Navegando llegamos al archipiélago de Jambelí. El manglar situado en los márgenes del caudal forma una barrera casi impenetrable, donde el conocimiento del medio es fundamental si no quieres perderte.

Texto: Javier Vázquez, Alain Chaviano, Mónica Hinojosa Becerra e Isidro Marín Gutiérrez | Fotografías: Javier Vázquez

Puerto Bolívar es nuestro punto de partida para navegar al corazón del archipiélago. En un pequeño embarcadero entre pescadores, mallas y artilugios para la pesca embarcamos en la panga con la que iniciaremos nuestra aventura.

Erigidas sobre columnas, las casas se sitúan a la orilla del caudal. Formas irregulares y colores diversos son la estampa habitual, construcciones de ladrillo se entremezclan con las de madera; amarillo, azul, verde, blanco predominan en unas fachadas que dan fe del paso del tiempo.

Pronto dejamos el pueblo y acompañados por la monotonía del sonido del motor nos abrimos paso rumbo al interior del archipiélago. La navegación se ve alterada cuando llegamos a la desembocadura, las aguas mansas dan paso a un oleaje que agita nuestra embarcación. Stalin, nuestro piloto, lucha frente a las fuerzas del mar manteniendo firme el timón para no desviarnos del camino mientras el agua empieza a entrar en el bote por todas partes. De pronto un contorno irregular irrumpe en escena, la linealidad es reemplazada por la silueta del manglar.

El manglar es un bosque difícil para los forasteros. Moverse dentro de él es complicado, requiere fuerza en las piernas para moverse dentro de su terreno lleno de fango negro. Al adentrarnos en el manglar pronto notamos que es un ecosistema muy característico. La principal especie vegetal es el mangle cuyas raíces se sumergen en el fango y se entrelazan formando una vasta red en las que se refugian peces y se aglutinan moluscos. Es el único bosque que se desarrolla sobre suelos lodosos y salinos en estuarios, canales, lagunas, islas e islotes al lado del mar. Aunque no es tan diverso como los bosques lluviosos o nublados, su flora y fauna son únicas.

Las raíces de los mangles tienen complejos sistemas para filtrar nutrientes del agua del mar y deshacerse de la sal. Su presencia disminuye el tremendo poder erosivo del mar y filtra el salífero aire marino, purificándolo en su camino tierra adentro. Por ser filtro de sedimentos permite la existencia de buenas tierras agrícolas en sus vecindades. También un sinfín de invertebrados merodea entre estas raíces y en el espeso lodo que les sirve de sustento. El manglar es hogar de muchas aves marinas, iguanas, el cocodrilo de la Costa, algunos mamíferos y para decenas de especies de peces que usan al manglar como criadero para sus alevines.

Estos árboles son un potente depositador de gases tóxicos que provocan el efecto invernadero. Tan solo una hectárea de manglar puede retener hasta 1.000 toneladas de dióxido de carbono, lo que representa el consumo anual de 70 automóviles.

Durante milenios nos hemos aprovechado de los manglares, uno de sus aprovechamientos es la pesca y otro es la madera para la construcción. Pero en el siglo XX los manglares empezaron a asociarse con mosquitos y enfermedades, áreas en las que no se podían vivir según el modelo occidental de desarrollo. Por esa razón muchas de esas áreas fueron taladas y desecadas.

Desde los años 80 del siglo XX hemos perdido un 50 % de cobertura de manglar en el archipiélago de Jambelí para el cultivo acuícola de los camarones. En imágenes de satélite de esta zona podemos ver que la codicia ha vaciado el corazón de este bosque. Si entramos en el Google Maps observaremos que todos los rectángulos que vemos son las piscinas de las camaroneras. Si la deforestación continua a este ritmo, en 2040 ya no nos quedará nada de este vasto ecosistema. Estas costas estarían expuestas a la erosión, desprotegidas frente a cualquier evento marítimo; centenares de especies de aves, peces y moluscos desaparecerán; y la supervivencia de las comunidades humanas se verá gravemente afectada.

Jambelí, un paraíso escondido

La parroquia Jambelí abarca la mayoría del archipiélago ubicado al occidente de la provincia de El Oro en el océano Pacífico. Unas 1.500 personas viven en cinco islas pobladas conocidas como Bellavista, Costa Rica, Las Huacas, Las Casitas y Pongalillo. La pesca, recolección de concha y cangrejo que se extraen aquí abastece las ciudades como Machala, Guayaquil, Cuenca o Loja. La cabecera parroquial es la isla Tembleque, más conocida como isla Costa Rica, y se sitúa a 40 minutos en bote desde Puerto Hualtaco.

