Texto: José Carlos Bouso Fotos: Archivo ICEERS

Hay algunos criterios grandes e inmutables en los cuales se hace patente el significado del ser humano. El dolor es uno de ellos; él es el examen más duro en esa cadena de exámenes que solemos llamar vida.”

Ernst Jünger, Sobre el dolor.

La MDMA (‘M’, ‘éxtasis’, ‘cristal’, ‘rulas’, ‘pirulas’), acrónimo de 3,4- metilendioximetanfetamina, es una droga sobradamente conocida por sus efectos empatógenos y entactógenos y utilizada en contextos recreativos principalmente para bailar. Normalmente se dice que la MDMA permite bailar durante horas por sus propiedades psicoestimulantes y probablemente sea cierto. Pero es posible que haya alguna explicación complementaria que le da a la MDMA esa cualidad peculiar para permitirle a uno aguantar toda la noche de bailoteo: su capacidad para inhibir las señales de dolor asociadas con el ejercicio físico continuado. La MDMA también es utilizada en psicoterapia, principalmente para el tratamiento del Trastorno de Estrés Postraumático (ver: http://goo.gl/oFRwdE), por su capacidad para reducir o eliminar el dolor psicológico asociado al recuerdo de acontecimientos traumáticos. La frontera que separa el dolor físico del dolor psicológico es difusa. En este artículo se explorarán las evidencias que sustentan que quizás, la MDMA, actúa precisamente en esa frontera difusa del dolor haciendo más soportable lo insoportable tanto física como psicológicamente.

La primera referencia que hace mención al potencial analgésico de la MDMA proviene de un pionero en psicoterapia con MDMA, el Dr. George Greer (http://goo.gl/Vps3WP). El Dr. Greer (ver el enlace anterior) condujo entre 1980 y 1985 más de 100 sesiones terapéuticas con MDMA en 80 pacientes y sus trabajos son aún de los más importantes de entre todo lo publicado sobre psicoterapia con MDMA. Junto con su mujer, la enfermera psiquiátrica Roqua Tolbert, creó además un método para conducir sesiones terapéuticas con MDMA que es el que hoy día, revisado y ampliado, todos los equipos de investigación que actualmente trabajan con MDMA siguen (ver: http://goo.gl/Awsv1y). El Dr. Greer ha sido además, entre otros cargos, miembro distinguido de la Asociación Psiquiátrica Americana. Vaya, que no es precisamente un beatnik.

En uno de estos trabajos, publicado en 1988 en la revista Journal of Psychoactive Drugs y titulado precisamente “A Method for conducting therapeutic session with MDMA” [Un método para conducir sesiones terapéuticas con MDMA] (http://goo.gl/4DrZmv), aparece descrito por primera vez el potencial analgésico de la MDMA. En ese artículo se describe el método del que se hablaba antes para desarrollar sesiones terapéuticas con MDMA y se ilustra con dos casos clínicos, uno de los cuales es un paciente de setenta y pocos años con metástasis secundaria a un mieloma múltiple (un tipo de cáncer de la médula ósea). La persona era uno de los casos conocidos con mayor prolongación vital tras un diagnóstico de metástasis ósea, la cual le había sido diagnosticada hacía 10 años y, en la actualidad, padecía un dolor en el movimiento producido por contracciones de las vértebras que afectaba a su calidad de vida. Sufría frecuentes fracturas de la espina dorsal que le obligaban a estar confinado en cama, sumiéndole en profundos estados depresivos. El objetivo que se planteó con esta persona para la sesión con MDMA (en aquella época la MDMA no era aún una sustancia fiscalizada), que él además deseaba tener con su esposa, fue “hacer frente a su dolor de una manera mejor y recibir ayuda para adaptarse a sus cambios de vida actuales”:

<<Durante su primera sesión, él y su esposa permanecieron durante cinco horas en habitaciones separadas, con un antifaz y auriculares. Él tarareaba la música clásica que se estaba reproduciendo. Poco después de su dosis adicional de 50mg de MDMA [la dosis inicial había sido de 125 mg], anunció extáticamente que se encontraba libre de dolor, y comenzó a cantar en voz alta con la música, y a proclamar repetidamente su amor por su esposa y su familia. Pasó varias horas en este estado eufórico. Después dijo que !era la primera vez que había estado realmente libre de dolor en los cuatro años transcurridos desde la recaída actual de su mieloma. Describió su hermosa experiencia como habiendo estado en el interior de sus vértebras, enderezar los nervios, y “pegar” las astillas fracturadas de tal forma que volvieran a estar de nuevo unidas.>> 


