Psicología social

por Abou Oubayd Al Bakri

 En Marruecos el consumo de cannabis por medio del Kifi o del hachís ha estado presente desde hace siglos. La hegemonía del Islam por toda Asia Central, Oriente Medio, Extremo Oriente, norte de Magreb y regiones centrales africanas se convirtió en el pasado en un vehículo no solamente para la religión musulmana o para la lengua árabe, sino que también facilitó la expansión del cultivo de la planta de cannabis. La expansión de la cultura árabe-islámica trajo consigo la difusión del cultivo del cannabis por todo el territorio de los diferentes sultanatos que ostentaron el poder a lo largo de la historia del mundo musulmán. La época de los colonialismos dio como resultado la exportación de cannabis hacia Europa, en donde fue utilizado en la práctica médica y por un sinfín de personajes históricos como los que se reunían en el hotel Pimodi.

El consumo de drogas entre la población juvenil marroquí en situación de abandono u orfandad es significativamente elevado. Si bien el consumo de cannabis viene de muy lejos ya, el consumo de otro tipo de sustancias como los adhesivos (colas, acetona, benzaldehído, tolueno, benzoles, xileno…) es algo bastante actual que viene de 7 u 8 años atrás. Puede decirse que el consumo de drogas es un denominador común para los niños y chicos que viven en las calles marroquíes como los niños tetuaníes o los que están habitualmente en la frontera de Ceuta y Marruecos. En la mayoría de los casos los menores consumen por primera vez tabaco y hachís pero el precio de ambos resulta prohibitivo para la economía de estos pequeños desheredados.

el consumo de otro tipo de sustancias como los adhesivos es algo bastante actual que viene de 7 u 8 años atrás

En la actualidad, el precio tanto del tabaco en Marruecos, como del hachís, va en aumento y ese puede ser uno de los factores que mejor expliquen la tendencia actual hacia el consumo de drogas inhalantes (adhesivos y disolventes) industriales por parte de niños y jóvenes marroquíes en situación de orfandad o abandono. Ahora bien, parece ser que hoy día el precio del pegamento está aumentando también hasta el punto de que los chicos más pequeños, los que tienen menos acceso a recursos, ya no pueden permitírselo y en lugar de ello utilizan disolventes como el aguarrás y otro tipo de inhalantes industriales conocidos como “silisyun”, cuyo consumo tiene un efecto desastroso para la salud. El consumo de este tipo de inhalantes, por lo general, produce una breve pero contundente sensación de euforia, además de mareos, seguidos de una especie de duermevela.

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Un envase de disolvente es mucho más barato que un paquete de cigarrillos, suele costar unas cuatro o cinco veces menos. Una vez adquirido en una tienda, utilizan un poco de tela, un jersey o una camisa que impregnan del líquido y posteriormente lo inhalan y así pueden pasarse un día entero entre la euforia efímera y el duermevela que les hace olvidar por unos momentos todos esos pensamientos desoladores que con seguridad tienen debido a su precaria situación vital. El consumo de este tipo de inhalantes los desinhibe produciendo sensación de felicidad y diversión, pero también de ira y enfado, dando como resultado situaciones de violencia como peleas, lesiones e incluso situaciones en las que algún chico, frustrado o impulsado por la falta de coordinación general y del mal funcionamiento del raciocinio producido por el disolvente, se autolesiona.

En gran medida, es una especie de búsqueda desesperada de una salida, un grito de socorro o una modalidad de comportamiento adaptativo por medio del cual suplir carencias y sobrellevar una situación negativa o cuando menos sentir la sensación de que se sobrelleva, de que se puede salir adelante, de que los problemas desaparecen aunque esta desaparición sea efímera y pronto vuelva lo real. Muchos dirían que es una conducta puramente des-adaptativa pero hay algo de adaptativo en ella, cuando menos la búsqueda de la felicidad.

El cannabis o el hachís están muchísimo menos presentes en la vida de estos jóvenes y niños. Existe un consumo de hachís por parte de los menores pero rara vez lo adquieren ellos, lo que significa que algunos adultos se lo proporcionan. La pregunta es: ¿ cambio de qué? Pues francamente a mis oídos ha llegado de todo, hay que tener muy en cuenta que son menores completamente desprotegidos o abandonados y el sistema marroquí no cuenta con medidas necesarias para la integración de este tipo de población. Por lo que sé, los orfanatos en Marruecos así como los centros de día para menores son de carácter privado, lo que significa que si no existiesen, todos estos niños estarían abandonados viviendo en las calles y siendo abusados. La situación de estos menores resulta abrumadora a ojos occidentales. Desde mi propia experiencia puedo decir que en pocos sitios he visto tantos recursos tan mal repartidos como en Marruecos, especialmente en el norte. También existe un pequeño pero significativo porcentaje de estos menores que afirman llevar viviendo en la calle desde los 3 o 5 años, lo cual desmonta cualquier construcción occidental en cuanto a los derechos básicos, los derechos de los niños o el planteamiento del estado de bienestar.

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Desde hace más de tres décadas existen asociaciones en Tetuán que dan cobertura a muchísimos de estos menores y tratan de formarlos y protegerlos. No obstante, es necesaria una colaboración más intensa por parte de las autoridades marroquíes pues es del futuro de lo que estamos hablando, de niños y niñas que algún día serán adultos y formarán parte de la sociedad marroquí.

Todos los programas que se han estado implementando durante estas décadas han dado resultados, arrojando unos datos excelentes. Muchos de estos niños en situación de abandono han encontrado en las asociaciones tetuaníes un hogar con cariño, un camino seguro por el que ir y un futuro mucho menos incierto. En la actualidad, los proyectos que se vienen desarrollando centran el foco en la educación y en la formación de estos menores. Algunas personas que fueron beneficiarios de estos proyectos y que ahora son mayores y tienen hijos colaboran activamente con las asociaciones que les ayudaron a seguir adelante cuando el estado les dio la espalda y depositan su confianza en ellas llevando a sus hijos a los centros de día para que no deambulen por las calles. Además de todo esto, las asociaciones procuran ayuda económica para material escolar, ropa o alimento a las familias necesitadas o que pasan por un mal momento.

Asegurar el futuro de los jóvenes marroquíes pasa por una inversión del estado mucho más contundente en educación, sanidad, servicios sociales y justicia. Marruecos es un país con importantes recursos y situado en el puesto 56 del “Ranking de los países más ricos del mundo por PIB” según el Banco Mundial (2012). Además, cuenta con un sector potencial en cuanto al cultivo de cannabis, de legalizarse el cultivo de marihuana se lograrían importantes ingresos y se revitalizaría el sector agrícola creando nuevos puestos de trabajo.

Sea como fuere, la situación de estos menores ha de ser un problema prioritario para el gobierno marroquí, que siempre tuvo un trato un tanto privilegiado por parte de muchos países occidentales en cuanto a su laxitud del cumplimento de los derechos humanos y de los derechos de los niños.