como British System, que desde entonces ha seguido vigente, aún cuando, debido a las crisis sociosanitarias de los años 70 y 80, a la aparición de la metadona, etc., el número de pacientes adscritos a esta modalidad de tratamiento fue siendo cada vez menor. Aún con todo, una revisión realizada en el año 2002 evidenció que había más de 450 pacientes recibiendo de sus médicos dosis diarias de diacetilmorfina farmacéutica en cantidades que iban de los 5 a los 1500 mg. Y actualmente se estima que más de 100 personas continúan beneficiándose de esta terapia.

Implementación y evaluación de los programas
En el sistema inglés la heroína es entregada al paciente y éste se la administra por sí mismo dónde y cuándo estime oportuno. Las evaluaciones demuestran que, aún siendo usuarios crónicos, tienen pocos problemas de salud y que su consumo de otras drogas y la comisión de actos delictivos son considerablemente bajos (aunque no desaparecen del todo). Sin embargo, aún tratándose de una terapia que lleva practicándose literalmente 100 años aparentemente con buenos resultados, dadas sus peculiaridades (pocos beneficiarios, administración fuera del contexto terapéutico, etc.) nunca ha contado (ni lo ha pretendido) con la suficiente solidez científica como para ser presentada y propuesta como una alternativa terapéutica a ser tomada en cuenta por otros sistemas sanitarios.
Aun así, a principios de los años 90, con el rebrote del consumo de heroína y los problemas sociosanitarios asociados (VIH, hepatitis, delincuencia, sobredosis…), en el colectivo asistencial de las drogodependencias fue tomando fuerza el enfoque de reducción de daños frente a los tradicionales programas libres de drogas. Ello dio pie a que se fuesen instaurando paulatinamente en toda Europa los programas de mantenimiento con metadona y los de intercambio de jeringuillas. Para la gran mayoría de los países eso fue más que suficiente, en tanto en cuanto que, con tales medidas e innovaciones, se tenía controlado el grueso del problema… es decir, a la mayor parte de los consumidores problemáticos de opiáceos.
Desarrollos innovadores en Suiza
Fue entonces cuando en Suiza, preocupados e interesados en dar cobertura asistencial a este reducido núcleo duro, se fijaron en el centenario modelo inglés y tomaron la determinación de implementarlo a su manera (Programa PROVE, 1994): dispensando heroína de forma experimental en un entorno completamente controlado y realizando un seguimiento de los pacientes que permitiese evaluar en base a la evidencia científica la eficacia real de la intervención terapéutica.
Finalmente, los resultados demostraron ser positivos. La OMS creó un comité de expertos para que revisara concienzudamente el programa experimental y su veredicto fue que, efectivamente, los resultados eran buenos, aunque presentaban algunas deficiencias metodológicas –como no tener grupo control–. De tal manera que la Organización Mundial de la Salud recomendó la puesta en marcha de ulteriores estudios en los que se salvasen las deficiencias observadas en este.
Resultados y expansión de los programas
El programa experimental llevado a cabo en Zúrich en el año 94 puso de relieve que ofertar una alternativa terapéutica viable para el colectivo de usuarios más alejados e impermeables a la red asistencial, más allá de una primera y fundamental razón humanitaria, aportaba beneficios proporcionalmente enormes no sólo para ellos mismo sino para toda la sociedad en su conjunto.

A modo de ejemplo ilustrativo, se estimó que un 10 % del total de consumidores de heroína consumía por sí sólo el 50 % de todo el caballo que circulaba en el país. Y se daba el caso de que ese 10 % era precisamente un colectivo prioritario al que iban dirigidos este tipo de programas. De modo que, insospechadamente, vino a constatarse que administrando diacetilmorfina farmacéutica a este reducidísimo grupo de heroinómanos se obtenía como resultado directo que, de un día para otro, el 50 % de la heroína ilegal circulante en el país se quedaba huérfano. El narcotráfico perdía de golpe y porrazo la mitad de su negocio y, con ello, sufría un descalabro económico como nunca antes podía haber imaginado.
Los beneficios que aportaba la Terapia de Mantenimiento con Heroína iban mucho más allá del mero golpe al narco y eran tan evidentes y de tal relevancia que, cuando en el año 2008 el gobierno sometió a referéndum popular la implantación permanente de estos programas, la sociedad suiza no dudo un ápice en dar el “sí”.
A la luz de la primera experiencia en Zúrich, varios países implementaron sus propios programas: Suiza repitió en 1998, los Países Bajos en 2003, España en el 2006, Alemania en el 2007, Canadá en el 2009, Reino Unido en el 2010 y poco más tarde en Bélgica y Luxemburgo. Y a la luz de los resultados obtenidos, este tipo de terapias han dejado de ser experimentales en Suiza, Alemania, Holanda y Dinamarca, donde definitivamente se han convertido en una alternativa asistencial más, completamente en el sistema sanitario.
Evaluación de los programas de mantenimiento con heroína
Aunque cada programa presenta sus peculiaridades –en tanto en cuanto están adaptados a un contexto específico y diferente en cada caso– y sus diferencias metodológicas, así como sus inevitables divergencias en los resultados obtenidos, cabría decir que, en líneas generales, la evaluación de todos ellos viene a concluir lo siguiente:
Los usuarios adscritos a estos programas reducen considerablemente su consumo de heroína ilícita (67 % en Canadá, 72 % en Reino Unido, 69 % en Alemania…), notablemente más que los adscritos a programas de mantenimiento con metadona. Además, sufren menos síndromes de abstinencia y, cuando los padecen son más livianos. En todos los estudios se constata también un descenso en el consumo de otras drogas (cocaína, alcohol, etc.) mayor que el apreciable en otros tipos de programas.