La fauna de este lugar es increíble. Principalmente abundan las aves. Éstas son observadas entre las aguas marinas, fangos, árboles y matorrales. Entre las especies más conocidas están las garzas, gaviotas, patitos, cuchareta, chorlitos, pelicanos, cormoranes, fragatas, tordos, gallaretas o soñas. El ecosistema de manglar es muy rico en albergar especies de otros tipos de animales como: tejones, oso hormiguero, zorro, comadrejas, reptiles, iguanas o lagartijas. Jambelí cuenta con una gran cantidad de especies de flora que ocupan espacios dentro del manglar y bosque seco. Entre las especies más características de la parroquia son todo tipo de mangle (mangle rojo, mangle negro, etc…), bromelias, orquídeas, helechos y musgos. En la zona además se encuentran pequeños plantas de bosque seco como: Faique, Muyuyo, Vidrio, Algarrobo, ceibo o cardo maderero.

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La pesca artesanal

La pesca artesanal se desarrolla en los esteros y los canales del archipiélago de Jambelí en la que cada comunidad tiene delimitada su área de pesca. Los peces más comunes son: sano, robalo, corvina, parvo, lisa, ronco, chaparra, bagre, leonor, carita, pámpano, cachema, curel, mascapalo, rayado, raya, sierra, la guitarra, el tamboril, el lenguado (guardaboyo), y en los meses de abril y mayo el camarón de mar. El tipo de conchas que se recolecta, son: concha prieta, concha pata de mula, concha la bajera, la almeja, concha blanca, mejillón, ostión, caracol churo, concha lama. En cuanto a la recolección de cangrejos los que más se recoge son: cangrejo rojo y cangrejo azul. La vida del pescador tradicional es dura. Habitualmente se sale a pescar en torno a las 6 de mañana y se regresa a las 4 de la tarde. Se pasa todo el día fuera y es peligroso. A partir de las 5 de la tarde es complicado faenar ya que existen piratas que te roban la pesca, las mallas, el motor y la gasolina.

Haciendo un poco de historia

A lo largo de la historia encontraremos sociedades que han vivido en los manglares. En estos manglares aparecieron culturas que se beneficiaban de la convivencia con este entorno. Satisfacían sus necesidades alimentarias, su vivienda y sus actividades culturales, desarrollando una forma de vida y una cosmovisión propia. Estos territorios permitieron a la cultura más antigua de Ecuador, la Valdivia (3500 – 1800 a.C.), pasar de ser grupos nómadas a sedentarios. La utilización racional del manglar pudo ser el preludio de la agricultura. Después de que la cultura Valdivia desarrollase la agricultura, la actividad de recolección de los productos del manglar, principalmente la recogida de marisco y conchas, estuvo a cargo de las mujeres, lo que les dio la respetabilidad dentro del grupo.

En este mismo lugar que ahora pisamos el comandante Rafael Morán Valverde, con su pequeño barco militar, Calderón, y un puñado de hombres se enfrentaron y derrotaron al Destructor Almirante Villar de la escuadra peruana que pretendía bloquear las aguas del golfo de Guayaquil en 1941. En la guerra peruano-ecuatoriana o Guerra del 41 Ecuador contaba con pequeñas patrulleras frente a una flota peruana. Pero los peruanos no lograron ningún impacto en el Calderón, mientras que los ecuatorianos impactaron acertadamente con sus cañones y ametralladoras, obligando a que el Almirante Villar huyera hasta el puerto del Callao (Perú).

Las camaroneras, el germen del problema

En 1966 se inició en Ecuador en forma rudimentaria la cría en cautiverio (pozas) de crustáceos del género litopenneus, más conocido como “camarón”. Con la alta demanda internacional del producto y su lucrativa rentabilidad del negocio, estos cultivos se fueron tecnificando y extendiendo con la formación de piscinas camaroneras. A finales de la década de los 70 un grupo de inversores comenzó a explotarlas de manera industrial. Fue un negocio muy rentable pero para ello era necesario la tala de los árboles del manglar de forma indiscriminada. Esto trajo consigo conflictos sociales y el consecuente deterioro del ecosistema. Durante los años 80 creció de una manera exponencial llegando al año 1987 donde Ecuador se convirtió en el primer exportador de camarón del mundo. En 1998, el año más próspero para el sector, los ingresos ascendieron a 875 millones de dólares. Más tarde se vería que estos cambios no fueron tan buen negocio para todos. Esta industria creció a expensas de los bosques de manglar, y apoyada por todo tipo de subsidios y créditos, pues a pesar de ser muy rentable a corto plazo no se puede sustentar a largo plazo.

En la parroquia Jambelí el establecimiento de camaroneras desforestó los manglares, ocasionado que la fauna quedara desprovistas de su hábitat y por eso fueron más vulnerables frente a la acción humana. La implementación de camaroneras causó contaminación del agua por la utilización de agroquímicos en la producción y limpieza de las piscinas, causando residuos tóxicos que contaminaron el agua.

La pérdida de recursos de subsistencia desplazó a la gente hacia las grandes urbes. Pero varias agrupaciones comunitarias, asociaciones de pescadores y otras organizaciones de base empezaron a ejercer presión para que el gobierno frenase a las camaroneras. Un decreto ejecutivo ponía de manifiesto la voluntad del gobierno de otorgar Acuerdos de Uso Sustentable y Custodia del Manglar a sus usuarios tradicionales, y en el año 2000 se definieron los requisitos técnicos y legales para hacerlo.