Los dolores no volvieron hasta el cabo de dos semanas, pero él era capaz de “re-anclar” la experiencia con MDMA de tal forma que el dolor cotidiano se hacía controlable. Tuvo en total cuatro sesiones con MDMA en el curso de nueve meses, repitiéndose el patrón de “amor cósmico” acompañado de una total liberación del dolor que, cuando volvía a aparecer, al cabo de varias semanas, se tornaba, de nuevo, controlable. La inclusión de la MDMA en la lista 1 de sustancias controladas por la DEA hizo que el tratamiento tuviera que ser interrumpido. Estuvo ausente de dolor durante los meses siguientes a la última sesión con MDMA y finalmente murió de forma apacible en presencia de su esposa.

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Ya desde los años sesenta se conoce el poder analgésico de los psicoestimulantes. También, por ejemplo, de cómo estos potencian a su vez el poder analgésico de los opiáceos (http://goo.gl/ZqfEpz). La combinación de psicoestimulantes con opiáceos tiene un doble potencial: 1) necesitar menos dosis de opiáceos, reduciendo los riesgos de sobredosis secundaria al desarrollo de tolerancia; y 2) permitir que la persona se encuentre más alerta y no quede aletargada por el efecto narcótico propio de los opiáceos, sobre todo en los estados avanzados de la enfermedad donde las dosis necesarias para producir analgesia son muy altas. Aún así, en la práctica médica raramente se practica este tipo de intervención farmacológica. Ni siquiera la de la administración únicamente de psicoestimulantes, a pesar de las evidencias de su potencial analgésico.

La investigación preclínica también ha demostrado el papel analgésico de la MDMA en modelos animales. No siendo el objetivo de este artículo adentrarse en esto, remito al lector interesado a los dos artículos científicos en los que dicho potencial se ha evidenciado: http://goo.gl/PVAGLy y http://goo.gl/ighwdU. El primero de estos artículos es de especial interés porque demuestra que el poder analgésico de la MDMA se debió a su acción serotoninérgica. Esto se sabe porque se bloquearon receptores opiáceos y serotoninérgicos tras la administración de MDMA, encontrándose que el efecto analgésico desaparecía si se bloqueaban los receptores serotoninérgicos, pero no cuando lo que se bloqueaban eran los receptores opiáceos. Lo que, traducido, significa que la MDMA no ejerce su acción analgésica porque se comporte como un fármaco opiáceo, sino por su capacidad para liberar serotonina endógena. Esto abre una línea prometedora de investigación en el tratamiento el dolor, ya que demuestra que la vía serotoninérgica juega un papel importante en su control, algo poco estudiado por el momento.

Si uno busca en Internet puede encontrar varios (no muchos) trip reports de personas que se han visto aliviadas de algún tipo de dolor físico tras tomar MDMA (ver el recuadro para todas las referencias que ha conseguido encontrar el autor).

– Éxtasis y alivio del dolor: http://www.idmu.co.uk/therapeutic-uses-of-ecstasy.htm

– Weil: http://www.myprimetime.com/health/fearless_aging/content/aweil/

– Ingrasci: http://www.inch.com/~jholland/newuploads/ingrasci.htm

– E is for Ecstasy: http://ecstasy.org/books/e4x/e4x.ch.10.html

– Experiencias personales:

            – http://www.maps.org/research/mdma/healing/cp-antwerp.html

            – http://www.maps.org/research/mdma/cancerpain.html

            – http://www.bluelight.ru/vb/threads/526501-MDMA-and-chronic-pain

            – http://www.maps.org/news-letters/v09n1/09156for.html

En 1999 la FDA (Agencia de Drogas y Alimentos de los EE.UU.), aprobó un protocolo, al Dr. Charles Grob (http://goo.gl/GjdgHN), titulado: “A dose/response human pilot study: safety and efficacy of 3,4-Methylendioxymethamphetamine (MDMA) in modification of physical pain and psychological distress in end-stage cancer patients” [Un estudio piloto de dosis/respuesta: seguridad y eficacia de la 3,4-Metilendiosimetanfetamina (MDMA) en la modificación del dolor físico y el malestar psicológico en pacientes con cáncer terminal] (el protocolo e información diversa relativa a este estudio puede encontrarse aquí: http://goo.gl/cNJMl1). Este estudio, en el que se iban a administrar dosis crecientes de 1mg/kg, 1,5 mg/kg y 2 mg/kg, esto es, dosis de 70, 105 y 140 mg aproximadamente (calculando para pesos de 70 kg), nunca llegó a realizarse porque el Investigador Principal, el Dr. Grob, temía que pacientes con el sistema cardiovascular comprometido pudieran sufrir reacciones adversas indeseables. El mismo investigador decidió realizar mejor este tipo de estudios con psilocibina (http://goo.gl/wFaSdw), un fármaco con un menor riesgo cardiovascular, aunque no parece que se midieran parámetros de dolor físico. Estudios realizados en los años 50-60 demostraron también el potencial analgésico de alucinógenos clásicos como LSD o psilocibina, pero este es un tema que abordaremos más adelante en otro artículo. Hay otros estudios hoy día en marcha para evaluar la eficacia de la psilocibina en el tratamiento de la ansiedad y la depresión en enfermos terminales (http://goo.gl/GokU9H).

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Hubo otro protocolo de investigación autorizado para utilizar MDMA en enfermos con cáncer terminal (la información relativa a este estudio se puede encontrar aquí: http:// goo.gl/EHSzZX). Aunque la variable principal de este otro protocolo era la evaluación de la ansiedad en enfermos con cáncer terminal, también se contemplaban como variables secundarias de estudio mediciones del dolor, que se evaluarían tanto durante el curso de las sesiones con MDMA, como en los días posteriores a las mismas. Este estudio trató a un único paciente y se terminó cerrando debido a la dificultad para reclutar pacientes.

El uso de MDMA en pacientes con dolor, sea este metastásico o de otro tipo, tiene una doble finalidad: aparte de producir analgesia que se prolonga, según los casos anecdóticos existentes a día de hoy, más allá de los meros efectos farmacológicos, también le aporta al paciente una perspectiva diferente tanto de su enfermedad como de la forma en la que la afronta. El paciente del Dr. Greer con el que se abría este artículo describió de la siguiente manera su segunda sesión con MDMA:

<<Cuando estaba terminando la meditación, el tiempo dejó de existir, mi ego se desvaneció y me convertí en uno con el cosmos. Luego empecé mi visualización del sistema inmune de mi cuerpo luchando contra mi cáncer, de la quimio[terapia] uniéndose con mi sistema inmune para destruir las células cancerosas en mis vértebras y de las fuerzas positivas que vienen del cosmos para combatir mi cáncer. Poco a poco me fui yendo a un lugar más profundo en donde el sentimiento de amor, paz y alegría era abrumador. Aunque ya había oído la música new age antes, muchos detalles de la música se hicieron evidentes y más bellos.>> 


Este tipo de experiencias extáticas pueden tener valor terapéutico en sí mismas. Como se ha dicho, por una parte, ya seguramente sea beneficiosa de por sí la liberación que puede suponerle a alguien verse libre de dolor físico por primera vez en mucho tiempo durante una espacio de tiempo prolongado. Por otra, la experiencia profundamente emocional que induce la MDMA le puede ayudar a mucha gente a aceptar mejor su enfermedad y afrontar el futuro con bienestar emocional en vez de con abatimiento. Estas son razones suficientes para que se planteen este tipo de estudios en los que, aparte de evaluar analgesia, se valora la capacidad de las sesiones terapéuticamente guiadas con MDMA para influir permanentemente sobre el estado de ánimo de los pacientes. Es una pena que ninguno de los dos estudios planteados de este tipo hayan podido realizarse y, lo que es más decepcionante aún, que no haya actualmente en marcha ningún estudio similar. El dolor es una experiencia demoledora, tanto para quienes lo sufren como para los allegados. Carezco de la profundidad analítica competente para filosofar sobre el dolor, así que mejor terminar como empezábamos, dejando hablar a los que más concienzudamente han reflexionado sobre ello; retomando a Jünger: “Nada nos es más cierto y nada nos está más predestinado que cabalmente el dolor; se asemeja a un molino que con sus movimientos cada vez más finos y cada vez más hondos va apresando los granos que dan saltos, o bien la sombra de la vida, a la que ningún contrato nos posibilita sustraernos”. Mientras el viento sople las aspas de los molinos seguirán girando.