Los pacientes que participan en programas de mantenimiento con heroína reducen drásticamente su implicación en actos delictivos –tanto los que están relacionados con la adquisición de drogas como los que no–. El impacto es tan grande que es directamente apreciable por parte del vecindario y del entorno inmediato donde conviven estos usuarios.
Impacto en la salud y el bienestar de los participantes
Todos los programas evaluados coinciden en revelar una clara mejoría en la salud física y mental de los participantes, así como en sus relaciones sociales y en el ámbito laboral. Se reducen las sobredosis (aun cuando siguen siendo más frecuentes que en los programas con metadona), el uso compartido de jeringuillas y otros problemas sanitarios asociados al consumo de heroína que además, en caso de darse, son oportunamente atendidos in situ por personal especializado. En este sentido, cabe destacar que, aunque la mortalidad es mayor en los programas de mantenimiento con metadona, lo cierto es que la administración de heroína presenta más riesgos y requiere de mayores medidas de seguridad –en otras palabras: se dan más problemas con la heroína pero son atendidos más eficazmente–.
En varios de los programas (aunque no en todos), la adhesión y la permanencia en el tratamiento han demostrado ser significativamente superiores a los que se dan en cualquier otra modalidad terapéutica.
Costes y beneficios económicos
En última instancia, ateniéndonos a la relación coste/beneficio, el mantenimiento con heroína resulta mucho más provechoso que los demás programas. Aunque su coste económico es considerablemente mayor (pues se requiere de centros operativos 24 horas todos los días del año, personal altamente cualificado, precio más elevado de la diacetilmorfina en comparación con otros agonistas opiáceos….), los beneficios directos son tan elevados (disminución del crimen, de procesos judiciales, encarcelamientos, problemas sanitarios, etc.) que el balance final es inequívocamente favorable en términos económicos y no tiene parangón alguno con las demás modalidades terapéuticas.
Conclusiones y consideraciones políticas
A modo de conclusión, en palabras de Danet, March y Romero cabe decir que:

“La evidencia científica, basada en estudios de experimentación animal y observaciones en seres humanos, sugiere que la diacetilmorfina es la mejor sustancia para mantener la salud física, mental y la función social de las personas dependientes de la diacetilmorfina. Esta sustancia posee menos efectos nocivos para la salud y menos efectos adversos que otros agonistas puros como morfina o metadona”.
Sanidad y política en los programas de mantenimiento
Teniendo en cuenta que la estricta evaluación de estos programas en todos y cada uno de los países donde se han llevado a cabo ha revelado siempre y de forma consistente resultados altamente positivos, resulta chocante que su integración en la red asistencial únicamente se haya producido en unos pocos países. Lo lógico y esperable es que, al menos en Occidente y especialmente en Europa, el mantenimiento con heroína fuese ya una alternativa generalizada como tratamiento de última opción para aquellos consumidores que no logran permanecer ni obtener beneficios de las otras modalidades terapéuticas que les brinda el sistema sanitario (metadona, naltrexona, buprenorfina….).
Indudablemente, esto es así porque la administración por parte del Estado de una sustancia como la heroína –denostada, demonizada y prohibida por antonomasia– tiene muchas y muy profundas implicaciones políticas que vienen a pesar tanto o más que sus utilidades terapéuticas. Siendo el resultado final que estas últimas quedan bloqueadas en razón de las primeras. Valga, al efecto y a modo de punto y final perfectamente aclarativo, el testimonio (recogido en el diario ABC, 08/05/2001) del que fuera Gerente de la Agencia Antidroga de la Comunidad de Madrid, José Cabrera Forneiro:
“La autorización del Gobierno a que las Comunidades interesadas realicen ensayos clínicos con heroína para los drogodependientes más deteriorados que hayan fracasado en otras terapias es «una puerta peligrosísima porque no se ha abierto con fines exclusivamente legítimos, desde el punto de vista científico, sino por presiones e intereses de a ver quién corre más… y al final está propugnar la legalización de las drogas», hecho que califica de «inmoralidad»”.
Preguntas Frecuentes
P: ¿Qué son las Terapias de Asistencia con Heroína?
R: Las Terapias de Asistencia con Heroína se refieren al uso controlado de heroína farmacéutica, administrada bajo supervisión médica, para tratar la dependencia a los opiáceos en aquellos pacientes que no han respondido bien a otros tratamientos.
P: ¿En qué países se han implementado programas de mantenimiento con heroína?
R: Uno de los principales ejemplos es el Reino Unido, donde el “British System” permite la dispensación legal de heroína para el tratamiento de adictos y pacientes con síntomas severos de abstinencia, además de Suiza, que ha realizado programas similares.
P: ¿Cómo difieren las terapias de mantenimiento con heroína de otros tratamientos para la dependencia de opiáceos?
R: A diferencia de otros tratamientos como la metadona, las terapias con heroína permiten el uso de la droga bajo control médico para aquellos que no se benefician de los programas tradicionales, y pueden reducir el consumo de otras sustancias y actos delictivos.
Acerca del autor

Eduardo Hidalgo
Yonki politoxicómano. Renunció forzosamente a la ominitoxicomanía a la tierna edad de 18 años, tras sufrir una psicosis cannábica. Psicólogo, Master en Drogodependencias, Coordinador durante 10 años de Energy Control en Madrid. Es autor de varios libros y de otras tantas desgracias que mejor ni contar.




