Presencia de rutas de la cocaína en los manglares

En el año 2005 se hicieron aprensiones en varias camaroneras en el archipiélago de Jambelí donde se procesaba y almacenaba cocaína en caletas. La cocaína ingresaba vía marítima desde el Perú, y luego desde El Oro era enviada a los Estados Unidos. En el operativo participaron la Policía de Guayaquil, Quito y El Oro, así como personal de la Agencia Antinarcóticos de los Estados Unidos (la DEA). Según el informe policial esta organización de narcotraficantes habría iniciado sus actividades ilícitas con ayuda de lanchas rápidas.

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En el año 2014 se descubrió el último semisumergible con cocaína en Ecuador que fue interceptado cerca de Jambelí a tres millas náuticas de la isla Puná Vieja. Medía 15 metros de eslora (largo) por tres metros de manga (ancho) y dos metros puntal (altura). Estaba construida con fibra de vidrio, lo que le permitía, una excelente flotabilidad. El color de la nave era azul, tonalidad estratégica para que la embarcación se confundiera con el agua y fuera difícil de detectar en los patrullajes por agua y aire. La embarcación podía sumergirse completamente por lo menos dos o tres horas. Normalmente navegaría ocho días seguidos. Cada 24 horas navegaría alrededor de 360 kilómetros. Probablemente transportarían cocaína directamente a Centroamérica o pasando por las Islas Galápagos. El semisumergible tenía una capacidad para ocho toneladas de carga y podía navegar hasta con cinco tripulantes.

Las operaciones antinarcóticos por el litoral ecuatoriano fueron realizadas conjuntamente por la Policía Nacional y la Marina. Ambas instituciones confirmaron que Ecuador era un lugar de tránsito para el contrabando de cocaína de varias organizaciones como el Cartel de Sinaloa, Los Urabeños y Los Rastrojos de Colombia, así como del crimen organizado de China, Nigeria y Rusia que contrataban a bandas ecuatorianas para transportar cocaína desde las fronteras con Colombia y Perú hacia los puertos, de donde era exportada principalmente hacia Europa y Estados Unidos. Desde 2010 a 2014 seis sumergibles fueron detectados en Ecuador, todos relacionados con el tráfico de cocaína. Los primeros tres sumergibles fueron encontrados en la zona sur de Ecuador, en el área del Golfo de Guayaquil, pero también en el norte, en la provincia de Esmeraldas, límite costero con Colombia, en el área de San Lorenzo. El último encontrado fue en el sur, en el canal de Jambelí. En mayo de 2010 se halló el primer semisumergible en Ecuador, en una camaronera en Sabana de Pagua, parroquia Tendales, en el cantón El Guabo, provincia de El Oro. La nave era de fabricación artesanal, armada con piezas supuestamente traídas de Colombia. En esa embarcación se pretendía transportar cuatro toneladas de cocaína hacia México. En julio del mismo año se encontró un submarino de 23 metros de largo por 6 metros de ancho, capaz de movilizar hasta 12 toneladas. La nave, la más moderna hallada en el país, estaba en una caleta de difícil acceso en el cantón San Lorenzo (Esmeraldas), desde donde debía hacer su primer viaje a México. En enero de 2012 la Marina divisó una embarcación similar, de 13 metros de largo por 5 de ancho, a 60 millas de la isla Puná. Esta fue hundida por sus tripulantes al notar la presencia de la policía. En junio de 2012 se halló una embarcación oculta en medio de un pequeño canal, rodeado de  manglar, en medio de las islas Verde y Escalante, en el Golfo de Guayaquil. La lancha estaba en un 70 % modificada para navegar semisumergida. El diseño de la embarcación presentaba cuatro compartimentos: uno en proa para el lastre, una bodega intermedia, un espacio para las máquinas y otro para combustible. El 20 de octubre de 2013 un semisumergible con capacidad para  600 kilos de cocaína fue capturado en la zona de Limones, en Esmeraldas. Pero desde el 2014 no han vuelto a aparecer este tipo de naves en Ecuador.

Para concluir el manglar es uno de nuestros mayores tesoros, vivirlo es una experiencia inolvidable, conservarlo es una obligación. El manglar es uno de los ecosistemas más nobles que tenemos. Nos brinda múltiples servicios ambientales desde la provisión de alimentos, la purificación del aire y mantiene la biodiversidad. Tenemos un tesoro en el manglar en Ecuador y específicamente aquí en el archipiélago de Jambelí. Mucha gente vive de este recurso. Nuestro mensaje final es el de seguir protegiendo el manglar.

Acerca del autor

Isidro Marín Gutiérrez nació en la ciudad de Huelva en 1975. Es Doctor en Antropología Social y Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Ha publicado 29 artículos en revistas científicas, 18 libros y 15 capítulos de libros. Entre sus múltiples publicaciones e investigaciones